CAUSA CITY HOTEL
MITOS Y VERDADES
PRÓLOGO
Si bien en algunas oportunidades he escrito que no merece la pena desglosar cada delirio inventado por las supuestas «víctimas» de esta causa y que el juez Roberto Atilio Falcone utilizó para elaborar su dogmática y arbitraria sentencia, creo preciso destacar que si bien fueron los dichos sin pruebas los que dieron pie a los jueces Falcone, Toselli y Pelloni para condenar a gente inocente, que sean entonces las palabras con detalles, información certera y en muchos casos evidencias, las que traigan a la luz la verdad oculta detrás de esta falsa denuncia criminal.
Los resultados de la investigación llevada a cabo para plasmar la verdad de este caso en estas páginas, están basados en entrevistas a ex familiares, ex amigos y conocidos de aquellos que se complotaron para autoproclamarse «víctimas» ante el sistema judicial, persiguiendo los objetivos y pasiones que generalmente van de la mano y que convulsionan al ser humano: dinero, poder y despecho.
Las evidencias que he venido publicando, fueron negadas en la sala del TOF1 de Mar del Plata. Dado el punto al que se ha llegado en este proceso, aunque resulta un pensamiento utópico, si el juez Roberto Atilio Falcone realmente hubiera sido ecuánime y hubiese querido hacer honor a su investidura, debería haber desestimado, si no todo el caso, por lo menos el noventa y nueve por ciento. Ese uno por ciento restante, no representa un acto delictivo o de mala fe por parte de los imputados, sino que evidencia la mala praxis del abogado R.D.B., quien “asesoró” imprudentemente sobre aspectos registrales que redundaron en perjuicio de los imputados. Por este y otros “asesoramientos legales”, como por ejemplo el caso de la estafa pergeñada en 1986 por este leguleyo, junto al apoderado de los propietarios del City Hotel, contra los directivos de la Asociación Civil Instituto de Estudios Yoguísticos Yukteswar (IEYY), hecho que provocó el embargo de la única propiedad del Instituto, una vivienda en Francisco Alvarez, la señora Silvia Capossiello le inició juicio en los años 90. Al día de hoy, es sabido que este “abogado”, que goza de mala fama en la ciudad y es conocido por su mala praxis y sus vicios (como él mismo reconoce) fue quien asesoró a los querellantes sobre las fórmulas de manual, para conseguir una carátula que se ajustara a sus designios: encerrar en prisión a sus padres de por vida sin posibilidades de salir y reclamar para sí los pocos bienes, ingresos laborales y ahorros que poseían (y los que no también), para heredarlos anticipadamente.
Para dar a conocer el contenido de esta publicación, me baso en las declaraciones de los querellantes, las cuales publicaron los medios de comunicación y la sentencia de dominio público.
NOTA: TODAS LAS OPINIONES EXPRESADAS EN LOS ANÁLISIS REALIZADOS EN ESTE TEXTO ACERCA DE LA SENTENCIA, NO PERTENECEN A ESTE ESCRITOR, SON CONCLUSIONES ALCANZADAS POR PERITOS PROFESIONALES CONSULTADOS, CON EXPERIENCIA EN EL ÁMBITO JUDICIAL PENAL.
EL JUEZ EN SU LABERINTO
«Me da risa un ser humano juzgando a otro»
Friedrich Nietzsche
En teoría, un juez es un ser humano común y corriente, un funcionario público asalariado que funge de árbitro neutral en un debate judicial.
En la práctica, los jueces de todas las instancias (al igual que los políticos) debido a su estancamiento en el poder que les da el dinero y el cargo, han perdido su perspectiva de la realidad, han perdido su humanidad y por lo tanto se han alejado de la sociedad, volviéndose incapaces de comprender al ciudadano común y sus problemas cotidianos. Como parte de su alejamiento, hablan y escriben en una jerigonza que requiere traductor (abogado), porque eso los distingue como ciudadanos de élite, con poder sobre la vida y la muerte de aquellos que consideran inferiores.
Y es que el ser humano no está capacitado para juzgar a otro ser humano. El juez, que no es un dechado de virtud ni mucho menos, es simplemente un ser humano que respira, come y hace sus necesidades como usted o como yo. Un ser humano con todos los defectos y virtudes (muchas veces más defectos que virtudes) que lo califican como tal, que interpreta la ley a través del filtro turbio de su falsa moral y sus prejuicios propios o adquiridos.
Según la teoría del procedimiento judicial, los jueces nunca leen los expedientes de las causas que llegan a sus manos. En base a la información recabada en el debate a través de los testimonios de las partes: fiscales, querellas, víctimas, imputados, testigos y abogados de la defensa, deben realizar un profundo análisis y aplicar su discernimiento para llegar a una conclusión ecuánime y por lo tanto, justa…
Nada más lejos de la realidad.
Con este análisis de personalidad en mente, pongamos en contexto la dogmática sentencia elaborada por Roberto Atilio Falcone y sus colegas de turno.
En lo que se refiere a su proceder en el caso “City Hotel”, la sentencia ya estaba elaborada aún sin ser redactada y los imputados habían sido condenados ante la opinión pública, antes de comenzar el juicio. Nunca hubo real intención de escuchar a las partes, sobre todo a la defensa.
Roberto Atilio Falcone, quien cuenta con varias denuncias bajo la alfombra, ejerciendo abuso de autoridad, valiéndose de su «poder» y de su autopercepción de científico de la ley, defensor de los derechos humanos, temido catedrático en la Universidad de Mar del Plata y amo y señor del Tribunal Oral de dicha ciudad, bajo una actitud hipócrita, solapada, prejuiciosa, racista, pero sobre todo misógina, déspota y tiránica, ocupó su trono en la sala del tribunal y cual personaje salido de una obra de Kafka, cumplió con la simple formalidad del debate, que no fue tal.
Es de conocimiento público que, a la fecha, este juez se ha jubilado anticipadamente: en pocas palabras dimitió.
La jubilación anticipada de Roberto Atilio Falcone, un movimiento inusual que para un juez significa pérdida de poder, influencia y un salario privilegiado, deja más preguntas que respuestas. Su salida parece guiada por la lógica del “mejor pájaro en mano que cien volando”, una retirada pragmática antes de enfrentar un escenario que ya no puede controlar. Pero incluso en su despedida, no pudo evitar un último intento de justificar sus decisiones, al liberar al pastor Roberto Tagliabué, acusado de trata. Más allá de la inocencia o culpabilidad de este pastor, Falcone trazó una comparación forzada con el caso de Eduardo Agustín De Dios Nicosia y repitió a la inversa los mismos argumentos que utilizó para negarle la libertad y dejarlo morir en prisión, esta vez para liberar al pastor. Ese paralelismo, más que coherencia, exhibe el gesto final de un magistrado resentido que, antes de hacer mutis por el foro, en un acto de autodefensa, quiso dejar escrita su propia versión de los hechos, aún a costa de seguir ensuciando el nombre de un inocente.
El 21 de junio de 2022, junto a sus colegas Fernando Marcelo Machado Pelloni y Nicolás Toselli, parieron el engendro macabro y asesino, que hemos dado en llamar “La sentencia en la causa City Hotel”.
Para llegar a este punto, hubo por supuesto pasos previos: una investigación, un allanamiento con detención, una acusación y una elevación a juicio. Todo esto estaría muy bien si realmente hubiera un crimen cometido y, por lo tanto, perpetradores. Pero este no fue el caso. La «justicia impartida» en Mar del Plata por representantes de Justicia Legítima, no se maneja de esa forma.
Es sabido que cualquier investigación por trata de personas, requiere de por lo menos 2 años de indagaciones, infiltrados en las organizaciones investigadas y un movimiento importante de gente y dinero bajo pantallas «legales» que, con algo de averiguación, se pueden desarmar. También es sabido que existen organizaciones internacionales, que subsidian a los sistemas judiciales de diferentes países y tendencias, por alcanzar una cantidad anual de condenas, conseguidas por este tipo de causas.
