Huir de ti siempre fue una opción.

Para que no sepas dónde me he marchado,

ataré a mi cuerpo, unas alas ciegas.

Miraré en lo bajo, buscaré en las piedras,

que la decepción con sus pasos blandos, fríos, confusos,

babosa de nieve,

resbala entre ellas.

Y sin que me veas, miro cómo escupes,

palpándome el alma,

un coágulo rojo,

por tu boca seria.

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