El absurdo como realidad

El absurdo como realidad

Patricia Roig

05/08/2026

Recuerdo de niña escuchar horas y horas “Un Reino del Revés” una canción divertida y tierna en la que el sinsentido me hacía reír. Me fascinaba escuchar ese mundo imaginario e incoherente donde las leyes de la física, la naturaleza y la lógica funcionaban de manera completamente opuesta a la realidad.

“Me dijeron que en el Reino del Revés Nada el pájaro y vuela el pez

Que los gatos no hacen miau y dicen yes

Porque estudian mucho inglés.

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés

Vamos a ver cómo es

El Reino del Revés…”

Hoy no hace falta imaginar que los pájaros nadan para ver la lógica invertida. Hoy el mundo al revés se ha convertido, de forma voluntaria y melancólica, en el mapa de nuestra realidad contemporánea. Si en la canción el reino al revés era una fantasía inofensiva, hoy el terraplanismo y el negacionismo científico son decisiones deliberadas de habitar la incoherencia. En la era con mayor acceso a la información de la historia humana, se elige el dogma de la ignorancia. Es el equivalente a ver llover hacia arriba y culpar a una conspiración de nubes invisibles, prefiriendo la comodidad del mito antes que el peso de la verdad empírica.

“Me dijeron que en el Reino del Revés

Nadie baila con los pies

Que un ladrón es vigilante y otro es juez

Y que dos y dos son tres”

Por otra parte, los dictadores de la «libertad» han expropiado las palabras más nobles. Utilizan la palabra «libertad» como un mazo para encadenar las instituciones, persiguiendo a la disidencia en nombre de la emancipación popular. Es la ironía suprema: el carcelero que se proclama libertador mientras cierra el candado.

“Me dijeron que en el Reino del Revés

Cabe un oso en una nuez

Que usan barbas y bigotes los bebés

Y que un año dura un mes”

El desinterés común hace que tecnócratas y burócratas globales diseñen algoritmos y políticas macroeconómicas con una frialdad quirúrgica, argumentando que buscan el bienestar general, mientras sus métricas deshumanizadas ahogan las economías locales y destruyen el tejido social. Dicen salvar el barco mientras le abren vías de agua en la popa.

La verdadera melancolía de nuestro tiempo no es que el mundo carezca de leyes, sino que hayamos convertido el engaño en una coreografía aceptada.

“Me dijeron que en el Reino del Revés

Hay un perro pekinés

Que se cae para arriba y una vez

No pudo bajar después”

Observamos la lógica caminar al revés y, en lugar de asombrarnos como niños, nos encogemos de hombros con una sonrisa cansada. Lo peor de nuestro tiempo no es que el mundo carezca de sentido, sino que hayamos decidido, colectivamente que la verdad es un accesorio prescindible.

“Me dijeron que en el Reino del Revés

Un señor llamado Andrés

Tiene mil quinientos treinta chimpancés

Que si miras no los ves….”

Habitamos un escenario de espejos distorsionados donde los conceptos caminan de cabeza, y esperamos, inocentemente, que el señor Andrés y sus mil quinientos treinta chimpancés nos devuelvan, de nuevo, el mundo al revés

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