El caso que nos ocupa, no requirió más de 6 meses de supuesta investigación, los informes policiales no arrojaron resultados acordes al crimen investigado, el hotel llevaba por lo menos 30 años funcionando como tal y 15 como cooperativa, todo debidamente legalizado y fácilmente comprobable, primero por los miles de pasajeros que se alojaron en el hotel a lo largo de los años y luego por los respaldos legales de todas las instituciones del Estado que hacen al funcionamiento y habilitación de una Cooperativa. Y más tratándose de una tan transparente, que era considerada la Cooperativa Blanca de Mar del Plata.
Sin embargo, el juez Santiago Inchausti allanó, el fiscal Nicolás Czizik acusó, el fiscal Daniel Adler amplió el procesamiento y elevó a juicio y Falcone condenó.
Podemos concluir entonces, que cualquier ciudadano de a pie corre peligro de ser víctima de una causa que cubra las expectativas de estas organizaciones «judiciales», en este caso «Justicia Legítima», que llenan sus bolsillos con el dinero que estas causas armadas les dan y en nombre de la justicia usurpan bienes, terrenos y dinero a los imputados. Sólo hace falta una falsa denuncia y funcionarios ociosos que huelan una jugosa posibilidad de fama y fortuna.
Por lo tanto en este capítulo dedicado a la sentencia, iremos desglosando y desmintiendo cada una de esas etapas que llevaron a la condena, hoy en apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y cada fundamento basado en dichos y no en hechos, que utilizaron para respaldar lo que ya tenían pergeñado desde el vamos.
MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA «CITY HOTEL» – El juez en su laberinto – Podcast
MITO
LA HONORABILIDAD
DE LOS TRIBUNALES
Las salas de los tribunales son espacios honorables y solemnes donde los magistrados ecuánimes e imparciales, fungirán como árbitros entre las partes en debate, para llegar a la verdad e impartir justicia.
REALIDAD
Siempre hablando del caso que nos ocupa, el diván del psicólogo, se trasladó a la sala del tribunal y el juez ejerciendo abuso de poder, en su auto percibida “divina omnipotencia y omnisciencia”, se convirtió en médico, psicólogo, consejero, fiscal, juez, verdugo y sepulturero. En este caso en particular, Roberto Atilio Falcone quien era el presidente de la sala del Tribunal, se parcializó por completo sin cuestionar a las “víctimas” pero sí a los testigos de la defensa, y entre gestos de taimada cortesía y de déspota tiranía, se ocupó de inclinar la balanza en contra de los acusados.
En la ejecución del debate, la sala de audiencias se movía entre las formas y las normas de la hipocresía, mientras que entre jueces, fiscales, abogados, secretarios, periodistas, supuestas “víctimas” y testigos que les eran afines, arrastraron por la bosta que salía de sus bocas, a los imputados que en total estado de indefensión, observaban inmersos entre la incredulidad y la angustia, el descuartizamiento del que eran objeto.
Evidentemente, hay algo que no funciona en la justicia, porque es un hecho comprobado que Internet se ha convertido en la tribuna pública de todos aquellos que se sienten desamparados por la ley y el sistema judicial.
Veamos si acaso no son los jueces y fiscales, quienes cometen fraude y engaño a través de los medios que trabajan para ellos y si acaso no intimidan y amenazan a abogados, imputados y testigos de la defensa, abusando de su autoridad y valiéndose de su posición.
MITO
LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA
Todo individuo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
REALIDAD
Todo individuo es culpable hasta que se demuestre su inocencia, lo cual queda supeditado a la voluntad, interpretación y conveniencia del juez de turno.
LA SENTENCIA
Para situar los hechos en su debido contexto, a través de esta y futuras publicaciones iré desglosando y refutando, de manera paulatina, aspectos puntuales de la sentencia. Dichos aspectos revelan las conclusiones a las que arribaron los jueces al elaborar su dogmático y arbitrario veredicto, basado en los relatos de las supuestas “víctimas” y “testigos” alineados con la acusación, pero no en evidencias.
La elaboración de dicha sentencia es puramente dogmática y se sustenta exclusivamente en el supuesto modus operandi de las sectas, lo cual carece de toda relación con la realidad de la vida de los imputados y sus familias. Basta señalar que la llamada “secta del City Hotel” jamás existió.
Las pruebas y testimonios que publicaré están basadas en entrevistas y material aportado por familiares y amigos de las víctimas de esta causa, que en este caso son los imputados.
MITO
LA DENUNCIA
«En la primera semana de diciembre de 2017, se recibió una denuncia «anónima» en la línea 144 de violencia de género, argumentando que en el City Hotel de la ciudad de Mar del Plata vivía el líder de una secta con sus seguidores, a quienes mantenía sometidos y explotados laboral y sexualmente. Entre ellos a 3 de sus hijos que vivían con él y que su hija mayor y su nieta habían «escapado» unos meses atrás.»
REALIDAD
Según declaraciones de sus propios hermanos, en el juicio se supo que la denuncia «anónima» fue efectuada por el hijo menor de la señora Silvia Capossiello, a quien llamaremos Edaya y que ha sido identificado en estas páginas como «P2«.
Este individuo, quien en ese momento contaba con 34 años de edad, vivía solo por propia voluntad en un departamento propiedad de su madre, en CABA. Mientras su familia se mudó a Chapadmalal, a una casa de alquiler temporal que él rentó, según se puede leer en el contrato de locación, decidió quedarse a vivir en CABA para concretar su supuesto proyecto de estudiar música e ingresar a la Academia de Música IUNA. Durante su adolescencia mientras residía en Venezuela, quiso aprender a tocar el piano, por lo cual la señora Capossiello contrató una profesora de música de nacionalidad uruguaya, que iba a domicilio para darle clases particulares, utilizando un piano vertical Yamaha que tenían en su casa y que pertenecía a su padre. Debido a estas supuestas ansias de estudiar y para que pudiera hacerlo sin limitaciones donde fuera que Edaya se encontrara, el señor Nicosia con sus ahorros, le compró vía internet directo de los Estados Unidos, un teclado Casio Privia, uno de los mejores en su estilo a principios de los años 2000 y que emulaba a la perfección al piano convencional, tanto en su configuración como en su sonido.
Ya en Argentina, entre los años 2013 al 2016, es decir siendo un treintañero, asistía a la academia de música en CABA, más para salir con su novia y comer asados con el portero de dicho instituto, que para estudiar. También visitaba en su departamento, a una profesora de piano para tomar clases particulares, pero una vez más, estaba más interesado en la vida y obra de la señora que en el estudio. Viviendo en CABA tenía mucha vida social, salía con su novia, con amigos, iba al teatro Colón, a restaurantes, librerías, embajadas, eventos sociales, fiestas de todo tipo. En resumen, era una especie de juerguista que vivía a costa del dinero que su familia le enviaba, ya que hasta ese momento jamás trabajó. Durante los casi dos años que pasó socializando y recorriendo toda la ciudad, la música quedó relegada a un último lugar y no progresaba en sus estudios, por lo que el señor Nicosia, quien en ese momento se encontraba en Mar del Plata, le sugirió a través de un email en respuesta a una consulta que Edaya le había realizado, que mejor se dedicara a otra actividad ya que no tenía la atención, la disciplina, ni la dedicación que se requiere para el estudio de un arte como es la música. Que descansara de los estudios y que si más adelante quería, volviera a retomar. A raíz de esta respuesta, nunca más se comunicó con el Sr. Nicosia y se distanció cada vez más de su familia, a quienes dejó de visitar para las fechas festivas lo cual hasta ese momento acostumbraba a hacer.
En el año 2016 aproximadamente, llegó a oídos de la familia que Edaya se había comprometido y estaba organizando los preparativos para su boda. En plena remodelación del hotel, cumpliendo con los plazos de la habilitación municipal, en medio de un problema de corte de gas y de las obras para ajustar las instalaciones de gas a la normativa vigente y de todo el arduo trabajo que los cooperativistas llevaban a cabo para poder comprar el hotel, Edaya comenzó a llamar con una insistencia que rayaba en el acoso, a cada uno de los móviles particulares de sus familiares, amigos y conocidos, anunciando su boda e invitándolos a asistir. Nadie en el hotel se encontraba disponible o desocupado para viajar a CABA y asistir a la boda. Esto hizo que se enfureciera y comenzó incluso a amenazar a algunos de sus hermanos por teléfono y desafiar al señor Nicosia para ver si tenía la «valentía de visitarlo en su casa propia» según dijo… ¿?
El caso de acoso más claro, lo sufrió la señora Capossiello, que mientras estaba sumamente ocupada poniendo al día toda la documentación de la cooperativa y redactando las actas que en realidad debía haber realizado el abogado OB, recibía interminables mensajes de WhatsApp cargados de fotos que Edaya le enviaba de su novia y de cada evento social al que asistía. Fue tal la cantidad de datos que llegaban al teléfono, que finalmente se trabó, al punto que la señora casi debió enviarlo a reparar. Finalmente debió bloquear el contacto de su hijo, para que no la siguiera acosando por teléfono.
Lo último que la familia supo acerca de este individuo, fue que la policía de la Ciudad de CABA allanó el departamento donde vivía en calle La Rioja. Al momento del allanamiento, no había ni rastros de Edaya quien era buscado debido a una denuncia por falsificación de documentos y robo de identidad. Debido a esto fue presa una vecina que no había hecho más que facilitarle conexión de su red WiFi.
La sincera sugerencia del señor Nicosia acerca de la música, que sus familiares y allegados no asistieran a su boda, su ego herido y su situación poco viril delante de su novia, fueron los detonantes que llevaron a Edaya a efectuar la denuncia falsa.
Una vez que sus familiares fueron detenidos por orden de Santiago Inchausti debido a esta denuncia, Edaya siguió comunicándose con la fiscalía a cargo de Nicolás Czizik para enviarle una sarta de fotos y e-mails que no le pertenecían a él ni a los acusados y que no denunciaban nada en sí, sólo las historias que él agregaba a la documentación, diciendo que todo se lo había contado Raya, quien era el ex de su mamá, resentido por un divorcio que lo había dejado sin bienes heredables.
Como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones en estas páginas, la mentada secta no existía. El señor Nicosia no tenía seguidores sino familiares y amigos. Vivía en un departamento privado del hotel junto a su familia y se encontraba muy afectado por su enfermedad autoinmune de espondilitis psoriásica, que le provocaban crisis agudas de psoriasis y de dolor en cada una de sus articulaciones, lo cual reducía su movilidad al punto de tener que utilizar una silla de ruedas para desplazarse por distancias mayores a 2 metros. Como tenía la profunda convicción de que nadie tenía la culpa de sus dolencias, mantenía una actitud amable hacia todos los que le rodeaban y siempre estaba de buen humor.
Fue esta actitud la que utilizó la principal querellante en la causa, a quien llamaremos Maciya y que hemos identificado en estas páginas como «P1«, para argumentar que el señor Nicosia mentía, que se hacía el enfermo, que en realidad era un violento golpeador y torturador con toda su familia y que sólo tenía buen trato para con amigos y vecinos.
Fue la misma Maciya durante los dos días que estuvo volcando todo su resentimiento ante quien quisiera escuchar, la que dijo haber escapado de la «secta», pero la realidad es que en septiembre del año 2017 decidió mudarse con su hija, 5 valijas, un violín y una guitarra que no le pertenecían, además de los $25000 (pesos argentinos) que el señor Nicosia tenía destinados para pagarle a los profesores que iban a dar clases esa semana en el taller de música.
Al momento de la denuncia realizada por su hermano menor, Maciya contaba con 47 años de edad, se encontraba «trabajando» en el Hotel Hermitage, en el Festival de Guitarras y hacía 4 meses que no vivía con su familia.
LA INVESTIGACIÓN
“Si realmente hubieran investigado,
nunca habría existido un allanamiento.”
V.V . Testigo en la causa “City Hotel”
Cuando se habla de investigación, generalmente vienen a nuestra mente imágenes de grandes y prolongados operativos policiales encubiertos, escuchas telefónicas, fotos tomadas con teleobjetivos, policías apostados día y noche frente a los edificios a vigilar, comiendo donuts, maní y tomando litros de café durante horas tediosas e interminables, ya sea desde un vehículo camuflado o desde un departamento vecino. Agentes policiales encubiertos, infiltrados durante meses y a veces años, dentro de la organización investigada, poniendo su vida en peligro a cada instante bajo el riesgo de ser descubiertos.
Nada más lejos de la realidad.
Quizás en países del primer mundo funcione así, pero en el pequeño feudo de Santiago Inchausti, las cosas se manejan de otra manera: la suya.
En este capítulo dedicado a la supuesta investigación, desglosaremos todos los aspectos de lo que debería haber sido un operativo serio, pero no fue más que una caricatura grotesca. No está en la intención de este escritor criticar el accionar de las fuerzas del orden, ya que como se verá en este análisis, salvo algún agente, que ávido de un ascenso en su carrera no tuvo prurito en fabular, veremos que en general, la policía sí cumplió con su tarea. Este escrito busca destacar cómo con el advenimiento de la democracia y la invasión de la política y la corrupción en cada uno de los organismos del Estado, estas fuerzas operativas fueron entrando en un estado de decadencia, perdieron su capacidad investigativa, su autodeterminación, su capacidad operativa, su dignidad y respeto y se convirtieron en simples brazos ejecutores de los funcionarios judiciales de turno, subordinados al capricho en la mayoría de los casos, de fiscalillos y jueces de poca monta, pero con muchas ansias de poder.
MITO
Después de casi un año de ardua investigación por parte de la Policía Federal, se pudo constatar la existencia de una red de trata de personas que posteriormente se procedió a desarticular.
REALIDAD
La pseudo investigación policial sólo se llevó a cabo durante mayo y junio de 2018: 2 meses.
Veamos cuáles son los procedimientos que deberían llevarse a cabo en una investigación seria por trata de personas:
1. La primera señal
Las investigaciones rara vez comienzan con un gran operativo. Suelen nacer de:
– una denuncia anónima,
– el llamado de un familiar preocupado,
– una víctima que logra escapar,
– un informe de una ONG que detecta patrones sospechosos.
En esta etapa, la información es fragmentaria: nombres incompletos, direcciones dudosas, horarios confusos. Pero es suficiente para abrir una investigación preliminar.
En el caso que nos ocupa, la denuncia “anónima” fue realizada por un familiar resentido, mas no preocupado: Edaya.
La supuesta “víctima que logró escapar”, Maciya, no vivía en el hotel desde hacía más de 6 meses y “trabajaba” en el Hotel Hermitage. Su primera acción desesperada al “escapar” del City Hotel entre agosto y septiembre de 2017 junto a su hija Maviya, 5 valijas, un violín, una guitarra, su computadora personal, sus teléfonos móviles y $25000 (pesos argentinos que pertenecían a los profesores de música) fue ir al bar «Los Duendes», para que su hija tocara la guitarra junto a “Cachito” Rodríguez, reconocido guitarrista de la ciudad, hoy fallecido.
2. Recolección de indicios
La fiscalía especializada solicita a las fuerzas de seguridad que verifiquen si los datos tienen sustento.
Se revisan:
–movimientos en domicilios señalados,
-perfiles en redes sociales usados para captar víctimas,
–registros de hoteles, terminales y transportes,
-antecedentes de personas mencionadas.
Nada se interviene todavía: se observa, se documenta y se arma un mapa inicial.
En el caso City Hotel, los procedimientos fueron a la inversa:
Si bien la denuncia se había realizado en diciembre de 2017, y durante los primeros meses de 2018, gran parte de los confabulados en la denuncia falsa fueron aportando direcciones de lugares en los cuales habían vivido a lo largo de sus más de 47 años de vida, el único domicilio «vigilado» fue el City Hotel. No se pudo constatar ninguno de los demás debido a su antigüedad, a su ubicación o porque simplemente hacía mucho tiempo que habían pasado a ser propiedad de otros dueños o ya no existían.
