«Le llamaremos por su nombre: Obsesión»

Me dijeron que estoy obsesionado contigo. Entonces, ¿yo no amo? Todo este tiempo creí que esto era amar. Llenar cada espacio de mi día con tu imagen. Suspirar por un saludo tuyo. ¿Cómo es que aman los demás?, ¿qué significa amar? Tienen razón, mi forma de amar es aberrante. Sentir que frente a mí hay un mundo por recorrer, pero ningún lugar a dónde ir. De rodillas en el camino, en esta pradera extensa, el viento sopla frío. Detrás de mí, el sol alumbra con una luz tenue. No hay calor en ella. Frente a mí, sobre la línea del horizonte nacen nubes negras que lo cubren todo. El pasto, pequeño y verde, baila con todo lo que su longitud le permite. Veo el horizonte vacío. «Camina», me susurra el viento. «¿A dónde?», pregunta mi corazón. En algún momento me preocupaba por ello. Si he de andar, si he de desgastar las suelas de mis zapatos, si mis pulmones han de respirar el frío viento crepuscular, he de buscar un destino que valga el viaje. En el medio de este vacío, de este paisaje de verano, vi descender una nube. Lejos al principio, llamó mi atención. No había dónde esconderme. Me acerqué, quise tocarla. Mi mano la atravesaba sin sentir algo en absoluto. Pero ahí estaba. Comencé a caminar, siguiendo el viento, el cual guiaba la nube. De frente al sol, caminé. Jamás me sentí más completo. Veía la nube, dulce, tierna, blanca como nada en este mundo. Unas gotas cayeron, mojando el pasto, alimentándolo. Quise abrazarla, pero mis intentos eran inútiles. «¿Por qué no puedo tocarte?», grité. Mi corazón se estremeció. Languidecí. Dejé de comer y el alimento que llevaba conmigo se echó a perder. Dejaba mi vida detrás, mientras te seguía. No me importaba nada. No había destino, no había horizonte, solo estabas tú. No necesitaba destino, no necesitaba horizonte, solo te necesitaba a ti.

Mis piernas cedieron. Me arrastré detrás de ti. Mis brazos cedieron. Finalmente, en el suelo, con la barbilla sobre el pasto, mis ojos llenos de lágrimas, mi voz resquebrajada y el corazón queriendo salir, huir detrás de ti, te vi seguir al sol. El viento te elevó una vez más. Te desvaneciste una vez más en el cielo.

¿Qué será de mí ahora? Mis lágrimas ya se secaron. Una vez más estoy aquí. No volverás. Volviste al cielo, a donde perteneces. Yo estoy en el suelo, esperando que el viento se lleve consigo mi alma, mi último suspiro. No importaba el destino, no importaba el horizonte.

Importabas tú.

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