LOS OTROS HALLADOS

La lluvia golpeaba los ventanales.

—General, al fin ocurrió.

El General no levantó la vista. Observaba una mancha de café sobre un informe.

—¿Dónde?

—En la montaña. Los cuerpos. Los que buscamos.

Silencio.

03:47.

Se levantó. La niebla cubría los hangares.

—¿Quién los encontró?

—Civiles. Arqueólogos. Tienen imágenes. Material que no identifican. Van a anunciarlo en dos días.

—¿Están seguros?

—No son humanos. Están intactos. Uno… se movió.

Volvió al escritorio.

—Haremos lo de siempre.

El asistente no respondió.

—Actores. Científicos creíbles. Títulos. Historial. Todo falso.

—Sí, señor.

—Réplicas. Les damos lo que esperan ver.

—¿Y los análisis?

—Rigurosos. Con fallas.

Dudó.

—¿Y si piden credenciales?

El General sonrió.

—La gente cree lo que reconoce.

Silencio.

—Cuando pase el ruido, traen los cuerpos reales. Protocolo negro.

El asistente asintió y se fue.

El General esperó.

Abrió el cajón. Sacó una foto.

Dos cuerpos sobre una mesa metálica.

Al fondo, un joven uniformado.

Él.

Pasó el dedo por la imagen.

Las caras no estaban borrosas.

Eran difíciles de mirar.

Guardó la foto.

Encendió un cigarro.

La lluvia seguía.

Más cerca.

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