Según ha llegado a conocimiento de este escritor, de los movimientos observados en el hotel, los agentes policiales que vigilaban esporádicamente durante algunas horas, desde un auto estacionado en la Plaza del Monumento a las Malvinas frente al hotel, pudieron concluir que los “movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”. Sólo un agente fue cambiando y adaptando su informe de acuerdo a los designios de la fiscalía y del juez de instrucción, fabulando acerca del señor Nicosia y de una supuesta religión cristiana universal (que vaya uno a saber qué es) como parte de un ritual que seguían los cooperativistas.
La única red social que utilizaba la Cooperativa era Facebook, con fines publicitarios para a venta de plazas del hotel y promociones de temporada y fechas pico. Esta acción fue etiquetada por Santiago Inchausti como “captación”.
Todo lo demás, sólo se revisó después que Ichaustí ordenó las detenciones y aunque envió oficios a diestra y siniestra, no consiguió una sola prueba por parte de organismos nacionales e internacionales, en contra de ninguno de los imputados.
El único antecedente del Sr Nicosia fue por haber estado preso en Venezuela a causa del femicidio cometido por Jaya en los años 80s, del cual el señor Nicosia salió libre de culpa y cargo, por no haber tenido nada que ver con el hecho, luego de sufrir tres años y medio de prisión y ser torturado durante su detención en aquel país.
El señor Coronado corrió una suerte similar, pero fue liberado en poco tiempo.
La señora Capossiello no tenía antecedentes penales, al igual que el señor Fanesi.
3. Vigilancia encubierta
Cuando los indicios se repiten, comienza la observación en campo:
– agentes encubiertos vigilan domicilios,
– se registran entradas y salidas,
– se identifican vehículos,
–se detectan patrones de traslado nocturno.
La clave es confirmar que existe coerción, explotación o captación engañosa, elementos centrales del delito de trata.
Como ya dijimos en el punto anterior, agentes de la Policía Federal Argentina que realizaban tareas de observación concluyeron que: “los movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”.
Las fotos de la “investigación” policial, fueron tomadas de las reseñas de Google, publicadas por los pasajeros del hotel en internet. Fotos que no denunciaban nada en sí, sólo mostraban a algunos cooperativistas realizando sus actividades diarias, que fueron utilizadas por Czizik e Inchausti, para justificar los delitos investigados.
En un caso en particular, quizás impulsado por la promesa de un ascenso o tal vez algo más, los informes policiales cambiaban de acuerdo al requerimiento de sus superiores o de la fiscalía, llegando a decir que el señor Nicosia era conocido en el barrio y mantenía buena relación con los vecinos. O que un personaje robusto que se encontraba en el balcón del primer piso del hotel, fumando un cigarrillo, concordaba con el individuo investigado. Este mismo agente, durante el juicio oral, llegó al colmo de la fabulación, al decir que, desde la Plaza del Monumento a las Malvinas, había visto al señor Nicosia pasearse por la terraza del hotel. También declaró que el señor Nicosia fingía su enfermedad.
Este escritor, realizó las pruebas correspondientes para comprobar si era posible visualizar la terraza del hotel desde la plaza y concluyó que la única manera que hubiera podido ver a alguien deambulando por la terraza de un quinto piso desde ese punto, era si ese alguien se hubiera asomado casi al borde de la baranda o colgado del muro que hay en el perímetro de la terraza, o se hubiera arrastrado por los techos de los balcones del cuarto piso.
La realidad de toda esta fabulación es que ningún vecino conocía al señor Nicosia, sólo lo conocían los profesores de música que se entrevistaban con él para coordinar las clases del taller de música en el cuarto piso.
El señor Nicosia prácticamente no salía de su departamento, más que para ir al médico, al dentista y los eventos de guitarra al que lo invitaba la conocida guitarrista de la ciudad, que se autoproclamaba su “hermanita del alma”.
Según los testigos que habitaron durante años en el hotel, al momento de los allanamientos el salón del primer piso se encontraba en remodelación, obra dirigida por Xavaya, de complexión robusta y que salía al balcón a fumar mientras dirigía a los obreros, quienes no conocían al señor Nicosia.
Por estos mismos testigos, este escritor pudo conocer que el único acceso a la terraza era por escalera. El señor Nicosia no podía subir escaleras. Su movilidad era reducida y se desplazaba principalmente en silla de ruedas que un tercero debía propulsar. Los pocos pasos que podía dar, lo llevaban de su habitación al baño o a la computadora de escritorio, que se encontraba a unos pocos metros de su habitación. Debido a su enfermedad autoinmune, sus piernas prácticamente no lo sostenían en pie y esta inestabilidad fue en aumento, como presos, guardias y personal del penal de Ezeiza pudieron comprobar durante los dos años y medio que estuvo en prisión preventiva, hasta que falleció por abandono de persona.
En dos ocasiones, policías que dijeron haber hecho indagaciones de manera encubierta, ingresaron al hotel vestidos con las chaquetas azules que los identificaban como agentes de la PFA en letras amarillas, para consultarle al recepcionista, que era el Sr Fanesi, acerca de la estadía del señor Nicosia en el hotel. Este era un dato que el señor Fanesi ignoraba, ya que sus horarios en la recepción no coincidían con las salidas del señor Nicosia y su familia. Por lo tanto, dijo desconocer si se encontraba o no en el hotel. Luego del allanamiento Inchausti decidió interpretar este desconocimiento del señor Fanesi como encubrimiento, lo cual le costó 6 años de cárcel gratuitamente y el mancillamiento de su buen nombre y su trayectoria de vida.
Los únicos vehículos existentes eran: un auto Alfa Romeo del año 1997 que era utilizado por el secretario de la cooperativa a quien daremos en llamar Xavaya y era uno de los hijos de la Señora Capossiello, o por el señor Coronado para llevar a alguno de los cooperativistas que necesitaban ir al dentista o al médico y para realizar las compras de materiales de refacción que Xavaya le encargaba.
También había dos casas rodantes propiedad de la señora Capossiello, su hija Maciya y una tercera persona, compradas con los ahorros del trabajo realizado por sus empresas de paisajismo en Venezuela, con la finalidad de llevar a su familia a recorrer el mundo. Una de estas casas rodantes, era utilizada por dicha familia, que incluía al señor Nicosia y los hijos de ambos, para ir a pasear por Mendoza por ejemplo, pero principalmente para ir a un médico chino en CABA donde todos se atendían cada 4 meses aproximadamente y de paso paseaban o le llevaban dinero a Edaya, quien en ese momento vivía con su novia en un departamento propiedad de su mamá, en calle La Rioja, en CABA.
Estos viajes eran los que se realizaban durante la madrugada, porque como muchos conductores saben, la ruta 2 generalmente está más despejada de vehículos durante esas horas. Para la realización de estos viajes, la hija del señor Nicosia, preparaba previamente sandwichitos de miga, cappellettis de cerdo, milanesas, carne asada, facturas, postres, comida para su mascota. De esta forma evitaban gastar mucho gas en la cocinita de la casa rodante, y luego durante el viaje, preparaban revoltillo de huevos para el desayuno, café o guisos de carne y verduras para los almuerzos. Durante los viajes de ida o vuelta, repostaban en la Shell de Chascomús donde tomaban café y sandwiches de jamón y queso o medialunas, iban al baño y estiraban un poco las piernas luego de casi 3 horas de viaje y sacaban a la mascota a hacer sus necesidades. Un punto de parada muy apreciado por estos viajantes, era la «Parrilla El Turco» entre Chascomús y Dolores (hoy ya no existe) donde al igual que los camioneros que paraban a comer y descansar allí, disfrutaban de un excelente asado y unas exquisitas papas fritas caseras. En CABA comían en restaurantes chinos o compraban la comida en pizzerías, restaurantes como “Las Carnitas” o el Candil en Lobos, para comer tranquilos en la casa rodante.
Estos vehículos también se utilizaban para situaciones tales como por ejemplo, alcanzar hasta su casa en Santa Clara del Mar, al profesor de bandoneón en días de mucha lluvia y barrial, para que no se le ensuciaran las alpargatas. El padre de este bandoneonista, se alojó gratuitamente en el hotel. Este pedido lo había hecho el señor Nicosia a la cooperativa a modo de agradecimiento al profesor de bandoneón, además del pago que le realizaba semanalmente. A pesar de todo esto, el día del allanamiento, este profesor entró y salió por la puerta giratoria del hotel en el mismo instante y nunca más se volvió a comunicar. Su alumna, la hija de señor Nicosia, le envió mensaje desmintiendo la denuncia, pero nunca respondió.
En otra ocasión, un 5 de abril de 2017, la casa rodante se utilizó para alcanzar a la profesora de guitarra hasta la ciudad natal de Abel Fleury, en ocasión de celebrarse un evento conmemorativo en honor a este guitarrista muy admirado por ella.
Además de estos eventos puntuales y especiales, estos vehículos, prácticos por su tamaño, se utilizaban para realizar compras mayoristas mensuales para el hotel y a veces para llevar artículos para donar a ONGs que estaban padeciendo miseria.
4. Interceptación de comunicaciones
Si la fiscalía considera que hay una red organizada, solicita al juez:
– intervención telefónica,
–acceso a mensajes,
–análisis de redes sociales,
_geolocalización de dispositivos.
Aquí suelen aparecer códigos, órdenes de traslado, pagos, y nombres que permiten reconstruir la estructura criminal.
Como hemos podido deducir, de acuerdo al análisis de los puntos anteriores, no había indicios por parte de la policía acerca de una red de trata. Todo el operativo debió haber terminado allí. Sin embargo, Santiago Inchausti se basó única y exclusivamente en dichos sin prueba, para ordenar un allanamiento y detención, hecho que le costaría la vida al señor Nicosia y la humillación pública a gente que nunca cometió un crimen en su vida.
Durante los 2 meses que se llevó a cabo la investigación, hubo horas de escuchas telefónicas que según concluyeron los propios agentes que las realizaron, «no contenían material de interés para la causa» y que superabundaban en pedidos de reservas del hotel y en pagos a través de portales hoteleros. De esas escuchas destacaron la conversación de una funcionaria del Ministerio de Desarrollo que quería saber quién era la autoridad de la cooperativa con quien debía hablar, para otorgar un subsidio que había sido solicitado y para coordinar una visita al hotel a fin de realizar un documental acerca de cómo los cooperativistas habían rescatado el hotel. De esta visita quedó una constancia en video filmado por funcionarios de dicho ministerio y una toma fotográfica de los asociados de la Cooperativa, cuya organización y puesta en escena fue dirigida por Maciya, quien un mes después, lloraba ante un fiscal diciendo que había estado cautiva y aislada del mundo dentro de una secta.
5. Identificación de roles dentro de la red
Con las comunicaciones y la vigilancia, se arma el organigrama:
– captadores: quienes reclutan con falsas promesas laborales,
– transportistas: encargados de mover a las víctimas entre ciudades,
–administradores: quienes manejan el dinero y la logística,
-encargados locales: controlan alojamientos y explotación,
– líderes: coordinan todo desde la distancia.
La red suele funcionar como una empresa clandestina.
El hotel no trabajaba de forma clandestina. Era ampliamente conocido en la ciudad por sus actividades como tal, por las clases de Yoga a las cuales asistían los residentes locales sin que se les cobrara y más adelante por su lucha cooperativista. A pesar de todas las dificultades que su personal debió afrontar a través de los años, por la amenaza latente de desalojo por parte del Banco Provincia, funcionó brindando hospedaje durante 33 años, hasta que Santiago Inchausti lo clausuró y borró de un plumazo todos los proyectos que le costaron a tanta gente, años de actividad, esfuerzo y dinero.
Como la investigación no arrojaba resultados satisfactorios, Santiago Inchausti y Nicolás Czizik se ocuparon de asignar roles y actividades a los personajes más mencionados en las declaraciones de los denunciantes. Fue así que idearon que la publicidad por alojamiento, era el método de captación al igual que en el pasado, lo había sido la folletería publicitaria de las clases de Yoga que distribuía el Instituto Yukteswar en sus años de actividad.
Como transportista designaron al señor Fanesi, pero resulta que este señor, no manejaba un vehículo desde finales de los años 90 por motivos de salud.
Los administradores que manejaban el dinero según ellos, eran la señora Capossiello y el señor Nicosia, pero la realidad es que en los últimos tiempos, Xavaya lo manejaba junto con su novia (esto contra la voluntad de los asociados cooperativistas). Por este motivo y por los repetidos robos que habían padecido los recepcionistas por parte de rateros que entraban al hotel, el dinero se guardaba en cajas de seguridad en el cuarto piso.
Como encargado del alojamiento y explotación designaron nuevamente al señor Fanesi por ser el recepcionista y al señor Coronado, porque algún rol había que asignarle. La realidad es que el señor Fanesi sí era recepcionista y realizaba la venta de plazas de alojamiento en las habitaciones del hotel, lo cual fue comprobado en las escuchas policiales. El señor Coronado trabajaba en el mantenimiento del hotel y debía rendirle cuentas a Xavaya, encargado de la administración y las obras de refacción.
Y finalmente el líder que todo lo controlaba a la distancia: el señor Nicosia, quien vivía en el cuarto piso y que en realidad no estaba al tanto del funcionamiento de la Cooperativa ni de las actividades de sus asociados. La única función que cumplía y lo hacía sin cobrar, era como asesor en la contratación de los profesores de música que daban clases en el cuarto piso del hotel
6. Declaraciones de víctimas
En paralelo, se rescatan víctimas en operativos menores o por denuncias espontáneas. Sus testimonios son clave:
– describen métodos de captación,
– identifican a los responsables,
-detallan amenazas, deudas, controles y restricciones,
– confirman rutas y domicilios.
Las declaraciones permiten unir piezas dispersas.
Como bien se pudo constatar a lo largo del expediente y hasta el juicio oral, las supuestas víctimas nunca pudieron precisar sumas de dinero, deudas, ni hablar de importes de dinero retenido. Muy por el contrario, ellos simplemente querían todo. Debido a que durante su infancia, adolescencia, juventud y madurez vivieron tan bien, al abandonar el nido pensaron que lo seguirían haciendo de la misma manera, pero pronto se dieron cuenta que no tenían capacidad para la administración, ni para los negocios y que siempre habían vivido de arriba, mantenidos por el trabajo de sus padres. El resentimiento que esta realidad les generó, fue uno de los detonantes en la realización de la denuncia falsa, cuya causa no fue otra que la codicia.
No hablaremos aquí de sus declaraciones, porque merecen un capítulo aparte para desmentirlas. Sólo resumiremos que están cargadas de todas las pasiones que desequilibran a un ser humano: ira, resentimiento, envidia, caprichos, celos no digeridos hacia sus padres e incluso entre ellos mismos. Carecen de toda dignidad y moralidad. Muy apropiadas para los programas faranduleros que abundan en la televisión argentina, y muy poco dignas de la sala de un tribunal. Pero así de bajo ha caído la justicia que les ha dado lugar.
Las rutas y domicilios declarados son las de viajes de temporada entre Mar del Plata y Buenos Aires para vivir en casas de veraneo, o de estadías fuera de la Capital, donde vivían rodeados por bucólicos paisajes en total despreocupación, mientras sus padres trabajaban en la ciudad. Sus viajes llegaron a Venezuela donde residieron por más de 20 años con regresos esporádicos a la Argentina, y como muy lejos, algunos viajaron a India pasando por Holanda y Alemania, en ocasión de la visita del señor Nicosia para ver a Swami Chidananda Saraswati en la Divine Life Society de Rishikesh.
En Venezuela tenían casa propia, porque el señor Nicosia y la señora Capossiello se ocuparon de comprarla con los ahorros de su trabajo, con la única intención de que a sus hijos nunca les faltara nada.
Fueron los hijos quienes se ocuparon de destruirla, en su afán de moldearla cada uno a su antojo, sin llegar nunca a un acuerdo.
7. Análisis financiero
La trata siempre deja rastros económicos. Se investigan:
– cuentas bancarias,
– depósitos fraccionados,
– comercios usados como fachada,
– transferencias internacionales,
– movimientos en billeteras virtuales.
El objetivo es demostrar beneficio económico derivado de la explotación y lavado de activos.
La Cooperativa contaba con 2 cuentas bancarias: una en el Banco Credicoop y una en el Banco Provincia. Todos los ingresos eran declarados ante AFIP. Cuando ya no quedaba un peso en ellas, porque aún con la clausura impuesta por Inchausti, los Cooperativistas siguieron pagando con lo que quedaba la compra del hotel al Banco Provincia, el fiscal Adler las mandó a “congelar”. Lo único que congeló, fueron cuentas en rojo.
Todos los depósitos y pagos con tarjetas, en algunos casos internacionales, eran efectuados y recibidos a través de portales de hotelería como Booking, provenientes de las reservas por hospedaje.
El City Hotel era un hotel y trabajaba como tal, fueron Inchausti, Adler y Czizik quienes lo tildaron de fachada.
8. Solicitud de allanamientos y detenciones
Cuando la fiscalía considera que la estructura está identificada y hay riesgo para las víctimas, pide al juez:
– allanamientos simultáneos,
– detenciones,
– rescate de personas,
– secuestro de documentación, dispositivos y vehículos.
La coordinación suele involucrar varias provincias y unidades especializadas.
Como el lector apreciará, el allanamiento y detención se realizó mucho antes de llegar a este punto. Salvo las escuchas telefónicas, todas las investigaciones y cruzamiento de datos, incluso la constatación del ADN para identificar a los hijos del señor Nicosia, se hicieron posteriormente al allanamiento, mientras los imputados estaban en prisión preventiva-permanente.
A pesar de la falacia publicada en los medios acerca de las “10 víctimas rescatadas”, no hubo un solo rescate por la simple razón de que no había víctimas. Fue el sistema judicial quien se ocupó de maquillar de víctimas a todo aquel que hubiera pasado en algún momento por la vida del señor Nicosia.
9. El operativo
Se ejecuta generalmente de madrugada para evitar fugas. En los domicilios se encuentran:
– víctimas retenidas,
– cuadernos con tarifas y horarios,
– teléfonos encriptados,
– listas de “clientes”,
– vehículos preparados para traslados.
Los detenidos son separados por roles para evitar que coordinen versiones.
Al momento del allanamiento, nadie fue separado ni apartado de los imputados hasta que llevaron a los imputados a la comisaría, ya que la policía en ningún momento percibió que hubiera víctimas. Simplemente allanaron un hogar en el cuarto piso del hotel, donde residían el señor Nicosia, la señora Capossiello, sus hijos y su mascota. En todo el hotel, como la policía bien pudo constatar, no había nadie bajo llave ni cerrojo. Los únicos que tenían cerradas sus puertas con llave, eran los pasajeros que en ese momento se hospedaban en algunas habitaciones del hotel.
No había teléfonos encriptados.
La única lista de clientes era la de los pasajeros, como bien se podía comprobar en el Libro de Pasajeros que todo hotel debe llevar.
En cuanto a los vehículos ya hemos descripto qué función cumplían, tanto a nivel personal como hotelero.
10. Reconstrucción final del caso
Con el material secuestrado y las declaraciones:
-se reconstruye la red completa,
– se identifican más víctimas,
– se solicitan capturas internacionales si corresponde,
– se bloquean cuentas y bienes,
– se prepara la acusación para juicio.
NO EXISTÍA NI UN SOLO INDICIO DE UNA RED DE TRATA DE PERSONAS EN EL CITY HOTEL DE MAR DEL PLATA.
Aún así:
Hubo detenciones.
Hubo ampliación del procesamiento.
Hubo prisión preventiva indeterminada.
Hubo elevación a juicio.
Hubo “juicio”.
Hubo muerte en prisión…
11. Juicio y sentencia
El proceso judicial incluye:
– declaraciones en cámara Gesell,
-peritajes psicológicos,
-análisis financiero,
-testimonios de agentes encubiertos.
Todo este material armado por la fiscalía 2 y el juzgado 3, se admitió y utilizó en el pseudo juicio, sólo a favor de las supuestas víctimas.
No así las pruebas que la defensa había logrado reunir.
Todas fueron descartadas, la defensa ignorada y los imputados condenados desde el comienzo.
Continuando con los “fundamentos” de la sentencia elaborada por Roberto Atilio Falcone, pasamos ahora a desglosar en este capítulo, lo que el juez interpretó como los “desplazamientos criminales de la secta”.
MITO
Origen y desplazamientos del grupo
El juez afirma que la organización se remonta a finales de los años 60, iniciada en Buenos Aires, en torno a un instituto de yoga llamado Instituto de Estudios Yoguísticos Yukstewar.
Según los testimonios, el grupo se movió constantemente entre:
Buenos Aires
Mar del Plata
Entre Ríos
Venezuela
El último asentamiento fue el Hotel City, allanado en 2018.
La fachada del yoga
El yoga es presentado como fachada de captación.
Se enumeran domicilios registrados en el Registro Nacional de Cultos para reforzar la idea de una estructura formal.
Testimonios sobre el movimiento constante
Varios testigos (Jodava, Edaya, Dava, Ozeta, Jizeta, Jalana) relatan mudanzas frecuentes.
El tribunal interpreta estas mudanzas como una estrategia deliberada de aislamiento, no como decisiones familiares o laborales.
Venezuela como punto clave
Se menciona que:
Nicosia estuvo preso allí entre 1978 y 1984.
Varias familias vivieron y trabajaron en Venezuela.
Algunos hijos nacieron allí.
Aunque el tribunal reconoce que no puede juzgar hechos ocurridos en el extranjero, usa esos relatos para construir el “contexto sectario”.
Interpretación del tribunal sobre el movimiento
El tribunal concluye que las mudanzas:
Evitaban vínculos externos.
Evadían sospechas.
Permitían controlar a los miembros.
Cita a Safala: “Nicosia se iba moviendo de acuerdo a las denuncias”.
Desigualdad económica
Se describe una supuesta desigualdad extrema:
Líderes con lujos.
Miembros “inferiores” sin dinero y alimentados con arroz y agua.
Se mencionan negocios en Venezuela (paisajismo, mueblería) y en Argentina (Hotel Litoria y Hotel City).
Conclusión del tribunal sobre el funcionamiento
La organización es caracterizada como:
Secta coercitiva
Estructura totalitaria
Sistema de manipulación psicológica
Se apoya en literatura sobre sectas coercitivas y compara el caso con la secta “Monte Sión”.
REALIDAD
A. Roberto Atilio Falcone no describe hechos: construye un “contexto” que funciona como dogma
El fallo insiste en que antes de analizar delitos concretos, debe establecerse la existencia de una “secta coercitiva”.
Ese “contexto” no es un hecho probado: es una hipótesis teórica tomada de literatura sobre sectas.
El juez:
Selecciona definiciones de “secta” de la RAE. (Diccionario de la Academia Española)
Tilda al Instituto de Yoga de fachada y de secta, cuando no lo era como se puede leer en este capítulo del blog «Justicia Ilegítima».
Cita psicología social, sociología, estudios sobre manipulación coercitiva.
Compara el caso con otra secta ya condenada (“Monte Sión”).
En definitiva: el juez usa teoría para interpretar testimonios, no testimonios para construir teoría.
Es decir: la sentencia parte de la conclusión y luego acomoda los hechos dentro de ella.
B. El movimiento geográfico se interpreta como prueba de coerción
Los desplazamientos entre Argentina y Venezuela se presentan como:
Estrategia de aislamiento
Mecanismo de control
Forma de evadir denuncias
Pero el texto mismo reconoce:
Que hubo trabajo real (hoteles, paisajismo, mueblería).
Que hubo mudanzas por razones laborales.
Que hubo períodos de vida normal en casas, departamentos, hoteles.
Que los hechos en Venezuela no pueden ser juzgados.
Aun así, el juez los usa para reforzar la narrativa de “secta”.
La movilidad se interpreta como prueba de criminalidad, pero no se demuestra movilidad forzada y ni hechos criminales durante esas mudanzas.
Me detengo por un momento en este punto para realizar algunas precisiones:
En primer término, hay que destacar la contradicción en la que incurre el juez, por no llamarla mentira adrede, cuando argumenta que «los viajes eran la forma de ejercer control sobre los seguidores, mediante el desarraigo».
Pero pregúntese el lector ¿qué desarraigo puede haber, cuando la familia del señor Nicosia vivió durante aproximadamente 20 años en el mismo domicilio en Venezuela? ¿País en el cual sus hijos, (no «seguidores») y los de la señora Capossiello, se criaron, crecieron y desarrollaron sus actividades, sociales y laborales solos o en sociedad? Además, tengamos en cuenta que en los últimos años eran estos mismos hijos, principalmente Maciya, la querellante principal en la causa que nos ocupa, quien administraba el dinero, los negocios, trataba con abogados, funcionarios municipales, proveedores y manejaba las cuentas bancarias propias y las de la señora Capossiello, al punto de que la señora ya no poseía las claves de su home banking y no podía acceder a la información financiera si no era a través de Maciya.
En cuanto al City Hotel, podemos hacer una similitud con el párrafo anterior: ¿qué desarraigo puede existir si las personas que vivían y trabajaban allí lo hicieron durante 33 años en el mismo lugar, en pleno centro de la ciudad, a tres cuadras de la costa y a dos del Tribunal Oral, a la vista de todos? Eran personas conocidas por vecinos y comerciantes de la zona, proveedores e incluso funcionarios municipales y policiales, además de los pasajeros habituales y los marplatenses que asistían a las clases gratuitas de Hatha Yoga que se ofrecían en el hotel.
Los viajes entre Argentina y Venezuela no eran «frecuentes» ni «constantes». La familia del señor Nicosia y las familias de sus amigos, viajaron a Venezuela en el año 1978 debido a las condiciones de inseguridad y los niveles de violencia que se vivieron en Argentina en los años 70s. Residieron en Venezuela durante al menos 20 años con algunos viajes esporádicos y temporales a la Argentina, no por «denuncias», como inventó una de las supuestas víctimas, quien llegó a admitir ante los fiscales, que quería asesinar al señor Nicosia con una escopeta, sino por motivos de salud, de escolaridad de sus hijos, o por trabajo. Algunos de sus amigos regresaron antes por distintos motivos personales y particulares de cada quien. El señor Nicosia estuvo preso en Venezuela desde el año 80 hasta mediados del 83 por causa de un femicidio cometido por uno de sus conocidos, hecho en el cual no tuvo nada que ver y salió libre de culpa y cargo.
Finalmente, el señor Nicosia y la señora Capossiello consolidaron su permanencia en Venezuela, donde lograron comprar después de 9 años de trabajo y esfuerzo, un techo propio para asegurar el futuro de sus hijos y debieron regresar a la Argentina definitivamente en el año 2010, por la inestabilidad política en aquel país.
Durante los años vividos en Venezuela, la señora Capossiello creó una empresa de paisajismo junto con una socia y amiga de muchos años. Sus hijos no trabajaron en ella hasta la mayoría de edad, que en Venezuela siempre fue a los 18 años. Por ser una empresa familiar, es verdad que los hijos más chicos ayudaban en el armado de plantas artificiales, pero lo hacían en sus ratos libres, cuando no estaban jugando o estudiando y porque querían participar. Algunos llegaron a aprender la habilidad de tal artesanía y desarrollar en base a ello sus propios emprendimientos.
Los relatos de las supuestas víctimas incurren en un sin fin de contradicciones, siendo una de ellas que «debían trabajar por largas jornadas en los proyectos de paisajismo» que la empresa realizaba en distintos lugares de Caracas, La Guaira, San Antonio de Los Altos o Los Teques a saber.
He aquí una lista de algunos de esos lugares aportada por familiares y testigos que además también trabajaban en la empresa:
Hotel Sheraton Macuto Resort (La Guaira)
Hotel Meliá (La Guaira)
Hotel Radisson Eurobuilding (Caracas)
Hotel Dallas (Caracas)
Hotel Texas (Caracas)
Restaurante Casa Juancho (Caracas)
Restaurante Brava Mar (Caracas)
Seguros Caracas (Caracas)
Centro Comercial Sambil (Caracas)
Centro Lido (Caracas)
Centro Comercial El Recreo (Caracas)
Centro Comercial La Casona (San Antonio de Los Altos)
Centro Comercial La Cascada (Los Teques)
Banco Unión en distintas sucursales.
Radio Caracas Televisión
Venevisión
Venezolana de Televisión
Entre otros…
En sus ratos libres participaban en concursos de radio llamando a programas como «La Soda de la Noche» y a veces ganaban algún premio o brindaban alguna breve entrevista en la televisora nacional, como por ejemplo hizo Edaya con motivo de dar su opinión acerca de la atención médica que recibía en el centro médico CDI de Chuao, Salvador Allende, donde acudía para realizar sesiones de fisioterapia y mientras tanto conversaba con la entonces embajadora de Argentina en Venezuela, Alicia Castro.
Saque usted entonces sus propias conclusiones y pregúntese, ¿cómo es posible que estas supuestas «víctimas» que declararon haber estado aisladas del mundo, sin relación con el exterior, sin embargo interactuaban con tanta gente en estos y otros lugares de trabajo, salud o esparcimiento, llegando incluso a contar con su clientela propia, trataban con gerentes, amas de llave, abogados, contadores, empleados (mantenían relaciones íntimas con algunas empleadas) y tenían bajo su subordinación, personal que trabajaba para ellos, entre los cuales se encontraban algunos de los imputados en esta causa?
C. La desigualdad económica se presenta como “obscena”, pero sin prueba documental
El juez afirma:
Líderes con autos de lujo, hoteles cinco estrellas, cosméticos de alta gama.
Miembros inferiores sin dinero, comiendo arroz y agua.
Pero:
No se aportan registros contables.
No se aportan comprobantes de viajes.
No se aportan pruebas de ingresos o gastos.
No se demuestra que los miembros no tuvieran dinero propio.
Es una descripción moralizante, no probatoria.
Cabría preguntarse en este punto: si el señor Nicosia poseía tantos hoteles de lujo, ¿cómo es posible que se encontrara viviendo en uno que no le pertenecía, que a duras penas llegaba a las 2 estrellas, que se caía a pedazos por la antigüedad y por la falta de recursos para poder remodelarlo? Esto último sólo se pudo comenzar a realizar entre los años 2015 y 2018 a base de subsidios otorgados por el Estado a través del Ministerio de Desarrollo y del Trabajo. Cualquiera que haya solicitado subsidios del Estado a través de las vías correctas, sabe lo difícil que es acceder a ellos y que sólo son otorgados después de una serie de investigaciones, análisis de balances, auditorías y otros mecanismos que utiliza el Estado cuando quiere verificar la veracidad de la solicitud y el origen de los fondos del solicitante. Estos subsidios no se otorgan de la noche a la mañana. En el caso de la Cooperativa les llevó años poder reunir los requisitos para acceder a ellos.
Quien se haya hospedado o haya conocido el hotel en sus años de actividad, sabe que el hotel era sencillo, no lujoso.
Y quien haya conocido en persona a cualquiera de los imputados, sabe que no contaban con lujos ni utilizaban atuendos de marcas rimbombantes. Todos los ahorros eran utilizados en sus hijos y familiares para que tuvieran, ante todo salud, educación, buena comida, ropa de calidad, adelantos tecnológicos y todo aquello que conformara una sana y buena calidad de vida.
D. El juez usa testimonios fragmentarios para construir una estructura totalitaria
Los testimonios citados:
Son parciales.
Son interpretados bajo la lente de “secta coercitiva”.
No se contrastan con otros testimonios que contradicen esa narrativa.
El juez reconoce que:
“Los hechos ocurridos en territorio extranjero no son objeto de juzgamiento.”
Pero los usa igual para reforzar la idea de una estructura criminal.
Esto es atomismo selectivo:
Se usa holismo para construir la secta.
Se usa atomismo para condenar.
Se descarta atomismo cuando contradice el holismo.
