Cae la lluvia; y con ella la magnifica introspección que a mi alma azota. Recuerdos e ideas fragmentadas se hacen presentes en el aquí y en el ahora.
Cientos de escenarios fragmentados que con la lluvia se disipan en la eterna melancolía. Bajo estas circunstancias; me encontraba divagando en cuya banca de color blanco con franjas negras de aquel lugar engrandecido por los recuerdos tan profundos que a mi llegaban.
Es tarde y la lluvia azota. No obstante, el recuerdo se apodera de la escena. El cigarro se consume y con ello la culminación de un pasado abstracto, ambiguo y a su vez; doloroso.
La atmósfera que me rodea se vuelve tenue, fría y muy melancólica en la cual experimento una lucha constante por salir de un bucle catastrófico en cuyo bucle percibo el sendero de mi soledad, miradas, promesas, proyecciones futuras que en mi mente habitan llenas de glorificaciones así como abundancias, las cuales convergen en un rotundo absurdo en comparación con la realidad.
Observo patrones, problemas sociales y mundos paralelos que me permiten vislumbrar lo efímera que es mi existencia; dicho de otro modo, percibo lo efímero como cuyo destello de luz se manifiesta en la oscura y densa monotonía de mi soledad.
Todo cambia y toma su curso; mostrándome con gran ímpetu la realidad de las cosas, del aquí, del ahora.
Y he aquí, sentado desde la banca engrandecida por mis recuerdos que al compas de la lluvia, observo como se fragmenta una parte de mi vida.
OPINIONES Y COMENTARIOS