El nombre que no recuerdo

La noche se asoma despacio en cada rincón de mi mente,

un eco sordo y oscuro que no me deja escuchar el presente.

La pena no es un visitante que llega y se marcha;

es una horrible mancha que se ha instalado en el centro de mi alma

y desde ahí gobierna cada ramificación de mi pensamiento.

Intento ordenar el desorden de las ideas claras,

pero la angustia entorpece el orden, y quiebra las certezas,

vuelve la lógica a un enredo que no puedo descifrar.

Un recuerdo simple ya no es un amparo;

Mi mente se ha vuelto una trampa para sí misma.

Voy girando en circulos sobre el mismo escenario roto,

repasando el momento exacto en que todo se vino abajo,

como una guitarra desafinada  que insiste en la misma nota triste

hasta que el ruido ensordece y consume las ganas de oír y hablar.

Ya no sé qué parte de mí es mi propio nombre

Camino por mi casa como un intruso en mi propia cordura,

tropezando con imaginaciones que no sé cómo construyo

para no tener que aceptar la verdad del desgaste.

Mi juicio flaquea bajo el peso de tanto llanto guardado.

No es que olvide las cosas, es que ya no me importan;

toda la energía del cerebro se gasta en contener mis recuerdos,

en evitar que el dolor rompa la cordura que me queda

y arrastre con lo poco que aún se mantiene en pie.

como si algo aún de eso existiera.

Rodolfo Goyas Caballero 

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