La culpa es mía, toda mía.

La culpa es mía, toda mía.

Spectrum

12/07/2026

Oigo el susurro de la falsa pertenencia.

No grita. No necesita hacerlo. Se desliza entre las grietas del mundo como un veneno antiguo, alimentando la mediocridad que aprendió a llamarse virtud.
Contemplo la apatía elevada a ley, la obediencia coronada como grandeza, y observo con amargo asombro cómo aquello que un día fue rechazado terminó convirtiéndose en aquello mismo.

Quizá yo sea igual que esos espiritus inmóviles, respirando apenas mientras llaman vida a la costumbre.

¿Y si no?

¿Y si mi condena fuera negarme a dormir con los ojos abiertos?

¿Importa realmente?

¿A quién le importa el puño que decide romper el molde cuando todos celebran el encierro ?

 Por no doblar la cabeza ante un ideal barato.
Un cuerpo putrefacto cuyos huesos aún sostienen templos repletos de fieles. Le rezan a un cadáver y llaman libertad a sus cadenas.

Caminan en filas perfectas hacia un abismo sin fondo, convencidos de que seguir al rebaño los salvará de la caída misma.

Qué espantosa forma tiene la sumisión.

Qué horrorosamente predecible es la costumbre.

Pero yo… si, YO.

Yo no nací para pertenecer.

No soy de nadie.

No llevo el nombre de ningún amo ni la marca de ningún rebaño.

Si he de flagelarme, que sea con mis propios cuchillos. Si he de ser repulso, que el rebaño conozca el peso de mi desaire y no el de una máscara impuesta. Porque un error nacido de mi voluntad vale infinitamente más que una perfección prestada por el amor con sabor plastico.

Ya es demasiado tarde para crear un molde que encaje en semejante rompecabezas.

Demasiado tarde para vestir un rostro que nunca reconocí como mío.

Prefiero ser una grieta en el muro antes que otro ladrillo obediente.

Prefiero la herida que despierta al falso abrazo de la conformidad.

Que me llamen insensato.

Que me llamen soberbio.

Que me llamen monstruo.

Las palabras nunca han sido

 ruinas ni cadenas.

Porque es ahí, donde otros solo encuentran el fallo yo descubro el interruptor.

Es en el error donde mi espíritu respira.

Es en la inexistencia donde mi voluntad se afila.

Es en la noche donde mi voz deja de pedir permiso.

Y mientras ellos sigan arrodillándose ante sus idolos muertos, yo elegiré permanecer desafiante.

Solo.

invisible.

Incomprendido.

Pero irremediablemente libre.

Porque antes de traicionarme a mí mismo…

Prefiero incendiar la conviccion ajena.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS