Hoy he seguido a una mujer. Leía enfrente de mí en el metro. El vagón, atiborrado de gente, olía en exceso a sudor, pero ella, inmersa en su lectura, parecía no darse cuenta; pasaba las páginas como si los demás no existiéramos.
Le he mirado de forma insistente para intentar que sacara la cabeza de su libro. Lo he logrado, aunque tan solo durante unas décimas de segundo. Me ha mirado para volver a sumergirse en su lectura como si yo y el resto de los pasajeros fuésemos una mota en su universo.
Yo tenía que bajarme en Urquinaona, pero no lo he hecho. Al escuchar el anuncio de la parada de Bogatell, ella ha introducido el libro en el bolso, se ha levantado y se ha aferrado a la barra junto a la puerta. Yo permanecía en mi asiento. No quería que se diera cuenta de que mi intención era seguirla. No en ese momento.
Ha salido del vagón con prisas. Sujetaba un abrigo marrón en su brazo. Antes de salir a la calle se he detenido un instante para ponérselo y ha mirado hacia atrás. Yo me he acercado a la máquina de tiquets y he simulado sacar un bono mientras ella se ponía el abrigo y me observaba. La extrañeza e incomodidad de su mirada me ha provocado placer.
Hemos salido a la calle. Aun no había amanecido. La he seguido a cierta distancia. Ella miraba inquieta hacia atrás. Se ha parado delante de un escaparate para que yo le adelantara o dejara de seguirla. No le ha salido bien la jugada. Ambos sabíamos que la seguía, así que no me he sentido en la obligación de disimular. He esperado pacientemente a que continuara su camino y he seguido sus pasos. Ella ha aligerado la marcha visiblemente nerviosa. Yo también. Ha girado por una esquina. Yo también. Ha cruzado por la calle con el semáforo en rojo y un coche ha tenido que frenar para no atropellarla. El conductor ha pitado enfurecido. Hemos seguido andando a paso ligero hasta un edificio de oficinas. En la puerta, intentaba sacar presurosa las llaves del bolso y se le han caído al suelo. Al verme a su lado se ha apartado horrorizada. La cara blanca y sudorosa.
—¿Por qué me sigue? ¿Qué es lo que quiere?
Un hombre con traje ha llegado en ese momento, se ha dirigido a la zona de ascensores y ha presionado el botón. Ella ha aprovechado para colocarse a su lado. Cuando el ascensor ha llegado, ambos se han introducido en él. Sin embargo, antes de que el elevador cerrara sus puertas he visto como ella me observaba. Sabe que no trabajo aquí. Sabe que la he seguido intencionadamente. Sabe que no será la última vez.
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