la vuelta a casa

la vuelta a casa

nefes

05/09/2026

A veces no basta con crecer.

Que solo hayan pasado unos años no significa que estoy grande.

El verdadero hecho de crecer es cometer errores, ser rebelde, poder valorarse a uno mismo y dejar ir a lo que alguna vez sentiste que fue tuyo, y no insistir en que se quede. 
Si se tiene que ir, se va.

También el hecho de crecer es escapar. Puede parecer un hecho de cobardes, pero hay una frase que dice que rendirse también es un acto de valentía.

¿Para qué seguir quedándote? ¿Para seguir sufriendo?
Apuesto a que dirían que es para solucionar los problemas como una persona adulta, y que escapar es de gente que no pudo solucionar sus problemas y que por eso escapan. Pero hay una diferencia, yo todavía no soy adulta, no conozco casi nada de la vida, aunque ya sea una adolescente no significa que sea experta en todo, todavía tengo mil errores por cometer, y mil errores por los cuales arrepentirme y pedir perdón. 
Hay veces que aunque te quedes, el problema no depende de vos. Hay veces que aunque des todo para que eso mejore y cambie todo sigue como antes, con dolor, ganas de llorar y nudos en la garganta. 
 A veces lo mejor de escapar es huir del dolor.

Pero eso tiene algo muy importante: tal vez, cuando vuelvas de la escapada, si es que volvés, nada sea como antes.

Un día estás tan desbordada que pensás en escapar. Tu mundo se vino abajo y escapar del dolor parece la mejor decisión.

Pero jamás la mejor opción es tomar una decisión tan grande cuando estás desbordada.

Eso podría traerte muchas consecuencias. Como el arrepentimiento, cuando ya es tarde.

Ya tomaste el micro para otra capital, otra ciudad o para cualquier otro lado que no sea el lugar que te trajo tanto dolor.

Y ahí ya no estás pensando en escapar. Ya escapaste.

Tal vez te bajás en un lugar desconocido. Un lugar sin tu familia, sin tus amigas, sin nada ni nadie. Ese vacío de soledad en el que tanto miedo tuviste de quedar. 

Y de repente estás ahí.

Llorás en el medio de la ruta mientras los autos pasan y las hojas de los árboles se mueven del lado del viento. Mirás alrededor y no reconocés nada.

Con los ojos entrecerrados de tanto llorar, decidís tomar un micro de vuelta.

Tomás uno de vuelta por el miedo de no saber cómo guiarte sola. Por el hecho de querer volver atrás. Por miedo a perderlo todo. Perder lo que alguna vez fue tuyo.

Por el miedo de nunca más volver a abrazar a tu familia.

Y ese miedo es más grande que el miedo de volver y tener que dar las explicaciones que ni siquiera a vos misma te pudiste dar.

Entonces volvés.

Y durante el viaje pensás.

Pensás que tal vez, aunque vuelvas, todo lo que alguna vez tuviste ya no te pertenece. Que ya lo perdiste por llegar tarde.

A veces, aunque llegues, no llegás lo suficientemente temprano para recuperarlo.

Tal vez tu familia ya no te busca con la policía.

Tal vez tus amigas ya no están preocupadas porque en tu pueblo dicen que desapareciste. Tal vez ya planearon con otra persona para sentarse juntas mañana en la escuela.

Tal vez tu abuela ya no llora con tu carta de despedida en el pecho mientras dice:

“Se fue, se fue…”

Pensás en que fuiste una verdadera tonta porque tomaste algo muy importante como tu vida como si fuera una película. Como si la pudieras pausar, volver atrás y, si no te gusta, cambiar.

Pero no es así.

No te mientas.

No sabés cómo vas a volver.

Ni cómo vas a explicar.

Y tu mayor miedo es pensar que cuando llegues te van a retar. Van a gritarte por desaparecer y dejar solo una carta, como si fueras una fugitiva.

Pensás que sería tan lindo que te abracen y lloren en vez de gritarte porque te escapaste.

Pensás que es un sueño absurdo. De esas películas en las que cometés errores pero, como son una familia, se perdonan todo.

Pero esto no es una película.

Llegás a tu pueblo.

Y hay carteles tuyos con tu cara, con tu sonrisa, con esa foto que tanto le pediste a tu papá que borre porque supuestamente salías mal.

Esa misma foto ahora está en los carteles.

Con la letra de tu mamá diciendo:

“nuestra hija desaparecida, volvé Nefes”.

Y ahí entendés que realmente te estaban buscando.

Tocás el timbre.

Estás lista para los gritos.

Esperás que te reten. Que te pregunten por qué lo hiciste. Que te digan todo lo que hiciste mal.

Pero cuando te ven, no gritan.

Solo te miran.

Con los ojos hinchados.

Y te abrazan.

Te abrazan al punto de no poder respirar de todo lo que te aprietan.

Lloran desesperados y desbordados en tus brazos.

Y esa fuerza que vos pensabas que tenías, esa que te iba a permitir aguantarte las ganas de llorar y de largar todo, te falla.

Todo lo que no dijiste con palabras lo expresaste con lágrimas saladas en tu cara.

Y esa imagen se te queda marcada para toda tu vida.

Ese abrazo mágico que pensabas que no podría pasar.

Que era imposible.

Porque pensabas que solo te iban a retar.

Ahí está.

Pero tampoco pensaste en cómo eran realmente ellos.

Si realmente te odiaban como vos pensabas.

Si todo solo giraba alrededor de esos retos y castigos que te daban.

Y en ese abrazo te das cuenta de que ni mil castigos pueden decidir si una persona ama o no.

Ellos te buscaron.

Te lloraron.

Y hasta ya las lágrimas se les habían agotado.

Y ya no llorás.

Ellos sí.

Pero en ese abrazo de tanto cariño solo te quedás ahí, pensando en cuánto los amás.

En que solo querés que ese abrazo de miedo, desesperación y desbordamiento sea para siempre.

Porque ahí te sentiste segura como nunca antes.

No sabés lo que va a pasar más tarde.

Si después de todo ese sufrimiento de ellos va a terminar en gritos, como te imaginabas en el micro.

Pero no te importa.

Solo estás flotando en ese abrazo.

Y quizás ahí entendés cuál era realmente tu miedo.

No era solamente escapar.

No era solamente equivocarte.

Era cometer una decisión tan grande que después no supieras cómo volver atrás.

Era crecer.

Era tener miedo de que algún día el dolor fuera tan grande que decidieras por impulso.

Y que cuando finalmente quisieras volver, ya fuera demasiado tarde.

Ese es mi mayor miedo.

Tal vez tengo miedo de crecer. 
O tengo miedo de cometer una decisión tan grande que después no sepa cómo volver atrás sin cargar con ella.  

escuchar esto mientras lees, o escribís es muy lindo

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS