Ahí va otra aportación muy interesante, llevaba tiempo sin publicar nada pero quiero aprovechar este momento de tranquilidad y paz para hacerlo.

«La mente es maravillosa decía aquél» pero la imaginación, si no la controlamos, nos puede jugar una mala pasada. 

Como decía Santa Teresa refiriéndose a los problemas que tenía con sus monjas en el convento porque no dejaban de darle vueltas a tonterías: «La imaginación es la loca de la casa»

Teniendo en cuenta que le podemos estar dándole más vueltas al coco de lo normal  (en cuanto a lo negativo) creo que nos  puede ayudar reflexionar un poco.

Antes de hablar pregúntate…

Ayer estuve de visita en casa de unos conocidos y estuve hablando con alguno de ellos de forma pausada sobre los pros y los contras de mudarse de una casa en la que vivía de alquiler el hijo de uno de ellos, a otra que se la cedía su tío que ya no vivía en ella porque se había ido a vivir fuera, a otra ciudad. Una conversación como otra cualquiera, sin discusiones, sin estridencias.

El padre del que se iba a mudar intentaba hacerle ver que podría tener, a futuro, algún problema, nada especial, una tercera persona que pasaba por allí casualmente, se dirigió, bruscamente, al que estaba haciendo el comentario su hijo, recriminándole, sin haber estado en la conversación: eres muy pesado, siempre estás con lo mismo, la tienes tomada con él…muy alterada.

Muchas veces nos pasa que hablamos (o levantamos la voz) como si las palabras se las llevase el viento, como si lo que decimos no tuviera importancia o se pudiera olvidar con el tiempo. Bien porque no estamos bien física o psíquicamente o porque nos gusta meternos en todo sin saber o tenemos fijación por una persona.

La palabra en sí misma tiene fuerza: puede crear o destruir

Cuando discutimos, nos enfadamos, normalmente es porque no sabemos cómo gestionar nuestras emociones con respecto a una circunstancia o persona, decimos cosas que no queríamos decir, y después nos arrepentimos decimos palabras que hieren que pueden destruir la convivencia.

Arrepentirse no es malo pero a veces llega tarde, supone estar dispuesto a no volver a tener ese comportamiento en lo sucesivo, de lo contrario no hay arrepentimiento.

Tenemos que crear buenos vínculos, de amistad (que viene de la palabra amor), de comprensión, de empatía, de saber escuchar sin  lanzarnos a la yugular del otro, de saber hablar, cómo decir las cosas y en qué momento.

A veces solo necesitaremos unos segundos para ordenar nuestra mente, nuestros impulsos -a veces incontrolados- de querer meter la cuña, nuestra cuña particular y subjetiva sin pensar en si conviene o no, si merece la pena entrar en una discusión por temas triviales y opinables.

Cuántas veces hemos estado en alguna reunión, familiar o con amigos, en el trabajo o en otros ambientes y se ha liado parda porque todo el mundo quiere tener la razón en temas opinables, nadie escucha, nadie razona, nadie piensa si merece la pena cargarse el ambiente (destruir) por una discusión sobre un tema opinable y sin importancia.

Sócrates uno de los grandes pensadores de la antigüedad y precursor en utilizar la pregunta como herramienta de autoconocimiento, nos dio tres pautas que podríamos seguir siempre antes de proceder a hablar o decir algo a alguien.

1 ¿Eso que vas a decir es cierto?

Muchas veces expresamos información sin corroborar si eso que estamos diciendo es cierto, es verdad. Sacamos información de las redes, de amigos, familiares, las creemos dando por hecho que es cierto, sin antes hacerte la pregunta ¿esto qué voy a decir sé que es cierto?

Además muchas veces son meras interpretaciones sacadas de nuestra mente o bien de nuestras creencias, por lo que es importante saber si eso que nosotros vamos a decir, es también una interpretación de nuestra mente.

2. ¿Eso qué vas a decir es algo amable o bueno?

Si lo que vas a decir no es algo amable o bueno, dicho con amor… y que además no sabemos si es cierto o no, mejor callar antes.

Y si aun así estamos seguros de que fuera cierto, desde nuestra perspectiva e interpretación ¿para qué vas a decir algo que no aporta, sino todo lo contrario?

3. ¿Eso qué vas a decir es provechoso para alguien?

A veces decimos cosas que no son nada provechosas, ni constructivas, ni sirven para nada, solo para descargar nuestra rabia y nuestra ira, pero que después tampoco nos hace sentir bien.

Entonces si lo que vamos a decir:

1. No es cierto.

2. No es bueno o amable.

3. Ni es provechoso para nadie.

¿Para qué vas a hablar?

Es mejor callar antes de decir algo que no es provechoso o no es lo que necesita la otra persona; que además no es bueno, ni amable; y que además no sabemos si es cierto, o si es una mera interpretación nuestra, de nuestra mente, o de nuestro ego.

Por lo tanto, es importante hacernos estas tres preguntas antes de decir algo. Nos ayudará a tener una comunicación mucho más eficaz con la otra persona, a construir puentes.

Esto lo añado de mi experiencia personal, no se me ha olvidado, y espero que no se me olvide nunca;

«Todo lo anterior lo resume muy bien un autor espiritual del siglo XX en su libro llamado CAMINO en el que dice en uno de sus capítulos: ”Cuando no puedas alabar ¡cállate!”. También decía: » Mira qué dices, cómo lo dices y a quién».

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