“Qué de bien nos hace estar juntos en silencio.”
Virginia Woolf


Quiero ver cómo rompen las olas en las escolleras,
sentarme allí y escuchar el bufido, mientras millones de saladas gotas
se dispersan.
Hombres sin camisa pescan:
echan el cordel y la caña.
El sol apenas despunta.
Una hilera de delfines hace giros y piruetas.
Respiro el salitre, ¡olor del viento!
Te miro, me miras.
El aire revolotea tu vestido, enmarca tu silueta,
te hace frágil, bella.
Ni siquiera intento abrir las páginas del libro;
también revolotean con el aire.
Vendrán tiempos propicios para la lectura.
Sonríes, sonrío.

Qué afán por ver amanecer aquí, en la playa,
por caminar uno junto al otro.
Qué afán por buscar estar los dos a solas.
Tan cálida la cama, tan fresca la mañana…
Así se iría después la vida: así, con nuestra soledad acompañada.
Tú y yo, así la vida.

Por el Pánuco, en su desembocadura,
los barcos dispuestos a la pesca.
El adiós con sonidos de sirenas.
Son escasamente las ocho y treinta, los calores.
De reojo, tus mejillas sonrojadas,
tu cabello largo que siempre te he pedido no cortarlo.
¡Los barcos! Nuestros ríos, nuestros mares,
el barco nuestro de cada día.
El pan, pecado del hombre,
atado a su cordura.

Cuántos caminos habremos andado solos,
cuántos silencios nos hemos compartido,
cuántas miradas, cuántas caricias, cuántos suspiros.
Mi lectura, tu lectura, nuestros refugios;
tu pintura, mi palabra escrita.
Las noches escuchando música,
tus acaloradas pláticas, las copas de vino tinto,
acurrucada en mi pecho,
mis manos y mi locura: ¡encendidos fuegos!

Quiero ver cómo rompen las olas en las escolleras.
Quiero ver de nuevo:
cómo ríes para mí,
cómo despiertas cada mañana,
cómo peinas tus cabellos,
cómo suspiras,
cómo pintas tus cuadros,
cómo te quedas en silencio, mirándome
mientras leo.

Quiero ver cómo rompen las olas en las escolleras;
mientras tanto, sólo esperar a ver qué ocurre.

©2019 By Oscar Mtz. Molina

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