Me rompiste; confesé en silencio mirando al techo, mis grietas son visibles y ya no tengo más perdón que brindar, se agotó el entusiasmo, el demostrar querer estar cuando el otro ya partió. Me quedaste a deber, expresiones de tu cara al explicar tu huída, la jaqueca del día se hizo presente cuando hablaba de ti, de tu despedida.
Y decidí huir al consuelo del que yo considero un amor lejano, promete un vida soñada, pacífica, tranquila; y eso también me bloquea, porque dijo las palabras que siempre anhelé, pero existe una interferencia entre los dos.
Lo he buscado tantas veces, sueño con él, pero no existe una presencia física, ¡lo quiero! Pero no hacemos nada por estar juntos…
¿Cómo llegaré a sus pensamientos? ¿Tengo un espacio en su día donde quisiera estar conmigo?; verme, tomar con delicadeza mi cuerpo y abrigarme ver sus ojos y por fin ser libre.
¡Abrázame!, tómame, deposita en mí todo el poder de sanar tranquilamente, concédeme con tus dedos el remedio…
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