Cuando voy en bus, mis pensamientos brotan, sera porque quedo sola, mirando hacia la ventanilla observando las personas, las casas un relieve. Empiezo a sorprenderme a medida en que pienso en lo divino que es mi propio cerebro. Empiezo a entonar melodias, a pensar en una futuro incierto sera que sí sera que no. Como en una opera, escuchando mis propios pensamientos sentada con los ojos miro y con el corazón siento. Aveces no hace falta quedarse con los ojos abiertos, en un instante los cierras y sientes la melodia el estruendo la estrofa: «mi querido Alberto, Addio, del passato»
Y tal como una opera de la traviata, cuando estoy en el bus y abro los ojos me doy cuenta que aunque estoy sola con mis pensamientos no hay mejor lugar para imaginar, recapitular y comparar la realidad y lo por venir. Es ahi cuando justo llego a mi parada, toco el timbre y mi viaje pensativo acaba.
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