Hay una paradoja en la memoria que acaso sólo advertimos demasiado tarde: creemos que recordar es conservar, cuando quizá recordar sea apenas una forma de inventar aquello que hemos perdido. El pasado, como ciertas bibliotecas, no contiene todos los libros que alguna vez tuvimos; contiene también los estantes vacíos.

No somos lo que recordamos. Esa definición sería demasiado cómoda. Seríamos entonces la suma, siempre incompleta, de nuestras nostalgias, de los nombres que todavía reconocemos y de las escenas que el tiempo ha decidido perdonarnos. Pero la memoria es un testigo sospechoso: cambia los rostros, corrige las fechas, atribuye palabras que nunca fueron dichas y, con una obstinación casi literaria, borra precisamente aquello que más necesitábamos conservar.

Tal vez el olvido no sea el enemigo de la memoria sino su otra mitad. Hay cosas que desaparecen de nosotros sin desaparecer del todo. Permanecen en un gesto, en una manera de mirar una ventana, en una calle que ya no sabemos por qué nos entristece. Hemos olvidado el acontecimiento y conservamos, sin saberlo, su sombra.

Por eso somos algo más misterioso que nuestros recuerdos. Somos también aquello que hacemos cuando ya no podemos consultar el pasado.

Hay un instante —difícil de señalar en un calendario— en que el hombre comprende que su historia no está detrás de él, sino delante. Entonces deja de preguntarse quién fue y comienza, acaso por primera vez, a preguntarse quién se atreverá a ser.

Porque para ser lo que fuimos basta cierta fidelidad a la memoria. Para ser lo que todavía no somos hace falta una forma más extraña de coraje: avanzar sin pruebas, sin garantías y, a veces, sin siquiera recordar exactamente por qué comenzamos.

Quizá vivir consista en eso: caminar hacia una página que todavía no hemos escrito llevando en los bolsillos los fragmentos ilegibles de un libro que fuimos.

Y si algún día alguien nos pregunta quiénes somos, quizá la respuesta no esté en ninguno de nuestros recuerdos.

Esté en aquello que, a pesar de haberlo olvidado casi todo, todavía nos atrevemos a ser.

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