Rutina, eso es lo que necesito.

Rutina, eso es lo que necesito.

Darío Capas

06/09/2026

Llevo ya demasiado sin tener una rutina, pero una rutina cierta de cara a un año o más de un año. Necesito poder saber qué voy a hacer dentro de unos meses, el verano que viene o si los martes por la mañana tendré tiempo para ir al médico o a comprar. Sé que puede variar en gran medida todo lo que planeo, pero deseo tener la certeza de que, si no pasa nada, sabré qué estaré haciendo de hoy a un año.

Esta certeza me da una paz mental que llevo años buscando: el continuo cambio de compañeros de trabajo, de jefes, de cursos, de lugares y horarios, incluso de empresa. Pasé de esta manera unos cinco años y ya notaba un cansancio incómodo. La posibilidad de no tener trabajo ni ingresos, o de estar pluriempleado y tener varios «jefes», hacía que tuviera que navegar entre aguas demasiado revueltas.

A principios de octubre creo que ya estaré adaptado al nuevo curso. Tendré los mismos compañeros de trabajo y alumnos hasta julio. Todos empezamos estos días en unas condiciones parecidas y todos terminaremos más o menos igual dentro de diez meses. Por el camino todos los pasos están descritos con bastante precisión, incluso hasta los imprevistos.

Planificar, gestionar y establecer nuevos hábitos será así mucho más fácil y duradero. Sabré así si tengo tiempo libre y cuánto. Así, si consigo establecer nuevas rutinas, que son muy necesarias, conseguiré estar bien. Esta es la idea: estar bien, tranquilo, saber cuándo puedo descansar, cuándo debo trabajar, qué debo hacer y, en definitiva, poder mirar al futuro con una certeza que te tranquiliza y te trae paz al alma.

El estrés, la ansiedad y la incertidumbre, junto con comer y dormir en cualquier momento o lugar, hacían que mi estado de ánimo se viera afectado. Esto provoca más despistes y fallos y, en consecuencia, un carácter que muchas veces se parecía más al de un ogro que al de un oso de peluche. De esta forma veías que tu vida pasaba ante tus ojos sin disfrutarla. Ni tú lo conseguías ni se lo ponías fácil a las personas que te acompañaban.

Ya casi lo he conseguido, falta poco. Creo que a mediados de octubre habré logrado tener interiorizada esa rutina de trabajo, ocio, vida con la familia y descanso. De esta manera se abrirá el espacio y la confianza para establecer nuevas rutinas como leer, escribir o salir a pasear con mi mujer y mis hijos.

Todo parece idílico, pero no lo es. Con las rutinas vienen algunos inconvenientes que no tenías con los cambios constantes de trabajo y descanso forzoso. Algunos males de hacer siempre lo mismo son: volverse más rígido ante los cambios, perder la atención a los cambios sutiles, que el aburrimiento acabe por invadirlo todo y terminar con la falsa sensación de que todo va a ir bien o que está bajo control.

Pero para evitar todo eso es necesario establecer algunos cambios dentro de la rutina. Meter algún control de vez en cuando, hacer algún check-in donde se repasen las principales metas a conseguir —como tener el trabajo a tiempo, que no haya roces con los compañeros ni alumnos, que las sonrisas abunden más que las caras serias y que vuelvas a casa con una sonrisa, o al menos en paz—. Esto, si lo consigues, te indica que lo estás haciendo bien.

Una vez en tu hogar, el trabajo debe quedar afuera y los asuntos de familia pasan a ser los fundamentales. Preguntas como «¿qué tal has pasado el día?», «¿has tenido dificultades?» o «¿hay algo que te preocupa?» son de lo más importante. Por último, «¿cuánto tiempo falta para la próxima celebración?» se convierte en el tema favorito.

¿Prefieres la rutina o que cada día sea una nueva aventura?
¿Te gusta saber qué vas a hacer dentro de un año o no haces planes más allá de tres meses?
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Muchas gracias
Darío

Rutina, eso es lo que necesito.

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