Esta suave luz que alumbra 

las paredes blanquecinas,

esta forma en que se acercan  sábanas y almohadas,

como amigos íntimos,

son porciones casi en calma,

que se esconden en los puertos de mi cama.

Las pulgadas de tristeza no las dejo navegar.

Vuelan pálidas gaviotas ahullando con lobos grises.

Saltan mis perros pastores

sobre el desorden ingrato de mis pesadillas, … huyen

flotan mis piernas y mis manos se elevan,

hasta tocar la paciente paz de mis banderas.

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