CAUSA CITY HOTEL
MITOS Y VERDADES
PRÓLOGO
Si bien en algunas oportunidades he escrito que no merece la pena desglosar cada delirio inventado por las supuestas «víctimas» de esta causa y que el juez Roberto Atilio Falcone utilizó para elaborar su dogmática y arbitraria sentencia, creo preciso destacar que si bien fueron los dichos sin pruebas los que dieron pie a los jueces Falcone, Toselli y Pelloni para condenar a gente inocente, que sean entonces las palabras con detalles, información certera y en muchos casos evidencias, las que traigan a la luz la verdad oculta detrás de esta falsa denuncia criminal.
Los resultados de la investigación llevada a cabo para plasmar la verdad de este caso en estas páginas, están basados en entrevistas a ex familiares, ex amigos y conocidos de aquellos que se complotaron para autoproclamarse «víctimas» ante el sistema judicial, persiguiendo los objetivos y pasiones que generalmente van de la mano y que convulsionan al ser humano: dinero, poder y despecho.
Las evidencias que he venido publicando, fueron negadas en la sala del TOF1 de Mar del Plata. Dado el punto al que se ha llegado en este proceso, aunque resulta un pensamiento utópico, si el juez Roberto Atilio Falcone realmente hubiera sido ecuánime y hubiese querido hacer honor a su investidura, debería haber desestimado, si no todo el caso, por lo menos el noventa y nueve por ciento. Ese uno por ciento restante, no representa un acto delictivo o de mala fe por parte de los imputados, sino que evidencia la mala praxis del abogado R.D.B., quien “asesoró” imprudentemente sobre aspectos registrales que redundaron en perjuicio de los imputados. Por este y otros “asesoramientos legales”, como por ejemplo el caso de la estafa pergeñada en 1986 por este leguleyo, junto al apoderado de los propietarios del City Hotel, contra los directivos de la Asociación Civil Instituto de Estudios Yoguísticos Yukteswar (IEYY), hecho que provocó el embargo de la única propiedad del Instituto, una vivienda en Francisco Alvarez, la señora Silvia Capossiello le inició juicio en los años 90. Al día de hoy, es sabido que este “abogado”, que goza de mala fama en la ciudad y es conocido por su mala praxis y sus vicios (como él mismo reconoce) fue quien asesoró a los querellantes sobre las fórmulas de manual, para conseguir una carátula que se ajustara a sus designios: encerrar en prisión a sus padres de por vida sin posibilidades de salir y reclamar para sí los pocos bienes, ingresos laborales y ahorros que poseían (y los que no también), para heredarlos anticipadamente.
Para dar a conocer el contenido de esta publicación, me baso en las declaraciones de los querellantes, las cuales publicaron los medios de comunicación y la sentencia de dominio público.
EL JUEZ EN SU LABERINTO
«Me da risa un ser humano juzgando a otro»
Friedrich Nietzsche
En teoría, un juez es un ser humano común y corriente, un funcionario público asalariado que funge de árbitro neutral en un debate judicial.
En la práctica, los jueces de todas las instancias (al igual que los políticos) debido a su estancamiento en el poder que les da el dinero y el cargo, han perdido su perspectiva de la realidad, han perdido su humanidad y por lo tanto se han alejado de la sociedad, volviéndose incapaces de comprender al ciudadano común y sus problemas cotidianos. Como parte de su alejamiento, hablan y escriben en una jerigonza que requiere traductor (abogado), porque eso los distingue como ciudadanos de élite, con poder sobre la vida y la muerte de aquellos que consideran inferiores.
Y es que el ser humano no está capacitado para juzgar a otro ser humano. El juez, que no es un dechado de virtud ni mucho menos, es simplemente un ser humano que respira, come y hace sus necesidades como usted o como yo. Un ser humano con todos los defectos y virtudes (muchas veces más defectos que virtudes) que lo califican como tal, que interpreta la ley a través del filtro turbio de su falsa moral y sus prejuicios propios o adquiridos.
Según la teoría del procedimiento judicial, los jueces nunca leen los expedientes de las causas que llegan a sus manos. En base a la información recabada en el debate a través de los testimonios de las partes: fiscales, querellas, víctimas, imputados, testigos y abogados de la defensa, deben realizar un profundo análisis y aplicar su discernimiento para llegar a una conclusión ecuánime y por lo tanto, justa…
Nada más lejos de la realidad.
Con este análisis de personalidad en mente, pongamos en contexto la dogmática sentencia elaborada por Roberto Atilio Falcone y sus colegas de turno.
En lo que se refiere a su proceder en el caso “City Hotel”, la sentencia ya estaba elaborada aún sin ser redactada y los imputados habían sido condenados ante la opinión pública, antes de comenzar el juicio. Nunca hubo real intención de escuchar a las partes, sobre todo a la defensa.
Roberto Atilio Falcone, quien cuenta con varias denuncias bajo la alfombra, ejerciendo abuso de autoridad, valiéndose de su «poder» y de su autopercepción de científico de la ley, defensor de los derechos humanos, temido catedrático en la Universidad de Mar del Plata y amo y señor del Tribunal Oral de dicha ciudad, bajo una actitud hipócrita, solapada, prejuiciosa, racista, pero sobre todo misógina, déspota y tiránica, ocupó su trono en la sala del tribunal y cual personaje salido de una obra de Kafka, cumplió con la simple formalidad del debate, que no fue tal.
