16 días, me he encontrado en el escenario más desolador que como hombre puedo vivir.

Ya no se siente igual, nada. Estoy demasiado consciente, aún cuando me busco fugar. Ni con todo el alcohol o la cocaína es un escape, porque me hace lo contrario, más calma, y llegué al problema. Y es malo, porque no le veo solución manifiesta ni deducible habiendo analizado todo. Es que mi modo natural, si me dejo estar, es la destrucción. Primero como ausencia de límites, dame todo, métete todo hasta que se sienta demasiado horrible, que te haga estar solo pensando en que el malestar no te deja pensar, y luego vuelve la racionalidad, pensar a largo plazo, y mi resignación. Nada vale la pena. No tengo una causa, un propósito, algo por lo que luchar, algo por lo que morir, no hay nada que valga destinar mi mente.

Fútbol, imágenes, soledad, deseo, dormir, comer, algo de música… y tocó decadencia. Bolsas vacías en todos lados, ropa tirada, piel hecha ceniza, es ser un insecto inmundo, y pasan las horas. Y está la más pura desolación, de estar muy consciente del malestar y de esta profunda sombra, que solo queda sentirse así de miserable sin poder idealizarlo, para despertar y decir qué amargura, y sin tener algo que hacer, es mi estado natural. Ahí está el problema. Soy totalmente incompatible con la vida y la evolución; sin agenda soy una materia que solo es eficaz para mantener esa decadencia. Y no hay manera, a mi visión del panorama, de cambiarlo. Es una encrucijada terrible, me pilló en madurez, en hombría y muy consciente, y no veo una manera de que algo valga más la pena que este ciclo. No tengo un leitmotiv. Mi leitmotiv es el dolor insoportable que ni siquiera buscas concientizar, dolor crudo, sensación límbica pura, parasimpática. Pura afección.

Pero sin ser placentero el dolor ni ser sado-masoquista, odio esto, no hay nada peor en la vida que esto, y es mi cauce natural, la oscuridad, la decadencia más baja, y con culpa y humillación. Ni siquiera me quiero matar. Es un fallo total del sistema, y con toda mi capacidad, inteligencia y ganas de ser algo distinto, no veo cómo. Es como justamente eso: cuando hay un total error, son tantas las partes implicadas que no se puede buscar una solución, simplemente no se puede mantener. Fallo orgánico total. Le busco por dónde sea y no hay nada; si tengo plata, destrucción; si no tengo, destrucción. Sentirme vivo un rato con alguna cosa, y luego despropósito, dolor, desesperanza. Solo que este es dolor fácil, no es el dolor de perder a alguien o perderlo todo en un accidente; es dolor consciente de que es dolor porque sí, generado, y todo se resume a: para mí, vale más sentir ese dolor que cualquier otra cosa.

Nada más me hace sentir vivo más que el miedo, el terror, el dolor y el malestar. Es una situación realmente adversa, porque llegué a ella buscando respuestas y la obtuve. Mi porvenir se dirige naturalmente a la autodestrucción, es mi modo automático. Literal soy yo viviendo pensando en que debo morir, como un elefante viejo. ¿Cómo se cambia ese parámetro? No hay algo que haga al elefante viejo decir no, mejor no, es lo que debe hacer en su cabeza. Yo hago y deshago, pero cuando me dejo ser y estar sin pensarlo dos veces, ya estoy en autodestrucción.

En mucho tiempo había tenido estas ganas de desaparecer. No tiene sentido, amor; me siento un completo fracaso, un error, no puedo funcionar, no fui capaz de irte a buscar, fui porque quería darte ese chocolate y terminó siendo uno de los peores días que he tenido. Me vine para acá para estar más en calma, y teniendo la calma, busco el escape igual, simplemente no soy capaz de funcionar. Estoy completamente roto, y hay un desamparo horrible esta vez, no siento que haya arreglo, no veo luz al final del túnel, no porque no pueda, sino porque no entiendo cómo se me da por manera natural esta forma de estar. Al dejarme estar pasa esto y no hago nada para evitarlo, porque es como mi modo automático.

Pero ya he vivido esto mucho: bolsas pequeñas tiradas por todos lados, comer cada dos días, dormir solo cuando hay agotamiento extremo, el más profundo hoyo, y no poder tolerar la realidad sabiendo que es mucho peor vivir en la ruina. Ahora han sido dos días; en el peor momento fueron seis meses, pero antes me servía de algo, me encontraba a mí mismo en la oscuridad. Ahora solo veo despropósitos y estoy tan consciente que no puedo ni fugarme; solo ocurre cuando estoy completamente alterado de conciencia y luego digo qué he hecho, y se repite el ciclo. No habiendo plata, no habiendo ninguna razón válida para justificarlo, ahí va: es para lo único que tengo una capacidad absurda. Generar la situación que me permita hacerlo de manera rápida, eficiente y como yo desee. ¿Para qué? Para ver cómo estoy dándole la peor versión posible de mí a una chica maravillosa. ¿Qué podría perder si vuelvo a hacer exactamente lo que me pidió que no hiciera?

