Al despertar susurro tu nombre como de costumbre, siempre traes sonrisas a mi vida y me elevas por los aires.
Estoy en la habitación a oscuras, aún recostada y mis manos empiezan a buscar la manera de llegar a ti.
Pero hoy no te alcanzo, parece que te has levantado más temprano de lo habituado.
Ayer fuiste miel y ahora extraño sabor el que me has contagiado.
Mira que llevo tiempo tratando de decifrarte y pregunto nuevamente,
¿qué quieres de mí?
Lúgubres son mis días sin ti.
Es largo el camino hacia el olvido y parece ser el único destino posible.
No importa cuantas palabras lleven este texto, pasará inadvertido como otros.
Lúgubres son mis días cuando te añoro entre mis pupilas y ya te has ido.
El horizonte es solo una línea que se disfraza de romance, una puesta de sol que termina por traer oscuridad.
Susurro tu nombre como oración constante, esta noche está opaca, ya las estrellas titilantes han migrado a otros mundos.
Mi mundo, mi mundo eres tú.
Qué caso tiene que haya o no estrellas, si no estás, ya no podré verlas.
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