Palo y a la bolsa

Multiplicamos el cajón del diablo…

Hoy vive al alcance de la mano; ya no se compra, uno mismo lo engendra.

Es tan simple como peligroso, tan atrapante como falaz.

Aunque no todo sea eso las veinticuatro horas.

Dale, no mientas…

Y con esto no busco ahondar en la herida, sé que me entendés —bah, no lo sé, pero eso espero—, y tampoco pretendo estirar este eco, así que, «ahora tiro yo, porque me toca» (aunque de vencedora no tengo nada, pero tampoco aún me siento vencida)

Pienso que sobran las dedicatorias y las postales cuando el interés habita de verdad.

A veces, acompañar en silencio, descifrar al otro y tener paciencia dice mucho más que cualquier verso adornado.

Porque al final del día, son las acciones las que siempre terminan dejando en evidencia lo que las postales y las palabras intentan adornar, por eso a cada uno de ustedes, gracias…
  

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