FUERA DEL CAMINO NORMAL

FUERA DEL CAMINO NORMAL

javier vázquez

09/09/2026

A pesar de que los huesos sabemos muchas cosas que callamos, casi siempre entendemos tarde. Nunca tuve nada en su contra. Ni siquiera lo conocía. Era uno más entre tantos comensales.

Ninguna de las dos empresas —ni la de él, ni la que me llevó hasta su plato— quería mala publicidad. La cena era a beneficio de la Fundación. Nos contrataban por el pollo, como todos los años. Siempre dimos un servicio impecable.

El hombre no quería terminar en el piso, observado, con manos ajenas intentando devolverlo desde el más allá. Yo tampoco podía desviarme de donde estaba para advertirles que no hacía falta, que ya no había regreso posible.

Promediando la cena, mientras avanzaba el show —el mismo de siempre—, el señor se reconoció en una de las canciones. Se entusiasmó. Cantó. Bebió. Siguió comiendo.

La mesa se animó. Hubo aplausos. El saxo se estiró más de lo habitual. Lo sé porque esos fueron sus últimos recuerdos. Y, desde entonces, también los míos.

Mientras tanto, hablaban. Del presidente de la empresa. De su generosidad calculada. De viajes, impuestos, favores. Palabras que pasaban sobre la mesa y que tensaban el ambiente.

La canción alcanzó su punto más alto cuando me llevó a la boca.

No hubo fallas en la masticación.

Cantar y tragar exigen caminos distintos. Y aun así lo intentó.

Fue ahí donde quedé detenido, en un trayecto que no me correspondía.

Al principio creyó que podría resolverlo. Un ajuste de cuello. Un sorbo. Esperar.

El aire empezó a faltar.

Intenté ceder, desplazarme, continuar. No por voluntad —los huesos no elegimos—, sino por una inercia antigua, como si el cuerpo aún supiera qué hacer conmigo.

El líquido empeoró todo. Me fijó. A él le quitó lo poco que quedaba.

Se movió en la silla. El sudor llegó antes que la decisión. Dudó entre levantarse o sostener la compostura hasta el final.

Abrió la boca.

Nada.

El aire no entró. Yo no salí.

El desorden ya era irreversible.

Uno de los mozos —de los que miran más de lo que sirven— lo entendió primero. Se acercó. Despejó espacio. Hizo gestos que otros tardaron en comprender.

El cuerpo no necesitaba espacio.

Necesitaba aire.

Quiso decirlo con las manos. No pudo.

Pensó en intervenir él mismo. Lo descartó. Tarde.

La llamada a emergencias ya estaba en curso.

Caímos.

La música se detuvo antes que el cuerpo tocara el suelo. Los cubiertos callaron. El murmullo se quebró en un silencio compacto.

Llegaron los médicos. No nos movieron.

Ya no había trayecto posible.

Me fui con él.

Otro cuerpo que se reduce.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS