Hoy ha caído una gota más. Esa es la imagen que tengo en mi mente. Me he enterado de que muchas personas van a llorar con nuestro alcalde para lograr tener más comida, aunque la tienen.
Hoy es lunes, toca ir a trabajar. He llegado al trabajo a las nueve. He llegado a tiempo. Tengo correos pendientes desde el domingo. Probablemente olvidan que solo trabajamos de lunes a viernes. Será una semana agotadora, probablemente. Los días pasan y con ellos el trabajo aumenta.
Al llegar a casa escuché una historia. Hay funcionarios que, a familiares o amigos, les facilitan la licencia de conducir.
Ha caído una gota más.
Hoy es miércoles. Iba camino al trabajo. El tráfico está congestionado. Ha habido un accidente. Me pregunto, ¿esa persona obtuvo su licencia correctamente? Hoy llegué tarde al trabajo. Es algo poco usual en mí. Hay tanto trabajo como el día de ayer. A las seis de la tarde procedo a apagar mi computador para retirarme de la oficina.
En el camino de regreso escuché la conversación de una pareja. El hombre estaba preocupado. En su ciudad las personas encargadas de repartir agua a quienes no tienen agua potable aceptaban regalías y le daban a quienes no la necesitaban. El hombre no sabía qué hacer. Esta persona llevaba 20 años haciendo lo mismo y como se había ganado la simpatía de la gente, su predecesor, quien intentó frenar esta situación, fue despedido. El hombre estaba preocupado. Quería arreglar las cosas, pero se rehusaba a perder su único sustento.
Ha caído una gota más.
Es casi mi fecha de pago. Estoy feliz de finalmente poder volver a tener dinero este mes. Revisé mis cuentas, entre ellas, el agua. Este mes ha subido bastante. Recordé lo que conversó este hombre en el camino de regreso a casa. ¿Cuánta gente vive sin problemas solo por gritar más alto?
El vaso está a punto de llenarse.
Hoy es martes. De camino al trabajo comenzó a llover. Hace tiempo no lo hacía. Mi humor estaba bajo, un poco mal. No estoy segura de por qué. Cuando llegué a la oficina no había tanto que hacer, lo que me sorprendió un poco. Fue un día bastante tranquilo. Sin embargo, llegó un cliente enojado, nos señaló con el dedo y nos exigió una compensación por sus malas decisiones. Lamentablemente, la razón no está de nuestro lado.
Una gota más.
Llegué a casa con el humor apagado. Me gusta escribir, por lo que tomé un papel y plasmé todos mis pensamientos allí. Quería un cambio. Pensaba que sería posible. Pensaba que, si hablaba con las personas correctas, por las vías correctas, en el momento correcto, sería posible cambiar algo. Me equivoqué.
Mi escrito fue recepcionado por una persona cuyo nombre no recuerdo. Fue a parar al escritorio de un fantasma que nunca conoceré. Mi escrito fue utilizado para abrir una investigación. Una investigación en mi contra. Al estar limpia, continuaron con mi familia. Cuando descubrieron a mi tío abuelo paterno, trabajador de la ciudad, fue despedido sin causal aparente. Jubilación adelantada, le llamaron. Él nunca entendió la razón, yo no se la dije.
El vaso volcó y con él, mi fe en las personas, mis creencias de justicia y la ingenua esperanza de que luchar vale la pena.
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