
“Allí me encuentro a mí mismo, me acuerdo de mí,
de lo que hice, en qué tiempo y lugar lo hice,
y de los afectos que tenía cuando lo hacía.”
— San Agustín, Confesiones, Libro X, Cap. VIII.
Quien abra estas páginas no encontrará el diario común de un hombre, sino la cartografía de una mente que se niega a dejar de preguntar. Escribir es, en el fondo, un acto de resistencia contra el olvido, un intento de ordenar el caos del universo en el pequeño laboratorio de la cabeza. Para una mente divergente, este ejercicio no es un pasatiempo; es una necesidad biológica y espiritual. El mundo exterior suele ser demasiado ruidoso; la escritura es el filtro que permite procesar la luz y la sombra.
Esta bitácora recoge el oleaje de los años. El viaje comienza con las paredes que encierran nuestra casa mental y el vértigo de sabernos un suspiro atemporal en la inmensidad cósmica. Ante ese vacío, la juventud se refugia en el amor carnal, para luego estrellarse contra la duda radical: la sospecha de que todo es una broma divina.
Lejos de rendirse al nihilismo, la razón y el misticismo terminan dándose la mano. Al pactar con el tiempo y regresar al Big Bang de los aminoácidos, descubrimos que buscar el orden en la materia es otra forma de rezar. San Agustín se asombraba en sus Confesiones ante el palacio de su memoria.
Estas páginas son, a mi manera, un Libro X moderno: la certeza de que, tras el caos, siempre queda una chispa eternamente encendida.
Acto I: Caos (2020)
Mi casa mental es un caos y en ella se amontonan recuerdos, lecturas, cuentos nonatos, amores echados por la borda, los milagros de Laura —postales coloridas de gran formato—, noches de desvelo y desvarío, los ojos de Oscar, mi hijo, la sonrisa de Daniela, el letargo de la tarde fría, el dolor de cabeza, los ronquidos de Kyra. El gusto y el alivio de una taza de café, o dos, o tres, o las que hagan falta.
Mi casa mental es un caos, confinado.
Acto II: El suspiro (2019)
¡Nada más!
Y pensar que nuestro andar es tan solo un parpadeo. ¡Un levísimo soplo de aliento del universo!
Un atemporal suspiro que, al cerrar los ojos, se desvanece con las últimas luces del atardecer.
¡Sueño tan sólo somos! Nada.
Preludio (2020)
En noches aciagas hay también cuerpos que se aman, novias que cabalgan, espíritus que callan.
Hay quejidos que surcan cielos al filo de la madrugada.
En noches aciagas hay eternos silencios del alma.
Acto III: Los papiros del mar Muerto (2021)
En la más profunda de las cuevas en torno al mar Muerto, han hallado recientemente un nuevo papiro, contemporáneo a los evangelios canónicos, a los evangelios apócrifos y a los papiros de Nag Hammadi.
De acuerdo con la caligrafía, todos ellos fueron escritos en copto y griego antiguo por los mismos escribas conocidos como cristianos gnósticos.
Al calce de este último papiro está inscrita la siguiente frase que, al ser traducida del griego antiguo, ha causado un cisma entre sabios y creyentes: «Ήταν όλα ένα αστείο. Ο Θεός δεν υπάρχει» (Ítan óla éna asteío. O Theós den ypárchei), y que en nuestra lengua hispana dice: «Todo ha sido una broma, Dios no existe».
Acto IV: 1° de noviembre (2024)
Hay que repartir ordenadamente el tiempo, de tal modo que cuando se sea joven, este corra un tanto de prisa, y cuando se sea viejo, el tiempo corra lento, muy lento, para poder darle a uno la oportunidad de apreciar cada segundo de cada minuto de la vida.
Al fin y al cabo, después solo nos resta la eternidad etérea y desconocida para vagar por los confines inhóspitos del universo.
Ni Dios ni el azar, sólo los recuerdos que se quedan prendidos en la memoria.
Así de sencillo (2025)
Y no hice otra cosa más que seguir adelante, caminando a tu lado.
A veces tú detrás, a veces tú guiando.
Y dejé que el mundo siguiera dando vueltas.
Y lo entregamos todo al tiempo, al clic, clic del reloj.
Al instante.
Así de sencillo.
Así de fácil.
Acto V: Otra vez la memoria (2025)
A pesar de su aspecto —delgado, con el cabello cenizo y los ojos hundidos—, el hombre aquel no era un anciano. La mirada extraviada, y ese silencio rodeándolo.
Tallaba su nombre en el tronco de un árbol. Clavaba la punta de la navaja atravesando la gruesa corteza hasta hundirse en la carne arbórea; manaba desde allí la savia.
—¿Pero por qué los cortes? —pregunté al viejo.
—Lo hago para que me recuerden —respondió él—. Porque seguramente perderé la memoria —agregó.
—Que al menos Él me recuerde —dijo con calmada voz, y señaló hacia arriba, hacia allí, donde las ramas del roble se abrían gozosas al cielo.
El raciocinio místico (2026)
Dentro de mi cabeza un tanto embotada por mi naturaleza divergente:
—Todo es luminoso, excepto el hombre.
Quis est Deus? —¿Quién es Dios?—
Para unos Dios, para otros, raciocinio.
¿Y por qué no un Dios racional o un raciocinio místico?
Renacer y reescribir la historia, desde las cavernas o mejor aún, desde el incidente del Big Bang.
Un aminoácido por acá, otro aminoácido por allí, en fin… En el principio creó Dios, etcétera, etcétera.
¿Ustedes han pasado también por todas estas preguntas?
Apéndice: Réplica desde el Palacio de la Memoria
(Respuesta epistolar de San Agustín de Hipona al papiro de 2021)
Oscar, hijo de la paciencia y de las noches aciagas:
He leído el papiro que tu mente desenterró de las cuevas del mar Muerto. He leído esa sentencia que dice con tanta ligereza que todo ha sido una broma. ¿Crees que esa tinta me asusta? Cuando yo era aquel joven perdido en los caminos de Cartago, mi propia carne me gritaba exactamente lo mismo: «Dios es una ficción, goza hoy, porque mañana serás la nada».
Tú dices que ese papiro causó un cisma. Pero yo te pregunto: ¿Quién escribió que Dios no existe? Lo escribió un hombre. Un escriba gnóstico que, al filo de la madrugada, sintió el peso del silencio y se quebró ante la angustia, llamando «broma» a lo que su mente no alcanzaba a comprender.
Si Dios no existe, Oscar, ¿de dónde sacó ese escriba la idea de la Justicia para indignarse por la broma? ¿De dónde sacaste tú la nostalgia por ese «atemporal suspiro»? Tu viejo del roble clava la navaja para que «Él» lo recuerde desde las ramas que miran al cielo. El olvido no se puede tener si antes no estuvo presente la memoria de lo eterno.
Dios no está atrapado en la tinta de un papiro viejo; Dios es la Luz que te permite a ti dudar, tomarte un café en tu casa mental y ordenar tus aminoácidos en el 2026. No temas a la duda. El hecho de que estés ahí sentado intentando descifrar la broma ya te convierte en el milagro más luminoso de la creación.
Cierre: Luz infinita
De una sola mirada, de una sola palabra, de una sola promesa, de un solo gesto, de un solo sentimiento.
El sentido de la vida.
El universo.
El sueño.
Esa chispa que alguna vez halló lugar en el alma y se quedó eternamente encendida. Esa chispa que, de cuando en cuando, vuelve a despertar mi memoria.
¡Allí estás tú! Siempre tú.
Allí, luz infinita.
@2026 By Oscar Mtz. Molina
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