Mi nombre es Dindrane.
Lo repetiré de nuevo: me llamo Dindrane.
Lo hago porque el bosque de Brocelianda no recuerda los nombres de las mujeres, solo el rastro de nuestra sangre sobre el musgo.
Me llamaron simplemente «la hermana de Percival», como si yo fuera una nota al pie de página en el cantar de su acero.
Hablo desde la muerte. Si es que en las leyendas existe la muerte. Han colocado mi cuerpo sin vida en el barco mágico de Salomón. Y ahora el barco navega solo, flotando a la deriva, disolviéndose en la niebla del mar. Era mi última voluntad y la han cumplido.
Hablo porque quiero romper el silencio. Hablo para abrirme un hueco en la historia, pues los mitos mienten.
Yo no nací para ser el eco de los pasos de los guerreros que buscaban el Santo Grial .Se olvidan de que yo guie a mi hermano Percival, a Galahad y a Bors en el viaje hacia él.
Fui yo quien los llevó hasta una playa donde encontraron un barco mágico, construido siglos atrás por el rey Salomón.
Fui yo quien, en el barco, ayudó a Galahad a conseguir una espada sagrada, cortando mis propios cabellos dorados para trenzarlos con hilos de oro y seda para fabricar los cinturones de las espadas.
Fui yo quien, ante la enfermedad terrible de la señora del castillo que sufría de lepra, y sabiendo que la única forma de curarla era vertiendo la sangre de una mujer virgen y pura de corazón, no dudé en hacerlo.
Puesto que los mitos mienten aquí estoy yo, Dindrane para que el eco de lo que realmente ocurrió no se apague.
OPINIONES Y COMENTARIOS