Hoy he vuelto a mirar al mar,
el viento sigue pasando hojas,
dejándome el eco de tu risa,
y en cada ola me trae
un trocito del pasado, escrito
sobre blanca espuma de mar
con negra tinta de calamar;
olas que se rompen en la arena
tocando y besando mis pies
con nostalgia del ayer.
El tiempo se nos va de las manos,
igual que hacen las olas,
dejando su corona de espuma blanca,
burbujeante y etérea,
antes de morir en la playa
donde creo escuchar tu voz,
entre la calma y la tempestad,
entre el viento, el agua y la sal,
entre tiburones y sirenas,
el misterio y la profundidad.
Un mar de acero y espumosas olas,
lugar de belleza y ocultos tesoros,
que a veces golpea y otras acaricia,
que puede ser acogedor o cruel,
que es capaz de emocionarme,
sacarme esa lágrima viva
que ahora corre por mi mejilla,
el que me tienta, me seduce,
y como Benedetti decía:
me hace sentir orilla.
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