La noche no deshace la promesa que el día en su latido va guardando, la luz en el silencio se confiesa y el mundo, sin saberlo, va cantando.

No importa la distancia del camino ni el frío que la tarde deje impresa, mañana cambiará nuestro destino con la verdad que el pecho se confiesa.

La fe es un horizonte que despierta, un brote que en la roca se sostiene, un viento que nos abre la ventana y la vela que retiene la tormenta.

Detrás de la neblina que estremece se oculta la paciencia de los días, el tallo que en el lodo no fenece y llena la mirada de alegrías.

No dejes que el invierno te desvele, el hielo es solo un sueño del verano, no hay pena que en el alma tanto pese si abres los ojos frente al lago.

Seremos el mañana que germina, el canto que la tierra tanto espera, la huella que en el polvo se ilumina y el paso que derrumba la frontera.

Rodolfo Goyas Caballero 

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS