Emma entró corriendo a su habitación y dio un portazo. Luego se lanzó en la cama y abrazó con el
ceño fruncido a su almohada.
Romina, al notarlo, se limpió las manos en el delantal y apagó la hornalla donde un guiso se estaba
terminando de hacer.
—Hola, hija, ¿ya llegaste? —dijo Romina golpeando suavemente la puerta del dormitorio de
Emma.
—Sí.
—La comida está casi lista. ¿Está todo bien?
Emma, de un salto, bajó de la cama y abrió la puerta negando con la cabeza, y volvió a sentarse
sobre su cama. Romina la siguió y tomó asiento a su lado preguntando qué le pasaba.
—Felipe me dijo que Dios no quiere a las mujeres.
—Primero, eso es mentira; segundo, ¿quién es Felipe y por qué te dijo eso?
—Está en mi clase Felipe. Y nos dijo a mí, a Sofía y a Martina que Dios no quiere a las mujeres,
que la Biblia dice que las mujeres son malas o un adorno, que están para servir a los hombres, que
son todas malas y que Dios no las quiere.
—¿Felipe leyó la Biblia? Porque parece que no.
—Yo tampoco, pero si Dios odia a las mujeres y escribió en su propio libro que las odia, ¿para qué
nos hizo así? Bueno, en realidad Martina dijo eso y Felipe le dijo que eran para servir al hombre así
como las mascotas, y que las que no lo hacían eran malas y eran tentadoras, y que eran tan malas
que hay un mandamiento donde pide que no deseen mujeres porque son cosas malas.
—Felipe no tiene idea. Espera un momento, no te muevas de aquí.
—Bueno, mamá… pero es que si dice que las mujeres son malas, que había una reina mala, que
había una que tentó para que todos nos vayamos a morir y que son todas cosas del pecado…
Mientras Emma seguía argumentando lo que había dicho su compañero de escuela, Romina fue a su
dormitorio, tomó una Biblia y caminó rápidamente junto a su hija. Se sentó a su lado y comenzó a
hojear el libro.
—Mirá, amor, esto es la Biblia. Tenemos aquí, por ejemplo, en el libro de Jueces 4:4-5, que habla
de Débora. Te resumo lo que dice de ella: fue una jueza justa de Israel, fue líder, profetisa y una
mujer valiente. Bueno, tenemos acá otra —seguía pasando páginas Romina mientras los ojos de
Emma parecían crecer de tanta atención que estaba prestando—: Ester. Esta mujer tiene su propio
libro en la Biblia; fue una joven judía que se convirtió en reina de Persia y arriesgó su propia vida
para salvar a todo su pueblo de un exterminio. Aquí en su libro, en Ester 4:16, la podés conocer —
miró a la niña, le sonrió y siguió buscando páginas hasta encontrar más y seguir hablando—: otra
con su propio libro es Rut, una mujer moabita conocida por su fidelidad a su suegra Noemí y su
arduo trabajo, convirtiéndose en antecesora del rey David y de Jesús. Aquí la ves en Rut 3:11.
La niña escuchaba atentamente mirando los dedos de su mamá moviéndose sobre el papel gastado.
—Y me acuerdo de dos más, estas son: en el libro de 1 Samuel 25:3 vas a encontrar a Abigail, que
con su inteligencia y diplomacia intervino a tiempo para evitar un derramamiento de sangre y salvar
a su familia de la furia de David. En Hechos 18:26 está la líder en la iglesia primitiva junto a su
esposo Aquila; enseñó la doctrina cristiana a otros líderes y apoyó al apóstol Pablo: ella se llamaba
Priscila.
Romina cerró el libro, lo puso sobre su falda y siguió hablándole a Emma:
»Si es verdad que alguna fue mala, como Jezabel, que era una reina codiciosa y malvada, pero
también había villanos como Herodes, Barrabás y tantos otros. No importa si es hombre o mujer
para ser bueno o malo. Amor, el mismísimo Dios le pidió permiso a una mujer para que le dé un
hijo. La virgen María no fue al servicio de nadie ni fue obligada a nada; incluso hay una canción de
la iglesia que dice que María dijo que sí, porque ella aceptó ser la mamá del Hijo de Dios, no la
obligaron. Cuando el Hijo de Dios resucitó, ¿sabés quién fue la primera persona en saberlo y a
quien Él le dijo que se lo dijera al mundo? María Magdalena, una mujer que fue malinterpretada y
se la catalogó como algo que ella no era. Ya sabés de qué tenía fama, ¿no? Bueno, la Biblia jamás
dice que ella trabajara en lo que dicen que trabajaba. Y el propio Hijo de Dios defendió a una mujer
de que le tiraran piedras diciendo que aquel que no haya pecado comience a tirarlas.
Emma asintió en silencio mirando fijamente a su madre con un brillo intenso en su mirada y la boca
entreabierta. Romina continuó:
»Así que decile a Felipe que Dios también ama a las mujeres, que él no leyó nada y habrá
escuchado puras tonterías. Es más, la Biblia nunca dice que Eva tentó a Adán: estaban juntos y
decidieron hacer algo mal ambos. Y lo del mandamiento está también mal dicho: lo que no debés
codiciar es las pertenencias de otra persona, errores de traducción. Pero la realidad es que así como
no debe un hombre envidiar lo que tiene otro, tampoco debe hacerlo una mujer; así como no te
debés fijar en una esposa ajena, tampoco en un esposo, es igual. Dios te ama como a todos los
demás, y si no quiere entender, que venga, que yo le leo con paciencia cada una de las partes para
que vea que está equivocado. Vamos, que termino de hacer el guiso y almorzamos.
Emma, muy sonriente y enérgica, le pidió a su mamá que le dejara marcada cada parte de la que le
había hablado porque iba a leerlo así como pudiera, y corrió a poner la mesa. Romina prendió la
hornalla y terminó de cocinar mientras veía el entusiasmo de su niña colocando platos y cubiertos.
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