Es de conocimiento público que, a la fecha, este juez se ha jubilado anticipadamente: en pocas palabras dimitió.
La jubilación anticipada de Roberto Atilio Falcone, un movimiento inusual que para un juez significa pérdida de poder, influencia y un salario privilegiado, deja más preguntas que respuestas. Su salida parece guiada por la lógica del “mejor pájaro en mano que cien volando”, una retirada pragmática antes de enfrentar un escenario que ya no puede controlar. Pero incluso en su despedida, no pudo evitar un último intento de justificar sus decisiones, al liberar al pastor Roberto Tagliabué, acusado de trata. Más allá de la inocencia o culpabilidad de este pastor, Falcone trazó una comparación forzada con el caso de Eduardo Agustín De Dios Nicosia y repitió a la inversa los mismos argumentos que utilizó para negarle la libertad y dejarlo morir en prisión, esta vez para liberar al pastor. Ese paralelismo, más que coherencia, exhibe el gesto final de un magistrado resentido que, antes de hacer mutis por el foro, en un acto de autodefensa, quiso dejar escrita su propia versión de los hechos, aún a costa de seguir ensuciando el nombre de un inocente.
El 21 de junio de 2022, junto a sus colegas Fernando Marcelo Machado Pelloni y Nicolás Toselli, parieron el engendro macabro y asesino, que hemos dado en llamar “La sentencia en la causa City Hotel”.
Para llegar a este punto, hubo por supuesto pasos previos: una investigación, un allanamiento con detención, una acusación y una elevación a juicio. Todo esto estaría muy bien si realmente hubiera un crimen cometido y, por lo tanto, perpetradores. Pero este no fue el caso. La «justicia impartida» en Mar del Plata por representantes de Justicia Legítima, no se maneja de esa forma.
Es sabido que cualquier investigación por trata de personas, requiere de por lo menos 2 años de indagaciones, infiltrados en las organizaciones investigadas y un movimiento importante de gente y dinero bajo pantallas «legales» que, con algo de averiguación, se pueden desarmar. También es sabido que existen organizaciones internacionales, que subsidian a los sistemas judiciales de diferentes países y tendencias, por alcanzar una cantidad anual de condenas, conseguidas por este tipo de causas.
El caso que nos ocupa, no requirió más de 6 meses de supuesta investigación, los informes policiales no arrojaron resultados acordes al crimen investigado, el hotel llevaba por lo menos 30 años funcionando como tal y 15 como cooperativa, todo debidamente legalizado y fácilmente comprobable, primero por los miles de pasajeros que se alojaron en el hotel a lo largo de los años y luego por los respaldos legales de todas las instituciones del Estado que hacen al funcionamiento y habilitación de una Cooperativa. Y más tratándose de una tan transparente, que era considerada la Cooperativa Blanca de Mar del Plata.
Sin embargo, el juez Santiago Inchausti allanó, el fiscal Nicolás Czizik acusó, el fiscal Daniel Adler amplió el procesamiento y elevó a juicio y Falcone condenó.
Podemos concluir entonces, que cualquier ciudadano de a pie corre peligro de ser víctima de una causa que cubra las expectativas de estas organizaciones «judiciales», en este caso «Justicia Legítima», que llenan sus bolsillos con el dinero que estas causas armadas les dan y en nombre de la justicia usurpan bienes, terrenos y dinero a los imputados. Sólo hace falta una falsa denuncia y funcionarios ociosos que huelan una jugosa posibilidad de fama y fortuna.
Por lo tanto en este capítulo dedicado a la sentencia, iremos desglosando y desmintiendo cada una de esas etapas que llevaron a la condena, hoy en apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y cada fundamento basado en dichos y no en hechos, que utilizaron para respaldar lo que ya tenían pergeñado desde el vamos.
MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA «CITY HOTEL» – El juez en su laberinto – Podcast
MITO
LA HONORABILIDAD
DE LOS TRIBUNALES
Las salas de los tribunales son espacios honorables y solemnes donde los magistrados ecuánimes e imparciales, fungirán como árbitros entre las partes en debate, para llegar a la verdad e impartir justicia.
REALIDAD
Siempre hablando del caso que nos ocupa, el diván del psicólogo, se trasladó a la sala del tribunal y el juez ejerciendo abuso de poder, en su auto percibida “divina omnipotencia y omnisciencia”, se convirtió en médico, psicólogo, consejero, fiscal, juez, verdugo y sepulturero. En este caso en particular, Roberto Atilio Falcone quien era el presidente de la sala del Tribunal, se parcializó por completo sin cuestionar a las “víctimas” pero sí a los testigos de la defensa, y entre gestos de taimada cortesía y de déspota tiranía, se ocupó de inclinar la balanza en contra de los acusados.
En la ejecución del debate, la sala de audiencias se movía entre las formas y las normas de la hipocresía, mientras que entre jueces, fiscales, abogados, secretarios, periodistas, supuestas “víctimas” y testigos que les eran afines, arrastraron por la bosta que salía de sus bocas, a los imputados que en total estado de indefensión, observaban inmersos entre la incredulidad y la angustia, el descuartizamiento del que eran objeto.
Evidentemente, hay algo que no funciona en la justicia, porque es un hecho comprobado que Internet se ha convertido en la tribuna pública de todos aquellos que se sienten desamparados por la ley y el sistema judicial.
Veamos si acaso no son los jueces y fiscales, quienes cometen fraude y engaño a través de los medios que trabajan para ellos y si acaso no intimidan y amenazan a abogados, imputados y testigos de la defensa, abusando de su autoridad y valiéndose de su posición.
MITO
LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA
Todo individuo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
REALIDAD
Todo individuo es culpable hasta que se demuestre su inocencia, lo cual queda supeditado a la voluntad, interpretación y conveniencia del juez de turno.
LA SENTENCIA
Para situar los hechos en su debido contexto, a través de esta y futuras publicaciones iré desglosando y refutando, de manera paulatina, aspectos puntuales de la sentencia. Dichos aspectos revelan las conclusiones a las que arribaron los jueces al elaborar su dogmático y arbitrario veredicto, basado en los relatos de las supuestas “víctimas” y “testigos” alineados con la acusación, pero no en evidencias.
La elaboración de dicha sentencia es puramente dogmática y se sustenta exclusivamente en el supuesto modus operandi de las sectas, lo cual carece de toda relación con la realidad de la vida de los imputados y sus familias. Basta señalar que la llamada “secta del City Hotel” jamás existió.
Las pruebas y testimonios que publicaré están basadas en entrevistas y material aportado por familiares y amigos de las víctimas de esta causa, que en este caso son los imputados.
MITO
LA DENUNCIA
«En la primera semana de diciembre de 2017, se recibió una denuncia «anónima» en la línea 144 de violencia de género, argumentando que en el City Hotel de la ciudad de Mar del Plata vivía el líder de una secta con sus seguidores, a quienes mantenía sometidos y explotados laboral y sexualmente. Entre ellos a 3 de sus hijos que vivían con él y que su hija mayor y su nieta habían «escapado» unos meses atrás.»
REALIDAD
Según declaraciones de sus propios hermanos, en el juicio se supo que la denuncia «anónima» fue efectuada por el hijo menor de la señora Silvia Capossiello, a quien llamaremos Edaya y que ha sido identificado en estas páginas como «P2«.
Este individuo, quien en ese momento contaba con 34 años de edad, vivía solo por propia voluntad en un departamento propiedad de su madre, en CABA. Mientras su familia se mudó a Chapadmalal, a una casa de alquiler temporal que él rentó, según se puede leer en el contrato de locación, decidió quedarse a vivir en CABA para concretar su supuesto proyecto de estudiar música e ingresar a la Academia de Música IUNA. Durante su adolescencia mientras residía en Venezuela, quiso aprender a tocar el piano, por lo cual la señora Capossiello contrató una profesora de música de nacionalidad uruguaya, que iba a domicilio para darle clases particulares, utilizando un piano vertical Yamaha que tenían en su casa y que pertenecía a su padre. Debido a estas supuestas ansias de estudiar y para que pudiera hacerlo sin limitaciones donde fuera que Edaya se encontrara, el señor Nicosia con sus ahorros, le compró vía internet directo de los Estados Unidos, un teclado Casio Privia, uno de los mejores en su estilo a principios de los años 2000 y que emulaba a la perfección al piano convencional, tanto en su configuración como en su sonido.
Ya en Argentina, entre los años 2013 al 2016, es decir siendo un treintañero, asistía a la academia de música en CABA, más para salir con su novia y comer asados con el portero de dicho instituto, que para estudiar. También visitaba en su departamento, a una profesora de piano para tomar clases particulares, pero una vez más, estaba más interesado en la vida y obra de la señora que en el estudio. Viviendo en CABA tenía mucha vida social, salía con su novia, con amigos, iba al teatro Colón, a restaurantes, librerías, embajadas, eventos sociales, fiestas de todo tipo. En resumen, era una especie de juerguista que vivía a costa del dinero que su familia le enviaba, ya que hasta ese momento jamás trabajó. Durante los casi dos años que pasó socializando y recorriendo toda la ciudad, la música quedó relegada a un último lugar y no progresaba en sus estudios, por lo que el señor Nicosia, quien en ese momento se encontraba en Mar del Plata, le sugirió a través de un email en respuesta a una consulta que Edaya le había realizado, que mejor se dedicara a otra actividad ya que no tenía la atención, la disciplina, ni la dedicación que se requiere para el estudio de un arte como es la música. Que descansara de los estudios y que si más adelante quería, volviera a retomar. A raíz de esta respuesta, nunca más se comunicó con el Sr. Nicosia y se distanció cada vez más de su familia, a quienes dejó de visitar para las fechas festivas lo cual hasta ese momento acostumbraba a hacer.
En el año 2016 aproximadamente, llegó a oídos de la familia que Edaya se había comprometido y estaba organizando los preparativos para su boda. En plena remodelación del hotel, cumpliendo con los plazos de la habilitación municipal, en medio de un problema de corte de gas y de las obras para ajustar las instalaciones de gas a la normativa vigente y de todo el arduo trabajo que los cooperativistas llevaban a cabo para poder comprar el hotel, Edaya comenzó a llamar con una insistencia que rayaba en el acoso, a cada uno de los móviles particulares de sus familiares, amigos y conocidos, anunciando su boda e invitándolos a asistir. Nadie en el hotel se encontraba disponible o desocupado para viajar a CABA y asistir a la boda. Esto hizo que se enfureciera y comenzó incluso a amenazar a algunos de sus hermanos por teléfono y desafiar al señor Nicosia para ver si tenía la «valentía de visitarlo en su casa propia» según dijo… ¿?
El caso de acoso más claro, lo sufrió la señora Capossiello, que mientras estaba sumamente ocupada poniendo al día toda la documentación de la cooperativa y redactando las actas que en realidad debía haber realizado el abogado OB, recibía interminables mensajes de WhatsApp cargados de fotos que Edaya le enviaba de su novia y de cada evento social al que asistía. Fue tal la cantidad de datos que llegaban al teléfono, que finalmente se trabó, al punto que la señora casi debió enviarlo a reparar. Finalmente debió bloquear el contacto de su hijo, para que no la siguiera acosando por teléfono.
Lo último que la familia supo acerca de este individuo, fue que la policía de la Ciudad de CABA allanó el departamento donde vivía en calle La Rioja. Al momento del allanamiento, no había ni rastros de Edaya quien era buscado debido a una denuncia por falsificación de documentos y robo de identidad. Debido a esto fue presa una vecina que no había hecho más que facilitarle conexión de su red WiFi.
La sincera sugerencia del señor Nicosia acerca de la música, que sus familiares y allegados no asistieran a su boda, su ego herido y su situación poco viril delante de su novia, fueron los detonantes que llevaron a Edaya a efectuar la denuncia falsa.
Una vez que sus familiares fueron detenidos por orden de Santiago Inchausti debido a esta denuncia, Edaya siguió comunicándose con la fiscalía a cargo de Nicolás Czizik para enviarle una sarta de fotos y e-mails que no le pertenecían a él ni a los acusados y que no denunciaban nada en sí, sólo las historias que él agregaba a la documentación, diciendo que todo se lo había contado Raya, quien era el ex de su mamá, resentido por un divorcio que lo había dejado sin bienes heredables.
Como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones en estas páginas, la mentada secta no existía. El señor Nicosia no tenía seguidores sino familiares y amigos. Vivía en un departamento privado del hotel junto a su familia y se encontraba muy afectado por su enfermedad autoinmune de espondilitis psoriásica, que le provocaban crisis agudas de psoriasis y de dolor en cada una de sus articulaciones, lo cual reducía su movilidad al punto de tener que utilizar una silla de ruedas para desplazarse por distancias mayores a 2 metros. Como tenía la profunda convicción de que nadie tenía la culpa de sus dolencias, mantenía una actitud amable hacia todos los que le rodeaban y siempre estaba de buen humor.
Fue esta actitud la que utilizó la principal querellante en la causa, a quien llamaremos Maciya y que hemos identificado en estas páginas como «P1«, para argumentar que el señor Nicosia mentía, que se hacía el enfermo, que en realidad era un violento golpeador y torturador con toda su familia y que sólo tenía buen trato para con amigos y vecinos.
Fue la misma Maciya durante los dos días que estuvo volcando todo su resentimiento ante quien quisiera escuchar, la que dijo haber escapado de la «secta», pero la realidad es que en septiembre del año 2017 decidió mudarse con su hija, 5 valijas, un violín y una guitarra que no le pertenecían, además de los $25000 (pesos argentinos) que el señor Nicosia tenía destinados para pagarle a los profesores que iban a dar clases esa semana en el taller de música.
Al momento de la denuncia realizada por su hermano menor, Maciya contaba con 47 años de edad, se encontraba «trabajando» en el Hotel Hermitage, en el Festival de Guitarras y hacía 4 meses que no vivía con su familia.
LA INVESTIGACIÓN
“Si realmente hubieran investigado,
nunca habría existido un allanamiento.”
V.V . Testigo en la causa “City Hotel”
Cuando se habla de investigación, generalmente vienen a nuestra mente imágenes de grandes y prolongados operativos policiales encubiertos, escuchas telefónicas, fotos tomadas con teleobjetivos, policías apostados día y noche frente a los edificios a vigilar, comiendo donuts, maní y tomando litros de café durante horas tediosas e interminables, ya sea desde un vehículo camuflado o desde un departamento vecino. Agentes policiales encubiertos, infiltrados durante meses y a veces años, dentro de la organización investigada, poniendo su vida en peligro a cada instante bajo el riesgo de ser descubiertos.
Nada más lejos de la realidad.
Quizás en países del primer mundo funcione así, pero en el pequeño feudo de Santiago Inchausti, las cosas se manejan de otra manera: la suya.
En este capítulo dedicado a la supuesta investigación, desglosaremos todos los aspectos de lo que debería haber sido un operativo serio, pero no fue más que una caricatura grotesca. No está en la intención de este escritor criticar el accionar de las fuerzas del orden, ya que como se verá en este análisis, salvo algún agente, que ávido de un ascenso en su carrera no tuvo prurito en fabular, veremos que en general, la policía sí cumplió con su tarea. Este escrito busca destacar cómo con el advenimiento de la democracia y la invasión de la política y la corrupción en cada uno de los organismos del Estado, estas fuerzas operativas fueron entrando en un estado de decadencia, perdieron su capacidad investigativa, su autodeterminación, su capacidad operativa, su dignidad y respeto y se convirtieron en simples brazos ejecutores de los funcionarios judiciales de turno, subordinados al capricho en la mayoría de los casos, de fiscalillos y jueces de poca monta, pero con muchas ansias de poder.
MITO
Después de casi un año de ardua investigación por parte de la Policía Federal, se pudo constatar la existencia de una red de trata de personas que posteriormente se procedió a desarticular.
REALIDAD
La pseudo investigación policial sólo se llevó a cabo durante mayo y junio de 2018: 2 meses.
Veamos cuáles son los procedimientos que deberían llevarse a cabo en una investigación seria por trata de personas:
1. La primera señal
Las investigaciones rara vez comienzan con un gran operativo. Suelen nacer de:
– una denuncia anónima,
– el llamado de un familiar preocupado,
– una víctima que logra escapar,
– un informe de una ONG que detecta patrones sospechosos.
En esta etapa, la información es fragmentaria: nombres incompletos, direcciones dudosas, horarios confusos. Pero es suficiente para abrir una investigación preliminar.
En el caso que nos ocupa, la denuncia “anónima” fue realizada por un familiar resentido, mas no preocupado: Edaya.
La supuesta “víctima que logró escapar”, Maciya, no vivía en el hotel desde hacía más de 6 meses y “trabajaba” en el Hotel Hermitage. Su primera acción desesperada al “escapar” del City Hotel entre agosto y septiembre de 2017 junto a su hija Maviya, 5 valijas, un violín, una guitarra, su computadora personal, sus teléfonos móviles y $25000 (pesos argentinos que pertenecían a los profesores de música) fue ir al bar «Los Duendes», para que su hija tocara la guitarra junto a “Cachito” Rodríguez, reconocido guitarrista de la ciudad, hoy fallecido.
2. Recolección de indicios
La fiscalía especializada solicita a las fuerzas de seguridad que verifiquen si los datos tienen sustento.
Se revisan:
–movimientos en domicilios señalados,
-perfiles en redes sociales usados para captar víctimas,
–registros de hoteles, terminales y transportes,
-antecedentes de personas mencionadas.
Nada se interviene todavía: se observa, se documenta y se arma un mapa inicial.
En el caso City Hotel, los procedimientos fueron a la inversa:
Si bien la denuncia se había realizado en diciembre de 2017, y durante los primeros meses de 2018, gran parte de los confabulados en la denuncia falsa fueron aportando direcciones de lugares en los cuales habían vivido a lo largo de sus más de 47 años de vida, el único domicilio «vigilado» fue el City Hotel. No se pudo constatar ninguno de los demás debido a su antigüedad, a su ubicación o porque simplemente hacía mucho tiempo que habían pasado a ser propiedad de otros dueños o ya no existían.
Según ha llegado a conocimiento de este escritor, de los movimientos observados en el hotel, los agentes policiales que vigilaban esporádicamente durante algunas horas, desde un auto estacionado en la Plaza del Monumento a las Malvinas frente al hotel, pudieron concluir que los “movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”. Sólo un agente fue cambiando y adaptando su informe de acuerdo a los designios de la fiscalía y del juez de instrucción, fabulando acerca del señor Nicosia y de una supuesta religión cristiana universal (que vaya uno a saber qué es) como parte de un ritual que seguían los cooperativistas.
La única red social que utilizaba la Cooperativa era Facebook, con fines publicitarios para a venta de plazas del hotel y promociones de temporada y fechas pico. Esta acción fue etiquetada por Santiago Inchausti como “captación”.
Todo lo demás, sólo se revisó después que Ichaustí ordenó las detenciones.
El único antecedente del Sr Nicosia fue por haber estado preso en Venezuela a causa del femicidio cometido por Jaya en los años 80s, del cual el señor Nicosia salió libre de culpa y cargo, por no haber tenido nada que ver con el hecho, luego de sufrir tres años y medio de prisión y ser torturado durante su detención en aquel país.
El señor Coronado corrió una suerte similar, pero fue liberado en poco tiempo.
La señora Capossiello no tenía antecedentes penales, al igual que el señor Fanesi.
3. Vigilancia encubierta
Cuando los indicios se repiten, comienza la observación en campo:
– agentes encubiertos vigilan domicilios,
– se registran entradas y salidas,
– se identifican vehículos,
–se detectan patrones de traslado nocturno.
La clave es confirmar que existe coerción, explotación o captación engañosa, elementos centrales del delito de trata.
Como ya dijimos en el punto anterior, agentes de la Policía Federal Argentina que realizaban tareas de observación concluyeron que: “los movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”.
Las fotos de la “investigación” policial, fueron tomadas de las reseñas de Google, publicadas por los pasajeros del hotel en internet. Fotos que no denunciaban nada en sí, sólo mostraban a algunos cooperativistas realizando sus actividades diarias, que fueron utilizadas por Czizik e Inchausti, para justificar los delitos investigados.
En un caso en particular, quizás impulsado por la promesa de un ascenso o tal vez algo más, los informes policiales cambiaban de acuerdo al requerimiento de sus superiores o de la fiscalía, llegando a decir que el señor Nicosia era conocido en el barrio y mantenía buena relación con los vecinos. O que un personaje robusto que se encontraba en el balcón del primer piso del hotel, fumando un cigarrillo, concordaba con el individuo investigado. Este mismo agente, durante el juicio oral, llegó al colmo de la fabulación, al decir que, desde la Plaza del Monumento a las Malvinas, había visto al señor Nicosia pasearse por la terraza del hotel. También declaró que el señor Nicosia fingía su enfermedad.
Este escritor, realizó las pruebas correspondientes para comprobar si era posible visualizar la terraza del hotel desde la plaza y concluyó que la única manera que hubiera podido ver a alguien deambulando por la terraza de un quinto piso desde ese punto, era si ese alguien se hubiera asomado casi al borde de la baranda o colgado del muro que hay en el perímetro de la terraza, o se hubiera arrastrado por los techos de los balcones del cuarto piso.
La realidad de toda esta fabulación es que ningún vecino conocía al señor Nicosia, sólo lo conocían los profesores de música que se entrevistaban con él para coordinar las clases del taller de música en el cuarto piso.
El señor Nicosia prácticamente no salía de su departamento, más que para ir al médico, al dentista y los eventos de guitarra al que lo invitaba la conocida guitarrista de la ciudad, que se autoproclamaba su “hermanita del alma”.
Según los testigos que habitaron durante años en el hotel, al momento de los allanamientos el salón del primer piso se encontraba en remodelación, obra dirigida por Xavaya, de complexión robusta y que salía al balcón a fumar mientras dirigía a los obreros, quienes no conocían al señor Nicosia.
Por estos mismos testigos, este escritor pudo conocer que el único acceso a la terraza era por escalera. El señor Nicosia no podía subir escaleras. Su movilidad era reducida y se desplazaba principalmente en silla de ruedas que un tercero debía propulsar. Los pocos pasos que podía dar, lo llevaban de su habitación al baño o a la computadora de escritorio, que se encontraba a unos pocos metros de su habitación. Debido a su enfermedad autoinmune, sus piernas prácticamente no lo sostenían en pie y esta inestabilidad fue en aumento, como presos, guardias y personal del penal de Ezeiza pudieron comprobar durante los dos años y medio que estuvo en prisión preventiva, hasta que falleció por abandono de persona.
En dos ocasiones, policías que dijeron haber hecho indagaciones de manera encubierta, ingresaron al hotel vestidos con las chaquetas azules que los identificaban como agentes de la PFA en letras amarillas, para consultarle al recepcionista, que era el Sr Fanesi, acerca de la estadía del señor Nicosia en el hotel. Este era un dato que el señor Fanesi ignoraba, ya que sus horarios en la recepción no coincidían con las salidas del señor Nicosia y su familia. Por lo tanto, dijo desconocer si se encontraba o no en el hotel. Luego del allanamiento Inchausti decidió interpretar este desconocimiento del señor Fanesi como encubrimiento, lo cual le costó 6 años de cárcel gratuitamente y el mancillamiento de su buen nombre y su trayectoria de vida.
Los únicos vehículos existentes eran: un auto Alfa Romeo del año 1997 que era utilizado por el secretario de la cooperativa a quien daremos en llamar Xavaya y era uno de los hijos de la Señora Capossiello, o por el señor Coronado para llevar a alguno de los cooperativistas que necesitaban ir al dentista o al médico y para realizar las compras de materiales de refacción que Xavaya le encargaba.
También había dos casas rodantes propiedad de la señora Capossiello, su hija Maciya y una tercera persona, compradas con los ahorros del trabajo realizado por sus empresas de paisajismo en Venezuela, con la finalidad de llevar a su familia a recorrer el mundo. Una de estas casas rodantes, era utilizada por dicha familia, que incluía al señor Nicosia y los hijos de ambos, para ir a pasear por Mendoza por ejemplo, pero principalmente para ir a un médico chino en CABA donde todos se atendían cada 4 meses aproximadamente y de paso paseaban o le llevaban dinero a Edaya, quien en ese momento vivía con su novia en un departamento propiedad de su mamá, en calle La Rioja, en CABA.
Estos viajes eran los que se realizaban durante la madrugada, porque como muchos conductores saben, la ruta 2 generalmente está más despejada de vehículos durante esas horas. Para la realización de estos viajes, la hija del señor Nicosia, preparaba previamente sandwichitos de miga, cappellettis de cerdo, milanesas, carne asada, facturas, postres, comida para su mascota. De esta forma evitaban gastar mucho gas en la cocinita de la casa rodante, y luego durante el viaje, preparaban revoltillo de huevos para el desayuno, café o guisos de carne y verduras para los almuerzos. Durante los viajes de ida o vuelta, repostaban en la Shell de Chascomús donde tomaban café y sandwiches de jamón y queso o medialunas, iban al baño y estiraban un poco las piernas luego de casi 3 horas de viaje y sacaban a la mascota a hacer sus necesidades. Un punto de parada muy apreciado por estos viajantes, era la «Parrilla El Turco» entre Chascomús y Dolores (hoy ya no existe) donde al igual que los camioneros que paraban a comer y descansar allí, disfrutaban de un excelente asado y unas exquisitas papas fritas caseras. En CABA comían en restaurantes chinos o compraban la comida en pizzerías, restaurantes como “Las Carnitas” o el Candil en Lobos, para comer tranquilos en la casa rodante.
Estos vehículos también se utilizaban para situaciones tales como por ejemplo, alcanzar hasta su casa en Santa Clara del Mar, al profesor de bandoneón en días de mucha lluvia y barrial, para que no se le ensuciaran las alpargatas. El padre de este bandoneonista, se alojó gratuitamente en el hotel. Este pedido lo había hecho el señor Nicosia a la cooperativa a modo de agradecimiento al profesor de bandoneón, además del pago que le realizaba semanalmente. A pesar de todo esto, el día del allanamiento, este profesor entró y salió por la puerta giratoria del hotel en el mismo instante y nunca más se volvió a comunicar. Su alumna, la hija de señor Nicosia, le envió mensaje desmintiendo la denuncia, pero nunca respondió.
En otra ocasión, un 5 de abril de 2017, la casa rodante se utilizó para alcanzar a la profesora de guitarra hasta la ciudad natal de Abel Fleury, en ocasión de celebrarse un evento conmemorativo en honor a este guitarrista muy admirado por ella.
Además de estos eventos puntuales y especiales, estos vehículos, prácticos por su tamaño, se utilizaban para realizar compras mayoristas mensuales para el hotel y a veces para llevar artículos para donar a ONGs que estaban padeciendo miseria.
4. Interceptación de comunicaciones
Si la fiscalía considera que hay una red organizada, solicita al juez:
– intervención telefónica,
–acceso a mensajes,
–análisis de redes sociales,
_geolocalización de dispositivos.
Aquí suelen aparecer códigos, órdenes de traslado, pagos, y nombres que permiten reconstruir la estructura criminal.
Como hemos podido deducir, de acuerdo al análisis de los puntos anteriores, no había indicios por parte de la policía acerca de una red de trata. Todo el operativo debió haber terminado allí. Sin embargo, Santiago Inchausti se basó única y exclusivamente en dichos sin prueba, para ordenar un allanamiento y detención, hecho que le costaría la vida al señor Nicosia y la humillación pública a gente que nunca cometió un crimen en su vida.
Durante los 2 meses que se llevó a cabo la investigación, hubo horas de escuchas telefónicas que según concluyeron los propios agentes que las realizaron, «no contenían material de interés para la causa» y que superabundaban en pedidos de reservas del hotel y en pagos a través de portales hoteleros. De esas escuchas destacaron la conversación de una funcionaria del Ministerio de Desarrollo que quería saber quién era la autoridad de la cooperativa con quien debía hablar, para otorgar un subsidio que había sido solicitado y para coordinar una visita al hotel a fin de realizar un documental acerca de cómo los cooperativistas habían rescatado el hotel. De esta visita quedó una constancia en video filmado por funcionarios de dicho ministerio y una toma fotográfica de los asociados de la Cooperativa, cuya organización y puesta en escena fue dirigida por Maciya, quien un mes después, lloraba ante un fiscal diciendo que había estado cautiva y aislada del mundo dentro de una secta.
5. Identificación de roles dentro de la red
Con las comunicaciones y la vigilancia, se arma el organigrama:
– captadores: quienes reclutan con falsas promesas laborales,
– transportistas: encargados de mover a las víctimas entre ciudades,
–administradores: quienes manejan el dinero y la logística,
-encargados locales: controlan alojamientos y explotación,
– líderes: coordinan todo desde la distancia.
La red suele funcionar como una empresa clandestina.
El hotel no trabajaba de forma clandestina. Era ampliamente conocido en la ciudad por sus actividades como tal, por las clases de Yoga a las cuales asistían los residentes locales sin que se les cobrara y más adelante por su lucha cooperativista. A pesar de todas las dificultades que su personal debió afrontar a través de los años, por la amenaza latente de desalojo por parte del Banco Provincia, funcionó brindando hospedaje durante 33 años, hasta que Santiago Inchausti lo clausuró y borró de un plumazo todos los proyectos que le costaron a tanta gente, años de actividad, esfuerzo y dinero.
Como la investigación no arrojaba resultados satisfactorios, Santiago Inchausti y Nicolás Czizik se ocuparon de asignar roles y actividades a los personajes más mencionados en las declaraciones de los denunciantes. Fue así que idearon que la publicidad por alojamiento, era el método de captación al igual que en el pasado, lo había sido la folletería publicitaria de las clases de Yoga que distribuía el Instituto Yukteswar en sus años de actividad.
Como transportista designaron al señor Fanesi, pero resulta que este señor, no manejaba un vehículo desde finales de los años 90 por motivos de salud.
Los administradores que manejaban el dinero según ellos, eran la señora Capossiello y el señor Nicosia, pero la realidad es que en los últimos tiempos, Xavaya lo manejaba junto con su novia (esto contra la voluntad de los asociados cooperativistas). Por este motivo y por los repetidos robos que habían padecido los recepcionistas por parte de rateros que entraban al hotel, el dinero se guardaba en cajas de seguridad en el cuarto piso.
Como encargado del alojamiento y explotación designaron nuevamente al señor Fanesi por ser el recepcionista y al señor Coronado, porque algún rol había que asignarle. La realidad es que el señor Fanesi sí era recepcionista y realizaba la venta de plazas de alojamiento en las habitaciones del hotel, lo cual fue comprobado en las escuchas policiales. El señor Coronado trabajaba en el mantenimiento del hotel y debía rendirle cuentas a Xavaya, encargado de la administración y las obras de refacción.
Y finalmente el líder que todo lo controlaba a la distancia: el señor Nicosia, quien vivía en el cuarto piso y que en realidad no estaba al tanto del funcionamiento de la Cooperativa ni de las actividades de sus asociados. La única función que cumplía y lo hacía sin cobrar, era como asesor en la contratación de los profesores de música que daban clases en el cuarto piso del hotel
6. Declaraciones de víctimas
En paralelo, se rescatan víctimas en operativos menores o por denuncias espontáneas. Sus testimonios son clave:
– describen métodos de captación,
– identifican a los responsables,
-detallan amenazas, deudas, controles y restricciones,
– confirman rutas y domicilios.
Las declaraciones permiten unir piezas dispersas.
Como bien se pudo constatar a lo largo del expediente y hasta el juicio oral, las supuestas víctimas nunca pudieron precisar sumas de dinero, deudas, ni hablar de importes de dinero retenido. Muy por el contrario, ellos simplemente querían todo. Debido a que durante su infancia, adolescencia, juventud y madurez vivieron tan bien, al abandonar el nido pensaron que lo seguirían haciendo de la misma manera, pero pronto se dieron cuenta que no tenían capacidad para la administración, ni para los negocios y que siempre habían vivido de arriba, mantenidos por el trabajo de sus padres. El resentimiento que esta realidad les generó, fue uno de los detonantes en la realización de la denuncia falsa, cuya causa no fue otra que la codicia.
No hablaremos aquí de sus declaraciones, porque merecen un capítulo aparte para desmentirlas. Sólo resumiremos que están cargadas de todas las pasiones que desequilibran a un ser humano: ira, resentimiento, envidia, caprichos, celos no digeridos hacia sus padres e incluso entre ellos mismos. Carecen de toda dignidad y moralidad. Muy apropiadas para los programas faranduleros que abundan en la televisión argentina, y muy poco dignas de la sala de un tribunal. Pero así de bajo ha caído la justicia que les ha dado lugar.
Las rutas y domicilios declarados son las de viajes de temporada entre Mar del Plata y Buenos Aires para vivir en casas de veraneo, o de estadías fuera de la Capital, donde vivían rodeados por bucólicos paisajes en total despreocupación, mientras sus padres trabajaban en la ciudad. Sus viajes llegaron a Venezuela donde residieron por más de 20 años con regresos esporádicos a la Argentina, y como muy lejos, algunos viajaron a India pasando por Holanda y Alemania, en ocasión de la visita del señor Nicosia para ver a Swami Chidananda Saraswati en la Divine Life Society de Rishikesh.
En Venezuela tenían casa propia, porque el señor Nicosia y la señora Capossiello se ocuparon de comprarla con los ahorros de su trabajo, con la única intención de que a sus hijos nunca les faltara nada.
Fueron los hijos quienes se ocuparon de destruirla, en su afán de moldearla cada uno a su antojo, sin llegar nunca a un acuerdo.
7. Análisis financiero
La trata siempre deja rastros económicos. Se investigan:
– cuentas bancarias,
– depósitos fraccionados,
– comercios usados como fachada,
– transferencias internacionales,
– movimientos en billeteras virtuales.
El objetivo es demostrar beneficio económico derivado de la explotación y lavado de activos.
La Cooperativa contaba con 2 cuentas bancarias: una en el Banco Credicoop y una en el Banco Provincia. Todos los ingresos eran declarados ante AFIP. Cuando ya no quedaba un peso en ellas, porque aún con la clausura impuesta por Inchausti, los Cooperativistas siguieron pagando con lo que quedaba la compra del hotel al Banco Provincia, el fiscal Adler las mandó a “congelar”. Lo único que congeló, fueron cuentas en rojo.
Todos los depósitos y pagos con tarjetas, en algunos casos internacionales, eran efectuados y recibidos a través de portales de hotelería como Booking, provenientes de las reservas por hospedaje.
El City Hotel era un hotel y trabajaba como tal, fueron Inchausti, Adler y Czizik quienes lo tildaron de fachada.
8. Solicitud de allanamientos y detenciones
Cuando la fiscalía considera que la estructura está identificada y hay riesgo para las víctimas, pide al juez:
– allanamientos simultáneos,
– detenciones,
– rescate de personas,
– secuestro de documentación, dispositivos y vehículos.
La coordinación suele involucrar varias provincias y unidades especializadas.
Como el lector apreciará, el allanamiento y detención se realizó mucho antes de llegar a este punto. Salvo las escuchas telefónicas, todas las investigaciones y cruzamiento de datos, incluso la constatación del ADN para identificar a los hijos del señor Nicosia, se hicieron posteriormente al allanamiento, mientras los imputados estaban en prisión preventiva-permanente. xtagstartz
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