Lágrimas
07-09-2026

Huí, esa es la verdad.
No luché. ¿Debí hacerlo?
En aquella noche, con el rostro en el piso, mi corazón, con la poca fuerza que le quedaba, susurró: «ya no más». Corrí, como todo un cobarde. No podía más. Ni siquiera podía ver tu rostro. En los últimos días, solo tu voz acariciaba mis oídos. ¡Cuánto dolor! Oir tu voz, suave y llena de vida, cual Lázaro, que desde lo profundo del infierno, sediento por una sola gota de agua, veía el cielo. Oír tu voz, saber que estabas ahí, pero no para mí. Me fui.
Ahora, solo me quedan los recuerdos, solo me quedan aquellas fechas. Maldito abril. Mi mente olvida con facilidad. Entierra el pasado bajo el umbral de la consciencia, pero ese abril no será olvidado. Fui feliz, como ningún hombre en la tierra lo ha sido jamás. No importa lo que me digan, fui feliz. En mi piel llevo grabado ese recuerdo. Mi mente lo intentará olvidar, pero cuando baje la mirada y vea las cicatrices marcadas en mí, veré aquella fecha. El pasado me caza sin descanso. No me da tregua. Me echa en cara cada error que cometí, cada herida que causé, cada lágrima que por mí se derramó. Me castigo a cada segundo. No obstante, entre todos esos demonios, aquel recuerdo se alza como un ángel poderoso, brillante, lleno de vida. Mil años de dolor son nada comparados con un segundo a tu lado. Sonreíste, siempre lo haces, pero lo hiciste, con tus ojos puestos en mí. Ahora puedo decir que este mundo es bello, es hermoso, porque tú estás en él.

Mi huida te convirtió en mi Dios. Ahora te veo sobre un altar en el centro de mi corazón. Nada se podrá comparar con tu esplendor. Ni el crepúsculo violáceo, adornado con nubes tímidas que se deslizan con elegancia. Ni la mañana ataviada con un velo gris, cuyo sudor moja las hojas de los árboles y les da vida, cantando una melodía fría.

«No te enamores», me dijeron. ¿Qué puedo hacer? Le dieron la orden de no comer a un perro hambriento. Espero no verte jamás. Tu recuerdo me da vida. Saber que una vez tus ojos me vieron, tus oídos me escucharon, tu voz fue para mí. Pensar que pensaste en mí, aunque por un segundo solamente. Tu recuerdo me da vida, pero tu presencia me aniquila. No puedo concebir una vida en la que tú no estés a mi lado. ¿Dónde estás? ¿Acaso duermes? ¿Acaso ríes, llenando el mundo de alegría? ¿Acaso lloras?

¿Dónde estás?

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