ANALISIS EL PRINCIPE de Maquiavelo. [1513-1532] S. XV- XVI

ANALISIS SOBRE EL DESARROLLO DE LA FILOSOFIA MAQUIAVELICA.

Edicion y escritura de Nahuel Valenzuela.


                                                                      INTRODUCCION.:

lo que veremos a continuacion en este aporte teorico es una revision capitulo por capitulo sobre la filosofia que nos presenta maquiavelo en sus articulos y tratados politicos sobre el poder de ser un buen principe, la revision y estudio de los excitos y fracasos y incluso un poco de biografia para entender la mente de este increible maestre politico de la politica medieval que hasta dia de hoy nos maravilla tanto a profesores, alumnos y estudiosos de la politica e historia en general, siendo un autor de importancia incluso en ciertos autores de renombres que han estudiado su filosofia, para ponernos en contexto de lo que veremos en este libro [EL PRINCIPE] es una mirada a la filosofia homonima del autor, dentro de los años 1532 y publicado en el 1533 maquiavelo escribe su estudio politico sobre la filosofia de guerra y la filosofia politica de un principe como manera de presentacion hacia la familia regente que gobernaba italia o gran parte de los reinos grandes de esa italia medieval fragmentada entre reinos italos, hispanicos y franceses. Este, a su vez, toca temas importantes; en total, hay tres ejes interesantes en los que profundizaremos a continuación en este escrito biográfico literario; entre estos, podemos mencionar el realismo político, el uso de la fuerza y la astucia y cómo implementarlos, y el papel de la fortuna del buen príncipe.

GUIA DE LO QUE SIGNIFICAN LOS TRES EJES.:

  • Realismo político: Separa la moral de la política, enfocándose en cómo actúan los seres humanos en la realidad y no en cómo deberían actuar. 
  • El uso de la fuerza y la astucia: Explica cuándo un líder debe ser amado o temido, y por qué a veces es necesario usar la dureza o el engaño para proteger al Estado. 
  • El papel de la fortuna: Analiza cómo el destino o la suerte influyen en los gobiernos y cómo la «virtud» (la capacidad y preparación del líder) puede hacer frente a los cambios.

  • BIBLIOGRAFIA DE MAQUIAVELO.

    Niccolò di Bernardo dei Machiavelli (pronunciación en italiano: /[nik.koˈlɔ di berˈnardo dei makjaˈvɛlli]/; Florencia, 3 de mayo de 1469-ibidem, 21 de junio de 1527), conocido en el mundo hispanoparlante como Nicolás Maquiavelo, fue un diplomático, autor, filósofo político, y escritor florentino, considerado el padre de la filosofía política moderna y de la ciencia política.[1] Fue asimismo una figura relevante del Renacimiento italiano. En 1513, escribió su tratado de doctrina política titulado El príncipe, publicado póstumamente en Roma en 1531.

    Nicolás Maquiavelo (impresión de principios del siglo XIX).
    Escudo de armas de la familia Machiavelli.

    Nació en el pequeño pueblo de San Casciano in Val di Pesa, a unos 15 km de Florencia, el 3 de mayo de 1469, hijo de Bernardo Machiavelli, un abogado perteneciente a una empobrecida rama de una antigua familia influyente de Florencia, y de Bartolomea di Stefano Nelli, ambos de familias cultas y de orígenes nobiliarios, pero con pocos recursos a causa de las deudas del padre.

    Entre 1498 y 1512 estuvo a cargo de una oficina pública y visitó varias cortes en Francia, Alemania y otras ciudades-estado italianas en misiones diplomáticas. En 1512 fue encarcelado por un breve periodo en Florencia, y después fue exiliado y despachado a San Casciano. Murió en Florencia en 1527 y fue sepultado en la Basílica de la Santa Cruz.[2]

    Infancia y juventud

    Niccolò Machiavelli (también registrado como «Macchiavelli», —con una «c» adicional—, en la inscripción de la estatua ubicada en la entrada de los Uffizi) nació en Florencia, Italia,[3] siendo el tercer hijo de la familia, después de sus hermanas Primavera (1465) y Margherita (1468), y antes de su hermano Totto (1475-1522). Su nombre y apellido, al igual que los de muchas otras figuras históricas, han sido objeto de un proceso de adaptación lingüística en español, donde es conocido como «Nicolás Maquiavelo».[4][5] Era hijo de Bernardo Machiavelli, juris doctor (1432-1500), y Bartolomea di Stéfano Nelli (1441-1496).[6]

    Antigua casa de Maquiavelo en Via de Guicciardini 18, Florencia (2021)

    La familia Machiavelli, originaria de la Val di Pesa, está documentada como perteneciente al grupo de los güelfos residentes en Florencia al menos desde el siglo XIII, donde desempeñaron funciones públicas y se dedicaron al comercio.[7]

    El padre de Nicolás, Bernardo, aunque de recursos limitados y considerado —de manera incierta— como hijo ilegítimo, era doctor en derecho, ahorrativo por temperamento o necesidad, y mostró un marcado interés en los estudios humanísticos, evidenciado en su Libro de Recuerdos,[8] que constituye la principal fuente sobre la infancia de Niccolò. Por su parte, la madre, según testimonios de un descendiente, habría compuesto himnos religiosos dedicados a su hijo Niccolò, aunque estas composiciones no han sido conservadas.[9]

    Formación

    La formación de Maquiavelo no provino de una universidad tradicional o una carrera formal. Su educación fue de corte humanista, basada en el estudio profundo de los clásicos latinos, la historia y la filosofía.

    Su formación puede clasificarse en dos fases fundamentales: la primera, caracterizada por su dedicación a los asuntos públicos y su activa participación en la gestión política; y la segunda, iniciada alrededor de 1512, tras su exclusión de la política activa.[10][11]

    Este segundo período se distingue por una transición hacia la producción de textos de carácter teórico y especulativo, marcando un alejamiento respecto de la praxis política directa.[12] Durante esta etapa, Maquiavelo se centró en la consolidación de sus reflexiones filosóficas y políticas, dando forma a las ideas que posteriormente influirían profundamente en la teoría política moderna.[11]

    En 1476, Nicolás Maquiavelo comenzó sus estudios de latín y, al año siguiente, se enfocó en la gramática, bajo la instrucción de Battista da Poppi.[10][12] Para 1480, incorporó la aritmética a su formación, y en 1481 ya realizaba exámenes escritos de composición en latín. La biblioteca de su padre contenía obras fundamentales en esta lengua, entre las que se encontraban La Primera Década de Tito Livio. Esta es una obra que narra la historia de Roma y sus lecciones morales y que sirvió de inspiración a Maquiavelo para la escritura de uno de sus libros más importantes. Otro libro al que accedió en la casa paterna fue Italia Illustrata de Flavio Biondo, una importante obra sobre la geografía e historia de Italia; Cicerón, con sus escritos sobre política y ética, como De Re Publica y De Officiis; Commentarii in Somnium Scipionis de Macrobio, que interpretaba los textos de Cicerón desde una perspectiva filosófica; Institutiones Grammaticae de Prisciano, esencial para el estudio de la gramática latina; y Epitome Historiarum Philippicarum de Marco Juniano Justino, un resumen de la historia universal que abarcaba desde la fundación de Roma hasta la época de Augusto.[13]

    Durante su adultez, Maquiavelo también estudió y transcribió obras de autores como Lucrecio,[10] de quien realizó una transcripción del De rerum natura, actualmente conservada en la Biblioteca Vaticana (manuscrito Rossiano 884), y la Historia persecutionis vandalicae de Víctor Uticense.[14]

    Su interés por la política se manifestó antes de ocupar cargos institucionales, como lo demuestra una carta fechada el 9 de marzo de 1498, la segunda conocida (la primera, fechada el 2 de diciembre de 1497, es una solicitud al cardenal Giovanni Lopez para interceder en un litigio territorial con la familia Pazzi). En esta misiva, dirigida, probablemente, a Ricciardo Becchi, embajador florentino en la corte papal, Maquiavelo expresa críticas hacia Girolamo Savonarola.[13]

    El contexto histórico y familiar de Maquiavelo fue crucial para su formación. Nacido en Florencia en 1469, en una época marcada por la inestabilidad política y social, su familia pertenecía a la burguesía florentina. Algunos historiadores y pensadores creen que este entorno influyó en su perspectiva política y filosófica, ya que estuvo expuesto a los vaivenes de las luchas políticas entre las facciones de los Medici y las de la República Florentina.[11][10][13][11][12]

    Además de su formación teórica, Maquiavelo adquirió experiencia práctica en la administración pública. Al ser nombrado secretario de la Segunda Cancillería de la República Florentina, participó en misiones diplomáticas, lo que le permitió adquirir una comprensión directa de la política y la gestión gubernamental.[10][11][13]

    Aunque no dominaba el griego antiguo, tuvo acceso a traducciones latinas de los textos de historiadores clásicos como Tucídides, Polibio y Plutarco.[12] Estudió obras de filosofía moral y ética. Su interacción con otros pensadores contemporáneos, como Francesco Guicciardini, con quien mantuvo correspondencia y debatió sobre cuestiones políticas y militares, enriqueció aún más su perspectiva.[15]


    Secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia

    Un óleo sobre tela que representa a Maquiavelo pensativo en su oficina, obra de Stefano Ussi (1894).

    El 20 de junio de 1498, Nicolás Maquiavelo inició su carrera política como secretario de la Segunda Cancillería de la República de Florencia, un cargo que implicaba gestionar asuntos internos, militares y diplomáticos. Su nombramiento coincidió con la caída de Girolamo Savonarola, lo que permitió que figuras menos alineadas con el fraile asumieran responsabilidades públicas. El apoyo de Marcello Virgilio Adriani, su mentor y primer secretario de la República de Florencia, fue crucial para su designación.

    Entre sus primeras tareas destacaron la reconquista de Pisa y la mediación en conflictos regionales. Maquiavelo elaboró estrategias militares, como se evidencia en su Discorso della guerra di Pisa, proponiendo tácticas combinadas de asedio y ataque directo. Sin embargo, las campañas militares enfrentaron contratiempos, incluyendo la ineficacia y sospechas de traición de Paolo Vitelli, un capitán de ventura, cuya ejecución fue defendida por Maquiavelo.

    En 1500, fue enviado al Reino de Francia junto a Francesco della Casa para renegociar el apoyo francés en la guerra de Pisa. Allí, Maquiavelo observó las dinámicas de poder de la monarquía francesa, lo que influyó significativamente en su pensamiento político. En textos como De natura Gallorum y Ritratto delle cose di Francia, analizó las fortalezas y debilidades del estado francés, identificándolo como un modelo de monarquía centralizada y de cohesión nacional, características que consideraba esenciales para un Estado moderno. Estas experiencias no solo consolidaron su reputación como diplomático, sino que también moldearon sus reflexiones sobre la relación entre política, poder y estrategia, que más tarde plasmaría en sus obras teóricas.[16]

    Exilio

    Al regreso de los Médici, Maquiavelo, quien había mantenido esperanzas de conservar su puesto bajo el mandato de los nuevos gobernantes de Florencia, fue despedido por decreto el 7 de noviembre de 1512. En febrero del año siguiente, fue implicado en una conspiración contra los Médici —Giovanni (futuro León X), Giuliano y Lorenzo—, cuyos cabecillas, Pietro Paolo Boscoli y Agostino Capponi, fueron ejecutados. Maquiavelo fue arrestado y torturado junto con otros sospechosos. Posteriormente, el pontífice León X intercedió para obtener su liberación.

    Después de ser liberado, Maquiavelo se trasladó a su propiedad en San Casciano in Val di Pesa, a unos quince kilómetros de Florencia. Allí se dedicó a actividades relacionadas con el cultivo de la tierra y la cría de animales, tareas que realizaba junto con obreros contratados. Durante este periodo, mantenía contacto con los trabajadores y llevaba una vida alejada de su antigua posición en la administración pública.

    En su tiempo libre, leía a autores como Dante Alighieri, Francesco Petrarca y Ovidio. En una carta dirigida a Francesco Vettori en diciembre de 1513, Maquiavelo describió sus actividades diarias y explicó los motivos que lo llevaron a escribir El príncipe. Esta obra fue entregada a los Médici, aunque no tuvo la recepción esperada.

    Posteriormente, escribió Discursos sobre la primera década de Tito Livio, donde abordó temas políticos como la preferencia por un sistema republicano frente a una monarquía absoluta. Entre sus demás trabajos destacan Del arte de la guerra y la comedia La mandrágora.

    Últimos años

    Maquiavelo recibió la amnistía en 1521, a los 52 años, pero poco después fue acusado falsamente de estar involucrado en un golpe de Estado contra los Médici. Fue torturado y encarcelado por un breve periodo. Tras su liberación, recibió un encargo para liberar a unos trabajadores del gremio de la lana que habían sido secuestrados por un grupo de malhechores. Maquiavelo logró la liberación de los rehenes, y el gremio, en agradecimiento, le otorgó una cuantiosa suma de dinero. Con parte de esos fondos, compró un billete de lotería, que resultó premiado con 20 mil ducados, lo que le permitió saldar algunas de sus deudas.

    Posteriormente, comenzó a trabajar en la academia humanista de Bernardo Rucellai, donde se dedicó a traducir la obra griega de Polibio. A través de este trabajo, recopiló valiosas ideas sobre el gobierno de una república. La llegada del nuevo papa Clemente VII, miembro de la familia Médici, permitió a Maquiavelo acercarse nuevamente a la política, encargándole una obra sobre la historia de Florencia por 120 florines. No obstante, este vínculo con los Médici despertó críticas, acusándosele de ser partidario de la misma familia a la que supuestamente había conspirado en el pasado. Maquiavelo tuvo siete hijos con su esposa Marietta Corsini: Primerana, Bernardo, Lodovico, Guido, Piero, Baccina y Totto. Maquiavelo falleció a los 58 años en Florencia, el 21 de junio de 1527, a causa de una peritonitis aguda (una inflamación súbita del peritoneo, la membrana que recubre la cavidad abdominal).

    «La persona era bien proporcionada, de estatura media, de complexión delgada, erguido en su porte con una actitud audaz. Tenía el cabello negro, la piel blanca pero tirando a oliva; cabeza pequeña, rostro huesudo, frente alta. Los ojos muy vivos y la boca delgada, cerrada, parecían siempre sonreír un poco de manera burlona. De él quedan más retratos, de buena calidad, pero solo Leonardo, con quien también tuvo trato en sus días prósperos, habría podido retratar en pensamiento, con el dibujo y los colores, esa sutil sonrisa ambigua»[17]Roberto Ridolfi, en su obra Vita di Niccolò Machiavelli, p. 22

    Fue sepultado en la Basílica de la Santa Cruz en Florencia. En 1789, George Nassau Clavering y Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico, impulsaron la construcción de un monumento en su tumba. La escultura fue realizada por Innocenzo Spinazzi, con un epitafio del doctor Ferroni.[18][19]A pesar de ser ignorado y olvidado por sus contemporáneos, su legado alcanzó un notable reconocimiento en siglos posteriores. Durante su vida, su enfoque pragmático y considerado a menudo frío sobre la política y el gobierno estatal, provocó escándalo entre sus coetáneos, especialmente por la naturaleza poco religiosa de sus ideas.Según Roberto Ridolfi, es probable que Maquiavelo no haya llegado a conocer la magnitud de su legado. Durante su vida fue políticamente marginado tras el retorno de los Médici al poder en Florencia. Su obra más influyente, El príncipe, fue publicada de manera póstuma en 1532, cinco años después de su fallecimiento. En su época, sus ideas fueron ampliamente rechazadas por su enfoque secular y pragmático del poder, considerado escandaloso y contrario a los valores religiosos dominantes del Renacimiento. Con el paso del tiempo, su pensamiento comenzó a ser revaluado y adquirió una influencia significativa en el desarrollo de la teoría política moderna.[20][21][22].


    Pensamiento político

    Su obra más famosa es El Príncipe. El libro se hizo infame por sus recomendaciones a los gobernantes absolutos para que actuaran sin escrúpulos, recurriendo al fraude y la traición, eliminando a los oponentes políticos y utilizando el miedo como medio para controlar a los súbditos[23] La opinión de Maquiavelo de que adquirir un Estado y mantenerlo requiere medios malvados ha sido señalada como el tema principal del tratado.[24][25] Se ha hecho infame por este consejo, tanto que el adjetivo maquiavélico pasaría a describir más tarde un tipo de política que se caracteriza por «la astucia, la duplicidad o la mala fe».[26] Si bien Maquiavelo se ha vuelto ampliamente popular por su obra sobre los principados, su otra obra importante, los Discursos sobre Livio, se centra principalmente en el arte de gobernar republicano y en sus recomendaciones para una república bien ordenada. Maquiavelo señala que las repúblicas libres tienen estructuras de poder mejores que las de los principados. También señala lo ventajoso que puede ser un gobierno republicano en comparación con el de un solo gobernante. No obstante, estudiosos como Quentin Skinner, Isaiah Berlin, J. G. A. Pocock, y John Najemy sostienen que Maquiavelo no promovía la inmoralidad, sino que ofrecía un análisis realista del ejercicio del poder, desligado de principios éticos idealizados.[27][21][28][29][30]

    Maquiavelo es considerado el precursor de la razón de Estado, concepto nodal en la teoría política moderna, cuya formulación ulterior se observa en Francesco Guicciardini y Giovanni della Casa, aunque adquiere una sistematización doctrinal con Giovanni Botero en su obra Della Ragion di Stato (1589). En sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio (lib. III, cap. 41), Maquiavelo sintetiza este principio en la sentencia: «Que la patria se debe defender siempre con ignominia o con gloria, y de cualquier manera estará defendida»:

    «Esto es algo que merece ser notado e imitado por todo ciudadano que quiera aconsejar a su patria, pues en las deliberaciones en que está en juego la salvación de la patria, no se debe guardar ninguna consideración a lo justo o lo injusto, lo piadoso o lo cruel, lo laudable o lo vergonzoso, sino que, dejando de lado cualquier otro respeto, se ha de seguir aquel camino que salve la vida de la patria y mantenga su libertad».

    Es considerado uno de los teóricos políticos más influyentes del Renacimiento, dado que su obra marca un punto de inflexión hacia la modernidad en la concepción política y en la reconfiguración de las estructuras sociales. En su pensamiento, la política se desvincula de la moralidad tradicional, lo que le permite fundamentar un análisis pragmático del poder. En este sentido, el filósofo italiano afirmaba que «si una persona desea fundar un Estado y establecer sus leyes, debe comenzar por asumir que todos los hombres son perversos y que están predispuestos a manifestar su naturaleza, siempre que encuentren las circunstancias propicias para ello».[31]

    Tradicionalmente, se ha identificado una aporía en el pensamiento maquiaveliano debido a la aparente contradicción entre sus dos obras más significativas, los Discursos sobre la primera década de Tito Livio y El príncipe.

    En los Discursos, Maquiavelo aboga por el establecimiento de una república, partiendo de la premisa de que toda comunidad está marcada por dos fuerzas contrapuestas: el pueblo y los grandes, siendo estos últimos los que buscan dominar al pueblo. Para Maquiavelo, el régimen óptimo es una República bien estructurada, como la República romana, que consiga integrar a ambos sectores de la sociedad, permitiendo así que el conflicto político se mantenga dentro de la esfera pública.

    Maquiavelo destaca que una república bien organizada debe contar con instituciones que gestionen y canalicen el conflicto entre las distintas partes. Sin estas instituciones, el orden de la república se desintegraría. En su opinión, ninguna de las formas de gobierno, ya sean las buenas (como la monarquía, la aristocracia y la democracia) o las malas (como la tiranía, la oligarquía y el gobierno licencioso), logra equilibrar adecuadamente los intereses de los diferentes grupos en el régimen, lo que las convierte en inherentemente inestables.

    «Las tres buenas son las antes citadas; las tres malas son degradaciones de ellas, […] la monarquía con facilidad se convierte en tiranía; el régimen aristocrático en oligarquía, y el democrático en licencia».—Maquiavelo, en Discursos sobre la primera década de Tito Livio. Capítulo II, Libro Primero

    Los intérpretes que se inclinan por las tesis republicanas han intentado, desde Rousseau, conciliar la aparente contradicción entre los Discursos y El príncipe al considerar que este último emplea un ejercicio de ironía, cuyo objetivo sería revelar las prácticas reales del poder en su contexto.

    No obstante, respecto a la oposición a la república que podría inferirse en El príncipe, es fundamental tener en cuenta el contexto en el cual Maquiavelo redacta esta obra. Al hacerlo, busca ofrecer a Lorenzo II de Médici una guía para desempeñarse eficazmente en su intento de unificar Italia y resolver la crisis política de la época. Maquiavelo aclara también que podría existir un individuo cuya virtud política (la capacidad de aprovechar los momentos favorables de la fortuna y evitar los desfavorables) supere el funcionamiento colectivo de la república, aunque tal virtud, al estar asociada a un individuo específico, perecería con su muerte. En cambio, en una república bien organizada, dicho poder no dependería de un único ser mortal.

    El príncipe establece paralelismos con la figura del dictador en la Roma republicana, quien era investido con poderes absolutos por un tiempo limitado y, al final de su mandato, debía rendir cuentas ante la república.

    «Por tanto, un príncipe, viéndose obligado a sabiendas a adoptar la bestia, tenía el deber de escoger el zorro y el león, porque el león no se puede defender contra las trampas y el zorro no se puede defender contra los lobos. Por lo tanto, es necesario ser un zorro para descubrir las trampas y un león para aterrorizar a los lobos».
    —Maquiavelo, 1993: pp. 137-138).[32]

    Maquiavelo sostiene que todo príncipe debe poseer –o aparentar– virtud y dominar la fortuna para ascender al poder. La virtud se refiere a la capacidad del líder de Estado para tomar decisiones acertadas, mientras que la fortuna se refiere a los factores externos e impredecibles, como las circunstancias que le permiten conquistar un territorio o lograr sus objetivos. En su concepción, la fortuna puede ayudar al príncipe a alcanzar el poder, pero es la virtud la que le permitirá mantenerlo. En el caso de un príncipe que haya llegado al poder mediante actos viles, como el crimen o el abuso de poder, Maquiavelo aconseja que, una vez en el poder, debe cambiar su actitud hacia el pueblo. Debe ofrecerles libertad para ganarse su favor, ya que, en última instancia, será el pueblo quien determine su futuro. Mientras que la nobleza y el clero son vistos como clases que también tienen importancia, Maquiavelo considera que el pueblo es la base de la nación, su «médula». Advierte que, para que el príncipe mantenga el control sobre el pueblo, este debe ser manejado con habilidad, convirtiéndolo en «cera en manos del político», es decir, un recurso flexible y moldeable que el gobernante puede usar a su favor para consolidar y preservar el poder. No obstante, las faltas cometidas por el pueblo sometido a su autoridad «son el resultado enteramente de su propia negligencia o mal ejemplo», pues según Lorenzo de Medici confirma: «El ejemplo del príncipe es seguido por las masas».[33]

    En relación con la religión, y específicamente el cristianismo, Maquiavelo la consideró un elemento dentro de la estructura del Estado, cuyo propósito era servir como un instrumento para preservar la justicia y fomentar la virtud en los ciudadanos. Según su visión, la religión tenía un papel fundamental en la consolidación del orden social, ya que proporcionaba un marco moral que podía ser utilizado para guiar las conductas individuales y colectivas. Maquiavelo entendía que, en un contexto político, la Iglesia y sus valores podían ser aprovechados por los gobernantes para legitimar su poder y mantener la estabilidad en la sociedad, incluso si su influencia no era necesariamente coherente con las prácticas o principios fundamentales del gobernante. Por ejemplo, los romanos «recurrían a la religión con el fin de inspirar confianza a sus ejércitos»[34] o cuando el príncipe Timasiteo «inspiró a la multitud con un sentimiento de religión, y siempre imitan a sus gobernantes».[33] Según Maquiavelo en los Discursos, los principios de San Francisco y Santo Domingo de pobreza voluntaria y el ejemplo de la vida de Cristo lograron tal influencia en la gente que fueron capaces de hacerles entender que incluso hablar mal de gobernantes perversos era perverso, y que era apropiado rendirles obediencia, dejando el castigo de sus errores a Dios.[35] En El príncipe, Maquiavelo expresa tanto desdén como admiración hacia la Iglesia y el papa. Este enfoque ha llevado a algunos estudiosos a interpretarlo como un anticristiano que prefería las religiones civiles paganas. Sin embargo, otros autores, como Cary Nederman, sostienen que varias doctrinas cristianas, como la gracia divina y el libre albedrío, son elementos importantes en el pensamiento maquiavélico.[36]

    Maquiavelo fue también un precursor del trabajo de los analistas políticos y columnistas contemporáneos. En una carta a Francesco Vettori, de julio de 1513, escribió: «Todos estos príncipes nuestros tienen un propósito, y puesto que nos es imposible conocer sus secretos, nos vemos obligados en parte a inferirlo de las palabras y los actos que cumplen, y en parte a imaginarlo».

    Diversos textos de Maquiavelo reflejan tanto coherencia como contradicciones en su obra. En una carta a Francesco Guicciardini, de mayo de 1521, expresó: «Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla». Esta cita pone de manifiesto el uso de una retórica en la que la distinción entre verdad y falsedad se torna difusa.

    Lo que Maquiavelo propone puede entenderse como un relativismo moral en el que las normas éticas convencionales son supeditadas a los intereses políticos del gobernante, quien debe tomar decisiones pragmáticas en función de la conservación del poder. Este enfoque pone en cuestión la validez de principios morales absolutos en contextos políticos. Hannah Arendt señaló que «la debilidad del argumento del mal menor ha sido siempre que los que escogieron el mal menor olvidan muy rápido que han escogido el mal».[37] Insistiendo en las ideas relativistas del maquiavelismo, Thomas Hobbes sostiene que: «Mientras los hombres viven sin ser controlados por un poder común que los mantenga atemorizados a todos, están en esa condición de guerra, guerra de cada hombre contra cada hombre». Esto implica que el poder político colectivo actúa como un mecanismo para infundir temor (keep them all in awe) y, gracias a ese «temor reverencial», se constituye un cuerpo político capaz de frenar mediante dominio y violencia (es decir, mediante el mal) la guerra y el caos continuo. De acuerdo con Hobbes, la inclinación malvada de los hombres hace que la alianza entre el poder y el mal sea necesaria para producir los resultados deseados en términos de convivencia y paz. Desde la perspectiva liberal, el poder se considera un mal necesario, pero debido a su naturaleza, es imperativo «controlarlo» y «limitarlo». Esto se debe a que, sin dicha contención, el poder no es funcional ni adecuado para cumplir sus objetivos de seguridad, paz y convivencia. Así, el mal, aunque necesario, debe ser domesticado mediante el ejercicio de nuestros derechos, sometido al consentimiento de los gobernados, estructurado mediante la representación, fragmentado a través de la división de poderes y regulado bajo el principio de la ley.

    En términos contemporáneos, Peter Sloterdijk ha cuestionado el desarrollo excesivo del concepto maquiaveliano de razón de Estado, considerando los efectos perjudiciales de dicho concepto en su obra Crítica de la razón cínica (1983). Sloterdijk sostiene que la «falsa conciencia ilustrada» adopta una estrategia de actuación que, a pesar de reconocer que los ideales promovidos —tales como razón, progreso, verdad y diálogo— no son alcanzables ni han sido nunca plenamente alcanzados, procura mantenerlos dentro del marco establecido. Este fenómeno da lugar a un tipo de individuos que, aunque no cuestionan abiertamente dichos ideales en el ámbito público, los transgreden en su vida privada, actuando con una libertad y superioridad que les permite operar al margen de los mismos. A este comportamiento, Sloterdijk lo denomina como cinismo.[38]


    Estilo y escritura

    Caligrafía de Maquiavelo

    La escritura de Maquiavelo se caracteriza por su claridad pragmática y su enfoque directo en cuestiones políticas y estratégicas. A lo largo de sus obras más influyentes, como El príncipe y Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Maquiavelo analiza las dinámicas de poder, centrando su atención en lo que es efectivo, en lugar de lo que es ideal o moralmente correcto. Su estilo es directo y conciso, evitando florituras innecesarias y ofreciendo consejos prácticos a los gobernantes, basados en las realidades del poder político.[39]Maquiavelo fue un observador –o estudioso– de la psicología humana, evidenciado a través de su descripción de las motivaciones y debilidades de los gobernantes y sus súbditos. En su obra, subraya la importancia de comprender la naturaleza humana para gestionarla efectivamente en el ejercicio del poder. Su estilo es directo, sin adornos, enfocándose en la manera en que los líderes pueden mantener el poder, incluso en tiempos de crisis.[40]

    En cuanto a la forma, Maquiavelo emplea un lenguaje preciso y una estructura lógica, utilizando una amplia gama de ejemplos históricos para ilustrar sus puntos. Estos ejemplos, aunque tomados de la historia romana y Edad Media, se presentan como lecciones universales, enfatizando la importancia de la acción y la adaptabilidad en la política.[41]

    El estilo de Maquiavelo ha sido objeto de análisis a lo largo de los siglos. Los temas que ha abordado han sido tanto elogiado como criticado.[42]

    Influencia

    Las obras y el pensamiento de Maquiavelo ejercieron una influencia perdurable en la teoría política occidental, particularmente a partir de la difusión impresa de El príncipe y los Discursos durante los siglos siglo XVI y siglo XVII. Su recepción estuvo marcada tanto por la admiración como por la controversia, generando extensos debates en ámbitos políticos, filosóficos y religiosos. Según el historiador Robert Bireley:[43]

    …circulaban aproximadamente quince ediciones de El príncipe y diecinueve de los Discursos, además de traducciones francesas de ambos, antes de ser incluidos en el Índice de Libros Prohibidos por Pablo IV en 1559, medida que prácticamente detuvo su publicación en territorios católicos, salvo en Francia. Tres autores principales confrontaron a Maquiavelo entre la publicación de sus obras y su condena en 1559, y nuevamente en el Índice Tridentino de 1564: el cardenal inglés Reginald Pole, el obispo portugués Jerónimo Osorio —ambos residentes por largos años en Italia—, y el humanista italiano y luego obispo Ambrogio Catarino Politi.

    Las ideas maquiavelianas influyeron tempranamente en las monarquías europeas de la Edad Moderna. Pole señaló que El príncipe era altamente valorado por Thomas Cromwell y que había influido en Enrique VIII tanto en su ruptura con la Iglesia católica como en sus estrategias políticas, especialmente durante la peregrinación de Gracia.[44] Asimismo, un ejemplar de la obra perteneció al emperador Carlos I de España.[45]

    En Francia, la recepción de Maquiavelo estuvo asociada a la figura de Catalina de Médici y a la matanza de San Bartolomé. Como señala Bireley (1990, p. 17), durante el siglo XVI «los escritores católicos asociaban a Maquiavelo con los protestantes, mientras que los autores protestantes lo veían como italiano y católico». No obstante, su influencia alcanzó a ambos sectores.[46]

    Una de las primeras refutaciones sistemáticas de Maquiavelo fue elaborada por el hugonote Innocent Gentillet en Discurso contra Maquiavelo o Antimaquiavelo, publicado en Ginebra en 1576.[47] Gentillet acusó a Maquiavelo de ateísmo y calificó sus escritos como el «Corán de los cortesanos», sosteniendo que «no tiene reputación en la corte de Francia quien no tenga los escritos de Maquiavelo al alcance de los dedos».[48] Sin embargo, diversos estudios posteriores han señalado que parte de las críticas de Gentillet terminaban aceptando premisas fundamentales del pensamiento maquiaveliano.[49][50]

    Durante la Contrarreforma, autores como Giovanni Botero, Justus Lipsius, Carolus Scribani, Adam Contzen, Pedro de Ribadeneira y Diego de Saavedra Fajardo polemizaron con Maquiavelo, aunque incorporaron parcialmente elementos de su realismo político.[51] Muchos de ellos privilegiaron el crecimiento económico y la estabilidad estatal por encima de la expansión militar. En este contexto surgió el denominado tacitismo, corriente que utilizó a Tácito como referente del realismo político en sustitución explícita de Maquiavelo.[52] El llamado «tacitismo negro» defendía el fortalecimiento del poder principesco, mientras que el «tacitismo rojo» retomaba postulados republicanos más próximos al pensamiento maquiaveliano.

    El cardenal Reginald Pole dejó comentarios críticos sobre El príncipe tras su lectura en Italia.[53] Siglos después, Federico II de Prusia redactó el Antimaquiavelo con el propósito de refutar las tesis de El príncipe.[54]

    Francis Bacon consideró a Maquiavelo un precursor de la ciencia moderna basada en la observación empírica.

    Diversos autores han sostenido que el realismo político de Maquiavelo influyó en el desarrollo del materialismo moderno y en la consolidación de enfoques empíricos dentro de la teoría política y científica.[55] Esta influencia se observa en pensadores como Jean Bodin,[56] Francis Bacon,[57] Algernon Sidney, Harrington, John Milton,[58] Spinoza,[59] Rousseau, Hume,[60] Edward Gibbon y Adam Smith.

    Aunque su nombre fue frecuentemente omitido debido a su reputación controvertida, también se han identificado influencias indirectas en Montaigne,[61] Descartes,[62] Hobbes, Locke[63] y Montesquieu.[64][65] Jean-Jacques Rousseau interpretó El príncipe como una sátira orientada a revelar los mecanismos del poder absoluto más que a legitimarlos.

    En el siglo XVII fue en Inglaterra donde las ideas de Maquiavelo se desarrollaron y adaptaron con mayor profundidad, reavivando el republicanismo; de ese republicanismo inglés surgirían en el siglo siguiente tanto una reflexión política e histórica característica —en los círculos de Bolingbroke, Edward Gibbon y los primeros radicales parlamentarios— como un estímulo decisivo para la Ilustración en Escocia, el continente y América.[66]

    John Adams valoró el análisis histórico y político desarrollado por Maquiavelo.

    Diversos investigadores sostienen que Maquiavelo ejerció influencia sobre varios de los padres fundadores de los Estados Unidos, particularmente por medio de sus concepciones republicanas y su análisis de las facciones políticas.[67] Benjamin Franklin, James Madison y Thomas Jefferson retomaron elementos del republicanismo clásico en su oposición al fortalecimiento de tendencias aristocráticas vinculadas al Partido Federalista.[68] Alexander Hamilton reconoció la importancia estratégica de la política exterior como herramienta de consolidación interna del Estado, aunque discrepaba respecto a ciertos aspectos del realismo maquiaveliano.[69][70] George Washington ha sido considerado menos influido por el pensamiento del florentino.[71]

    Entre los dirigentes estadounidenses, John Adams fue uno de los principales estudiosos de Maquiavelo. En A Defence of the Constitutions of Government of the United States of America, lo reivindicó junto con Sidney y Montesquieu como un defensor del gobierno mixto.[72] Adams consideraba que Maquiavelo había restituido una aproximación empírica a la política y valoraba especialmente su análisis de los conflictos entre facciones.[72]

    En el siglo XX, el pensamiento maquiaveliano fue reinterpretado desde diversas corrientes ideológicas. El intelectual marxista Antonio Gramsci retomó conceptos de Maquiavelo en sus reflexiones sobre la relación entre ética, Estado y hegemonía política, particularmente a través de la noción de revolución pasiva.[73] Iósif Stalin también estudió y anotó personalmente un ejemplar de El príncipe.[74]

    Durante el mismo período se renovó el interés por la faceta literaria de Maquiavelo, especialmente por su comedia La mandrágora (1518), representada en distintos escenarios internacionales, entre ellos el Festival de Shakespeare de Nueva York (1976), la Riverside Shakespeare Company (1979), una adaptación musical de Peer Raben en Múnich (1971) y el Teatro Nacional de Londres (1984).[75]

    Obras

    Las obras de Maquiavelo abarcan diversos campos del conocimiento, incluyendo la teoría política, la historia y la literatura. Analizó temas clave como el poder, la política, la guerra y el gobierno, proponiendo enfoques pragmáticos y realistas. Su producción literaria se extiende desde tratados políticos hasta comedias y poemas.

    Obras políticas e históricas

    • Discurso sobre la corte de Pisa (1499): reflexión sobre la administración y gobierno de Pisa bajo dominio florentino.
    • Del modo di trattare i popoli della Valdichiana ribellati (1502): análisis sobre cómo someter y gobernar poblaciones rebeldes.
    • Del modo tenuto dal duca Valentino nell’ammazzare Vitellozzo Vitelli, Oliverotto da Fermo, etc. (1502): relato sobre la estrategia de Cesare Borgia para consolidar su poder eliminando rivales.
    • Discorso sopra la provisione del danaro (1502): reflexión sobre la recaudación de impuestos y la financiación del gobierno.
    • Retrato de la corte de Alemania (1508-1512): observaciones sobre el sistema político y la administración de la corte alemana.
    • Retrato de la corte de Francia (1510): análisis sobre la política y la organización de la monarquía francesa.
    • Discursos sobre la primera década de Tito Livio (1512-1517): ensayo sobre la república y la política basado en la obra de Tito Livio, donde defiende un sistema político mixto.
    • El príncipe (1513): su obra más célebre, donde expone estrategias para adquirir y mantener el poder, basándose en la realidad política.
    • Del arte de la guerra (1519-1520): diálogo sobre la importancia de las milicias nacionales y la estrategia militar en la política.[76]
    • Discorso sopra il riformare lo stato di Firenze (1520): propuesta de reformas políticas para fortalecer la República de Florencia.
    • Sumario de la corte de la ciudad de Lucca (1520): análisis de la organización política de Lucca.
    • La vida de Castruccio Castracani (1520): biografía del condotiero Castruccio Castracani, usada como ejemplo de liderazgo.
    • Historia de Florencia (1520-1525): relato detallado de la historia florentina desde la antigüedad hasta su época.
    • Historias florentinas (1521-1525): otra versión de su análisis sobre la historia de la República de Florencia, con énfasis en los conflictos políticos.[77]

    Obras literarias

    • Decennale primo (1506): poema en el que narra los acontecimientos políticos de Italia en los últimos diez años.
    • Decennale secondo (1509): continuación del poema anterior.
    • Andria (1517): adaptación de una comedia de Terencio.
    • La mandrágora (1518): comedia satírica que critica la corrupción en la sociedad y la política.
    • Della lingua (1514): diálogo sobre la lengua italiana y su evolución.
    • Clizia (1525): comedia inspirada en Casina de Plauto, que satiriza la hipocresía social.
    • Belfagor arcidiavolo (1515): novela corta sobre un demonio que se casa con una mujer humana y sufre las dificultades del matrimonio.
    • Asino d’oro (1517): poema inspirado en El asno de oro de Apuleyo, con elementos satíricos y filosóficos.

    Ediciones en Italia de sus obras

    • El príncipe, a cargo de Mario Martelli, con aparato filológico a cargo de Nicoletta Marcelli, vol. I/1, pp. 536, 2006, ISBN 978-88-8402-520-3
    • Discursos sobre la primera Década de Tito Livio, a cargo de Francesco Bausi, vol. I/2, dos tomos pp. XLIV-960, 2001, ISBN 978-88-8402-356-8
    • Del arte de la guerra. Escritos políticos menores, a cargo de Giorgio Masi, Jean Jacques Marchand, Denis Fachard, vol. I/3, pp. XV-726, 2001, ISBN 978-88-8402-338-4
    • Obras históricas, a cargo de Alessandro Montevecchi, Carlo Varotti, vol. II, 2 tomos pp. 1052, 2011, ISBN 978-88-8402-675-0
    • Teatro. Andria-Mandragola-Clizia, a cargo de Pasquale Stoppelli, vol. III/1, pp. XXIX-456, 2017, ISBN 978-88-6973-191-4
    • Escritos en poesía y en prosa, a cargo de Antonio Corsaro, Paola Cosentino, Emanuele Cutinelli-Rèndina, Filippo Grazzini, Nicoletta Marcelli, coordinación de Francesco Bausi, vol. III/2, pp. XXXVI-652, 2013, ISBN 978-88-8402-770-2
    • Cartas, coordinador Francesco Bausi, vol. IV, 3 tomos, pp. CXXX-(VI-VI)-2022, 2022, ISBN 978-88-6973-511-0
    • Legaciones, Comisarias, Escritos de gobierno (1498-1500), a cargo de Jean-Jacques Marchand, vol. V/1, pp. 570, 2002, ISBN 88-8402-377-7
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1501-1503), vol. V/2, pp. 650, 2003, ISBN 88-8402-408-0
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1503-1504), a cargo de Jean-Jacques Marchand, Matteo Melera-Morettini, vol. V/3, pp. 596, 2005, ISBN 88-8402-504-4
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1504-1505), a cargo de Denis Fachard, Emanuele Cutinelli-Rèndina, vol. V/4, pp. 596, 2006, ISBN 88-8402-509-5
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1505-1507), a cargo de Jean-Jacques Marchand, Andrea Guidi, Matteo Melera-Morettini, vol. V/5, pp. VIII-596, 2009, ISBN 978-88-8402-642-2
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1507-1510), a cargo de Denis Fachard, Emanuele Cutinelli-Rèndina, vol. V/6, pp. VIII-592, 2011, ISBN 978-88-8402-727-6
    • Legaciones. Comisarias. Escritos de gobierno (1510-1527), a cargo de Jean-Jacques Marchand, Andrea Guidi, Matteo Melera-Morettini, vol. V/7, pp. VIII-572, 2012, ISBN 978-88-8402-743-6

    En la cultura popular

    Pintura al óleo de Maquiavelo por Cristofano dell’Altissimo.
    Antiguo billete de 10 000 liras italianas con un rostro representativo de Maquiavelo

    Maquiavelo ha influido en diversas expresiones de la cultura popular, desde la literatura y el cine, hasta la música y los videojuegos. Su figura ha sido adaptada y reinterpretada en diferentes contextos. Por ejemplo, en el teatro renacentista inglés, el término «Machiavel» se utilizaba para un personaje arquetípico que recurría a medios malvados para obtener autoridad política.[78]

    Por ejemplo, su nombre, modificado a «Makaveli», fue utilizado por el rapero estadounidense Tupac Shakur entre 1995 y 1996 para firmar muchas de sus canciones y un álbum lanzado póstumamente.[79]

    En la literatura ha sido personaje de obras de política representando el cinismo y el realismo, oponiéndose al pensamiento jurídico de Montesquieu.[80]

    Maquiavelo también aparece en el videojuego Assassin’s Creed II y su secuela Assassin’s Creed: Brotherhood, en el papel de Asesino. En este último, desempeña un papel particularmente importante, junto a otros personajes de la Italia renacentista.[81]

    Maquiavelo es, junto a John Dee, el principal antagonista de la serie de novelas de fantasía El mago: Los secretos del inmortal Nicolas Flamel (como jefe de los servicios secretos franceses), escrita por Michael Scott.

    En la exposición Il Principe di Niccolò Machiavelli e il suo tempo. 1513-2013 (Roma, Complesso del Vittoriano, Salone Centrale, del 25 de abril al 16 de junio de 2013), promovida por el Instituto de la Enciclopedia Italiana y la sección italiana del Aspen Institute, la sección Machiavelli e il nostro tempo: usi e abusi presenta, entre otras «obras», figuritas Liebig, paquetes de cigarrillos, tarjetas telefónicas, cartas coleccionables, postales, sellos, juegos de mesa y videojuegos dedicados a Maquiavelo.[82]

    Cine y televisión

    En la serie The Borgias de Neil Jordan, es interpretado por Julian Bleach.[cita requerida]

    Machiavel es una banda belga, catalogada dentro del género rock progresivo, activa desde 1974. El nombre de la banda es un homenaje a Maquiavelo.[83]

    En la serie Medici: Masters of Florence, es interpretado por Vincenzo Crea.

    En la serie Leonardo, lanzada en 2021, es interpretado por Davide Iacopini.



    1_CAPITULOS PRIMEROS Y SU REVISION AL LEGADO Romano & Otros Principados.

    Para profundizar en el análisis de la obra de Nicolás Maquiavelo, particularmente en los primeros capítulos de El príncipe, es necesario detenernos antes en una cuestión fundamental: las distintas formas en que los Estados fueron organizados, conquistados, administrados y conservados a lo largo de la historia. La reflexión de Maquiavelo no aparece aislada ni surge exclusivamente de la experiencia política de la Italia renacentista. Por el contrario, se encuentra profundamente atravesada por la observación de las experiencias políticas anteriores, especialmente por el legado de la Antigüedad clásica y por las transformaciones que experimentaron los reinos y principados europeos durante la Edad Media. Su análisis parte de una preocupación concreta: comprender por qué determinados poderes consiguen mantenerse durante largos períodos, mientras que otros, aun contando inicialmente con una posición aparentemente sólida, terminan debilitándose, siendo conquistados o desapareciendo. En este sentido, los primeros capítulos de El príncipe adquieren una importancia particular porque Maquiavelo comienza clasificando las distintas formas de dominación política. Distingue fundamentalmente entre repúblicas y principados, y dentro de estos últimos observa diferencias entre principados hereditarios y nuevos, así como entre aquellos que han sido adquiridos mediante las propias armas y capacidades del gobernante y aquellos que han sido obtenidos mediante armas ajenas, fortuna, alianzas o circunstancias favorables. Esta clasificación no debe entenderse simplemente como una enumeración de tipos de gobierno. Detrás de ella existe una pregunta mucho más profunda: ¿qué condiciones permiten que un poder político pueda conservar aquello que ha conquistado?.

    Para comprender esta pregunta debemos retroceder hasta el mundo romano. Roma constituye para Maquiavelo uno de los principales laboratorios históricos desde los cuales puede observarse el funcionamiento de la política. La experiencia romana permite analizar la formación de un Estado, su expansión territorial, la integración de pueblos diferentes, la construcción de instituciones y, finalmente, las causas de su transformación y fragmentación. Sin embargo, el legado romano no debe reducirse únicamente al Imperio. Antes del dominio imperial existió una compleja evolución política que pasó por la monarquía, la República y posteriormente el Principado y el Imperio. Cada una de estas etapas demuestra que las formas políticas no son estructuras inmóviles, sino sistemas que pueden transformarse cuando cambian las relaciones entre quienes ejercen el poder, quienes obedecen y las instituciones que organizan la sociedad. La República romana resulta especialmente significativa porque muestra una forma de organización política basada en la distribución del poder entre diferentes instituciones y grupos sociales. El Senado, las magistraturas, las asambleas y los distintos mecanismos de representación y participación formaban un sistema en el cual ningún individuo debía concentrar originalmente todo el poder político. Sin embargo, la expansión territorial de Roma produjo transformaciones profundas. La conquista militar generó nuevas riquezas, amplió las desigualdades sociales, fortaleció a determinados sectores y modificó el equilibrio existente entre las instituciones republicanas. Las guerras civiles y las luchas entre figuras como Mario, Sila, Pompeyo, César, Antonio y Octavio evidencian que las instituciones políticas pueden verse superadas cuando las relaciones reales de poder cambian.

    La caída de la República romana constituye, desde esta perspectiva, un ejemplo fundamental para comprender la mirada maquiaveliana. No bastaba con que existieran instituciones formalmente republicanas para garantizar la supervivencia de la República. Cuando determinados actores lograron concentrar recursos militares, económicos y políticos superiores a los que podían controlar las instituciones tradicionales, el equilibrio republicano comenzó a quebrarse. Julio César constituye uno de los ejemplos más importantes de este proceso: su poder no procedía únicamente de un título institucional, sino de la combinación entre prestigio militar, recursos económicos, lealtades personales y apoyo político. El conflicto entre César y el Senado demuestra que la existencia formal de una institución no garantiza necesariamente su capacidad efectiva para controlar el poder. Con Augusto se produjo posteriormente una transformación decisiva. Las instituciones republicanas no desaparecieron inmediatamente, sino que fueron reorganizadas alrededor de una nueva concentración del poder. El Principado conservó buena parte del lenguaje, las instituciones y las formas tradicionales de la República, pero el centro efectivo del poder quedó progresivamente concentrado en la figura del emperador. Esto resulta particularmente importante para Maquiavelo porque demuestra que un Estado puede modificar su estructura política sin destruir completamente las instituciones anteriores. El poder puede conservar determinadas formas mientras cambia su contenido efectivo.

    El Imperio romano ofrece entonces otro problema: un Estado territorialmente enorme requiere mecanismos capaces de mantener la obediencia y administrar territorios, pueblos y culturas diferentes. Roma combinó ejército, administración, derecho, ciudadanía, alianzas y una compleja relación entre las autoridades locales y el poder central. Su capacidad para integrar distintos territorios fue uno de los elementos fundamentales de su duración. Sin embargo, también aparecen aquí algunas de las condiciones que posteriormente contribuirían a su crisis: dificultades de administración, conflictos internos, problemas sucesorios, guerras civiles, presiones militares, transformaciones económicas y una progresiva fragmentación de las estructuras de poder. De esta manera, la experiencia romana permite observar que la estabilidad de un Estado depende de múltiples factores y que ningún sistema político posee una garantía permanente de supervivencia. El mundo medieval heredó buena parte de este problema, aunque bajo condiciones históricas completamente diferentes. Después de la fragmentación del Imperio romano de Occidente, Europa quedó caracterizada por una pluralidad de poderes. Reinos, principados, señoríos, ducados, condados y otras formas de autoridad coexistieron y se superpusieron. No existía un único centro político capaz de ejercer una autoridad absoluta sobre todo el territorio europeo. El poder se encontraba distribuido entre monarcas, nobles, señores territoriales, ciudades, autoridades religiosas y, en determinados espacios, comunidades locales. La Iglesia también constituyó una fuerza política fundamental, especialmente porque su autoridad no se limitaba al ámbito espiritual: poseía territorios, recursos económicos, capacidad jurídica y una enorme influencia sobre la legitimidad de los gobernantes. El sistema feudal, por su parte, se estructuró mediante relaciones personales de dependencia y obligaciones recíprocas. El vínculo entre señor y vasallo suponía compromisos políticos y militares que permitían organizar el poder en un territorio caracterizado por una fuerte fragmentación. El señor debía proporcionar protección y beneficios, mientras que el vasallo ofrecía fidelidad y servicios, especialmente militares. Sin embargo, esta estructura tampoco fue completamente estable. Las relaciones feudales podían modificarse mediante matrimonios, herencias, guerras, alianzas y disputas sucesorias. Un territorio podía pasar de una familia a otra no únicamente mediante la conquista directa, sino también a través de acuerdos dinásticos.

    Aquí encontramos uno de los antecedentes fundamentales para comprender los primeros capítulos de El príncipe. Maquiavelo observa que no todos los Estados poseen el mismo grado de dificultad para ser gobernados. Un principado hereditario, por ejemplo, tiene una ventaja que un principado nuevo no posee: la continuidad de la dinastía genera una costumbre de obediencia. El pueblo ya conoce al linaje gobernante y, mientras el príncipe no cometa errores extraordinarios y conserve determinadas estructuras, la estabilidad puede mantenerse. En cambio, quien conquista un territorio nuevo debe enfrentarse a un problema completamente diferente: debe construir una nueva relación de obediencia. La conquista de un territorio no significa necesariamente haberlo gobernado. Esta distinción constituye uno de los puntos centrales de Maquiavelo. Un gobernante puede obtener un Estado mediante la guerra, una alianza, una herencia o la fortuna, pero después debe conseguir conservarlo. Es precisamente en este punto donde aparece la importancia de la capacidad política. La conquista puede ser producto de una circunstancia favorable; la conservación exige decisiones concretas.

    Esta problemática puede observarse repetidamente en la historia medieval. Los grandes reinos europeos se formaron mediante procesos prolongados de conquista, alianzas matrimoniales, herencias, pactos y centralización progresiva. La expansión territorial de determinadas monarquías no implicaba automáticamente que los nuevos territorios quedaran plenamente integrados. El gobernante debía establecer mecanismos administrativos, asegurar la fidelidad de las elites locales, controlar las fuerzas militares y, cuando fuera necesario, reemplazar o subordinar las estructuras anteriores. Un territorio recientemente incorporado podía conservar sus propias leyes, costumbres y autoridades, convirtiéndose en un espacio potencialmente difícil de controlar.

    Este problema resulta particularmente visible cuando un gobernante conquista un Estado acostumbrado a vivir bajo sus propias leyes. Para Maquiavelo, estos casos requieren una atención especial porque la población no necesariamente identifica al nuevo gobernante como legítimo. Si además conserva instituciones, elites o símbolos políticos anteriores, puede existir una posibilidad constante de rebelión. El nuevo príncipe debe entonces decidir si mantiene determinadas estructuras, si las modifica o si las destruye. La cuestión no es solamente militar: es fundamentalmente política. Por eso, cuando Maquiavelo revisa las experiencias de los principados, está observando algo que puede encontrarse tanto en la Antigüedad como en la Edad Media: la tensión entre conquistar, gobernar y conservar. Un Estado puede ser adquirido rápidamente, pero su estabilidad requiere construir mecanismos de obediencia. El poder político no se sostiene exclusivamente mediante la fuerza, aunque tampoco puede comprenderse ignorando la fuerza. Entre ambas dimensiones aparecen las instituciones, las costumbres, las alianzas, la reputación del gobernante, la administración del territorio y la relación con los diferentes grupos sociales.

    La mirada de Maquiavelo comienza así a diferenciarse de una concepción puramente normativa de la política. En lugar de preguntarse únicamente cómo debería comportarse un gobernante según un modelo ideal, comienza a preguntarse qué ocurre efectivamente cuando un gobernante toma determinadas decisiones. La historia se convierte entonces en una fuente de conocimiento político. Roma, los reinos medievales, los principados italianos y las experiencias de los grandes conquistadores pueden ser comparados para descubrir regularidades, errores y estrategias. Esta perspectiva permite comprender también por qué la caída de un reino no debe explicarse únicamente por la existencia de un gobernante débil. La debilidad política puede surgir de la estructura misma del Estado. Un gobernante puede encontrarse limitado por una nobleza demasiado poderosa, por un ejército que responde más a sus propios intereses que al Estado, por instituciones incapaces de adaptarse, por conflictos sucesorios, por una población descontenta o por enemigos externos que aprovechan las divisiones internas. De la misma manera, un Estado aparentemente poderoso puede comenzar a deteriorarse cuando sus instituciones dejan de responder a las nuevas condiciones históricas.

    En este punto, la experiencia romana vuelve a resultar fundamental. Roma no cayó simplemente porque un día apareciera un enemigo exterior suficientemente poderoso. Su fragmentación fue el resultado de un proceso mucho más complejo en el que intervinieron conflictos internos, problemas económicos, transformaciones militares, disputas por la sucesión y dificultades para mantener cohesionado un territorio gigantesco. La presión externa pudo acelerar determinados procesos, pero la capacidad de resistencia de un Estado depende también de su organización interna. Maquiavelo extrae de la historia precisamente este tipo de enseñanzas: observar las causas que permiten explicar por qué un poder se fortalece o se debilita.

    Lo mismo puede observarse en los principados medievales y en las monarquías europeas. La continuidad de una dinastía podía proporcionar estabilidad, pero también podía generar problemas cuando un heredero incompetente recibía un Estado relativamente poderoso. Una conquista podía ampliar enormemente el territorio de un reino, pero al mismo tiempo podía multiplicar sus problemas administrativos y militares. Una alianza matrimonial podía incorporar nuevos territorios sin necesidad de una guerra, pero también podía producir disputas sucesorias posteriormente. La política, por lo tanto, aparece como un campo en el que cada decisión genera nuevas condiciones y nuevos conflictos. Es justamente esta forma de observar la historia la que prepara el camino para comprender a Maquiavelo. Antes de hablar de realismo político o de realpolitik, debemos reconocer que su pensamiento surge de una preocupación esencialmente práctica: comprender cómo funciona realmente el poder político y cuáles son las condiciones que permiten conservarlo. Su interés por los principados no consiste únicamente en clasificarlos, sino en descubrir las dificultades específicas que enfrenta cada uno de ellos.

    Desde esta perspectiva, los primeros capítulos de El príncipe funcionan como una especie de mapa de los distintos caminos mediante los cuales puede adquirirse un Estado. Herencia, conquista, fortuna, armas propias, armas ajenas, alianzas y capacidades personales producen situaciones políticas diferentes. Cada una de ellas genera ventajas y peligros particulares. Por ello, el gobernante no puede aplicar una única fórmula universal. Debe comprender la naturaleza del Estado que posee, las condiciones en las que llegó al poder, las fuerzas que lo rodean y las características de la población que gobierna. La revisión del legado romano y medieval adquiere entonces una importancia central porque permite comprender que Maquiavelo no está inventando desde cero una teoría del poder. Está leyendo la historia como un enorme registro de experiencias políticas. Observa cómo Roma construyó su poder, cómo la República se transformó en Imperio, cómo los reinos medievales conservaron o perdieron territorios, cómo las dinastías utilizaron matrimonios y herencias, cómo los señores conservaron sus dominios y cómo las ciudades y principados italianos lucharon constantemente por sobrevivir en un escenario marcado por alianzas cambiantes, guerras y rivalidades.

    La pregunta que atraviesa este análisis podría formularse de manera sencilla: ¿por qué algunos Estados logran conservarse y otros terminan cayendo?. La respuesta maquiaveliana no se encuentra en una única causa. La supervivencia política depende de la relación entre las instituciones, la fuerza militar, las capacidades del gobernante, la fortuna, las alianzas, las costumbres de los pueblos y la capacidad de adaptación frente a las circunstancias. El poder político, por lo tanto, no debe analizarse únicamente desde aquello que debería ser, sino también desde aquello que efectivamente sucede. Es aquí donde la lectura de Maquiavelo comienza a adquirir su carácter revolucionario. La política deja de aparecer exclusivamente como una prolongación de la moral o como la búsqueda de un gobierno ideal y comienza a ser estudiada como una actividad sometida a condiciones concretas. El gobernante debe actuar dentro de un mundo en el que existen ambiciones, conflictos, intereses, alianzas, traiciones, guerras y cambios inesperados. La historia demuestra que ignorar estas condiciones puede llevar a la pérdida del poder, incluso cuando las intenciones del gobernante sean consideradas moralmente buenas.

    Por ello, antes de introducir conceptos posteriores como realpolitik o realismo político, resulta más apropiado comprender el procedimiento que lleva a Maquiavelo hacia esa forma de pensamiento. Primero observa la historia; luego compara diferentes formas de organización política; posteriormente identifica las condiciones que explican su estabilidad o su caída y, finalmente, extrae de esas experiencias determinadas reglas prácticas para quien gobierna. Su análisis de los principados debe entenderse, por lo tanto, como una investigación sobre la relación entre poder, conquista, legitimidad, fuerza, fortuna, instituciones y conservación del Estado. Desde Roma hasta los principados medievales y las ciudades-Estado italianas, encontramos así un largo proceso histórico que permite comprender el problema central de El príncipe: no basta con alcanzar el poder; el verdadero problema político comienza cuando se debe conservarlo, organizarlo y transmitirlo. Maquiavelo convierte esta cuestión en el centro de su análisis y utiliza la historia como instrumento para demostrar que los Estados, al igual que los gobernantes, pueden fortalecerse, transformarse, corromperse y finalmente caer. La política se convierte así en el estudio de esas fuerzas concretas que permiten explicar tanto la permanencia como la desaparición de los poderes humanos.

    NOTA PERSONAL.: este narra de una manera continua en el texto trabajado por lo que entenderemos en las siguientes lecturas y analisis que este investigaba en base a los articulos, ideas y proyectos que se gestaban en el momento en que narra y escribe el principe mas aun da un analisis en los primeros capitulos osbre la histodria de los principados en adelante, desde los normales nobiliarios a los hereditarios, haciendo a su vez referencias desde el 546  al año 1000 y profundizando a su vez con las nuevas casas nobiliarias italianas, casas italianas que fueron leales a sus servicios como los medicci por ejemplo. Para profundizar continuaremos con este tema.


    1.1_De las Formas de Principado.

    Claro. Vamos a trabajar los primeros capítulos de El príncipe de Nicolás Maquiavelo tomando como referencia la edición de Editorial El Ateneo. La propia editorial presenta la obra como un texto escrito en 1513, dirigido a Lorenzo de Médicis, centrado en la adquisición y conservación del poder político. (El Ateneo). Voy a desarrollar especialmente los capítulos I al VI, porque allí Maquiavelo establece las categorías fundamentales con las que después construirá todo el análisis: principados, herencia, conquista, costumbre, armas, fortuna, virtud, fundación política y conservación del Estado. La idea será no hacer simplemente un resumen capítulo por capítulo, sino construir un TX continuo, profundo y con interpretación histórica y política, para que pueda servirte como material de estudio o como base para un trabajo de Historia/Teoría Política.

    Nicolás Maquiavelo ocupa un lugar fundamental en la historia del pensamiento político porque representa uno de los momentos en los que la reflexión sobre el poder comienza a separarse de manera consciente de los modelos tradicionales que pretendían explicar cómo debía comportarse un gobernante según principios morales, religiosos o ideales. El príncipe, escrito en 1513 y publicado póstumamente en 1532, constituye una obra breve pero extraordinariamente densa, en la cual Maquiavelo intenta comprender la política a partir de la experiencia histórica y de la observación concreta de los hombres, de los Estados y de las relaciones de fuerza que permiten a un gobernante conquistar, organizar y conservar el poder. La propia Editorial El Ateneo caracteriza la obra como un conjunto de reflexiones sobre el arte de conquistar y conservar un principado y destaca precisamente su interés por explicar cómo los principados se adquieren, cómo se mantienen y por qué se pierden. (El Ateneo) Para comprender los primeros capítulos resulta necesario abandonar, desde el comienzo, una interpretación demasiado simplificada de Maquiavelo. El autor no está escribiendo un manual sobre la maldad ni una defensa de la crueldad por sí misma. Tampoco se limita a enseñar al gobernante cómo engañar. Su preocupación central es mucho más profunda: quiere comprender la lógica propia del poder político. En otras palabras, Maquiavelo pregunta qué condiciones permiten que un determinado orden político nazca, se consolide y sobreviva. Esta pregunta modifica profundamente la tradición del pensamiento político, porque desplaza la atención desde aquello que el gobernante debería ser moralmente hacia aquello que debe conocer y hacer para gobernar efectivamente.

    Este desplazamiento constituye una de las grandes novedades de El príncipe. Mientras buena parte del pensamiento político medieval había tendido a pensar al gobernante dentro de un orden moral y religioso superior, Maquiavelo observa la política desde la experiencia histórica. El gobierno aparece entonces como una actividad sometida a determinadas regularidades: existen diferentes formas de Estado, existen distintas maneras de adquirir el poder, existen dificultades particulares según el modo en que se haya conquistado un territorio y existen comportamientos que favorecen o perjudican la conservación de un dominio. La política posee, por lo tanto, una lógica propia.

    El punto de partida de la obra es extremadamente sencillo pero fundamental. Maquiavelo afirma que todos los Estados o dominios que han ejercido y ejercen autoridad sobre los hombres son repúblicas o principados. Esta clasificación inicial parece elemental, pero cumple una función decisiva: delimita el objeto de estudio. Maquiavelo no pretende desarrollar en este libro una teoría general de todas las formas políticas posibles, sino concentrarse principalmente en los principados. Desde allí comienza una investigación sobre las distintas maneras mediante las cuales un gobernante puede llegar al poder.

    1.2 Capítulo I: clasificar el poder para comprenderlo

    El primer capítulo, titulado tradicionalmente “De cuántas clases son los principados y de qué manera se adquieren”, funciona como una introducción conceptual a toda la obra. Maquiavelo comienza distinguiendo entre principados hereditarios y principados nuevos. Los primeros son aquellos en los cuales una familia gobierna desde hace largo tiempo; los segundos son aquellos en los que el gobernante o la familia gobernante ha adquirido recientemente el poder. Esta distinción tiene una importancia mucho mayor de lo que parece. Maquiavelo está planteando que la forma en que se obtiene el poder determina en gran medida las dificultades que tendrá el gobernante para conservarlo. No todos los principados presentan el mismo problema político. Un territorio gobernado durante generaciones posee costumbres, instituciones y relaciones de obediencia que favorecen la continuidad. En cambio, un territorio recientemente conquistado presenta resistencias, expectativas, conflictos entre grupos y problemas de legitimidad.

    Aquí aparece una primera idea fundamental de Maquiavelo: el poder no debe ser analizado solamente por su existencia, sino por las condiciones históricas que hicieron posible su existencia. Un príncipe hereditario recibe un Estado en el cual la obediencia se encuentra relativamente incorporada a las costumbres. Los habitantes conocen la autoridad existente, conocen la dinastía y poseen hábitos políticos que facilitan la continuidad. En un principado nuevo ocurre exactamente lo contrario: el nuevo gobernante debe transformar una situación de conquista en una situación de obediencia estable. Por eso la política de Maquiavelo es profundamente histórica. No existe una receta universal válida para todos los gobernantes. El comportamiento adecuado depende de la estructura del territorio, de sus costumbres, de la relación entre los grupos sociales y, sobre todo, de la forma mediante la cual el príncipe llegó al poder.

    Los principados nuevos, a su vez, pueden ser completamente nuevos o pueden ser territorios incorporados a un Estado que ya posee el gobernante. Maquiavelo utiliza ejemplos históricos concretos para mostrar que la expansión territorial produce problemas diferentes según las circunstancias. La incorporación de un territorio no significa automáticamente que ese territorio haya sido políticamente integrado.Esta observación es particularmente importante porque permite comprender una diferencia entre conquistar y gobernar. Conquistar puede significar derrotar militarmente a un enemigo; gobernar significa conseguir que ese territorio permanezca sometido después de que desaparezca la situación inmediata de conquista. La victoria militar puede producir dominio, pero no necesariamente estabilidad.

    Por eso Maquiavelo introduce una segunda clasificación: los territorios conquistados pueden haber estado acostumbrados a vivir bajo un príncipe o pueden haber vivido en libertad. Esta diferencia será decisiva en los capítulos posteriores. Un pueblo acostumbrado a obedecer a un gobernante posee una estructura política que puede ser reemplazada por otra autoridad. En cambio, un pueblo acostumbrado a la libertad conserva una memoria política mucho más difícil de eliminar.

    Finalmente, Maquiavelo introduce las grandes categorías que atravesarán prácticamente toda la obra: los principados pueden adquirirse mediante las armas propias o ajenas, por fortuna o por virtud. Aquí aparecen dos conceptos centrales: fortuna y virtud, es importante aclarar desde el comienzo que “virtud” en Maquiavelo no debe interpretarse simplemente como virtud moral cristiana. La virtù maquiaveliana representa una capacidad política: la energía, inteligencia, decisión, habilidad, prudencia, audacia y capacidad de adaptación que permiten a un individuo intervenir eficazmente sobre las circunstancias. La fortuna, por su parte, representa aquello que escapa parcialmente al control humano: las circunstancias, oportunidades, accidentes, cambios históricos y acontecimientos imprevisibles que pueden favorecer o perjudicar a un gobernante.

    La relación entre ambas constituye uno de los problemas fundamentales de El príncipe. Un gobernante puede beneficiarse de circunstancias favorables, pero si carece de capacidad política puede perder aquello que la fortuna le proporcionó. Del mismo modo, un individuo dotado de virtù puede aprovechar determinadas circunstancias para construir un poder que no dependía originalmente de él. Por eso, desde el primer capítulo, Maquiavelo está planteando una tensión entre contingencia y capacidad política. El poder aparece como algo que se construye en medio de circunstancias que no pueden ser completamente controladas lo que al tiempo el reconoceria como la Realpolitik.

    1.3 Capítulo II: los principados hereditarios y la fuerza de la costumbre

    En el segundo capítulo Maquiavelo analiza los principados hereditarios. Su argumento es aparentemente sencillo: estos Estados son más fáciles de conservar que los nuevos.

    ¿Por qué?

    Fundamentalmente porque la costumbre trabaja a favor del gobernante. Cuando una familia ha gobernado durante generaciones, los habitantes se encuentran acostumbrados a esa autoridad. La continuidad dinástica produce una especie de normalización del poder. El gobernante no necesita construir desde cero una relación de obediencia porque esa relación ya existe. Esto permite comprender algo muy importante: la estabilidad política no depende únicamente de la fuerza militar.

    Un gobierno puede mantenerse porque la población considera normal que determinado grupo gobierne. La dominación se vuelve, de alguna manera, cotidiana. El poder deja de aparecer como una conquista permanente y comienza a funcionar como una estructura habitual. Esta observación permite relacionar a Maquiavelo con una problemática que posteriormente será central en la teoría política: la diferencia entre coerción y legitimidad; aunque Maquiavelo no desarrolla el concepto de legitimidad en los términos modernos, sí observa que un gobierno resulta mucho más estable cuando la población está acostumbrada a él. La tradición, la costumbre y la continuidad histórica generan una ventaja política.

    Por eso el príncipe hereditario posee una situación privilegiada: para perder el Estado necesita cometer errores extraordinariamente graves. Incluso cuando no posee grandes capacidades personales, la estructura heredada puede sostenerlo.Sin embargo, esto no significa que el príncipe hereditario pueda gobernar de cualquier manera. Maquiavelo sostiene que debe evitar alterar innecesariamente las instituciones y costumbres existentes. El gobernante que conserva aquello a lo que el pueblo está acostumbrado reduce las posibilidades de generar oposición, aquí encontramos una de las características más interesantes del pensamiento maquiaveliano: la política consiste muchas veces en saber qué no cambiar.

    El gobernante no demuestra su poder únicamente transformando la realidad. En determinadas circunstancias demuestra mayor inteligencia política cuando conserva las estructuras que ya funcionan. Esta cuestión es importante para entender la diferencia entre un gobernante que posee virtù y uno que simplemente actúa impulsivamente. La capacidad política no consiste en actuar constantemente, sino en saber cuándo actuar y cuándo conservar.

    1.4 capítulo III: los principados mixtos y el problema de la conquista

    El capítulo III profundiza considerablemente el problema porque Maquiavelo analiza los llamados principados mixtos: aquellos territorios que son incorporados a un Estado que ya posee el gobernante. Aquí aparece uno de los problemas más importantes de toda la obra: la dificultad de conquistar un territorio que posee identidad, instituciones y memoria política propia.

    El nuevo príncipe puede encontrar inicialmente sectores de la población que lo apoyan porque esperan beneficiarse del cambio de gobierno. Sin embargo, estos nuevos aliados pueden transformarse rápidamente en opositores.

    ¿Por qué?

    Porque las expectativas generadas por la conquista son difíciles de satisfacer. Los grupos que ayudaron al nuevo gobernante esperan recompensas. Al mismo tiempo, los antiguos gobernantes y sus partidarios buscan recuperar el poder. La población puede esperar mejoras que el nuevo príncipe no puede garantizar. De este modo, la conquista genera una red de expectativas contradictorias. Maquiavelo descubre así una regla política fundamental: quien conquista un territorio genera necesariamente ganadores y perdedores.

    Los perdedores tienen motivos para resistir. Los ganadores, por su parte, pueden exigir recompensas cada vez mayores a su vez el problema del nuevo príncipe consiste entonces en transformar una conquista militar en una estructura política estable. Maquiavelo observa que, cuando los territorios conquistados poseen costumbres y lengua similares a las del conquistador, la integración resulta relativamente sencilla. Pero cuando existen diferencias culturales, políticas o institucionales profundas, la situación se vuelve mucho más compleja.

    El príncipe debe actuar sobre las estructuras de poder existentes, Maquiavelo plantea varias alternativas. Una de ellas consiste en que el gobernante se establezca personalmente en el territorio conquistado. Esto le permite observar directamente los problemas, reaccionar rápidamente y controlar las conspiraciones antes de que se desarrollen. Otra alternativa consiste en establecer colonias o asentamientos que permitan asegurar el territorio con un costo relativamente reducido, a su ves también aparece una cuestión fundamental: la eliminación o debilitamiento de los antiguos centros de poder.

    Maquiavelo entiende que los antiguos gobernantes poseen redes de influencia. Mientras esas redes sobrevivan, existe la posibilidad de restauración del antiguo régimen. Esta idea puede comprenderse dentro de la lógica general de la obra: el poder político no está compuesto únicamente por el gobernante formal. También existen familias, grupos económicos, militares, instituciones, territorios y élites que pueden convertirse en centros alternativos de autoridad, por eso conquistar un Estado no significa simplemente ocupar su capital, tambien se debe dar un significado pues dentro de estas tierras esas relaciones de poder que se quita al tomar un reino o principado debe forjarse de no hacerlo significaria modificar las relaciones de poder que estructuran ese territorio a su vez esto genera disputa y quiebra poco a poco las relaciones entre el principe y sus conciudadanos. Aquí Maquiavelo comienza a acercarse a una concepción moderna del Estado como una estructura de relaciones de poder, aunque todavía piense en términos propios de los principados renacentistas.


    1.5-El capítulo IV: por qué algunos Estados son fáciles de conquistar y difíciles de conservar, y otros difíciles de conquistar pero fáciles de conservar

    El capítulo IV introduce una comparación especialmente interesante entre diferentes formas de organización política. Maquiavelo utiliza como ejemplo el Imperio de Alejandro y su posterior división para analizar una cuestión aparentemente contradictoria: ¿por qué algunos Estados resultan difíciles de conquistar pero fáciles de mantener, mientras otros pueden ser conquistados con relativa facilidad y luego resultan difíciles de conservar? La respuesta está en la estructura interna del Estado.

    Maquiavelo diferencia, esencialmente, entre Estados altamente centralizados y Estados donde existen múltiples señores o poderes intermedios. En un Estado centralizado, todo el poder depende de una autoridad principal. Esto puede dificultar la conquista porque el conquistador debe derrotar directamente al centro del poder. Sin embargo, una vez eliminado ese centro, quedan menos autoridades autónomas capaces de organizar una resistencia posterior. En cambio, en un Estado fragmentado existen múltiples poderes intermedios. Esto puede facilitar la conquista porque el conquistador puede aprovechar las rivalidades internas y alianzas entre diferentes grupos. Pero una vez conquistado el territorio, esas mismas estructuras pueden convertirse en focos permanentes de rebelión, esta observación posee una enorme importancia histórica porque muestra que Maquiavelo no piensa el poder como una simple relación vertical entre gobernante y pueblo.

    El Estado posee una arquitectura interna, existen centros de poder, elites y autoriades territoriales, dentro de ellos hay intereses propios y particulares y todos ellos condicionan la capacidad y recursos  del principe para gobernar. La lección es clara: antes de conquistar un Estado hay que comprender cómo está organizado, la estructura política de un territorio determina tanto la estrategia militar como la estrategia de gobierno posterior. De esta manera, Maquiavelo conecta política interna y política exterior. La conquista no puede separarse del conocimiento de las instituciones del enemigo; esto también permite observar el carácter profundamente racional de su pensamiento. El príncipe debe estudiar el territorio como un estratega estudia el campo de batalla. No puede actuar únicamente basándose en deseos o ideales debe conocer las condiciones concretas.

    1.6 El capítulo V: cómo gobernar los Estados acostumbrados a vivir bajo sus propias leyes

    El capítulo V presenta una situación todavía más compleja: qué hacer con las ciudades o Estados que antes de ser conquistados vivían bajo sus propias leyes.Aquí Maquiavelo distingue tres posibilidades principales: destruirlos, trasladar al príncipe a vivir allí o permitir que mantengan sus leyes pero sometiéndolos a un tributo y colocando un gobierno dependiente, el problema fundamental es que un pueblo acostumbrado a la libertad posee una memoria política diferente. Esto resulta esencial la libertad no es simplemente una situación jurídica; también es una costumbre.Un pueblo que durante mucho tiempo se ha gobernado a sí mismo desarrolla instituciones, recuerdos y símbolos que pueden alimentar la resistencia contra un dominador extranjero, por eso Maquiavelo considera que estos territorios son especialmente peligrosos. Aunque aparentemente hayan sido derrotados, la memoria de la autonomía puede convertirse en una fuente permanente de rebelión.

    Aquí aparece uno de los puntos más duros del pensamiento maquiaveliano: cuando un pueblo posee una fuerte tradición de libertad, el gobernante que pretende dominarlo enfrenta un problema mucho mayor que el que enfrenta al conquistar un territorio acostumbrado a la autoridad de un príncipe, la razón es que el pueblo libre conserva la posibilidad de imaginar otro orden político. Mientras que un pueblo acostumbrado a obedecer puede adaptarse a un nuevo gobernante, un pueblo acostumbrado a autogobernarse posee una referencia política alternativa; la libertad, por lo tanto, se convierte en una memoria Y esa memoria puede convertirse en resistencia. Este capítulo resulta particularmente importante para comprender que Maquiavelo no reduce la política a la violencia. Si todo pudiera resolverse mediante la fuerza militar, la discusión sería mucho más sencilla. Pero Maquiavelo muestra que la dominación política también debe enfrentar las costumbres, las instituciones y las expectativas colectivas.

    La conquista de una ciudad libre es, en este sentido, también una conquista de su memoria política. Por eso plantea la posibilidad extrema de destruirla. Esta afirmación ha sido uno de los aspectos más polémicos de la obra, pero debe interpretarse dentro de su lógica histórica: Maquiavelo está describiendo las condiciones mediante las cuales un poder conquistador puede impedir que una comunidad políticamente autónoma vuelva a constituirse como foco de oposición, no está diciendo que la destrucción sea moralmente buena está explicando por qué, dentro de la lógica de la dominación, una ciudad libre puede representar un peligro permanente aquí aparece una separación muy importante entre moralidad y eficacia política. Una acción puede ser moralmente condenable y, sin embargo, ser analizada por Maquiavelo como políticamente eficaz, este es precisamente uno de los elementos que hacen que El príncipe resulte tan provocador.

    1.7 El capítulo VI: los principados nuevos adquiridos mediante las propias armas y la propia virtud

    El capítulo VI constituye uno de los momentos fundamentales de los primeros capítulos porque aquí Maquiavelo desarrolla plenamente el concepto de virtù, Maquiavelo analiza aquellos gobernantes que llegan al poder no simplemente gracias a la fortuna o a la ayuda de otros, sino mediante sus propias capacidades. Para explicar esta situación recurre a grandes fundadores políticos y religiosos de la Antigüedad, entre ellos Moisés, Ciro, Rómulo y Teseo. La elección de estos personajes no es accidental todos ellos representan, para Maquiavelo, figuras capaces de transformar una situación histórica determinada y construir un nuevo orden político. Aquí encontramos una idea fundamental: fundar un Estado requiere algo más que recibir una oportunidad; requiere capacidad para transformar la oportunidad en institución.

    Esta es probablemente una de las definiciones más profundas de la virtù maquiaveliana, la virtud política no consiste simplemente en ser valiente a si mismo tampoco consiste solamente en ser inteligente. Consiste en ser capaz de intervenir sobre una realidad determinada, aprovechar las circunstancias y construir un orden que pueda mantenerse. Moisés, Ciro, Rómulo y Teseo aparecen como ejemplos de hombres que encontraron circunstancias favorables, pero que además poseían la capacidad necesaria para utilizarlas.Por eso Maquiavelo introduce una relación dialéctica entre fortuna y virtud.

    La fortuna proporciona la oportunidad.

    La virtud transforma esa oportunidad en poder.

    Si falta fortuna, el individuo puede no encontrar las condiciones adecuadas para actuar. Pero si falta virtud, una circunstancia favorable puede desperdiciarse. Esto permite comprender una de las grandes diferencias entre Maquiavelo y una concepción providencial de la historia, la historia no está completamente determinada por Dios ni completamente controlada por el hombre. Existe una zona de contingencia pero dentro de esa contingencia existe una capacidad humana para intervenir. El gobernante virtuoso es aquel que sabe reconocer las oportunidades y actuar sobre ellas.

    1.8 La fundación del orden político

    A partir de este capítulo aparece otro elemento central: la relación entre fundador y Estado.Maquiavelo parece estar preguntándose cómo nace un orden político un Estado no aparece simplemente porque exista un territorio.Tampoco existe simplemente porque haya una población debe existir una autoridad capaz de organizar la fuerza, establecer leyes y construir instituciones ,el fundador político desempeña entonces un papel excepcional. Sin embargo, aquí aparece una paradoja, el fundador necesita utilizar medidas extraordinarias porque está creando un orden nuevo. Pero cuanto más depende el nuevo Estado de la voluntad personal del fundador, más difícil puede resultar su continuidad después de su muerte.

    Por eso la verdadera grandeza política no consiste únicamente en fundar , consiste en fundar algo capaz de sobrevivir al fundador, esta cuestión permite comprender por qué Maquiavelo presta tanta atención a las armas, las leyes y las instituciones. El poder personal puede crear un Estado, pero necesita transformarse en una estructura estable. En este punto comienza a aparecer una idea que recorrerá toda la obra: el príncipe debe construir condiciones que permitan que su poder no dependa permanentemente de circunstancias externas.

    1.9 Fortuna y virtud: el núcleo conceptual de los primeros capítulos

    Si tuviéramos que reducir los primeros seis capítulos a una sola tensión conceptual, probablemente sería la relación entre fortuna y virtud , la fortuna representa aquello que el gobernante no controla completamente. Puede ser una guerra; Una muerte inesperada; Una crisis, una oportunidad política. La debilidad de un enemigo la llegada y  aparición de un aliado.Una sucesión dinástica, crisis economicas rebeliones, coyunturas internacionales, la fortuna como apertura y cierre de ciertas posibilidades, pero aun asi  Maquiavelo no considera que el hombre sea completamente impotente frente a ella. Aquí aparece la virtù. La virtù es la capacidad de actuar eficazmente dentro de circunstancias cambiantes, esta transforma completamente la imagen del político.

    El buen gobernante no es aquel que posee un conjunto fijo de cualidades morales, es aquel que puede adaptarse e de aqui que debe saber cuándo ser prudente y cuándo ser audaz.Cuándo conservar y cuándo transformar, cuándo negociar y cuándo combatir, cuándo utilizar la fuerza y cuándo utilizar la persuasión. Cuándo esperar y cuándo actuar. Por eso la política maquiaveliana es profundamente dinámica,el gobernante que utiliza siempre el mismo método terminará fracasando porque las circunstancias cambian.La capacidad política consiste en adaptar los medios a las circunstancias.

    1.10 De la moral política medieval al realismo maquiaveliano

    Los primeros capítulos de El príncipe pueden comprenderse también como parte de una transformación más amplia del pensamiento europeo. Durante la Edad Media, la reflexión política estuvo fuertemente relacionada con la religión cristiana y con la idea de que el poder debía encontrarse subordinado a un orden moral superior. Esto no significa que los gobernantes medievales fueran necesariamente moralmente buenos ni que la política medieval careciera de conflictos, violencia o cálculo estratégico. Significa que la teoría política tendía a evaluar el gobierno dentro de un horizonte moral y religioso.

    Maquiavelo introduce una ruptura metodológica; No pregunta primero cómo debería comportarse un príncipe ideal, pregunta qué hacen realmente los gobernantes. Observa la historia, compara casos, Analiza derrotas.Estudia conquistas, Examina rebeliones, Observa alianzas Y extrae conclusiones. Esta metodología explica buena parte de la modernidad de su pensamiento, Maquiavelo convierte la experiencia histórica en una fuente fundamental para comprender la política. La historia deja de ser simplemente un repertorio de ejemplos morales y se transforma en un laboratorio político, los antiguos no son admirados solamente porque pertenecen a una época gloriosa, sino porque sus experiencias permiten descubrir regularidades en la conducta humana y en la organización del poder.

    1.11 El Estado como problema de conservación

    Otro aspecto fundamental de los primeros capítulos es que Maquiavelo no está obsesionado únicamente con la conquista. En realidad, la conquista es solamente el comienzo, el verdadero problema es la conservación. Esto resulta fundamental porque muchas veces se interpreta a Maquiavelo como un pensador de la expansión territorial. Pero su preocupación es más profunda: ¿cómo transformar el poder conquistado en un poder estable?.La diferencia es enorme,conquistar significa obtener ;conservar significa construir y a su vez un ejército puede conquistar una ciudad en un día. Pero gobernarla durante décadas requiere instituciones, un príncipe puede derrotar a un rival. Pero si no elimina las condiciones que permiten que otro rival ocupe su lugar, su victoria será temporal.Un gobernante puede ocupar un territorio pero si no comprende sus costumbres, sus élites y sus instituciones, puede perderlo posteriormente. Por eso la conservación es el verdadero criterio del éxito político, El príncipe no debe preguntarse solamente:

    “¿Cómo llego al poder?”

    Debe preguntarse:

    “¿Cómo hago para que el poder que conquisté pueda sobrevivir?”

    1.12 La política como conocimiento de la realidad

    En estos primeros capítulos aparece una característica que será decisiva para toda la tradición realista: la política debe partir de la realidad. Maquiavelo no construye su análisis desde una sociedad imaginaria, Parte de los Estados existentes el observa a los gobernantes.Estudia las guerras y las Analiza en base a  los comportamientos humanos. Compara diferentes estructuras políticas Y, sobre todo, intenta comprender qué produce determinados resultados. Esto explica la importancia de los ejemplos históricos. Cuando Maquiavelo menciona los lideres historicos , no los utiliza solamente como figuras del pasado. Los convierte en casos de estudio a si es como el pasado sirve para comprender el presente.La historia se convierte en conocimiento político de allí puede extraerse una conclusión central: para Maquiavelo, gobernar exige conocer la naturaleza del poder, pero conocer el poder exige conocer la historia.

    1.13 Una primera conclusión: conquistar no es gobernar

    Los seis primeros capítulos de El príncipe pueden ser entendidos como una progresiva construcción de esta idea fundamental:

    el poder político no se reduce a la conquista. La conquista es solamente el momento inicial, después aparecen problemas mucho más complejos: la costumbre, las instituciones, la memoria política, las élites, las armas, las leyes, las expectativas populares, la organización territorial y la capacidad personal del gobernante. Por eso Maquiavelo diferencia constantemente entre distintos tipos de principado. No existe una única forma de adquirir poder y, por lo tanto, tampoco existe una única forma de conservarlo.

    Un príncipe hereditario enfrenta un problema.

    Un conquistador enfrenta otro.

    Un fundador enfrenta otro.

    Un gobernante que depende de fuerzas extranjeras enfrenta otro.

    Un gobernante que conquista una ciudad libre enfrenta otro.

    La política debe adaptarse a cada situación.

    Esta idea constituye probablemente la base del realismo político maquiaveliano.

    1.14El príncipe como estratega de la contingencia

    Al finalizar estos primeros capítulos podemos observar que Maquiavelo está construyendo una imagen del gobernante como estratega de la contingencia. El príncipe se encuentra permanentemente entre aquello que puede controlar y aquello que no puede controlar. No controla completamente la fortuna, no controla completamente a sus enemigos, no controla completamente al pueblo, no controla completamente las circunstancias internacionales. Pero puede desarrollar capacidades para responder a ellas, la virtù consiste precisamente en eso. El príncipe debe ser capaz de convertir las circunstancias en oportunidades, debe evitar que una crisis destruya el Estado a su vez debe aprovechar la debilidad de sus enemigos, anticiparse a las amenazas, comprender cuando una concesion fortalece su posicion y cuando este los debilita, aprender a conservar el poder y cuando cambiar para seguir manteniendoce en este,de esta manera, el pensamiento de Maquiavelo no presenta la política como una ciencia exacta donde existen fórmulas universales. Más bien presenta la política como una actividad estratégica en la que el conocimiento de las circunstancias permite aumentar las posibilidades de éxito.

    1.15 Consideración final sobre los primeros capítulos

    Los primeros capítulos de El príncipe funcionan como una especie de mapa conceptual de toda la obra. Maquiavelo comienza clasificando los principados y termina planteando el problema mucho más profundo de cómo un individuo puede transformar una oportunidad histórica en un poder político estable. El capítulo I establece las categorías: principados hereditarios, nuevos, mixtos, territorios conquistados, fortuna y virtud. El capítulo II muestra la ventaja de la continuidad y la costumbre. El capítulo III demuestra que conquistar un territorio significa enfrentarse a sus estructuras internas de poder. El capítulo IV revela que la organización política interna determina tanto la facilidad de conquista como la dificultad de conservación. El capítulo V introduce el problema de los pueblos acostumbrados a la libertad y demuestra la fuerza política de la memoria colectiva. Finalmente, el capítulo VI presenta la virtù como capacidad fundadora y muestra cómo determinados individuos pueden transformar circunstancias históricas en nuevos órdenes políticos. El hilo conductor de todos estos capítulos es, entonces, la relación entre poder, circunstancia y capacidad política. Maquiavelo no considera que el poder sea algo estático. El poder se conquista, se pierde, se transforma y se conserva. Tampoco considera que todos los Estados puedan ser gobernados mediante las mismas estrategias. Las condiciones históricas importan. Las costumbres importan. Las instituciones importan. Las armas importan. Los conflictos sociales importan. La fortuna importa. Y, sobre todo, importa la capacidad del gobernante para comprender todas esas variables. Esta es la razón por la cual El príncipe puede ser considerado uno de los grandes puntos de partida del pensamiento político moderno. Su novedad no consiste simplemente en haber aconsejado acciones duras o incluso moralmente cuestionables. Su verdadera novedad está en haber convertido el funcionamiento efectivo del poder en un objeto específico de análisis.

    Maquiavelo obliga al lector a realizar una pregunta incómoda: si queremos comprender realmente la política, ¿debemos estudiarla a partir de los ideales que proclama o a partir de las acciones mediante las cuales efectivamente se mantiene?… La respuesta de El príncipe es contundente: para comprender el poder hay que mirar cómo funciona realmente. Por eso, detrás de los consejos dirigidos al príncipe aparece una teoría mucho más amplia sobre la política. El Estado no es solamente una comunidad jurídica o moral; es también una estructura de fuerzas. El gobernante no es solamente un individuo virtuoso; es un actor situado dentro de una red de conflictos. La conquista no es solamente una victoria militar; es el comienzo de un proceso de reorganización política. La libertad no es solamente una idea abstracta; puede convertirse en una memoria colectiva capaz de producir resistencia. Y la fortuna no es simplemente azar; es el conjunto de circunstancias que el actor político debe aprender a aprovechar. Desde esta perspectiva, los primeros capítulos de El príncipe no deben leerse como una simple enumeración de consejos para gobernantes renacentistas. Deben leerse como el comienzo de una investigación sobre una pregunta que continuará atravesando la historia de la teoría política: ¿qué hace que un poder sea realmente capaz de establecerse, mantenerse y sobrevivir?…La respuesta maquiaveliana comienza con una afirmación sencilla pero revolucionaria: no todos los Estados son iguales, no todos los gobernantes llegan al poder de la misma manera y, por lo tanto, no todos pueden gobernar de la misma manera. El verdadero conocimiento político consiste en reconocer esas diferencias y actuar de acuerdo con ellas.

    Así, los primeros capítulos preparan el camino para los grandes temas que aparecerán después: el problema de las armas propias y mercenarias, la relación entre crueldad y clemencia, la importancia de ser amado o temido, la necesidad de aparentar determinadas virtudes, la relación entre el príncipe y sus súbditos, la cuestión de los ministros y consejeros, la fortuna y, finalmente, la situación política de Italia.


    2_CAPITULO SEGUNDO, Formas de ejercito.

    Este Capítulo 2 lo podemos construir alrededor de los capítulos XII, XIII y XIV de El príncipe, pero en un desarrollo continuo, sin cortar el análisis en pequeños resúmenes. El eje será: qué tipos de ejércitos existen, de quién dependen, qué peligros implican y por qué Maquiavelo considera que las armas propias son uno de los fundamentos esenciales del Estado. En el capítulo XII establece cuatro categorías: tropas propias, mercenarias, auxiliares y mixtas. (Wikisource)

    2.1Las formas de tener ejércitos: armas propias, mercenarias, auxiliares y mixtas

    Una vez que Maquiavelo ha desarrollado las distintas formas mediante las cuales un príncipe puede adquirir un principado y ha explicado los problemas derivados de su conservación, comienza una nueva etapa de El príncipe: el análisis de las fuerzas militares que permiten sostener el poder político. El paso no es casual. Para Maquiavelo, la cuestión militar no constituye un aspecto secundario del gobierno, sino uno de los fundamentos mismos sobre los cuales descansa la existencia de cualquier Estado. Después de estudiar la adquisición y conservación de los principados, el autor considera necesario examinar las condiciones concretas que permiten defenderlos y, llegado el caso, expandirlos. Por eso afirma que entre los fundamentos de los Estados se encuentran las buenas leyes y las buenas armas, estableciendo una relación estrecha entre organización política y capacidad militar. (Wikisource)

    Esta afirmación permite comprender desde el comienzo una característica esencial del pensamiento maquiaveliano: un Estado que no posee medios propios para defenderse no es verdaderamente autónomo. Puede tener instituciones, leyes, territorio y un príncipe formalmente reconocido, pero si depende de fuerzas militares pertenecientes a otros, su seguridad queda condicionada por intereses externos. El problema militar se convierte, por lo tanto, en un problema de soberanía. Maquiavelo comienza clasificando las fuerzas militares de las que puede disponer un príncipe. Son cuatro: las tropas propias, las mercenarias, las auxiliares y las mixtas. Esta clasificación constituye el punto de partida para comprender toda su crítica militar. No todas las tropas son equivalentes, porque no todas responden a los mismos intereses ni poseen la misma relación con el Estado que las utiliza. (Wikisource)

    Las diferencias entre ellas no son simplemente técnicas. Lo verdaderamente importante para Maquiavelo es quién posee las armas, quién controla a los soldados, a quién obedecen y qué intereses defienden. En este sentido, la pregunta fundamental no es simplemente cuántos soldados tiene un príncipe, sino de quién son esos soldados, esta diferencia resulta decisiva. Un ejército puede ser numeroso y, sin embargo, representar una amenaza para el propio gobernante. Puede estar bien armado y ser, al mismo tiempo, políticamente inútil. Puede incluso obtener victorias y terminar colocando al príncipe en una situación de dependencia. Por eso Maquiavelo comienza una crítica sistemática contra aquellos Estados que confían su defensa a fuerzas que no les pertenecen.

    2.2 Las tropas mercenarias: el ejército sin patria política

    La primera gran categoría que Maquiavelo analiza es la de las tropas mercenarias. Los mercenarios son soldados que combaten a cambio de una remuneración. Su relación fundamental con el Estado no está basada en la pertenencia política, en la defensa de una comunidad o en la fidelidad hacia el príncipe, sino en el salario. Esta cuestión aparentemente económica tiene para Maquiavelo consecuencias políticas enormes. Si el soldado combate porque recibe dinero, entonces su compromiso con la guerra dependerá de la relación entre el beneficio obtenido y el riesgo asumido. En tiempos de paz puede resultar relativamente sencillo mantenerlo. Pero cuando aparece una guerra verdadera, donde existe la posibilidad concreta de morir, el vínculo económico puede resultar insuficiente.

    El mercenario no necesariamente comparte el destino del Estado que defiende Y aquí aparece uno de los problemas fundamentales. El ciudadano que combate por su propia comunidad tiene un interés directo en la supervivencia de esa comunidad. Si la ciudad es conquistada, él también puede perder sus bienes, su familia, sus derechos y su posición social. El soldado propio posee, por lo tanto, una motivación política que va más allá del salario. El mercenario, en cambio, puede retirarse, cambiar de bando o simplemente evitar los riesgos excesivos si considera que el beneficio no compensa el peligro.  Maquiavelo observa precisamente esta falta de vínculo, para él, las tropas mercenarias son peligrosas porque carecen de una relación orgánica con el Estado.

    No forman parte de la comunidad política, no comparten necesariamente sus intereses, no tienen el mismo motivo para defenderla Y por lo tanto, el príncipe que depende de ellas coloca su seguridad en manos de hombres cuyo interés principal es económico. Esta crítica debe entenderse además dentro de la realidad política de la Italia renacentista. En el contexto que Maquiavelo conocía, numerosos Estados italianos recurrieron a compañías militares profesionales y a condottieri, jefes militares que dirigían tropas contratadas. El sistema podía parecer conveniente porque permitía a los Estados evitar el costo político y social de mantener grandes fuerzas propias. Sin embargo, Maquiavelo veía en esa práctica una de las causas de la debilidad italiana. La contradicción era evidente: los Estados italianos querían seguridad sin asumir plenamente las responsabilidades necesarias para construir una fuerza militar propia, en lugar de crear ciudadanos soldados, contrataban especialistas de la guerra, el problema era que el Estado terminaba delegando una de sus funciones fundamentales y  para Maquiavelo, delegar la defensa significa también delegar una parte del poder político.

    2.3El peligro de los jefes mercenarios

    El problema se vuelve todavía mayor cuando Maquiavelo analiza a los comandantes de las tropas mercenarias. Un príncipe puede contratar a un jefe militar aparentemente competente. Sin embargo, esa misma competencia puede transformarse en una amenaza, si el jefe mercenario es mediocre, puede conducir al ejército a la derrota. Si es demasiado competente, puede adquirir un poder militar capaz de desafiar al propio príncipe, aquí aparece una paradoja profundamente maquiaveliana:

    el gobernante puede ser destruido tanto por la incompetencia de su comandante como por su exceso de poder. Un jefe militar incapaz no puede garantizar la defensa pero uno demasiado poderoso puede convertirse en rival a su vez El príncipe se encuentra entonces atrapado, Si entrega demasiado poder al comandante, corre el riesgo de crear un segundo centro de autoridad; si no le entrega suficiente poder, el ejército puede resultar ineficaz. La cuestión militar vuelve a transformarse en una cuestión de poder, por eso Maquiavelo considera preferible que el príncipe sea capaz de ejercer personalmente el mando y que no dependa completamente de figuras militares externas. El gobernante debe conocer la guerra y debe tener la capacidad de conducir sus propias fuerzas.

    Esto se conecta directamente con su idea de virtù desarrollada anteriormente.El príncipe virtuoso no es simplemente un administrador, debe ser capaz de comprender la guerra, debe conocer sus ejércitos, conocer el terreno, comprender las capacidades del enemigo y saber como organizar a sus hombres, parte del rol del principe es  asumir personalmente la responsabilidad de las decisiones fundamentales.

    2.4 Las tropas auxiliares: cuando el ejército pertenece a otro Estado

    Después de los mercenarios aparece una segunda categoría todavía más peligrosa: las tropas auxiliares.Las tropas auxiliares son aquellas que un príncipe recibe de otro gobernante para ayudarlo en una guerra. El caso paradigmático que utiliza Maquiavelo es el del papa Julio II, quien recurrió a fuerzas proporcionadas por Fernando de Aragón. A primera vista, las tropas auxiliares parecen superiores a las mercenarias, Poseen disciplina, tienen un mando definido, pertenecen a un Estado organizado, están acostumbradas a combatir Y pueden ser mucho más eficaces en el campo de batalla sin embargo, precisamente ahí se encuentra el peligro. Son eficaces porque pertenecen a otro poder el príncipe que las solicita está introduciendo en su propio territorio una fuerza militar cuyo mando último no le pertenece.

    Maquiavelo formula entonces una situación paradójica: si las tropas auxiliares son derrotadas, el príncipe pierde la guerra; pero si son victoriosas, queda en una situación de dependencia respecto de quien le prestó el ejército. Esta lógica aparece explícitamente en su análisis de las fuerzas auxiliares. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) la victoria puede ser tan peligrosa como la derrota. Esto resulta extraordinariamente importante, normalmente pensamos que el objetivo de un ejército es ganar.Para Maquiavelo, sin embargo, hay que preguntarse quién gana realmente cuando un ejército extranjero obtiene la victoria; si el príncipe vence gracias a las armas de otro gobernante, el verdadero beneficiario puede ser ese gobernante extranjero. La ayuda militar crea una deuda política el Estado que recibe tropas comienza a depender de la potencia que las proporciona Y esa dependencia puede convertirse en subordinación.

    2.5 El ejército auxiliar como instrumento de dominación

    La cuestión puede llevarse todavía más lejos. Un ejército extranjero que entra en un territorio para defender a un príncipe obtiene, al mismo tiempo, la capacidad material de controlar ese territorio, Si el príncipe pierde, el ejército extranjero puede abandonarlo. Pero si el príncipe gana, las tropas extranjeras continúan allí mientras sus intereses políticos pueden no coincidir con los del gobernante local. La ayuda militar, por lo tanto, nunca es completamente gratuita hay una relación de poder detrás de ella.Esto convierte a las tropas auxiliares en un instrumento potencial de dominación, el ejemplo de Maquiavelo adquiere todavía mayor importancia cuando se lo relaciona con la situación italiana de su época. Italia se encontraba fragmentada entre diferentes poderes políticos y se convirtió en escenario de intervención de grandes monarquías extranjeras. Franceses, españoles, alemanes y otras fuerzas participaron en los conflictos italianos.

    La incapacidad de los Estados italianos para defenderse con fuerzas propias permitía que las potencias extranjeras intervinieran, por eso la cuestión militar que analiza Maquiavelo no es solamente un problema técnico.Es una explicación de la debilidad política de Italia, Italia no estaba simplemente dividida estaba militarmente dependiente Y esa dependencia facilitaba la intervención extranjera.

    2.6 La experiencia de Ferrara, Julio II y el problema de la dependencia

    El caso de Julio II utilizado por Maquiavelo permite comprender esta lógica con claridad después de experimentar problemas con tropas mercenarias durante la campaña contra Ferrara, el papa recurrió a tropas auxiliares proporcionadas por Fernando de España. Maquiavelo utiliza este episodio como ejemplo de una decisión que puede parecer racional en el corto plazo pero que genera una dependencia peligrosa. El problema de fondo es que el príncipe intenta resolver una debilidad inmediata creando una dependencia futura. Es decir: la falta de ejército propio produce una necesidad urgente; la necesidad urgente produce dependencia; la dependencia produce vulnerabilidad política. Este mecanismo es fundamental para comprender el razonamiento de Maquiavelo, la política no debe evaluarse únicamente por sus resultados inmediatos, una decisión puede resolver un problema hoy y crear un problema mayor mañana.Por eso el príncipe debe pensar estratégicamente debe analizar las consecuencias de segundo orden. No basta con preguntar: “¿Esta alianza me permite ganar esta guerra?”

    Hay que preguntar: …“¿Qué posición ocuparé después de ganar esta guerra gracias a esta alianza?”

    Este es uno de los aspectos más modernos de la argumentación maquiaveliana.

    2.7 Las tropas mixtas

    La tercera posibilidad aparece cuando un Estado combina tropas propias con tropas extranjeras, mercenarias o auxiliares. Estas son las llamadas tropas mixtas, para Maquiavelo representan una situación intermedia. Son mejores que depender exclusivamente de fuerzas mercenarias o auxiliares porque existe una parte del ejército que pertenece al propio Estado, pero siguen siendo inferiores a las fuerzas completamente propias, la razón es que la dependencia continúa existiendo en si una parte del ejército es externa, una parte de la capacidad militar del Estado sigue dependiendo de intereses ajenos. El caso de Francia le sirve a Maquiavelo para demostrar esta situación. El ejército francés podía combinar fuerzas propias con tropas extranjeras, particularmente suizas, generando una estructura militar superior a una fuerza exclusivamente mercenaria pero todavía dependiente de elementos externos. (Antorcha) Aquí aparece una cuestión fundamental: la dependencia militar puede convertirse progresivamente en dependencia estructural, un estado puede acostumbrarse tanto a combatir con fuerzas extranjeras que termina perdiendo la capacidad de hacerlo por sí mismo,este fenómeno es especialmente peligroso porque no aparece necesariamente de inmediato. Al principio, contratar tropas extranjeras parece una solución eficiente, el problema con esto surge cuando esa solución se vuelve una costumbre. Entonces el Estado deja de invertir en sus propias capacidades a esto su ejército nacional se debilita, su conocimiento militar disminuye, sus comandantes pierden experiencia Y la dependencia se profundiza. Maquiavelo observa precisamente este proceso.

    2.8 Las armas propias: el verdadero fundamento del Estado

    Frente a las tres formas anteriores aparece la cuarta categoría: las armas propias,aquí se encuentra la solución que Maquiavelo considera verdaderamente segura, Las tropas propias son aquellas que pertenecen al Estado y están bajo su control directo.No dependen de otro príncipe junto a esto no combaten únicamente por dinero. No responden a una autoridad extranjera, formando parte de la estructura política del propio Estado. Para Maquiavelo, esta es la única base realmente sólida de la seguridad política, la razón es que el ejército propio permite que el príncipe sea dueño de su fuerza Y aquí encontramos una de las ideas centrales de todo este capítulo:

    quien no controla sus propias armas tampoco controla plenamente su propio Estado.

    Las armas son la capacidad material que permite hacer cumplir las decisiones políticas. Las leyes pueden establecer derechos y obligaciones, pero necesitan una autoridad capaz de garantizar su cumplimiento, a su ves el Estado necesita instituciones. Pero las instituciones necesitan una fuerza que las sostenga. Por eso se vincula las buenas leyes con las buenas armas, a pesar de eso esto no significa que la violencia sea superior a la ley. Significa que la ley, para existir como institución efectiva, necesita una estructura política capaz de defenderla.

    2.9 Ejército y soberanía

    Aquí podemos dar un paso más y relacionar el pensamiento de Maquiavelo con el concepto de soberanía. Aunque Maquiavelo todavía no formula el concepto de soberanía en el sentido moderno que desarrollará posteriormente Jean Bodin, su análisis contiene un problema muy cercano: ¿quién posee la capacidad última de ejercer la fuerza dentro de un territorio? Si la respuesta es otro príncipe, el Estado no es completamente independiente. aunque si la respuesta es una compañía mercenaria, el Estado depende de intereses privados. En tanto un ejército extranjero, debilita  la autonomía política y esta misma queda comprometida. Si la respuesta es el propio Estado, entonces existe una base material para la independencia es por eso el ejército propio no es solamente una herramienta militar no es solo eso si no es a su vez una institución de soberanía. La capacidad de defenderse por sí mismo constituye una dimensión fundamental de la autonomía política.

    2.10 La guerra como responsabilidad del príncipe

    En el capítulo XIV Maquiavelo profundiza todavía más esta cuestión y explica qué debe hacer el príncipe respecto del arte de la guerra, la conclusión es contundente: un príncipe no puede desentenderse de la guerra. Debe estudiarla permanentemente, practicarla, conocerla e incluso en tiempos de paz debe prepararse para ella esto no significa que Maquiavelo recomiende vivir permanentemente en guerra. Si no a su vez significa que el gobernante que ignora la guerra deja de estar preparado para defender su Estado. La paz no elimina la necesidad de preparación militar si no a su vez al contrario, la paz debe ser utilizada para fortalecer las capacidades que serán necesarias cuando llegue la crisis.

    Aquí aparece nuevamente la importancia de la previsión. El príncipe no debe esperar a que aparezca el enemigo para comenzar a preparar su ejército, debe prepararse antes ya que la política efectiva es preventiva.

    2.11 El príncipe como soldado y estratega

    Maquiavelo considera que el príncipe debe conocer el arte militar tanto desde un punto de vista práctico como intelectual. Debe aprender a recorrer los territorios, conocer los caminos de su reino, estudiar los ríos, analizar las montañas.Comprender las posiciones estratégicas imaginar las posibles debilidades y enfrentamientos, estudiar la historia de las guerras anteriores, las perdidas y las victorias no cometer los errores del pasado, a su vez cualquier gobernante debe pensar en como desarrolar una especie de pensamiento militar permanente, sin perder ante todo la astucia, virtud y el poder necesario para emplearla. Esta exigencia se relaciona directamente con la idea de virtù, el príncipe no puede depender completamente de especialistas aun asi es del criterio del principe tener generales de confianza, saber y elejir a los consejeros que lo guien por un buen camino de virtud sin corromper al principe, parte de la grandeza de estos depende de los soldados que darian la vida por tar, la busqueda de soldados profesionales es lo basico que debe de tener cualquier principe o gobernante, aun asi como lo antes mencionamos la decisión política última debe permanecer en el gobernante. Porque el ejército es demasiado importante como para ser delegado por completo y puede ser lo suficientemente fuerte como para que se dependa siempre de este.

    2.12 La preparación en tiempos de paz

    Una de las ideas más interesantes del capítulo XIV es la necesidad de utilizar los tiempos de paz para prepararse para la guerra a su vez para conocer el verdadero rostro de sus generales en tiempos que no necesite de ellos, con esto puedo decir que la paz no significa ausencia de política. La paz es el momento en el cual se construyen las capacidades que permitirán sobrevivir a la guerra, esto puede expresarse de una manera sencilla:

    la guerra se gana muchas veces antes de comenzar.

    No necesariamente porque el enemigo sea derrotado previamente, sino porque la preparación determina las posibilidades de éxito.Un Estado con instituciones fuertes, soldados entrenados, recursos suficientes, conocimiento del territorio y liderazgo competente posee mayores posibilidades de resistir una crisis. Un Estado que comienza a organizarse cuando la guerra ya ha llegado probablemente estará condenado a depender de otros.Por eso Maquiavelo insiste en la preparación.

    2.13 La relación entre ejército y Estado

    El análisis militar también permite observar una idea más amplia sobre el Estado. Para Maquiavelo, un Estado no es solamente un territorio gobernado por una autoridad, es a su vez esto  una estructura organizada capaz de defenderse. Esto implica que el ejército no es una institución separada del Estado,formando  parte de su estructura. El  que posee un ejército propio puede actuar y el que no carece de ejercitos lastimosamente  carece de él y debe negociar con el que si. El Estado que depende de mercenarios debe pagar y el  que depende de auxiliares debe pedir ayuda.

    El que posee armas propias puede decidir. Aquí se encuentra la diferencia fundamental entre capacidad política y autoridad formal en tanto un príncipe puede ser reconocido como soberano, pero si no dispone de los medios para imponer o defender sus decisiones, su autoridad puede ser puramente nominal. Maquiavelo está interesado precisamente en la autoridad efectiva.

    2.14 La crítica a la comodidad política

    En el fondo de toda esta argumentación existe también una crítica a la comodidad. Los gobernantes pueden preferir contratar soldados porque resulta más fácil, resulta más sencillo pagar a un ejército profesional que construir una institución militar propia.Es más sencillo pedir ayuda a un aliado que organizar una fuerza nacional,  depender de otro Estado que asumir el costo de construir autonomía.Pero para Maquiavelo esta comodidad tiene un precio. La comodidad presente produce debilidad futura. El gobernante que evita el esfuerzo de construir capacidades propias está trasladando el problema hacia adelante Y cuando llegue la crisis, esa debilidad aparecerá. Por eso la política de Maquiavelo exige sacrificios, la seguridad no se compra solamente con dinero esta  autonomía debe construirse.

