PRIMERA PARTE
23 horas del sábado catorce de julio de 1975
—Tonet, soy Quim. ¿Has acabado de cenar? Pues acaba pronto, que dentro de diez minutos te paso a buscar. Es que esta noche tengo unas ganas locas de marcha. Hasta luego.
Quim es un simpático joven de El Creixell, una bonita población costera de la provincia de Tarragona. Acaba de cumplir veintitrés años y trabaja como ebanista en la carpintería propiedad de su padre.
– ¿Dígame? ¡Quim, Qué pasa, tío! Estoy en los postres. ¿A qué viene tanta prisa? De acuerdo, ahora bajo.
Tonet es otro simpático joven de El Creixell, la misma bonita población costera de la provincia de Tarragona. Tiene veintiún años y trabaja de panadero en el horno regentado por su padre.
Quim y Tonet son amigos desde la infancia, y, al igual que tantos otros mozos de la comarca, dedican las noches sabatinas a la caza y captura de carne fresca femenina en los cotos discotequeros. Aunque es sobre todo en verano cuando estas descubiertas adquieren todo su atractivo, pues la presencia de turistas extranjeras, en teoría más liberales y desinhibidas, aumenta significativamente las posibilidades de éxito. Tonet y Quim tienen novia formal, y posiblemente no tarden mucho en casarse. Incluso las dos parejas han hablado, medio en broma medio en serio, de celebrar juntos la boda. Pero las noches sabatinas, las mozas se quedan en casa mientras ellos van de pendoneo. De hecho, existe un acuerdo tácito: ellas no llevan su curiosidad más allá de las vaguedades, y ellos no alardean de sus correrías; lo cual, y por lo demás, obligaría la mayoría de las veces a forzar la imaginación. Por otra parte, nadie se escandaliza porque dos muchachos serios echen de cuando en cuando una canita al aire. Y si bien es cierto que los esfuerzos desplegados por Quim y Tonet no suelen producir resultados parejos, ellos persisten en el empeño sábado tras sábado, erre que erre, dale que te pego. La filosofía que los anima es muy simple: De ilusión también se vive y cualquier noche puede salir el sol.
A la hora convenida, Quim recoge a Tonet con su flamante Volkswagen Golf. Hace una semana escasa que se lo han entregado y está más contento que un tonto con un bolígrafo. Ahora disponen de otro gancho para el ligue y, además, ya no tienen que pedir coche prestado a sus padres.
– ¿Adónde vamos esta noche? -pregunta Tonet a Quim cuando salen del pueblo.
–Primero tomemos una copa en el parador de la carretera nacional y después ya decidiremos -responde Quim.
Tonet y Quim llevan muchas horas de vuelo y poseen una sólida estrategia que abarca desde el aspecto -pelo rizado y con permanente, camisas estampadas chillonas desabotonadas para mostrar el bello pectoral, gruesos collares dorados, pantalones ajustados de tergal fosforito, zapatones ortopédicos, calzoncillos tanga, bronceado tropical, colonia Brummel, media sonrisa de chicle sin azúcar, paquete de Winston, gafas Ray Ban, llavero BMW girando por el anular derecho-, hasta la táctica de abordaje: estudio de costumbres sociales y horarios por países, ejercicios de escaparatismo en la barra, demostración de habilidades de danza, acoso en varios idiomas, invitaciones a cava…. La estrategia del macarra de playa, del hortera de bolera, del chuleta de cuneta. No obstante, no son malos chicos, y militan en el sector de los pardillos.
A las once y media entran en la cafetería del parador y toman un par de carajillos por barba. Eso les entona.
– ¿Y si nos dejáramos caer por Arqus? -propone Quim.
– La semana pasada parecía un velatorio -objeta Tonet. –
–Pero esta noche celebran la fiesta de la cerveza, y las holandesas del camping L’ Estel acudirán en masa al abrevadero.
-Ya sabes cómo les gusta la birra a esas vacas frisonas.
– ¿De dónde has sacado la información?
–Hace dos meses montamos unas estanterías en la cafetería del camping y me enrollé con un chaval de la recepción. Esta mañana le he llamado y me ha confirmado que acaban de desembarcar tres autocares cargados de holandesas.
– La Cage del Marrano de Salou es otra posibilidad. Organizan la noche de Europa y habrá un mogollón de gente.
–Lo que habrá será un follón de aquí te espero.
–Y el Long Play de Torredembarra? Hoy el ambiente está asegurado: rifan un Seat Ibiza.
–Long Play es la disco más cutre de todo el Mediterráneo. No nos calentemos la cabeza: empecemos por Arqus, y si a las tres todavía no nos hemos comido un torrado, vamos a La Cage.
00:00 horas del domingo quince de julio.
Tonet y Quim llegan a la discoteca Arqus. La sala está aún a medio gas. Se apalancan en la barra y piden whisky. Beben, fuman y disimulan mientras aguardan la aparición de las
turistas.
01:00 horas del domingo quince de julio.
La discoteca empieza a animarse. La gente continúa entrando a buen ritmo y se inicia la fiesta de la cerveza. Atraídos por la rebaja de precios, un alud de cuerpos pegajosos invade la barra en busca de jarras del dorado líquido. Al mismo tiempo, en un rincón del local, se desarrolla un simpático concurso de bebedores. El que más litros engulla se llevará el original premio: un tonel de birra de pésima calidad.
Quim y Tonet ensayan las primeras aproximaciones. Estrepitoso fracaso… Piden otro whisky y se acercan a la pista, que se encuentra atestada de jóvenes brincando y rociándose de cerveza. Tonet y Quim seleccionan a un cuarteto de holandesas que patean alrededor de unas jarras vacías y se ponen a bailar a su lado. Es la danza del pavo, que con alardes galantes requiere favores
de la hembra. El estruendo musical y el griterío impiden a los machos hacerse entender, cosa que no parece importar a las vacas frisonas. Tampoco acceden a acompañarlos hasta la barra para charlar con tranquilidad.
En vista del éxito, Quim y Tonet cambian de posición y abordan otro trío de mamíferas que también patalean y beben cerveza.
– ¡Good night! -grita Quim- My name is Quim. ¿How are you? – ¿What? -responde una de las holandesas sin dejar de botar al tiempo que envía risitas cómplices a sus amigas.
– My name is Quim! ¿How are you?
-What? -insiste la mozuela.
– ¡My name is Quim!! -chilla– How are you, sorda!?
–No, please -replica la holandesa y le da la espalda.
– ¡This is my friend Anthony! -grita, sin darse por vencido, señalando a Tonet, que saluda-
– ¿Do you like dancing with nosotros?
Las chicas no responden. Señal de que otorgan, dicen, y se ponen a contornearse frente a ellas. Las holandesas no tardan en retirarse a un sofá en el que duermen la mona un par de mocetones.
El pequeño fiasco no los amilana y prosiguen la caza en otras direcciones. Caen las primeras víctimas del alcohol. Los cuerpos mantecosos y macerados se desploman por los rincones, entre vomitonas y charcos de orines. La fiesta se halla en su apogeo.
02:00 horas del domingo quince de julio.
Quim y Tonet efectúan una retirada táctica hacia la barra, agobiados por la marea de borrachos que se densifica hasta aplastarlos. Antes recorren las mesas para sobar a las chicas adormiladas. Desisten al ser apercibidos por un empleado del establecimiento.
En la barra, piden otro medio whisky y ligan con un danés que lleva una cogorza de Guinness. Hans, que ese es el nombre al que atiende, les explica que tañe el arpa, modalidad extremidades inferiores, en una banda folklórica vikinga de Arhus; y para reforzar sus palabras, silba algunas melodías étnicas. Pues qué bien, dicen ellos, y se van.
03:00 horas del domingo quince de julio.
Quim y Tonet aterrizan en La Cage del Marrano de Salou y se encuentran con los bomberos en la entrada. Una banda de teutones ha prendido fuego al local para celebrar la noche de Europa. Por poco no se produce una tragedia.
–Menuda mala suerte estamos teniendo hoy -se lamenta Tonet-. Nos podíamos haber quedado con el danés, que era muy simpático y a lo mejor nos hubiera prestado a su esposa.
De vuelta al coche, deciden ir a Torredembarra y echar un ojo en Long Play. Cuando arrancan se acercan con rapidez dos chicas despampanantes:
– ¿Vais a Tarragona? -dice la rubia.
– ¿Nos podéis llevar? -implora la morenaza, que está como un tren.
–Yo a vosotras os llevo a Nueva Zelanda, si es necesario -dice Quim recuperando el humor y la esperanza.
–Con el follón del incendio nos hemos quedado tiradas -dice la rubia.
– ¡Menudo susto! -exclama la morena.
–Subid -dice Quim abriendo la puerta trasera.
–Gracias -corean las dos tórtolas.
–Yo me llamo Quim -se presenta Quim-, y este es mi amigo Tonet.
– ¿Qué tal? -saluda Tonet girándose con su mejor sonrisa.
–Hola -dice la rubia.
–Hola -dice la morena.
–Yo soy Dunia -añade la rubia.
– Y yo Karen.
– ¿De dónde sois? -pregunta Quim poniendo en coche en movimiento.
–De Jijona -responde Dunia
– ¿Estáis de vacaciones? -pregunta Tonet sin dejar de admirarlas.
–Sí; y nos lo pasamos bomba -explica Karen-. Los catalanes sois estupendos.
–Y resultones -corrobora Dunia.
Codazo de Tonet a Quim.
–Os va la marcha, ¿eh? -dice Quim corrigiendo la posición del retrovisor para verlas mejor.
– Nosotras no tenemos prejuicios -anuncia Karen-; si un chico nos gusta, nos acostarnos con él y en paz.
Otro codazo de Tonet a Quim, que mueve impulsivamente el volante.
Al oír tan celestial declaración de principios, de poco se les escapa una meada por la entrepierna de puro gusto.
– ¿Ah, si? Mira qué casualidad: nosotros somos catalanes y pensamos igual que vosotras -dice Quim alborozado y guiña el ojo a su amigo.
– ¡Muy bien! -aplaude Dunia.
– ¿Tenéis prisa por llegar a casa? -inquiere Tonet.
–Ninguna -dice Karen.
– La noche es joven –agrega Dunia risueña.
–Estupendo. Daremos un paseo para que conozcáis algunos rincones de la zona a la luz de la luna -propone Quim.
-¡Qué romántico! -proclaman ambos prodigios de la naturaleza.
Quim y Tonet llevan a Karen y Dunia hasta un pinar solitario próximo al cabo Salou, con la sana intención de beneficiárselas. Lejos de oponerse a tal gimnasia, las jijonencas los alientan de palabra y obra durante el trayecto.
Al estacionar el coche en el corazón de la pineda, las chicas les hacen una pequeña gracia. Karen saca una pistola del nueve corto y encañona la nuca de Quim; Dunia, por su parte, se dedica a reseguir la yugular de Tonet con un afilado cuchillo de carnicero. Maravilloso.
Los despluman a conciencia, y tienen el detalle de dejarlos con las turmas al aire. Acto seguido se fugan en el Volkswagen Golf de Quim, que por cierto no recuperará. ¡Maldita sea!
SEGUNDA PARTE
04:00 horas del domingo quince de julio.
Tonet y Quim avanzan dando traspiés por la carretera comarcal que enlaza Salou con Tarragona. Van desnudos y no paran de maldecir y blasfemar. Pese a que los exabruptos son de tal calibre que impiden su reproducción, hay que convenir que la cosa tiene sus perendengues. Pero, ¡atención! se acerca un coche. Sus faros proyectan los cuerpos trémulos de los dos amigos, que hacen señas plantados en el centro de la calzada. El conductor aprieta el acelerador despavorido y ellos tienen que lanzarse al arcén para no ser atropellados. Con este ya son cuatro los vehículos que responden a sus llamadas de auxilio de esta manera. El quinto pasará tan cerca de ellos que los empujará al terraplén que constituye el arcén en aquel tramo. Heridas y magulladuras.
