Una especie de prolepsis

Una especie de prolepsis

mcp

20/09/2026

I.

Cesa la espera – y la esperanza – Se alivia el cuerpo del anhelo. Se libra la conciencia de esa red hecha de tiempo y de espacio. Brevísimo fue el sueño, la ilusión del individuo. Olvide el alma las caricias, los rostros del amor, los besos. Despierte. Un amasijo de átomos se desanuda y se dispersa. El verbo es devenir – y acaba en ir – Para decirlo de una vez y ya que hablamos con metáforas, muero.

II.

La siesta había sido pesada, intranquila. El verano se había adelantado, las chapas de los galpones ferroviarios lo venían avisando. Maldije haberme despertado. Había sudado. Nada que hacer en esta tarde de domingo. La noche, quizás, vendría más fresca. Solo, sentado al borde de la cama mirando un piso de ladrillos colorados, desparejos, me escucho respirar. De pronto el golpe, el pecho, el dolor breve, intenso. Después, la imagen funde a negro. Culta forma de morir, sin énfasis.

III.

Los únicos eternos son el deseo y el azar y están en todos lados. Lo demás – todo lo demás – es el juguete permutable de un niño solitario. Esta afirmación es ilusoria, lo sé, pero humilde es la conciencia. Humana. Cómo hablo de la muerte – y de la vida – sin metáforas.

IV.

Contemplo la blancura iluminada por la luna. Reconozco esa quijada, el metatarso, un fémur. Una música, una voz, un crepúsculo incendiado, un parque, están ahí. Son, sin duda, míos. Lo que fui, lo que no pude, todo lo humano que hubo en mí persiste en ellos. Nos extrañamos, yo y mis huesos.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS