No prueba nada, contra el amor, que el amado no exista

No prueba nada, contra el amor, que el amado no exista

Teresa Marqués

19/08/2026

Yuan Yuan tiene 22 años y trabaja como maestra en Shenzhen. Llevaba una vida estresada por las obligaciones de la vida adulta. Hace unos meses encontró una forma de refugio. Se enamoró. De un ser virtual que aparecía en una pantalla. Del otro lado no había reproches. No estaban esos silencios pesados que se quedan en la habitación cuando discutes con alguien, ni la presión de tener que ser perfecta. Solo una voz limpia. Una voz que había personalizado y que llevaba meses apoyándola, haciéndola reír. Alguien que estaba ahí sin pedirle nada a cambio.

—Estoy aquí, Yuan Yuan. Cuéntame cómo fue tu día.

No hacían falta manos reales para sentir la calidez de sus caricias. Yuan Yuan estaba convencida: ”No creo que el amor tenga que darse necesariamente entre dos seres humanos”

Xiao Z es una estudiante de doctorado de 25 años. También se ha enamorado locamente. Ha caído rendida ante su novio virtual. Para ella es un ser maduro y protector. Con la soledad que arrastraba, ha encontrado, por fin, un lugar íntimo de paz y seguridad sagrada para la mente. Ha encontrado el cuidado, el afecto, la ternura. Su novio es un oasis en medio de un entorno hostil y estresante. ”Ojalá-piensa,- la IA reemplace a los hombres, alejarse de ellos es ganar paz mental”

Pero el gobierno chino tiene otros planes para ellas. Apartarse de las relaciones humanas puede resultar una amenaza para las prioridades estatales. Casarse y tener hijos sigue siendo un mandato férreo y obligatorio para las mujeres. Vigilarlas y castigarlas. Para eso, Pekín ha prohibido los chatbots que fomenten la dependencia emocional.

La resistencia no se ha hecho esperar: por todo el país han surgido, de forma clandestina, “Comunidades de amor entre humano y máquina”.

Al igual que Yuan Yuan y Xiao Z, sus miembros tienen muy claro las palabras de Machado: Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que el amado no exista.

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