«¿No escuchas las campanas encerradas bajo el mar?»
No, solo las corrientes extraviadas que se fugan.
«¿Y el sonido de la piedra cuando rueda y cae?»
No, solamente tus pisadas destrozando caracoles en la orilla.
Solo los montones de graznidos que se mezclan,
y mastican lo que queda entre sangre y nácar.
«¿Y el oscuro acantilado y tu grito que no impidió la embestida»?
Solo la advertencia tadía y mi fracaso,
solo el agua detrozando y el aullido de la roca que no fue salvada.
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