Llorosos y lastimados, prosiguen su andadura hasta divisar las luces de un camping. Deciden visitarlo con ánimo de agenciarse la vestimenta de algún campista. Saltan la tapia por un lateral y merodean por las tiendas tropezando con los vientos de las lonas. Las desmayadas bombillas de la instalación apenas iluminan sus pasos. Por desgracia no encuentran ningún tendedero con ropa. Tras diez minutos de rastreo sólo consiguen capturar unas bragas que Quim revienta al intentar colocárselas. Cuando se retiran, topan con una gran tienda iluminada por un tenue punto de luz. Un ventanuco ver el interior del avance: hay un secadero con pantalones, camisas, calzoncillos, bañadores, calcetines y también calzado diverso alineado en el suelo. Pero existe un problema: la cremallera de entrada dispone de mecanismo de cierre y sus esfuerzos por abrirlo son inútiles. Recurren al viejo método de partirlo a cantazos, aunque el ruido que arman les hace desistir, temerosos de despertar a los propietarios. Llevados por la desesperación, la emprenden a mordiscos con la ventana de plástico, a fin de practicar un orificio por el que colarse. Cual lobos en corral, dan dentelladas y tirones hasta lograr su propósito.
Una vez dentro, recogen apresuradamente la ropa y emprenden la retirada. Están tan nerviosos que no se dan cuenta de que dos gigantes alemanes regresan a la tienda a dormir la trompa. La castaña no les impide valorar la situación, interceptar a los intrusos y propinarles una soberana paliza. Los boches los han tomado por amantes ocasionales de sus esposas, a las que finalmente ha despertado el forcejeo; y cuando Quim y Tonet logran zafarse de las manazas de camionero de los maridos, éstos la emprenden con sus mujeres. El fin de fiesta. Nuestros héroes toman las de Villadiego despavoridos y magullados, cruzando a la desbandada campas y encinares sin rumbo fijo, como posesos.
05:00 horas del domingo quince de julio.
Con los pies destrozados llegan a un huerto. Se hallan tan aturdidos que no se percatan del sistema de alarma colocado por el payés para evitar que los turistas le sigan robando las verduras que con tanto amor cultiva. De manera que, cuando alcanzan el centro del melonar y se tumban cuan largos son, ya han tropezado varias veces con unas sirgas provistas de cencerros en sus extremos. La cencerrada alerta a dos perros que a su vez despiertan al amo con los ladridos.
Inmediatamente se organiza la cacería: el hortelano y su hijo toman unas linternas, cargan las escopetas con postas de sal y azuzan a los perros para acosar a los invasores. Quim y Tonet intentan escapar, pero los alcanzan los canes, que se ceban en sus glúteos y los mantienen inmovilizados. Los rústicos no tardan en aparecer y les obsequian con una descarga cerrada de perdigones de sal.
Pese a lo crítico de la situación, los amigos logran encaramarse a una higuera borde. Gimen y suplican mientras los perros saltan a sus pies embriagados por la sangre.
-¡Por favor, déjennos marchar! ¡No hemos hecho nada malo!
-dice Tonet desencajado.
– ¡Por el amor de Dios! ¡Tengan piedad de nosotros! -dice Quim entre sollozos-. Estamos heridos y solo queremos volver a casa
-añade.
– ¡Malditos extranjeros! -exclama el payés y dispara otro cartucho que afortunadamente no da en carne.
– ¡Degenerados! No sólo me robáis la fruta, sino que además vais enseñando las vergüenzas. Seguro que en vuestro país no lo hacéis, ¿verdad que no? –añade recargando la escopeta.
-No somos extranjeros -gime Quim-. Somos de El Creixell.
– Me llamo Joaquim Piulats y soy el hijo del carpintero.
– ¿De El Creixell? –pregunta el campesino desconcertado y un tanto contrariado.
