Recuerdo de niña escuchar horas y horas “Un Reino del Revés” una canción divertida y tierna en la que el sinsentido me hacía reír. Me fascinaba escuchar ese mundo imaginario e incoherente donde las leyes de la física, la naturaleza y la lógica funcionaban de manera completamente opuesta a la realidad.
“Me dijeron que en el Reino del Revés Nada el pájaro y vuela el pez
Que los gatos no hacen miau y dicen yes
Porque estudian mucho inglés.
Vamos a ver cómo es
El Reino del Revés
Vamos a ver cómo es
El Reino del Revés…”
En la época donde es más fácil que nunca aprender cosas, la gente prefiera elegir la ignorancia. Lo de negar la ciencia o volverse terraplanista ya no es falta de información, es un estilo de vida. Vivimos en un mundo tan raro que si mañana empezara a llover hacia arriba, media humanidad culparía a una conspiración de nubes invisibles antes de abrir un libro de física. Nos pesa demasiado la verdad y preferimos la comodidad de los mitos de siempre.
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Nadie baila con los pies
Que un ladrón es vigilante y otro es juez
Y que dos y dos son tres”
Escandaliza ver cómo los dictadores de hoy se han apropiado de la palabra «libertad». La usan como un arma para romper las reglas del juego y perseguir a los que no se callan, todo disfrazado de «liberación popular». No hay mayor burla que esa: es el carcelero dándote lecciones de libertad justo en el momento en que te cierra el candado en la cara.
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Cabe un oso en una nuez
Que usan barbas y bigotes los bebés
Y que un año dura un mes”
Como a la mayoría de la gente le da pereza la política, cuatro burócratas metidos en una oficina deciden el futuro de todos con una frialdad que asusta. Te hablan de gráficos y algoritmos para el «bienestar general», pero esas cifras sin alma terminan ahogando a las tiendas de toda la vida y rompiendo los barrios. Es de locos: prometen arreglar el barco mientras le abren un boquete al motor. La verdadera pena de hoy no es que no haya leyes, es que ya nos da igual que nos mientan a la cara. Hemos convertido el engaño en un teatro que todos aceptamos sin quejarnos.
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Hay un perro pekinés
Que se cae para arriba y una vez
No pudo bajar después”
Observamos la lógica caminar al revés y, en lugar de asombrarnos como niños, nos encogemos de hombros con una sonrisa cansada. Lo peor de nuestro tiempo no es que el mundo carezca de sentido, sino que hayamos decidido, colectivamente que la verdad es un accesorio prescindible.
“Me dijeron que en el Reino del Revés
Un señor llamado Andrés
Tiene mil quinientos treinta chimpancés
Que si miras no los ves….”
Habitamos un escenario de espejos distorsionados donde los conceptos caminan de cabeza, y esperamos, inocentemente, que el señor Andrés y sus mil quinientos treinta chimpancés nos devuelvan de nuevo, el mundo al revés
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