Dejar volar…

Dejar volar…

Ermitaño

19/07/2026

El silencio ahora se parece al suave susurro de tus sueños. Flotas en una imagen nacida de un lugar sereno, como quien abraza el último respiro del día, ese que sana las heridas que otros dejaron.

Es en tu paz donde nacen las alas. Allí permanece, inmóvil, una melodía que aprendió a llamarte por tu nombre. Se sienta junto a tu manera de sentir, y yo, inevitablemente, permanezco atado a ti.

Hace tiempo que llevo tus manos entre mis dedos, tu boca sobre mis labios y tu cuerpo grabado en mi piel. Soy quien, con el calor de un abrazo, derrite tus besos, para que cuando llegue el último, tenga la certeza de que también será el primero de un recuerdo eterno.

Entonces comprendo que, en algún rincón de tu memoria, seguirá habitando mi luz. Esa que se enciende para aclarar tus pesadillas, para recordarte que siempre existe una salida.

Porque si alguna vez tropiezas, no será por falta de atención, sino por haber corrido antes de aprender a caminar junto a lo más sagrado: eso que late, que nace, que arde y que, en lugar de cerrarse, se abre.

Se abre para caer en la dulzura de tu existencia. Para que, cuando tu alma dude, recuerdes que el tatuaje que llevas en tu ser no es tinta ni memoria: es la huella de todo aquello que te transformó.

Porque, al final, no poseemos aquello que retenemos; solo nos pertenece aquello que fuimos capaces de amar… y luego dejar volar.

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