Todo el amor que te tengo

sirviera para curar,

esas heridas del alma,

que yo no llego a alcanzar.

Si en mi pecho yo pudiera,

albergar ese dolor,

que te oprime la garganta

y te estruja el corazón.

Si a las llagas del recuerdo,

las pudiese yo borrar

y en el silencio dormido

no tuvieras que gritar.

Si a tu esencia lacerada,

la pudiese extirpar,

para sanarte despacio

de esta agonía mortal.

Acogería ufana

la aflicción que te atormenta,

y entregaría mi vida

sin dudarlo tan siquiera.

Para aliviar en mis brazos

el peso de la tristeza,

y devolverle la calma

a tu angustiosa existencia.



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