PROPÓSITO

La antigua casona de Adrogué, que en vida había sido propiedad de Abel, ahora está silenciosa, oscura, lúgubre. Miles de hojas secas alfombran la galería de la entrada. La camioneta, cómplice de incontables aventuras, descansa triste en el garaje.

Las cortinas cubren los ventanales. En el living, los instrumentos musicales, aún en su lugar, acumulan polvo y añoran otras épocas. Y la vieja máquina de coser Singer, convertida en bar, ahora añeja los etílicos que reposan sobre ella.

Hace tiempo que no se escucha el rechinar del piso de madera. La colección de revistas Weekend reposa en su estantería con la esperanza de que alguna vez alguien quiera volver a hojearlas.

En la cocina la radio grabadora ya no pasa más casettes de Dolina, la cafetera no despide su inconfundible aroma por las mañanas y el reloj quedó detenido en las 8.30 hs., acompañando al tiempo paralizado allí dentro.

La pesada mesa de pool, bajo esa lámpara de vitraux, permanece estática, esperando, recordando esas risas cómplices y momentos amenos.

Soledad nunca hubiera imaginado que algún día terminaría viviendo allí, en la casona familiar. Y su nombre combina demasiado bien con el lugar. Esa casa tiene mucho peso, mucha historia.

De pie en el centro del frío living en penumbras, rompe en llanto, no quiere estar allí.

— ¿Por qué yo? —se pregunta. Había otros.

Como un fantasma, recorre la casa sombría. Como sombra melancólica se deja caer en el piso y sus manos recorren las marcas hechas en la madera. Cada rincón, cada mueble, todo es una nota musical que, en su conjunto tocan la canción de la vida de él.

Lo único que se escucha es el canto de algún pájaro en el jardín o, de vez en cuando, el motor de un auto que pasa.

Inmersa en sus pensamientos, Soledad se hunde más y más en los recuerdos. Es muy asfixiante. Las imágenes se agolpan en su mente y la angustia oprime su pecho. Y, aun así, allí pretendía quedarse… hasta que la voz de Sebastián la saca de ese pozo profundo.

— ¡Ayudame! — le dice.

— ¿A qué? — responde Soledad todavía aturdida.

Sin mediar palabra, Sebastián comienza a arrancar las pesadas cortinas amarillas. La luz entra. Soledad lo ayuda, primero despacio pero luego con más y más fuerza, como si en ese acto arrancara todo el dolor de su alma y un rayo de luz también la atravesara por dentro.

— Todo va a estar bien — le dice Sebastián besándola en la mejilla. — ¡Vamos! — la anima, empujándola suavemente a abrir las ventanas.

La brisa empieza a colarse y a refrescar el aire, mientras que la luz danza en todo el lugar.

Sebastián abre el piano lentamente y con suavidad toca unos acordes, Soledad contiene el aliento, y con voz temblorosa entona entre lágrimas la estrofa de la canción.

Y fue en ese preciso momento que entendió ¡porque ella!

La música seria el portal que la sacaría a flote y que haría de los recuerdos un lugar sanador y no un pantano donde estancarse. Solo ella entendía el poder de las melodías tocadas con el corazón. Solo ella podía hacer que esa casa vibrara de nuevo.

— Todo va a estar bien— dijo Soledad, con un gran suspiro.

Las sombras empezaban a disiparse. La casa ya no parecía ni tan grande ni tan fría. Ya no había hojas en la galería ni cortinas pesadas. Ahora había ventanas abiertas como el corazón. Ahora había otros pies que hacían rechinar el piso de madera y otras manos que encendían la cafetera para impregnar el ambiente con su aroma cálido.

— A veces me parece escuchar su guitarra…en especial cuando prendo las luces de colores del living. —dijo Soledad como para sí misma.

— ¿Te acordás? Qué lindo sonaba. Qué buenos y gratos momentos — dijo Sebastián con un tono nostálgico.

Esa noche, bajo las tenues luces de colores, Soledad apoyo sus manos delicadamente sobre las teclas del piano, como quien toca una herida. No sabía cuánto tiempo se quedaría a vivir en la antigua casona. Lo que si sabía es que ya no quería huir.

Y allí, sentados en el piso de madera, entre risas y nudos en la garganta rememoraron tiempos felices, pasados en familia.

Entonces, en algún rincón, bajito… la guitarra sonó.

FIN

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