¡Hoy es mi cumpleaños! Me levanté temprano y ordené mi habitación. Me vestí con mi vestido favorito, es de color amarillo, me gusta mucho porque me recuerda al sol. Al medio día calenté la comida que encontré en la nevera y corrí por las calles de tierra rodeada de mariposas. Regresé a casa. Mamá me ha preguntado cuántos años tengo, parecía realmente no saberlo.
—Siete —le respondí mostrando ambas manos y encogiendo tres dedos con la derecha.
—Siete —murmura como respuesta, y se va a la cocina a preparar la cena. No tuve una vela, pero antes de apagar la luz pedí un deseo con los ojos cerrados.
—¡Seguramente, el próximo año tendré pastel! —
¡Hoy es mi cumpleaños! Desperté al mediodía. —¿Estaré hibernando? —pensé mientras ordenaba la habitación. Me vestí con un vestido verde, similar a las hojas del verano, y me dirigía a la cocina. Recuerdo que en las clases el profesor mencionó que algunos animales duermen durante todo el invierno. —¿Lo recuerdo bien? —
No había comida en la nevera así que mi tiempo en las calles se extendió. Recuerdo que al final de esta calle hay una higuera. —¡Esa será mi comida! —
Tardé un poco más de tiempo en llegar a casa. Mamá no estaba así que pedí mi deseo al sol poniente y me fui a dormir. ¿Qué deseo pedí?
—¡El próximo año sería bueno comer manzanas! —
Hoy es mi cumpleaños. No recuerdo en qué momento desperté. Ordené mi habitación y vestí con un vestido naranja —El árbol de la calle de al lado tiene este color —pensé. Salí de casa cuando al sol le quedaban pocos minutos en el cielo. En mi camino de regreso escuche las risas de un chico al interior de una casa cercana, parecía feliz. Cuando llegué a casa ya era de noche
—¿Qué deseo debería pedir? —murmuré con mi mano en el interruptor de la luz, pero antes de formar una idea, mi mundo se oscureció.
—Un apagón— le dije a la nada.
No habrá deseo este año.
Hoy es mi cumpleaños.
—Desearía tener pastel— murmuré. Mamá me dio una mirada antes de salir de casa. Giré mi cabeza a una grieta a mi lado, del otro lado de la pared creí ver mariposas revoloteando.
—Es amarillo— sonreí. Me pude ver nuevamente corriendo entre ellas en un vestido de ese color.
Cuando abrí los ojos, oscuridad.
Recuerdo pensar:
—Ya no tendré que desear otro año—
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