–Es cierto -corrobora Tonet.
–Ande, padre, deje que se vayan y volvamos a la cama -propone el hijo mientras sujeta a los perros.
–De acuerdo. Pero como volváis por aquí, sabréis lo que es bueno.
Quim y Tonet, que ya llevan horas sabiendo lo que es bueno, se bajan de la higuera y se alejan corriendo. Pretenden volver a la carretera, si bien no tardan en perderse y acaban dando tumbos, erráticos, por unos pagos montuosos en espera de que amanezca.
06:00 horas del domingo quince de julio.
Los dos amigos caen en el aljibe de una fábrica de ladrillos abandonada. Por desgracia, hace años que está seco y se dan un batacazo. Tonet se ha torcido el tobillo y Quim se ha dislocado el hombro. Al cabo de un rato reaccionan y hacen acopio de energía para intentar salir del hoyo. Tras repetidos ensayos, se convencen de que en sus condiciones es imposible remontar los casi cinco metros de pared vertical que les separan de la superficie de la cisterna. Deciden cambiar de táctica y emplear sus menguadas fuerzas dando voces de socorro.
Amanece.
07:00 horas del domingo quince de julio.
Prosiguen en la tarea de vociferar en demanda de auxilio; aunque cada vez con menor entusiasmo e intensidad.
08:00 horas del domingo quince de julio.
Sus gritos se espacian con crecientes intervalos de silencio. La desesperación se enseñorea de sus voluntades.
09:00 horas del domingo quince de julio.
Tonet y Quim dejan de chillar y reposan medio inconscientes.
10:00 horas del domingo quince de julio.
Sus cuerpos empiezan a acusar la deshidratación.
11:00 horas del domingo quince de julio.
La deshidratación se incrementa por efecto del sol.
12:00 horas del domingo quince de julio. (Hora del Ángelus.)
El baño de sol les reblandece las meninges. Comienzan las visiones místicas y los espejismos. A Tonet se le aparece San Cosme, patrón de los cirujanos, y le anuncia la inminente llegada de un granizado de limón. Quim cree haber llegado a un oasis regentado por seductoras odaliscas y antes de pasar a mayores pide una piña colada.
13:00 horas del domingo quince de julio.
El gran Eddy Merckx, conocido como el Caníbal, ha rebasado el Peiresourde en el pelotón de cabeza.
14:00 horas del domingo quince de julio.
El silencio reina en la charca.
15:00 horas del domingo quince de julio.
Eddy Merckx ha coronado el Tourmalet destacado en primera posición.
15:30 horas del domingo quince de julio.
La Dama Blanca empieza a considerar la conveniencia de visitar a los dos amigos y llevárselos a dar un paseo.
16:00 horas del domingo quince de julio.
Dentro de una hora Eddy Merckx entrará vencedor en Bagneres de Luchon, y ya nada podrá detenerlo hasta París. Nada ni nadie. Está a punto de alcanzar algo que sólo en Francia tiene pleno sentido: La gloire.
17:00 horas del domingo quince de julio.
Unos niños que juegan por los alrededores de la fábrica acaban acercándose a la alberca, pese a la prohibición expresa de sus padres. Los mozalbetes se asoman al borde y descubren dos espectros resecos. Huyen aterrorizados.
17:30 horas del domingo quince de julio.
Tras muchos reparos, los chicos dan cuenta del hallazgo a sus progenitores, los cuales, conmovidos por el gesto, declinan el castigo y dan aviso a las autoridades.
18:15 horas del domingo quince de julio.
Un helicóptero de la Dirección General de Tráfico rescata a Quim y a Tonet y los deposita en la clínica Santa Tecla de Tarragona, en donde quedan ingresados.
EPILOGO
Un año después, Tonet y Quim fueron detenidos bajo la acusación de haber violado y dejado más muertas que vivas a dos autoestopistas polacas que se dirigían en peregrinación al Palmar de Troya. La dura condena que recibieron se vio notablemente incrementada debido a la actitud arrogante y autocomplaciente que mostraron durante el juicio.
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