Me dan deseos de extinguirme,
así sin más.
Me agota la maldad, lo he descubierto.
Señoría:
Algunos pedazos de sus odios llegan, día a día a mis oídos,
e impactan en mis retinas,
mientras, mis cabellos se vuelven blancos e inconscientes.
Todos sus odios huelen a grasa parda, a maldad,
a cal negra que pinta celdas.
No insistiré más con palabras delgadas, imprecisas y temerosas,
parapetadas detrás de lo que quiero decir.
Sus odios perecerán con el tiempo, chocarán unos contra otros,
porque el futuro estará con nosotros,
y el presente para usted, siempre, siempre, será viejo.
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