Los amores fugaces.

Los amores fugaces.

D. Asturias

07/07/2026

Los amores fugaces son, quizá, los más desconcertantes; y —si se mira con el corazón abierto— también los más dolorosos. ¿Son amores cobardes o apenas un destello suspendido en el aire? Nos dejan un sabor agridulce, porque ese instante en que el tiempo se detiene es un milagro que no admite explicación. Trae consigo la paz que escasea en las horas yermas y la pureza de una conexión que rara vez se encuentra en la vida.

Yo tuve, un día de febrero, una tarde perfecta. Deshilvanar los cuándos o los porqués sería profanar el misterio; todo, desde el primer abrazo tibio hasta la despedida que rozó la piel, se movió con la delicadeza de lo irrepetible.

Compartir esa mesa fue más que alimento, fue habitar, por unas horas, la familia que nunca tuve. Los halagos a mi sazón se vistieron de sonrisa temblorosa, y los “sí” rotundos, junto a la complicidad de lo cotidiano, se transformaron en risas que parecían hogar. Incluso la película de la tarde se desdibujó, convertida en el refugio de una mano cálida. Sé que no olvidaré el destello de esos ojos grises, el sabor de sus labios, ni la ternura que se derramó en cada gesto. Pensé que, si alguna vez deseaba diseñar mi vida, ese mapa sería el ideal.

Por eso me niego a juzgar con prisa a los amores fugaces. Si se miran a contraluz, guardan más dulzura que amargura. Si la suerte te toca el hombro, custodiarás al menos uno en la memoria. En cuanto a él… que viva todas las tardes de su vida como quiera; yo me he tomado el atrevimiento de adueñarme de esta. Porque si para él fue apenas un instante, para mí fue mucho más que eso. Cuando la evoco, el día regresa como un lienzo cálido, con aromas que consuelan, sabores que acarician y un amor absoluto que no pide permiso. Me lo guardo en el pecho, como un chocolate caliente que abraza el alma en los días de infortunio.

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