LA LIBERTAD DE SENTIR

LA LIBERTAD DE SENTIR

Sabrina Poletto

25/09/2026

He vivido demasiado tiempo

con el miedo entre las manos,

como quien sostiene una flor

con tanta delicadeza

que termina olvidando

que también las flores nacieron para abrirse.

Aprendí a mirar hacia afuera

antes de atreverme a mirar hacia mí,

a escuchar el murmullo de otras voces

antes que el latido propio,

a medir mis pasos

con la regla de aquello

que los demás esperaban de mí.

Y, sin embargo,

hay sentimientos que no obedecen.

Llegan despacio,

como la lluvia sobre una tierra sedienta,

como un rayo de sol

que encuentra una ventana entreabierta,

como si algo antiguo

y profundamente nuestro

reconociera un lugar

antes incluso de conocer su nombre.

Y yo quiero ser libre para eso.

Para no esconder lo que siento

como si sentir fuera una culpa.

Para no cerrar la puerta

cada vez que algo hermoso

golpea desde adentro.

Para dejar que mi corazón

camine hacia aquello

donde por un instante

deja de tener miedo.

Quiero aprender

que no todo lo que tiembla

está destinado a huir.

Que a veces el miedo

no es una señal para marcharse,

sino la sombra que aparece

cuando estamos a punto

de tocar algo verdadero.

Que ningún prejuicio

construya muros

donde mi alma quiere abrir ventanas.

Que ninguna voz ajena

sea más fuerte

que aquello que, en silencio,

me hace sentir en casa.

Porque quizá la libertad

no sea vivir sin miedo.

Quizá sea mirarlo a los ojos,

tomarlo de la mano

y seguir caminando.

Y si alguna vez la vida

me pone frente a la elección

entre lo que esperan de mí

y aquello que mi corazón reconoce,

quiero tener el valor

de elegir lo que florece.

Aunque tiemble.

Aunque duela.

Aunque no todos entiendan.

Porque hay flores

que aprendieron a crecer

en lugares donde nadie

creía que pudieran hacerlo.

Y quizá el amor sea eso:

atreverse a florecer

bajo un cielo que todavía

no sabe cómo nombrarnos.

Sin esconder los colores.

Sin pedir permiso a la lluvia.

Sin disculparnos por la primavera.

Porque mi corazón

no necesita permiso

para reconocer dónde quiere quedarse.

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