Anoche estuve con la llamada fantasma para que no me interrumpieran, decía que estoy en llamada y no puedo hablar. Y estaba con tu contacto, y pensaba cómo me gustaría llamarte, que no hables, que yo no hable, solo estar allí, sentir tu presencia. Pero es tanta la vergüenza que tengo, es tanta la poca humanidad que siento, que prefiero estar siendo un insecto inmundo y despreciable que fingir, prefiero tener la voz callada por la sed y la mirada perdida en las sombras, que se sienten mucho más intensas que sentir el tedio y malestar de sentir el efecto de baja y tener que estar ahí. Es una sensación tan fuerte, tan horrible, que es de esa sensación que me hace estar más vivo que nunca pero deseando morir todo el tiempo, odiándome, tratando de no pensar en nada y siendo incapaz de hacer cualquier cosa.

Cuando amas a alguien no tienes un rol en la vida del otro; a veces incluso restas. Pero simplemente le das todo de ti a la persona que amas, brillo y espanto, belleza y horror. Te amo. Aunque lo leyeses y te marchases ahora, es así, porque no tengo nada más que darte que mi propia existencia con todo lo que es.

Es que ni siquiera es oscuro, ni siquiera lo siento difícil. En mayo de 2024 orinaba en una botella. Sentía que la muerte era inminente, que ya era la hondura más profunda porque no podría explicar cómo llegué ahí, ni lo entenderían tampoco, entonces de la frustración se pasa al absoluto desinterés. Ya he vivido la caída libre esperando que ocurra lo que sea, ahora entiendo que es muy difícil morir así, entonces siempre quedarás vivo. Ya no se siente como jugar la última carta; se siente como el cauce natural de algo que no querías asumir. Soy esto, tengo hambre, muchas, quisiera seguir consumiendo cocaína y sé muy bien que después de eso me sentiré así mismo. Mi cuerpo sabe que esta vez no es romantizable esto, porque no hay un corazón roto, no hay un premio de lotería, no hay un cambio de vida. Mañana todo estará igual, y se sentirá tan horrible la realidad que o la odias y evitas, o te das un espacio de ducha, cocinar, fútbol, hasta que vuelves a sentirte normal. Y va ahí, sabiendo todo esto, vas diciendo esto es lo que hay y ya. Es tan paradójico que me encante el fútbol, pero al hacer estas fugas me pierdo todos los partidos y ni quiero verlos. Pero normal, es como lo que más quiero. El malestar de estar drogado vale más la pena en mi imaginario que lo que más disfruto en estos días.

Sabiendo que es caro, que estaré vulnerable espiritualmente, que estaré ido y muero de miedo petrificado por horas, pero son cosas que solo puedo sentir en ese estado y luego se siente tan humillante que no querré intentar dormir pero no tendré la capacidad de hacer cualquier otra cosa. Escuchar música, ver algo, usar el celular, mi cerebro está frito por las próximas dos horas y será una eternidad. Luego, ya no es interesante lo de antes, ya no siente miedo, ya estás molido, cansado y consciente, como dicen los tres. No lo quiero creer. Es eso: antes en este estado sacaba conclusiones sobre mi persona, lo que soy, lo que no soy.

Todo gracias al dolor, lo único seguro, lo único certero, lo único que nunca se va. Para mí, no es pienso luego existo, pienso hasta en las pesadillas, pienso qué hacer cuando solo debo sentir la dicha. Para mí es: siento dolor y sé que existo, porque en otras circunstancias elijo una canción porque la escojo con mucha decisión y a los cinco segundos me pongo a hacer otra cosa, la dejo ahí, pero el dolor intenso, cada segundo te hace sentir que estás sintiendo algo y no puedes detenerlo, eres mortal y diminuto nuevamente, tanta conciencia, tanto valor y tanta visión. Cuando llega el dolor, te retuerces como feto, lloras como niño y deseas otra situación como ser consciente, te hace valorar la calma, los minutos de nada, la conversación y hasta la caminata.

Ya no es romántico, ya no es parte de, no es poético ni novelista. Es doloroso y mucho, y me da esto: horror y lamento. Una profanación. Pero estoy acá, viviendo eso; le gana el partido al antónimo, y yo quisiera realmente que no fuese así. Tengo que seguir la vida o matarme, y recuperar mi humor. Quizás si me entregas el cuerpo, quién sabe, vuelva a la vida. Hay dos modos: uno es hacer el amor y la conexión, el sentimiento y eso más el placer hacen una buena combinación; por eso tanto insisto en el contacto total, así se hace. Y la otra es como el placer sin sentimiento, como el puro hecho de cuerpo, y la verdad, mientras más duro y rudo sea, más se siente eso. Y en estos estados busco más eso, la sensación física, intensa, dura, y se siente mucho más intenso, la verdad.

Me he encontrado en el escenario más desolador que como hombre puedo vivir. Sin depresión ni tristeza, no hay luz al final del túnel, es hasta poético y trágico, pero sin gloria ni historia merecedora de atención, simplemente no tener leitmotiv ni una manera de conseguirlo, siendo realista y aterrizado, soñador y creyente, lógico y estúpido, tonto y soberbio, siendo yo, honesto y reprimido, me encuentro en el infinito y plano, no propio de la vida, vacío y nada. Es un fracaso de mi existencia, cumplo las leyes de la selección natural y por consecuencia, debo desaparecer, es una tragedia muy indiferente propia del universo no sintiente, sin propósito, sin causa, sin destino, tal como el universo, me encuentro en la conciencia de un ser que nunca debió ser consciente, por ende, en la conciencia de la realidad en muchos casos brutal.

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