Miro el atardecer
como quien contempla
algo que está a punto de perderse.
La luz se apaga despacio
y yo pienso en la culpa,
en todo lo que pude haber hecho
y no hice.
Quizás algunas despedidas
nacen mucho antes de decir adiós.
Por eso me quedo mirando,
hasta que el último resplandor
desaparece.
No para detenerlo,
sino para aprender
que también amar algo
es saber cuándo dejarlo ir.
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