Cuando proteger significa volver a mirar

Cuando proteger significa volver a mirar

Luis Omar Orozco

10/08/2026

Investigación institucional: acogimiento residencial de niñas, niños y adolescentes

Casa Mahayana Jóvenes — Desarrollo y Atención Psicoeducativa A.C.

Síntesis de la investigación

La evidencia nacional e internacional señala que el acogimiento residencial debe utilizarse como una medida especial de protección excepcional, subsidiaria, temporal, individualizada y sujeta a revisión periódica. Su finalidad no es sustituir indefinidamente a la familia, sino proteger de manera inmediata, restituir derechos y preparar una alternativa familiar, comunitaria o de vida autónoma que sea segura y sostenible.

La mayoría de las niñas, niños y adolescentes institucionalizados no son huérfanos. Su ingreso suele relacionarse con una acumulación de factores: violencia familiar, abandono, negligencia u omisión de cuidados, pobreza acompañada de falta de apoyos, consumo problemático o enfermedad de los cuidadores, ausencia de redes familiares, migración, situación de calle, discapacidad sin apoyos suficientes, problemas de salud mental, consumo de sustancias y conflictos familiares graves.

Al ingresar, pueden presentar carencias afectivas y vinculares; dificultades para confiar en las personas adultas; incertidumbre respecto de su situación jurídica y familiar; rezago escolar; problemas de salud no atendidos; falta de documentos; interrupción de tratamientos; dificultades de regulación emocional; y pocas habilidades para la autonomía. Estas manifestaciones no deben verse solamente como mala conducta, sino como posibles respuestas a experiencias adversas, pérdidas, inestabilidad y falta de protección.

Una institución inadecuada puede profundizar el daño cuando ofrece atención masificada, reglas rígidas sin individualización, rotación constante de cuidadores, ausencia de privacidad, castigos colectivos, cambios repetidos de centro, falta de contacto familiar seguro, expedientes fragmentados o permanencias indefinidas. Por el contrario, un entorno residencial pequeño, estable, participativo y especializado puede convertirse en un espacio temporal de protección y reparación.

Un Centro de Asistencia Social adecuado necesita cuidadores estables y capacitados, atención psicológica y médica, escolarización, actividades recreativas y comunitarias, espacios dignos, privacidad, mecanismos de queja, protección civil, intervención familiar y un plan individual de restitución de derechos. Cada expediente debe distinguir claramente patria potestad, custodia, tutela y representación jurídica, además de identificar la autoridad que ordenó el ingreso, el régimen de convivencias, las revisiones de la medida y la alternativa prevista para el egreso.

La calidad de un CAS no debe medirse únicamente por la ausencia de incidentes o por el cumplimiento de reglas. Debe evaluarse por su capacidad para garantizar seguridad, restituir derechos, favorecer vínculos confiables, sostener la educación, mejorar el funcionamiento emocional y preparar una reintegración familiar o una vida autónoma viable.

Editorial

Cuando proteger significa volver a mirar

Hay adolescentes que llegan a una institución con una bolsa de ropa, algunos documentos y una historia que nadie ha terminado de escuchar.

Llegan después de haber cambiado de casa, de escuela, de personas cuidadoras y, algunas veces, de institución. Llegan con expedientes que describen conductas, diagnósticos e incidentes, pero que pocas veces alcanzan a explicar el miedo, la pérdida y la incertidumbre que existen detrás de ellos.

Con frecuencia se les define por aquello que hacen: “no respeta límites”, “se escapa”, “miente”, “consume”, “desafía”, “no se adapta”. Sin embargo, detrás de muchas de esas conductas existe una pregunta mucho más profunda:

¿Hay algún lugar en el que realmente pueda estar seguro?

La institucionalización de una persona menor de edad no debería ser una forma de apartarla de la vista ni una respuesta automática ante la pobreza, el conflicto familiar o una conducta difícil. Debe ser una medida excepcional de protección, utilizada solamente cuando permanecer en el entorno de origen representa un riesgo y cuando las alternativas familiares disponibles no resultan suficientes o seguras.

Separar a un adolescente de su familia puede protegerlo de un peligro inmediato, pero la separación también produce una ruptura. Cambian sus rutinas, sus relaciones, su escuela y la imagen que tiene de su propio futuro. Por eso no basta con ofrecer una cama, alimento y vigilancia. Proteger exige mucho más.

