En espiral humosa y deforme
la noche ronda el sueño,
lo somete, lo desafía,
lo tritura, lo demora.
Las estrellas, antorchas vacías,
incendian mis ojos
de insomnio absurdo.
Mi corazón ya no late; galopa,
disemina mis fragmentos,
expande mi sangre,
me arroja más allá de la luna
donde el sol aún no impera,
donde el día,
todavía,
es una historia por suceder.
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