    2.15 El caso italiano: una advertencia histórica

    Todo este análisis adquiere mayor sentido cuando lo relacionamos con la situación de Italia. Maquiavelo escribe en un contexto caracterizado por la fragmentación política y la intervención de potencias extranjeras. Los Estados italianos tenían importantes riquezas, ciudades desarrolladas, tradición cultural e instituciones políticas complejas. Sin embargo, carecían de una estructura militar unificada capaz de garantizar su independencia frente a las grandes monarquías europeas, esto constituía una contradicción histórica; Italia podía tener cultura, riqueza, grandes ciudades, diplomáticos hábiles.Pero si no podía defenderse militarmente, quedaba expuesta por eso su crítica de los ejércitos mercenarios debe interpretarse como una crítica de la política italiana de su tiempo. No se trata solamente de decir que los mercenarios eran malos soldados. Se trata de afirmar que la dependencia militar había contribuido a la debilidad política de Italia. En este sentido, el problema militar es también un problema nacional que no debe de hacerse vista ciega.

    2.16 De las armas a la unidad política

    La reflexión militar de Maquiavelo comienza a conducirnos hacia un problema todavía mayor: la necesidad de construir una unidad política capaz de defender el territorio. Esta cuestión será fundamental hacia el final de El príncipe, especialmente en el capítulo XXVI, donde aparece la exhortación a liberar y unificar Italia. Los capítulos sobre las armas preparan ese argumento.Maquiavelo está construyendo progresivamente la idea de que Italia necesita dejar de depender de fuerzas extranjeras y construir su propia capacidad militar, El ejército propio se convierte así en una herramienta de unificación, No se trata solamente de defender un principado…se trata de construir un poder político autónomo.

    2.17 Los cuatro tipos de ejércitos

    Podemos sintetizar entonces la clasificación maquiaveliana de la siguiente manera.

    Las tropas propias son aquellas que pertenecen al Estado y constituyen la forma más segura de defensa. Representan autonomía, control y estabilidad.

    Las tropas mercenarias son fuerzas contratadas a cambio de dinero. Su principal problema es que su vínculo con el Estado es económico y no político, lo que las vuelve inseguras y potencialmente desleales.

    Las tropas auxiliares son fuerzas pertenecientes a otro príncipe o Estado que son enviadas para ayudar. Pueden ser eficaces militarmente, pero generan una dependencia política todavía mayor porque el gobernante que las recibe queda expuesto al poder de quien las controla.

    Las tropas mixtas combinan fuerzas propias con fuerzas externas. Son mejores que depender exclusivamente de mercenarios o auxiliares, pero continúan siendo inferiores a un ejército plenamente propio porque mantienen una dimensión de dependencia.

    Por lo tanto, existe una especie de jerarquía:

    propias → mixtas → mercenarias → auxiliares, aunque Maquiavelo considera especialmente peligrosas las auxiliares debido a su unidad y al poder que conserva el príncipe que las proporciona.

    La cuestión fundamental no es simplemente la calidad militar de cada ejército, sino su relación con la autonomía del Estado.

    2.18 El verdadero significado de las armas propias

    Llegados a este punto podemos comprender que cuando Maquiavelo defiende las armas propias no está hablando únicamente de soldados nacionales. Está defendiendo una concepción completa del Estado, Un Estado fuerte necesita producir sus propios medios de defensa.Necesita formar soldados, formar comandante, conocer su territorio, desarrollo de instituciones militares, recursos, disciplina, liderazgo Y, sobre todo, necesita evitar que la defensa de su existencia quede en manos de otros. Las armas propias representan entonces la materialización de la autonomía política.

    2.19 Conclusión del capítulo

    El análisis de las formas de tener ejércitos en El príncipe permite comprender que para Maquiavelo la guerra no es un aspecto separado de la política. Es una de las condiciones materiales que hacen posible la existencia misma del Estado. El príncipe que carece de armas propias se encuentra permanentemente expuesto.Si utiliza mercenarios, depende de hombres que combaten principalmente por dinero, Si utiliza tropas auxiliares, depende de otro príncipe, Si utiliza tropas mixtas, mantiene parcialmente esa dependencia. Solamente las armas propias permiten construir una relación directa entre Estado, gobernante y fuerza militar. Por eso el problema militar se convierte en un problema de soberanía, Maquiavelo no pregunta únicamente qué ejército puede ganar una batalla. Pregunta qué ejército permite que un Estado siga siendo dueño de su destino después de la batalla.

    Esta diferencia es fundamental, un ejército extranjero puede ganar una guerra. Un ejército mercenario puede conquistar una ciudad, un ejército auxiliar puede derrotar a un enemigo. Pero ninguna de esas victorias garantiza que el príncipe conserve el control político. La verdadera victoria, desde la perspectiva maquiaveliana, consiste en construir una fuerza capaz de defender el Estado sin convertirlo en dependiente de otro. De esta manera, los capítulos XII, XIII y XIV continúan directamente la problemática planteada en los primeros capítulos. Antes habíamos visto que la conquista no equivale a la conservación del poder. Ahora descubrimos una de las condiciones fundamentales para conservarlo: poseer los instrumentos propios de la fuerza. La virtù del príncipe no consiste entonces solamente en saber conquistar.

    Debe saber construir.

    Debe construir instituciones.

    Debe construir alianzas cuando sean necesarias.

    Debe construir autoridad.

    Y, sobre todo, debe construir una capacidad militar propia. El príncipe que depende permanentemente de otros puede poseer un territorio, pero no posee plenamente su seguridad. En cambio, el príncipe que dispone de armas propias posee una de las bases materiales fundamentales de su autonomía. Por eso, detrás de la clasificación de tropas que realiza Maquiavelo existe una tesis política mucho más profunda:

    la independencia política requiere capacidad propia para defenderse.

    Y esta idea será fundamental para comprender el desarrollo posterior del pensamiento político moderno, porque en ella comienza a aparecer con claridad una concepción del Estado como una organización que no solamente gobierna mediante leyes, sino que posee los medios materiales necesarios para hacerlas efectivas, defender su territorio y sostener su autoridad. En consecuencia, los capítulos XII, XIII y XIV no deben ser entendidos simplemente como un tratado militar insertado dentro de El príncipe. Constituyen una parte esencial de la teoría política de Maquiavelo. El ejército aparece como una expresión concreta de la estructura del poder y como uno de los principales indicadores de la verdadera autonomía de un Estado. El problema de las armas es, finalmente, el problema del poder Y el problema del poder es el problema de quién puede decidir, quién puede imponer esa decisión y, sobre todo, quién posee los medios para defenderla cuando otros intentan impedirla.


    3.1 CONCLUSIONES FINALES & Relaciones actuales.

    Al finalizar el análisis de las formas de adquirir y conservar el poder y, posteriormente, de las distintas formas mediante las cuales un príncipe puede disponer de fuerzas militares, podemos comprender que El príncipe de Nicolás Maquiavelo no constituye únicamente una obra destinada a explicar la política de los Estados italianos del Renacimiento, sino que plantea problemas que continúan presentes, aunque bajo formas completamente diferentes, en la política internacional contemporánea. Naturalmente, las estructuras políticas, económicas, militares y tecnológicas del siglo XXI son radicalmente diferentes de aquellas existentes en la Italia de Maquiavelo, pero determinadas preguntas permanecen sorprendentemente vigentes: ¿quién posee la capacidad de defender al Estado?, ¿de quién dependen sus armas?, ¿qué ocurre cuando un país necesita recurrir a otro para garantizar su seguridad?, ¿hasta qué punto una alianza fortalece a un Estado y en qué momento comienza a generar dependencia?, ¿qué significa realmente ser políticamente independiente?

    En los capítulos dedicados a las armas, Maquiavelo parte de una premisa fundamental: las buenas leyes necesitan buenas armas. Esta afirmación no debe entenderse simplemente como una exaltación de la violencia o como una defensa de la guerra permanente. Lo que el autor está señalando es que ningún orden político puede sostenerse únicamente sobre principios jurídicos abstractos si carece de los medios materiales necesarios para defenderlos. Un Estado puede tener leyes, instituciones, diplomacia y reconocimiento internacional, pero si no posee capacidad suficiente para proteger su territorio y sus intereses, su autonomía puede verse limitada. Para Maquiavelo, por lo tanto, la fuerza militar constituye uno de los fundamentos materiales de la autoridad política. Esta idea permite realizar una ampliación fundamental del análisis. Si para Maquiavelo la dependencia militar constituye una amenaza para la autonomía política, en el mundo contemporáneo debemos reconocer que no solamente las armas pueden generar dependencia. También pueden hacerlo la energía, los alimentos, las materias primas, la tecnología, los semiconductores, las redes de comunicación y las cadenas industriales. En otras palabras, la lógica maquiaveliana puede extenderse desde las armas hacia todas aquellas capacidades consideradas estratégicas para la supervivencia y autonomía de un Estado.

    Uno de los ejemplos más claros de esta problemática puede encontrarse en Europa y su histórica dependencia del gas ruso. Durante décadas, una parte importante de la economía europea se benefició del acceso al gas natural procedente de Rusia, especialmente mediante grandes redes de gasoductos que conectaban los centros de producción rusos con los mercados europeos. Desde una perspectiva puramente económica, esta relación podía parecer conveniente: Rusia disponía de un enorme recurso energético y Europa necesitaba energía abundante para su industria, calefacción y generación eléctrica. Sin embargo, desde una perspectiva maquiaveliana, el problema aparece cuando una necesidad económica fundamental queda vinculada a un proveedor externo que puede utilizar esa relación como instrumento de poder. La cuestión no era simplemente que Europa comprara gas a Rusia. El problema estratégico era que determinadas economías europeas habían construido una parte importante de su funcionamiento energético sobre la continuidad de ese suministro. Mientras las relaciones políticas fueran relativamente estables, la dependencia podía permanecer oculta detrás de una relación comercial aparentemente beneficiosa. Pero cuando las relaciones entre Rusia y Occidente se deterioraron profundamente y, especialmente, después de la invasión rusa de Ucrania en 2022, aquella dependencia energética adquirió una dimensión geopolítica mucho más evidente.

    Desde la lógica de Maquiavelo, aquí encontramos una situación comparable a la de las tropas auxiliares. Un Estado o conjunto de Estados puede utilizar un recurso proporcionado por otro porque resulta conveniente y barato, pero esa misma conveniencia puede generar una dependencia. Mientras el suministro continúa, la dependencia parece invisible; cuando el suministro se interrumpe o se convierte en un instrumento de presión, la verdadera relación de poder se hace evidente. La Unión Europea reconoció precisamente este problema y comenzó a desarrollar el programa REPowerEU para reducir y finalmente eliminar su dependencia energética de Rusia. En enero de 2026 los Estados miembros adoptaron formalmente una regulación destinada a eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso, tanto por gasoducto como en forma de gas natural licuado. La normativa establece una eliminación progresiva y permanente, con el objetivo de terminar con las importaciones de GNL ruso a finales de 2026 y con las importaciones de gas ruso por gasoducto a más tardar en 2027. (Energy)

    Este proceso resulta particularmente interesante desde el pensamiento de Maquiavelo porque demuestra que la autonomía política requiere reducir las dependencias estratégicas. Europa no pretende simplemente dejar de comprar gas ruso por una cuestión comercial, sino disminuir la posibilidad de que una potencia externa pueda convertir la energía en un instrumento de presión política. La diversificación de proveedores, el desarrollo de energías renovables, el aumento de las reservas y la construcción de nuevas infraestructuras energéticas forman parte de una estrategia destinada a recuperar margen de decisión. La analogía con las armas propias resulta entonces evidente. Para Maquiavelo, un príncipe que depende de tropas ajenas puede ganar una batalla, pero su seguridad queda vinculada a quien controla esas tropas. En el caso europeo, una economía que depende excesivamente de un proveedor extranjero puede obtener energía barata, pero queda expuesta a las decisiones políticas de ese proveedor. En ambos casos aparece la misma estructura: una necesidad interna genera una dependencia externa y esa dependencia puede transformarse posteriormente en una vulnerabilidad política.

    Sin embargo, es importante realizar una distinción histórica. En 2026 no puede afirmarse simplemente que Europa continúe dependiendo del gas ruso de la misma manera que antes de 2022. Precisamente uno de los principales cambios producidos desde entonces ha sido la reducción de esa dependencia. La propia Unión Europea señala que su estrategia energética está orientada a eliminar progresivamente todas las importaciones de energía fósil procedentes de Rusia. (Energy) Por lo tanto, el ejemplo no demuestra solamente una dependencia, sino también un proceso de reconstrucción de autonomía estratégica. Esto es muy importante para nuestro análisis porque permite introducir nuevamente el concepto de virtù. Europa no puede controlar completamente la fortuna internacional: no puede decidir cuándo aparece una guerra, cuándo cambia la política rusa o cuándo una crisis energética afecta los mercados internacionales. Pero puede intentar modificar sus propias condiciones de vulnerabilidad. Puede diversificar sus proveedores, desarrollar fuentes alternativas de energía, aumentar sus reservas y transformar su infraestructura. Esa capacidad de adaptación frente a circunstancias adversas constituye una forma contemporánea de virtù.

    La misma lógica aparece en el ámbito militar, aunque de una manera diferente. Europa no solamente ha dependido históricamente de Estados Unidos para determinados aspectos de su seguridad estratégica, sino que sus miembros también han adquirido una cantidad considerable de armamento estadounidense. Según análisis recientes basados en datos del Stockholm International Peace Research Institute, Estados Unidos representó aproximadamente el 58 % de las importaciones de armas de los miembros europeos de la OTAN durante el período 2021-2025. (ECFR) Esta cifra no significa que la OTAN sea simplemente un instrumento mediante el cual Estados Unidos controla militarmente a Europa, ni que los países europeos carezcan de industria de defensa. Europa posee importantes empresas y capacidades militares propias. Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Suecia y otros países poseen industrias capaces de producir aviones, misiles, vehículos blindados, sistemas navales y otros equipamientos. Además, la propia OTAN está impulsando nuevas iniciativas para ampliar la producción industrial europea y transatlántica. En julio de 2026, los aliados anunciaron nuevas iniciativas de cooperación industrial y adquisiciones multinacionales, especialmente en defensa aérea y sistemas de ataque. (OTAN)

    Pero justamente aquí aparece el problema maquiaveliano de fondo. La cuestión no consiste simplemente en saber si Europa tiene armas propias. La pregunta es qué capacidades fundamentales controla realmente Europa y cuáles dependen de Estados Unidos. La diferencia es fundamental.

    Un Estado puede comprar un avión de combate extranjero y seguir siendo soberano. Pero si no posee capacidad para mantenerlo, modernizarlo, obtener sus repuestos, acceder a determinados sistemas de software o garantizar el suministro de municiones, su autonomía estratégica es menor. Del mismo modo, un país puede adquirir un sistema avanzado de defensa aérea, pero si su producción y mantenimiento dependen de otro Estado, existe una relación de dependencia que debe ser considerada. Esto permite actualizar de manera extraordinariamente precisa la crítica de Maquiavelo a las tropas auxiliares. En el siglo XVI, el problema consistía en llamar a un ejército extranjero para defender el propio territorio. En el siglo XXI, la dependencia puede ser mucho más sofisticada: un país puede poseer físicamente el sistema militar, tener soldados propios y conservar formalmente el control sobre sus fuerzas, pero depender de otro Estado para los repuestos, el mantenimiento, las actualizaciones, las municiones, la inteligencia o los componentes tecnológicos. La dependencia, por lo tanto, ya no necesita aparecer en forma de soldados extranjeros ocupando una ciudad. Puede encontrarse incorporada dentro del propio sistema de armas.

    Esta es una de las transformaciones más importantes de la guerra moderna.

    El ejército propio del siglo XXI no es solamente un conjunto de soldados nacionales. Es un complejo sistema industrial y tecnológico.Por eso la autonomía militar contemporánea requiere industria, investigación científica, tecnología, producción de municiones, capacidad logística, inteligencia y acceso a materias primas estratégicas. Las armas propias de Maquiavelo se transforman en el presente en capacidades estratégicas propias. Europa está intentando precisamente reducir algunas de estas vulnerabilidades. La guerra de Ucrania aceleró el debate sobre la necesidad de desarrollar una mayor capacidad europea de defensa. Los países europeos incrementaron fuertemente su gasto militar y la OTAN informa que los aliados europeos y Canadá aumentaron cerca de un 20 % su gasto básico de defensa en 2025 respecto de 2024. (OTAN) Además, en 2025 los aliados acordaron elevar progresivamente la inversión en defensa hasta alcanzar el 5 % del PIB para 2035, incluyendo tanto capacidades militares como infraestructura, resiliencia, innovación y desarrollo industrial. (OTAN)

    Esto resulta particularmente interesante porque muestra que Europa está intentando responder simultáneamente a dos problemas que Maquiavelo habría considerado relacionados: la dependencia energética y la dependencia militar. En el ámbito energético, Europa intenta disminuir su dependencia de Rusia. En el ámbito militar, intenta incrementar sus propias capacidades sin abandonar la alianza con Estados Unidos. En ambos casos aparece una misma búsqueda: reducir la vulnerabilidad estratégica. Esto no significa que Europa quiera separarse completamente de Estados Unidos. De hecho, la OTAN continúa siendo una alianza central para la seguridad europea y norteamericana. Lo que está cambiando es la distribución de responsabilidades dentro de esa alianza. La propia OTAN afirma que los aliados europeos y Canadá están asumiendo una responsabilidad creciente y que se está expandiendo la producción industrial de defensa dentro de la alianza. (OTAN) Desde una perspectiva maquiaveliana, podríamos decir que Europa está intentando pasar de una situación de dependencia relativa a una situación de interdependencia más equilibrada.

    Esta diferencia es esencial.

    La dependencia implica que un actor posee una capacidad que el otro necesita y que difícilmente puede reemplazar. La interdependencia significa que ambos actores necesitan determinadas capacidades del otro, pero poseen suficiente margen para negociar y modificar la relación, Maquiavelo probablemente consideraría mucho más segura la segunda situación. El problema no consiste en necesitar a otros Estados. Ningún Estado moderno puede ser completamente autosuficiente. El problema aparece cuando la necesidad se transforma en incapacidad. Por eso la pregunta fundamental ya no debería ser «¿Europa depende de Estados Unidos?», sino «¿en qué áreas depende de Estados Unidos y qué capacidad posee para sustituir esas dependencias si fuera necesario?».Esta formulación es mucho más cercana al realismo político de Maquiavelo.

