Blaze! Capítulo 128

Capítulo 128 – Desbalance.

Yamm
aumentó la intensidad y frecuencia de sus ataques, haciendo
retroceder de a poco a un aminorado Baal, quien a duras penas estaba
logrando interceptar todos los fulminantes ataques de su oponente, no
anulándolos en algunas ocasiones, solo desviándolos lejos de donde
se encontraban los que deseaba proteger. La incomodidad se estaba
transformando en desesperación, mientras que en la superficie del
océano empezaban a emerger cientos de los soldados del rey de los
mares, drenados de toda su energía y vida, ensombreciéndose las
aguas como si se trataran de un
a
gigantesc
a,
mugrosa y pestilente charca.

El
océano está llorando… –dijo Hänä, viendo como los seres
acuáticos varaban en múltiples cantidades, comenzando a flotar
también peces comunes y corrientes, tapándose
los oídos ante un sonido que aparentemente solo ella podía oír—.
¡Los está matando a todos sin ninguna contemplación!

Baal
trató de observar de la forma más inadvertida a los movimientos de
Blaze, incapaz de esconder su impaciencia, mirando también atrás de
sí mismo para buscar a Hänä, necesitando desesperadamente que
dieran inicio con su plan, cediendo nuevamente terreno a Yamm.

Blaze
corrió lo más rápido que pudo bajo las estruendosas explosiones
que destellaban en el cielo, llegando al talón de Yamm, esperando no
haber sido divisada por el gigante ser, con su atención puesta en no
ser pisada ni que uno de los ataques de Baal se desviara a su
locación.

No
nos vio, no nos vio, mi niña… –murmuró Blaze, apretando su
espalda al pie de Yamm como si fuera una pared, mirando hacia arriba
con el corazón acelerado, pensando que le iba a ser más difícil
acercarse, pero al ser una entidad tan grande, solo estaba guardando
su posición y casi solo moviendo sus brazos—. Ahora a asegurarte.

Blaze
atrajo una cuerda botada en el campo de batalla de una casa
destruida, la que voló con serpenteantes movimientos hacia su mano,
montando a la niña sobre el tendón del pie derecho de Yamm,
indicándole que se abrazara a este, procediendo a envolverla con la
cuerda para dejarla amarrada a la extremidad inferior.

Y
pensar que utilizaría este
truco de feria en medio de una batalla… –pensó Blaze, recordando
los primeros trucos que aprendió de su maestro Echleón.

La
pequeña damisela seguía llorando en silencio, atada ahora al pie de
Yamm, abrazándose al grueso y duro tendón del ser, mientras que
Blaze vigilaba que no fueran descubiertas o atacadas de forma
accidental, de eso dependía la mitad del plan de Hänä.

Blaze
hizo señas flamígeras desde su posición, indicándole a
su
amiga que ya estaban listas con su parte. Baal estaba perdiendo cada
vez más y más terreno, escapándosele algunos de los ataques de
Yamm.

Comencemos…
–dijo Hänä, elevándose en el cielo, detrás del rey Baal, casi a
la altura de las ventanas de las torres del castillo, flotando
elegantemente como si tratara de una gloriosa y protectora
divinidad—. Es hora de ser útil… ¡Abysmal Greed!

Baal
sintió
a Hänä elevarse y
cambió
su estrategia, comenz
ando
a dejar pasar la gran mayoría de los ataques de Yamm, los que fueron
inmediatamente absorbidos por el ambicioso ojo izquierdo de Hänä,
pareciendo que detrás de él había un hambriento torbellino que no
dejaba escapar nada.
El
rey

procedió a atacar el corpulento cuerpo de su antiguo “amigo”,
aunque no parecía afectarle demasiado, ya que en ese mismo momento
había activado nuevamente el poder que le había prestado a la
sirvienta que estaba atada a la extremidad inferior de Yamm, todo
según el plan de la ingeniosa Hänä.

Vamos,
continúa así, dame todo lo que tienes –murmuró Hänä, abierta
de brazos y de piernas mientras flotaba en el aire, como si fuera una
impenetrable muralla.

Yamm
tardó unos segundos en percatarse de la situación, pero no podía
darse el lujo de no atacar, por lo que dejó de desperdiciar energía
intentando atacar el castillo y se concentró en atacar a Baal, algo
que también había sido previsto por Hänä, por lo que el rey que
luchaba por sus ciudadanos procedió a solo evitar hábilmente los
ataques energéticos para que siguieran siendo absorbidos por la
hechicera del agua, lo que le permitió darle más poder a su
sirvienta.

Por
su parte, dentro del castillo, Starmancer volvió al lugar donde
yacía Camellie con el rostro inyectado en sangre, sudorosa y molesta
con su amado por dejarla abandonada.

Esto…
–dijo Starmancer a su amada, mostrando una botellita de vidrio de
color parecido al caramelo de algunas preparaciones culinarias,
con
un líquido moviéndose en su interior —. Esto te ayudará con el
dolor, lo hicimos con Blaze para esa cosa astral que te comenté.

Yamm
seguía intentando de todos los modos posibles acertar sus poderosos
ataques en Baal, pero la diferencia de tamaño y velocidad le estaba
pasando la cuenta, siendo evitado en todos sus intentos, desatándose
su ira.

¡Maldición!
–gritó Yamm hacia el cielo, con sus puños cerrados, impotente
ante la estrategia armada por una simple y frágil humana que, para
suerte de ella, no sabía que fuera su idea, dejando de atacar debido
al cansancio que su ofensiva le había causado, con un mar
completamente muerto a sus espaldas.

Yamm
se estaba devanando los sesos, pensando como podía atacar a Baal sin
la molestia de la maga que flotaba y protegía al castillo y a todos
los habitantes en su interior. Trastabilló. Su mente estaba nublada,
algo le estaba pasando. Empezó a lanzar puñetazos al aire, para
luego lanzar patadas, impactando algunas de las rocas puestas en la
orilla del mar, desgarrándolas como si se trataran de flores entre
el césped. Gruñó con rabia, agarrándose la cabeza con ambas
manos, empezando a girar lentamente en su lugar, lo que estremeció
el piso bajo sus pies, añadiendo cada vez más fuerza a sus giros,
dando
cada
vez más pisotones, cada vez con más velocidad.

Creo
que ya está haciéndole efecto –dijo Hänä, intentando ver los
pies del gigante, para observar
a su amiga y la doncella, mientras Yamm aumentaba cada vez más su
velocidad, transformándose sus
giros en
un terremoto y torbellino al mismo tiempo—. ¡Esto no lo había
previsto, se está volviendo loco!

Blaze
mantenía a la doncella amarrada a la extremidad de Yamm con su
poder, agarrándose de la cuerda con todas sus fuerzas para no dejar
a la niña sola ante los intempestivos movimientos del gigante,
debiéndose
aguantar los estruendosos pisotones del ser
.
La doncella, incómoda por el amarre y siendo utilizada contra su
voluntad, lo único que deseaba era que todo terminara,
tapándose
los oídos con sus manos por el ruido, chillando y
volviéndose
casi completamente transparente, notándose solo el contorno
coloreado de su cuerpo, como si fuera una crisálida con forma
humana. Blaze aguantó las lágrimas, sabiendo que en algún momento
la cuerda que ahora sentía apretada pasaría a sentirse lánguida y
fría, momento en que todo su plan
habría
acabado.

Yamm,
completamente descontrolado, comenzó a lanzar ataques mágicos en
todas direcciones mientras giraba a gran velocidad, alguno de los
cuales fueron aspirados por el Abysmal Greed de Hänä, impactando
los demás en los lugares no protegidos por la hechicera.

Ya
queda poco… –pensó Hänä sin perder concentración, intentando
olvidarse de que la doncella y su amiga estaban en el centro de la
luminosa vorágine, sintiendo un ardor en las comisuras de su ojo
izquierdo, con una desesperación acumulada que le quería obligar a
pestañear, obligando a los párpados de ese ojo a no cerrarse con un
pequeño hechizo que le permitió mantener continuamente la absorción
de la infinidad de ataques que se dirigían a su posición.

Yamm
seguía girando y lanzando ataques mágicos, pero su velocidad iba
mermando, lo que fue advertido tanto por Blaze, como por Hänä y
Baal, lo que hizo que el rey le diera cada vez más de su energía a
la doncella atada al gigante. El gigante empezó a detenerse,
tambaleándose como un niño mareado por dar tantas vueltas, pero en
este caso lo hizo porque sentía su cuerpo drenado, mirándose las
manos como si tuviera algo extraño en ellas, sacudiéndose
estas
de forma involuntaria, con el espinazo frío y las piernas
temblorosas.

Baal
lo observaba en silencio, parado en frente de él, terminando de
darle toda su fuerza a su sirvienta, lo que hizo que la cuerda en
torno al tobillo de Yamm se soltara completamente,
desapareciendo
su pie
.
El gigante quiso rugir, pero su voz estaba muerta, saliendo un
aliento vacío de
sde
su boca, dejando caer un golpe de puño sobre Baal como si cargara
con un martillo en su mano, desapareciendo todo su cuerpo antes de
llegar a tocar al rey.

Blaze,
quien todavía sujetaba la cuerda entre sus manos, la dejó caer,
mirando hacia un costado mientras soltaba un pequeño sollozo. Baal
se dejó caer sobre sus posaderas, respirando con alivio, mirando
hacia el cielo que comenzaba a despejarse lentamente.

La
inmensa
presencia
mágica de Hänä se sentía desde lejos, acercándose rápidamente
al lugar de su amiga, viendo
Blaze
como
esta
venía
volando con sus brazos abiertos
y
los ojos enjugados en lágrimas
,
abalanzándose hacia ella, desviándose en el último momento,
notando
Blaze
entre
sus ojos llorosos que la sirvienta empezaba a reaparecer en el campo
de batalla mientras la energía mágica
la
abandonaba y
volvía
al rey Baal. Hänä abrazó a la pequeña joven, quien ya no estaba
llorando, con lágrimas secas sobre su sucio rostr
o
y

expresión de desorientación, devolviéndole el abrazo a la
hechicera del agua, aunque sin conocer la razón de la algarabía de
la mujer.

