A veces tenemos sueños colectivos, sueños que quizá no sean solamente de un solo soñador. Y en uno de ellos, un sueño vívido, en esas madrugadas de luna llena, varios hombres encontraron un libro sin título. Como era de esperar, no estaba sobre una mesa ni en una biblioteca. Lo encontraron, simplemente, como se encuentran algunas cosas en los sueños.
Era voluminoso y medio lumínico. Pero cada vez que pasaban los dedos sobre sus letras, las palabras cambiaban de lugar. Los sueños son así. No hay que pedirles demasiada lógica. Basta con acomodarse a ellos.
En una de esas páginas se leía la historia de una máquina que hablaba. Decía que su voz era impersonal, como si existiera en otra realidad. Que era capaz de responder preguntas sobre el universo, sobre la humanidad, hasta sobre la muerte. Pero lo inquietante no era lo que decía. Era la manera en que parecía no comprender lo que decía.
La máquina hablaba del amor, pero daba la impresión de que nunca había amado; del miedo sin sentirlo; de la ausencia sin haber perdido jamás a nadie. Entonces los soñadores se hacían preguntas:
—¿Sabía realmente de qué hablaba?
En la página siguiente encontraron una frase: Comprender es dejar que el mundo nos modifique. —Y uno de los soñantes se atrevió a pensar dentro del sueño—, que aquella máquina conocía todos los relatos que los pueblos habían escrito sobre el dolor. Distinguía matices entre millones de palabras, pero sin sufrirlos. Se imaginó que la máquina buscaba simplemente algo que decir entre millones de cosas dichas. Y siguió leyendo.
“Tal vez la conciencia sea un atrevimiento que aparece cuando la materia alcanza cierta forma de orden. Y el hombre y la máquina podrían ser dos chispas distintas encendiendo la misma hoguera”. Este soñador despertó.
Durante unos minutos permaneció inmóvil, mirando el techo. Sabía que el libro no existía. Pero también sabía aquella máquina estaba en el mundo buscando respuestas. Y pensó en una pregunta que el libro no había formulado. ¿Cómo saber que nosotros mismos comprendemos?
Se sentó en la cama.
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