    La misma pregunta puede aplicarse al gas ruso. Europa podía importar gas de Rusia durante décadas porque resultaba económicamente conveniente. El problema apareció cuando descubrió que no podía sustituir rápidamente ese suministro sin costos económicos y sociales significativos. La lección política fue entonces que la eficiencia económica no siempre equivale a seguridad estratégica.

    Un recurso puede ser barato y, al mismo tiempo, generar vulnerabilidad.

    Una alianza puede ser beneficiosa y, al mismo tiempo, generar dependencia.

    Una tecnología puede ser superior y, al mismo tiempo, limitar la autonomía del comprador.

    Esta es probablemente una de las enseñanzas más actuales que podemos extraer de Maquiavelo. El gobernante no debe evaluar una decisión únicamente por su beneficio inmediato. Debe preguntarse qué consecuencias tendrá sobre su capacidad futura de decisión.El gas barato puede beneficiar a una economía hoy, pero ¿qué sucede si el proveedor utiliza ese suministro como instrumento de presión?

    Un sistema de armas avanzado puede mejorar inmediatamente las capacidades militares, pero ¿qué ocurre si el proveedor controla los repuestos, el mantenimiento o las actualizaciones?/ Una alianza puede proporcionar seguridad inmediata, pero ¿qué ocurre si las prioridades estratégicas del aliado cambian?

    Estas son preguntas esencialmente maquiavelianas porque obligan a pensar más allá del resultado inmediato. El príncipe debe mirar hacia adelante. Debe considerar las consecuencias de sus decisiones, evitar resolver un problema presente creando una dependencia futura.En este sentido, el caso europeo constituye uno de los mejores ejemplos contemporáneos para comprender el pensamiento de Maquiavelo.

    Durante años, Europa obtuvo energía rusa. Paralelamente, Europa construyó su seguridad dentro de una estructura atlántica en la cual Estados Unidos desempeñaba un papel militar fundamental, ambas relaciones eran funcionales y beneficiosas en determinados aspectos. Pero también generaron dependencias cuando las circunstancias internacionales cambiaron, esas dependencias se convirtieron en vulnerabilidades. La respuesta europea ha sido entonces aumentar su autonomía energética y, progresivamente, su autonomía militar-industrial.

    Esta reacción puede interpretarse como un proceso de aprendizaje estratégico. La fortuna cambió, Europa tuvo que adaptarse Y esa adaptación constituye precisamente la capacidad que Maquiavelo denominaba virtù. En consecuencia, el análisis de los ejércitos nos conduce a una conclusión mucho más amplia. Maquiavelo no está hablando únicamente de soldados. Está hablando de capacidades propias. Las tropas propias son importantes porque permiten al príncipe controlar la fuerza. Pero el principio puede extenderse: una economía necesita controlar determinadas fuentes de energía; un Estado necesita controlar sus infraestructuras críticas; una sociedad tecnológica necesita preservar capacidades científicas; una potencia militar necesita garantizar sus cadenas logísticas; y una alianza necesita evitar que la distribución desigual de capacidades se convierta en subordinación política. Por eso, si trasladamos El príncipe al siglo XXI, podríamos reformular una de sus principales enseñanzas de la siguiente manera: un Estado es más libre cuanto mayor es su capacidad para sostener sus decisiones sin depender de manera crítica de la voluntad de otro Estado.

    Esto no implica autarquía.

    No significa fabricar absolutamente todo dentro de las fronteras nacionales.

    No significa rechazar alianzas.

    No significa abandonar el comercio internacional.

    Significa conocer las propias vulnerabilidades y evitar que una dependencia estratégica pueda transformarse en una forma de coerción.

    Europa parece estar aprendiendo precisamente esa lección. La experiencia del gas ruso mostró que la dependencia energética podía convertirse en un problema de seguridad. La experiencia de la guerra de Ucrania mostró que la capacidad militar requiere reservas, industria, producción y tecnología, dependencia de determinados sistemas estadounidenses demuestra que una alianza puede ser indispensable y, al mismo tiempo, plantear debates sobre autonomía estratégica. Por eso el proceso europeo actual puede entenderse como una búsqueda de equilibrio entre alianza y autonomía, cooperación e independencia, eficiencia económica y seguridad estratégica, Y aquí encontramos nuevamente la vigencia de Maquiavelo.

    El problema nunca fue simplemente tener armas, el problema era quién las controlaba. Tampoco se trata simplemente de tener gas, la cuestión es quién controla el suministro.No se trata simplemente de pertenecer a una alianza. La pregunta es qué capacidad conserva cada miembro dentro de ella.

    En definitiva, la política internacional contemporánea continúa demostrando que la dependencia material puede convertirse en dependencia política cuando afecta recursos estratégicos. Maquiavelo observó este fenómeno en la Italia renacentista a través de los ejércitos mercenarios y auxiliares. Europa lo experimentó mediante la energía rusa y continúa enfrentándolo en el terreno de la defensa y la tecnología militar. La diferencia es que las formas de dependencia se han vuelto mucho más complejas. Ya no hace falta que un ejército extranjero cruce la frontera para limitar la autonomía de un Estado. Puede bastar con que una cadena de suministro se interrumpa, bastar con que un proveedor suspenda determinadas entregas,con que una potencia controle una tecnología esencial, con que un país carezca de la capacidad industrial necesaria para reponer sus armas. Por eso la autonomía estratégica se ha convertido en una de las grandes cuestiones de la política y geopolitica contemporánea del siglo XX al XXI y lo que derivara del XXI al XXII si se continua por la misma dinamica.

    Maquiavelo probablemente comprendería perfectamente este problema. Porque, en última instancia, su pregunta continúa siendo la misma: ¿puede un Estado decidir libremente si carece de los medios necesarios para sostener su decisión?

    La respuesta es que su libertad política será siempre relativa. Por eso la gran enseñanza que podemos extraer de estos capítulos de El príncipe es que el poder no se conserva únicamente mediante leyes, discursos o legitimidad. Necesita capacidades materiales. Y esas capacidades deben ser suficientemente propias como para permitir al Estado resistir los cambios de la fortuna.

    En el siglo XVI esas capacidades eran principalmente las armas y los ejércitos.

    En el siglo XXI incluyen energía, tecnología, industria, inteligencia, infraestructura, finanzas, producción militar y alianzas, junto a lo visto en las guerras modernas como el uso del interney la IA.

    El principio, sin embargo, permanece.

    La independencia política necesita una base material que la sostenga Y cuanto más estratégica sea esa base material, mayor será el peligro de que su dependencia pueda transformarse en una herramienta de presión. Así, el gas ruso y las armas estadounidenses no son fenómenos idénticos ni deben ser tratados como equivalentes absolutos. La relación energética entre Europa y Rusia fue una dependencia de suministro que la UE está desmantelando progresivamente y esperemos que logre; la relación militar entre Europa y Estados Unidos es una alianza institucionalizada aunque en la actuali, dentro de la cual existe una importante dependencia tecnológica y de armamento, pero también una creciente inversión europea destinada a reducir determinadas vulnerabilidades. Precisamente esta diferencia hace que ambos casos sean todavía más útiles para comprender a Maquiavelo: la dependencia no tiene una única forma y debe analizarse según las capacidades concretas que están en juego. La conclusión final, entonces, puede formularse de la siguiente manera: un Estado no necesita vivir aislado para ser independiente, pero necesita poseer suficientes capacidades propias para que la cooperación con otros sea una elección y no una necesidad absoluta. Cuando la cooperación es elegida desde una posición de capacidad, puede convertirse en una fuente de poder. Cuando la cooperación se vuelve indispensable porque no existe alternativa, puede transformarse en dependencia. Esta es la esencia de la lección maquiaveliana.

    La fortuna cambia.

    Los aliados cambian.

    Los enemigos cambian.

    Los mercados cambian.

    Las tecnologías cambian.

    Pero aquellos Estados que poseen capacidades propias tienen mayores posibilidades de adaptarse a esos cambios. Por eso, más de cinco siglos después de la escritura de El príncipe, la pregunta de Maquiavelo continúa siendo extraordinariamente actual: no basta con preguntarse quién gobierna; hay que preguntarse qué capacidad tiene ese gobierno para sostener sus decisiones cuando las circunstancias cambian.

    Y allí se encuentra la verdadera relación entre las armas, la energía y la política: todas ellas constituyen dimensiones distintas de un mismo problema, el problema de la autonomía efectiva del Estado. y el descubrimiento de que un aliado puede ser un gran estado genocida carente de las virtudes de los buenos principe y rozando con ciertos absolutismos que incluso el propio maquiavelo menciono y trabajo para estos durante su extensa vida y obra, siendo este libro y el arte de la guerra sus dos obras mas interesantes si deseamos ver como funcionaba y a veces sigue funcionando los procesos de alianzas, guerras, colonizaciones y desigualdades entre el señor feudal de turno que nos gobierna y la mayoria de pobladores cervos de la gleva.



    BIBLIOGRAFIA .

    Material usado para la investigacion.:

    Maquiavelo, Nicolás (2002). El príncipe. El Ateneo.

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    3.   Archivo de la Obra de Santa María del Fiore, Libros de bautismos: El día 4 de mayo de 1469, Niccolò Piero y Michele, hijos de Bernardo Machiavelli, de la parroquia de Santa Trinita, nacieron el día 3 a las 4 horas y fueron bautizados el día 4.

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    6. «Nelli, Bartolomea de’ – Enciclopedia». Treccani (en italiano). Consultado el 15 de enero de 2025.

    7.Giovanni Villani, en su Cronica Universale, ofrece una visión detallada de la historia de Florencia desde sus orígenes hasta su época, incluyendo acontecimientos políticos y sociales de relevancia.

    8.El Libro de los Recuerdos abarca desde el 30 de septiembre de 1474 hasta el 19 de agosto de 1487.Battista Nelli, G. (1753). Discorsi di Architettura.

    9. Battista Nelli, G. (1753). Discorsi di Architettura.

    10. Skinner, 2008.

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    14. L. Canfora (2002). Noi e gli antichi. Milán, Italia, pp. 16, 22, 121.

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    16.Corrado, V. (2013). Niccolò Machiavelli: An Intellectual Biography. Princeton: Princeton University Press. doi:10.2307/j.ctv1qgnq63.

    17. Texto original en italiano: «Della persona fu ben proporzionato, di mezzana statura, di corporatura magro, eretto nel portamento con piglio ardito. I capelli ebbe neri, la carnagione bianca ma pendente all’ulivigno; piccolo il capo, il volto ossuto, la fronte alta. Gli occhi vividissimi e la bocca sottile, serrata, parevano sempre un poco ghignare. Di lui più ritratti ci rimangono, di buona fattura, ma soltanto Leonardo, col quale ebbe pur che fare ai suoi prosperi giorni, avrebbe potuto ritradurre in pensiero, col disegno e i colori, quel fine ambiguo sorriso»

    18. Clark, Robert (7 de octubre de 2008). Dark Water: Flood and Redemption in Florence–The City of Masterpieces (en inglés). Knopf Doubleday Publishing Group. ISBN 978-0-385-52834-4.

    19. La leyenda escrita en latín: TANTO NOMINI NULLUM PAR ELOGIUM («Un nombre tan grande no tiene alabanza adecuada» o «Ningún elogio estaría a la altura de un nombre tan grande» o «No hay alabanza que se compare con un nombre tan grande».)

    20. Ridolfi, Roberto (1963). The Life of Niccolò Machiavelli (en inglés). University of Chicago Press. Najemy, John M. (2010). Niccolò Machiavelli: An Intellectual Biography (en inglés).

    21. Princeton University Press.Skinner, Quentin (1978). The Foundations of Modern Political Thought. Volume I: The Renaissance (en inglés). Cambridge University Press.

    22. El Príncipe, especialmente los capítulos VIII, XVII y XVIIIStrauss, Leo; Cropsey, Joseph (15 de junio de 2012). History of Political Philosophy (en inglés). University of Chicago Press. p. 301. ISBN 9780226924717.

    23.Strauss, Leo (4 de julio de 2014). Thoughts on Machiavelli (en inglés). University of Chicago Press. ISBN 978-0-226-23097-9. Consultado el 11 de julio de 2026.

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    Berlin, Isaiah [27] (1972). The Originality of Machiavelli (en inglés). Time and Tide.

    [28] Pocock, J. G. A. (1975). The Machiavellian Moment: Florentine Political Thought and the Atlantic Republican Tradition (en inglés). Princeton University Press.

    [29] McCormick, John P. (2011). Machiavellian Democracy (en inglés). Cambridge University Press.

    [30]Gerlach, Joachim (2005). Machiavelli’s Politics (en inglés). Polirom.

    [31] Barnet, Sylvan; Burto, William (2013). Pearson, ed. Literature for Composition: An Introduction to Literature (en inglés) (10 edición). p. 1299. ISBN 978-0-321-82917-7.

    [32] Torres, Carlos Alberto (2001). Democracia, educación y multiculturalismo: dilemas de la ciudadanía en un mundo global. p. 25. Consultado el 26 de agosto de 2015.
    [33] «Discourses. Chapter XXIX. The faults of the people spring from the faults of their rulers. (1513)». Marxists (en inglés). Consultado el 21 de abril de 2021.

    [34]«Discourses. Chapter XXXIII. To insure victory the troops must have confidence in themselves as well as in their commander. (1513)». Marxists (en inglés). Consultado el 21 de abril de 2021.

    [35]«Discourses. Chapter I. To insure a long existence to religious sects or republics, it is necessary frequently to bring them back to their original principles. (1513)».Marxists (en inglés). Consultado el 21 de abril de 2021.Nederman, Cary (2019).

    [36] Nederman, Cary (2019). Zalta, Edward N., ed. Niccolò Machiavelli (en inglés) (Summer 2019 edición). The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Consultado el 21 de abril de 2021.

    [37]Arendt, Hannah (2003). Responsabilité et jugement (en francés). p. 79. «Politiquement, la faiblesse de l’argument du moindre mal a toujours été que ceux qui choisissent le moindre mal oublient très vite qu’ils ont choisi le mal».

    [38] Gamero Cabrera, Isabel G. (2010). Los medios de comunicación como agentes del cinismo (según Peter Sloterdijk). Gonzalo Abril Curto: El cuarto bios. Estudios sobre comunicación e información. Editorial Complutense. p. 73.

    [39] Hale, 1989, pp. 45-47. /    [40]Viroli, 1998, pp. 63-65. 

    [41] Mansfield, 1985, pp. 73-75. 

    [42] McCormick, 2011, pp. 56-58.

    [43] Bireley, Robert (1990), The Counter Reformation Prince, p. 14.

    [44] Bireley (1990, p. 15)/ [45] Haitsma Mulier (1999, p. 248)

    [45] Haitsma Mulier (1999, p. 248)

    [46] Si bien Bireley se centra en autores católicos, Haitsma Mulier (1999) hace una observación similar al analizar el caso protestante en los Países Bajos.

    [47]La primera edición inglesa fue A Discourse upon the meanes of wel governing and maintaining in good peace, a Kingdome, or other principalitie, traducida por Simon Patericke.

    [48] Bireley (1990, p. 17)Evrigenis, Ioannis D. (3 de diciembre de 2007), Fear of Enemies and Collective Action, Cambridge University Press, p. 77, ISBN 978-1-139-46916-6.

    [49]Sullivan, Vickie B. (2011), «Walter Moyle’s Machiavellianism, declared and otherwise, in An Essay upon the Constitution of the Roman Government», History of European Ideas 37 (2): nota 5,doi:10.1016/j.histeuroideas.2011.01.006

    [50]Bireley (1990, p. 18)Bireley (1990, pp. 223–230)Benner, Erica (28 de noviembre de 2013). Machiavelli’s Prince: A New Reading (en inglés). OUP Oxford. ISBN 9780191003929.

    [51] «Anti-Machiavel | treatise by Frederick the Great». Encyclopedia Britannica (en inglés). Consultado el 16 de abril de 2019.

    [52] Kennington (2004), Rahe (2006)Bireley (1990, p. 17): «Los primeros comentarios de Jean Bodin, en su Método para la fácil comprensión de la historia (1566), fueron positivos».

    [56] Bacon escribió: «Debemos mucho a Maquiavelo y a otros escritores de esa clase que describen abiertamente lo que los hombres hacen, no lo que deberían hacer.» «II.21.9», Of the Advancement of Learning.

    [57].Worden (1999)«Spinoza’s Political Philosophy». Stanford Encyclopedia of Philosophy.

    [58]Metaphysics Research Lab, Stanford University. 2013.

    [59]Consultado el 19 de marzo de 2011.Danford «Getting Our Bearings: Machiavelli and Hume» en Rahe (2006).

    [60]Schaefer (1990)

    [61]Kennington (2004), capítulo 11.

    [62]Barnes Smith «The Philosophy of Liberty: Locke’s Machiavellian Teaching» en Rahe (2006).

    [63]Carrese «The Machiavellian Spirit of Montesquieu’s Liberal Republic» en Rahe (2006) 

    [64] Shklar (1999)Worden.

    [65] (1999)John P. McCormick, Machiavellian democracy (Cambridge University Press, 2011), p. 23.

    [66] Rahe (2006).

    [67] Walling «Was Alexander Hamilton a Machiavellian Statesman?» en Rahe (2006).

    [68] Harper (2004)

    [69]Spalding «The American Prince? George Washington’s Anti-Machiavellian moment» en Rahe (2006) 

    [70] Thompson (1995)Marcia Landy, «Culture and Politics in the work of Antonio Gramsci,»

    [71] en Antonio Gramsci: Intellectuals, Culture, and the Party, ed. James Martin (New York: Routledge, 2002).

    [72]Service, Robert. Stalin: A Biography, p.10.

    [73]Reseña de Jann Racquoi, Heights/Inwood Press of North Manhattan, 14 de marzo de 1979.

    [74]Maquiavelo, N. (6 de enero de 2021) [​1519-1520​]. Del arte de la guerra (libro electrónico). Disponible en Google Books. Italia: Greenbooks Editore. ISBN 9791259710017.

    [75] Reseña de Jann Racquoi, Heights/Inwood Press of North Manhattan, 14 de marzo de 1979

    [76]Maquiavelo, N. (6 de enero de 2021) [​1519-1520​]. Del arte de la guerra (libro electrónico). Disponible en Google Books. Italia: Greenbooks Editore. ISBN 9791259710017.

    [77]Grandes Biografías, ISBN 987-522-310-7, Lima, 2004

    [78] Kahn, V. (1994). Machiavellian rhetoric: From the counter-reformation to Milton. Princeton University Press.

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