EL VUELO DE ÍCARO
¡El olor de los libros viejos! De entre todos los recuerdos que aquella visita me trajo, esa fue la sensación que se me quedó impregnada en el alma.
Estoy tan cansado. Las noches en vela se van acumulando y ya empiezan a pasar factura. La mente se me embota y me siento incapaz de seguir pensando con claridad; pero aún, en mi vacío, tengo espacios de lucidez para acordarme de aquel poema:
Vislumbro tu vago recuerdo,
allá donde mire,
y muchas veces no sabría decir
si entreveo tus ojos de mar
o creo adivinar la suavidad de tus labios.
Y te distingo,
cuando me abandono al sueño,
en lo más profundo,
en el tiempo desesperante de mis desvelos.
Y el otro día oí tu voz contándome cosas que me llenaron de un dolor profundo, un dolor que debo llevar en silencio y padecerlo mientras sigo mirando tu imagen con la mejor de mis sonrisas compuestas. Todo para que nadie se entere, para que nadie pueda señalarme y decir: «Mira ese pobre iluso, soñando con lo que nunca será y, aun así, se resiste a renunciar».
Pensé en cerrar los ojos, dormir y olvidar para siempre, pero no pude; juro que no pude. Pasarán mil años y podrán pasar miles de cosas, miles de nuevas experiencias, pero no puedo… lo siento, no puedo renunciar al único sueño que ha convivido conmigo desde que casi era un niño. No puedo y no quiero.
Será mi destino vagar sin rumbo y tambaleando, pero, aun así, en ese vagabundeo, nadie podrá arrebatarme ese sueño. Sueño y rabia. Rabia profunda de que los demás no sepan apreciar lo que, para mí, solo por un segundo, solo una vez, sería la mayor recompensa. Después… después te digo, ya podría morirme tranquilo… ya se habrían cumplido mis sueños.
Volví a cerrar los ojos, queriendo evadirme de este mundo tan injusto, y mi alma voló entre senderos de esperanza. Volé sin prisa, como Ícaro aproximándose al sol, alimentándome de la simple dicha de saber que lejos, aunque de distinta manera, de vez en cuando suele abrirse un cofre de memorias. Me consuela que el objeto de mi ilusión pueda mirar atrás, pensar un segundo en que simplemente existo. Con eso, y solo por eso, vuelo. Es el precio de mi caída: simplemente eso, un eterno sueño de azul…
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