Exige explicar lo que está sucediendo. Escuchar su versión. Reconocer sus pérdidas. Garantizar atención médica, psicológica y educativa. Conservar los vínculos familiares que sean seguros. Evitar traslados innecesarios. Darle participación en las decisiones que afectan su vida. Y, sobre todo, construir desde el primer día una ruta de salida.

Una institución no debe convertirse en un lugar donde el tiempo se detiene.

No debería haber adolescentes esperando durante meses o años una decisión que nadie les explica. Tampoco debería aceptarse que, por encontrarse bajo protección, pierdan su identidad, privacidad, voz o derecho a imaginar un futuro propio.

El verdadero reto no consiste únicamente en impedir que ocurra algo malo. Consiste en crear las condiciones para que algo distinto pueda comenzar.

Desde esa convicción trabaja Casa Mahayana Jóvenes.

Nuestro Centro de Asistencia Social no pretende sustituir a una familia ni presentarse como la respuesta única a una problemática compleja. Busca ser una alternativa temporal, especializada y humana para adolescentes que requieren protección residencial, estabilidad emocional y un acompañamiento estructurado.

En Casa Mahayana entendemos que una conducta difícil no resume a una persona. Por eso nuestro trabajo parte de mirar más allá del incidente y preguntarnos qué necesidad, experiencia o emoción está intentando comunicar el adolescente.

Trabajamos mediante un modelo psicoeducativo con enfoque biopsicosocial, informado en trauma y orientado por los derechos de niñas, niños y adolescentes. Integramos cuidado cotidiano, atención psicológica, seguimiento médico y psiquiátrico cuando se requiere, acompañamiento educativo, actividades grupales, desarrollo de habilidades, intervención familiar y construcción de un proyecto de vida.

También sabemos que acompañar no significa permitirlo todo. Los adolescentes necesitan límites claros, pero necesitan límites que protejan, enseñen y reparen; no castigos que humillen, rechacen o repitan las experiencias que los llevaron a perder la confianza en las personas adultas.

Cada comida compartida, cada regreso a la escuela, cada conversación difícil, cada regla comprendida y cada vínculo que logra sostenerse puede convertirse en una experiencia correctiva. No porque borre el pasado, sino porque demuestra que es posible vivir una relación diferente con los demás y consigo mismo.

Nuestro propósito no es formar adolescentes obedientes para una institución. Es acompañar personas capaces de reconocer sus emociones, asumir responsabilidades, pedir ayuda, tomar decisiones y construir relaciones más seguras cuando llegue el momento de regresar con su familia, incorporarse a otro entorno protector o comenzar una vida con mayor autonomía.

La estancia residencial sólo tiene sentido cuando abre caminos fuera de la propia institución.

Por eso creemos en el trabajo coordinado con las Procuradurías de Protección, los Sistemas DIF, las familias, las escuelas, los servicios de salud y las demás autoridades responsables. Ningún centro puede restituir derechos trabajando de manera aislada. La protección integral exige corresponsabilidad, información clara, seguimiento y decisiones oportunas.

Hoy necesitamos dejar de preguntar únicamente: “¿Qué hizo este adolescente?”

Debemos empezar a preguntar también:

¿Qué le ocurrió? ¿Qué derechos le fueron negados? ¿Qué necesita para sentirse seguro? ¿Quién permanecerá a su lado? ¿Y qué estamos haciendo para que su estancia institucional sea realmente temporal y transformadora?

Casa Mahayana Jóvenes nace y trabaja desde esa mirada. No ofrecemos promesas fáciles. Ofrecemos presencia, estructura, atención especializada y la determinación de acompañar cada proceso con dignidad.

Porque proteger no es guardar a un adolescente detrás de una puerta.

Proteger es abrir, junto con él, una puerta hacia una vida posible.

Casa Mahayana Jóvenes
Acompañar para transformar.

Fuentes base

  • Convención sobre los Derechos del Niño, Naciones Unidas.
  • Directrices sobre las Modalidades Alternativas de Cuidado de los Niños, Naciones Unidas.
  • Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, texto vigente.
  • Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el Estado de Jalisco.
  • Código Civil del Estado de Jalisco.
  • Código de Asistencia Social del Estado de Jalisco.
  • NOM-032-SSA3-2010.
  • UNICEF, materiales sobre cuidados alternativos y derecho a vivir en familia.
  • Van IJzendoorn y colaboradores, revisión sistemática sobre institucionalización y desarrollo infantil.

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