Tenías
razón, nos salvaste a todos, hija de perra –dijo Blaze a su amiga,
levantando a las dos mujeres desde el piso con un caluroso y apretado
abrazo, aprovechando
de secarse las lágrimas de los ojos sin que lo notaran.

Yo
no te dije eso… –dijo Hänä con rostro de duda, intentando
soltarse del abrazo—.
¿o sí?

¿Quiénes
son ustedes? –preguntó la doncella, entendiendo Blaze
de
inmediato lo que Hänä había planeado en secreto, de seguro con la
ayuda del rey Baal, aprovechándose del deseo de desaparecer de la
muchacha—. ¿Qué hago acá?, ¿por qué estoy tan sucia?

No
te preocupes… –dijo Hänä con incomodidad, con sus mejillas
apretadas al cuerpo de Blaze y de
la
doncella, logrando
soltarse
del largo y efusivo apretón que les estaba dando su amiga—. Yo te
contaré ahora mismo lo que ocurrió hoy acá…

Blaze
soltó a la
doncella
y
junto
a Hänä
se
pusieron a comentarle lo que había ocurrido, mientras el rey Baal se
alejaba del lugar de vuelta a su castillo;
por
su parte,

algunos valientes
guerreros
sal
ieron
de la construcción

al notar que ya no se escuchaba nada en el campo de batalla,
comenzando a gritar de emoción porque la pelea había terminado y
habían ganado, tomando al rey Baal sobre sus hombros, llevándolo al
interior de su morada. Starmancer se topó con el rey y sus hombres,
saludándolos con un
pequeño
ademán
al cruzarse, cargando entre sus brazos a su hijo recién nacido,
acompañado de Camellie, quien se encargaba de llevar a su hija sobre
su colmado pecho, abrazándola gentilmente. Se posaron los cuatro en
la entrada del castillo, recibiendo los rayos del sol en el rostro,
llegando al rato un cansado y golpeado Ed, abrazando a sus amigos,
apoyando
sus brazos sobre

sus hombros.

Starmancer
observó un trozo de techumbre destruida cercano a la entrada del
castillo, el cual estaba quemado en su superficie como si hubiera
sido impactado por un rayo, dándole al mago un escalofrío que le
recorrió toda la espalda.

Aún
no desaparece mi sensación de incomodidad –pensó Starmancer,
viendo en la lejanía a Blaze, Hänä y la doncella, llegando en ese
momento Claire a reunirse con ellos en la entrada del castillo.

Blaze
miraba insistentemente a su amiga, directamente en los ojos, lo que
terminó por cabrear a la hechicera de las aguas.

¿Qué?
Suéltalo ya… –rezongó Hänä, tocándose la cara por todas
partes, ardiéndole los rabillos del ojo donde descansaba el Abysmal
Greed—. ¡Ouch!

Bueno,
¡eso! Te iba a preguntar si te dolía o no, tienes la piel abierta y
quemada a los lados, de seguro por la potencia de los ataques que te
tragaste, que sea dicho de paso, te convierte en un monstruo ahora,
¡tu energía parece ilimitada! –exclamó Blaze, sorprendida del
poder que emanaba su amiga allí frente a ellas.

Ya
no más –dijo Hänä, reparando su rostro, desapareciendo las
heridas y las quemaduras como “por arte de magia”, haciendo
uso de su nuevo poder—.
¿Cómo me veo ahora?

Starmancer
seguía mirando al trío de muchachas, notando como una espada botada
en el piso cerca a ellas se elevaba, atacando a Blaze por la espalda,
atravesándole y emergiendo
la
punta del arma a través de

su descubierto abdomen, cayendo al piso.

¡No!
–alcanzó a gritar Starmancer, incapaz de reaccionar al ataque a
hurtadillas visto, apretando
a su hijo contra su pecho.

¡Blaze!
–gritó Hänä al ver caer a su amiga, viendo como la doncella
había quedado cubierta de sangre en el rostro y
parte de sus ropajes,
estupefacta e incapaz de moverse o decir algo.

Hänä
se empezó a agachar para preguntarle a su amiga si se encontraba
bien, pero repentinamente vio una especie de gusano carn
oso
con un orificio frontal lleno de dientes abalanzándose sobre ellas,
solamente alcanzando a reaccionar con un empuje para alejar a la
inmóvil doncella.

Blaze,
recostada de lado en el piso, con la espada atravesándola en
diagonal, no pudo hacer nada, viendo como el gusano hundía sus
filosos dientes en el rostro de Hänä, arrancándole de cuajo el
Abysmal Greed y un poco menos de la mitad de su cabeza en un
instante.

¡Hä…!
–intentó gritar Blaze, viendo caer a su amiga lentamente,
como si el tiempo se hubiera congelado,
mientras el gusano salía disparado unos metros más allá luego de
haber atacado a Hänä.

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