E. La sentencia convierte la vida cotidiana en “mecanismos de control”
Ejemplos:
Mudarse → control psicológico
Trabajar → explotación
Vivir juntos → aislamiento
No tener vínculos externos → manipulación
Tener hijos → estrategia de dominación
El tribunal reinterpreta toda la vida del grupo como criminal, sin distinguir:
decisiones voluntarias
dinámicas familiares
pobreza estructural
migración laboral
vínculos afectivos reales
En resumen: este fragmento que analizamos es la piedra fundacional del mito judicial:
El tribunal necesita demostrar que existió una “secta coercitiva” para justificar:
la trata
la explotación
los abusos
la alteración de identidad
el acopio de armas
la reparación económica
el decomiso de bienes
Por eso:
Construye una narrativa totalizante.
Usa teoría para interpretar testimonios.
Reinterpreta la vida cotidiana como coerción.
Convierte la movilidad en estrategia criminal.
Usa hechos no juzgables (Venezuela) para reforzar el relato.
Compara con otra secta ya condenada para legitimar el marco (Monte Sión).
Este capítulo del fallo no prueba delitos, sino que crea el escenario emocional y conceptual que hace que cualquier conducta posterior parezca delictiva.
MITO
EL “LIDER”
Como hemos señalado en diversas oportunidades a lo largo del blog “Justicia Ilegítima” y en las páginas del libro publicado en este portal de escritura, el señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, fue tildado de “líder” por la narrativa judicial, ya que como el juez Falcone argumenta en su sentencia “si hay una secta tiene que haber un líder”. Esta sesuda percepción de su parte y de Santiago Inchausti antes que él, está basada meramente en el relato de las autoproclamadas “víctimas” y no en pericias por parte de peritos especializados. Recordemos que ambos jueces, cada uno a su tiempo, le negaron al señor Nicosia todo tipo de pericia, tanto psicológica como por parte del cuerpo médico forense, a pesar de ser solicitado por la defensa. Esta grave violación a sus derechos, constituyó el abandono de persona que derivó en su muerte.
*******
Según Roberto Atilio Falcone, el perfil era el de un líder sectario y el modo en que ejercía control absoluto sobre sus seguidores, consistía en una combinación de carisma extremo y autoritarismo violento. Según argumenta, ninguna secta puede existir sin un líder que moldee el grupo según sus preferencias, y según él, Eduardo Nicosia encarnaba ese rol con particular intensidad.
1. Carisma y construcción mística
Los testimonios señalan que el líder era percibido como un hombre “sabio, culto y encantador”, formado en India, y que sus seguidores lo idealizaban atribuyéndole “cualidades mágicas”.
Dentro del grupo era llamado “el gurú”, “el uno con el todo” y “el padre de todos”. Estar en su presencia era considerado un privilegio, y sus palabras se tomaban como dogma incuestionable.
2. Violencia sistemática y castigos extremos
En este fragmento de la sentencia, el juez detalla una larga serie de torturas, golpizas, amenazas y abusos cometidos por el líder contra adultos y menores, incluidos sus propios hijos.
Entre los castigos mencionados:
-
colgar personas de ventanas o sogas,
-
quemaduras con encendedores,
-
golpes con cinturones y armas,
-
ahogamientos,
-
aplicación de electricidad,
-
encierros prolongados,
-
violencia con armas blancas y de fuego.
Los testimonios coinciden en que el líder tenía una “doble cara”: amable hacia el exterior, brutal en el ámbito interno.
“La sensación era de pánico absoluto (…) su voz nos producía terror.”
3. Episodios de crueldad extrema
Se relatan hechos particularmente graves, como:
-
matar animales frente a los niños
-
castigos que provocaron secuelas permanentes (pánico al agua, lesiones físicas),
-
encierros prolongados de miembros del “grupo”,
-
torturas a niños desde edades muy tempranas.
4. Intimidación mediante armas y amenazas de muerte
En su argumento, el juez asume que el “líder” poseía armas legales e ilegales y se jactaba de haber matado personas.
Varios testigos afirmaron que él era capaz de ordenar asesinatos y que incluso habría participado en homicidios en Venezuela y Argentina.
5. Control psicológico y aislamiento
El miedo constante, la dependencia emocional y la creencia en su poder absoluto permitían que el líder controlara totalmente a los miembros del grupo.
También presumía de tener contactos policiales, lo que aumentaba el temor a denunciar.
6. Perfil psicológico del líder
El texto concluye que la descripción del señor Nicosia coincide con el perfil típico de líderes sectarios:
-
rasgos narcisistas,
-
personalidad dominante,
-
grandiosidad
-
paranoia
-
gran habilidad verbal y seducción.
REALIDAD
Hasta aquí podemos deducir que Roberto Atilio Falcone, no hace más que construir una imagen alrededor de la figura del señor Nicosia basándose en lo que las supuestas víctimas le contaron. Cabe destacar que el señor Nicosia fue sobreseído por fallecimiento. Es más: si nos atenemos estrictamente a la ley, falleció bajo la presunción de inocencia por no haber llegado a juicio con vida.
Desde el momento en que el señor Nicosia falleció la causa se cayó, ya que los querellantes, estaban especialmente ensañados con él.
No contento con esta situación, y porque “alguien debe pagar los costos”, aunque falsas, todas las imputaciones en su contra pasaron a los compañeros de causa. Todo el juicio, como lo demuestra la sentencia, giró en torno al señor Nicosia, quien ya no tenía posibilidad alguna de defenderse. Aún así, Falcone perfiló, acusó y condenó.
Su conclusión acerca del perfil psicológico del “líder”, fácilmente podría adaptarse al mismo Falcone, a sus colegas de la gran familia judicial o a cualquier personaje de la clase política.
Antes de profundizar en los argumentos que utilizó el juez para crear el «perfil del líder sectario», me detengo unos momentos para desmentir aspectos puntuales descritos en el mito del «líder»:
1: Al señor Nicosia lo han llamado de muchas maneras: maestro, acharya, gurú (maestro) profesor, consejero, swami, Nene, Nico, Eduardo, negrito, morocho, papá, compadre, pibe, hermano, amigo, viejo, hermanito del alma…
Todos fueron nombres o apodos impuestos por terceros, según lo que percibían de su personalidad, pero nadie se dirigía a él con modismos tan emocionales y ridículos como los descriptos por el juez.
El señor Nicosia nunca se adjudicó título alguno. Sólo firmaba con su nombre civil o monástico según la ocasión y valoraba ser llamado amigo, por encima de cualquier otro nombre o título.
Al contrario de la afirmación del juez, el señor Nicosia no fue formado en India, su grado de swami fue formalizado por Swami Chidananda Saraswati, quien reconoció en él (y no fue el único) a un ser con conocimiento genuino acerca del Yoga y la Vedanta. No a un intelectual, ni a un farsante.
2: Todos los supuestos hechos de violencia relatados en la causa, no fueron verificados por peritos profesionales. Tanto el juez como las psicólogas que «evaluaron» a las supuestas «víctimas», basaron sus diagnósticos en relatos morbosos poco creíbles.
Entre los más rimbombantes, podemos citar el de Jalana (hijo del señor Nicosia), quien dijo haber sufrido «quemaduras de tercer grado en su espalda, que cuando su padre lo quemó, la remera de polyester se le pegó a la piel y él podía oler la carne quemada» … Todos los testigos consultados, incluso su familia directa, coinciden en que este personaje no tenía semejantes cicatrices en su espalda. Pero a nadie le extrañó su nivel de inventiva, ya que Jalana (según sus iniciales en la lista elaborada por la fiscalía) era conocido por esta cualidad, que de chico podía considerarse una gracia, pero que al crecer se convirtió en una morisqueta.
Durante el episodio sufrido por el señor Nicosia en los años 80s, al haber sido detenido por causa del femicidio cometido por un conocido, Jalana, quien contaba con unos 5 años de edad, dijo delante de sus propios padres, a la Directora de Prisiones (Venezuela), en ese entonces la Dra. Virginia Contreras, que sus “pulgares estaban torcidos porque se los habían quemado”. Al ser consultado acerca de quién le había dicho tal cosa, afirmó que habían sido Jodava y su primo Jaza.
Jalana tenía polidactilia y sus dedos pulgares en forma de «pinza de langosta», eran heredados de su padre, el señor Nicosia y familiares por la vía paterna.
Otro relato digno de una película de ficción, fue el de la hija de Maciya, quien argumentó haber “sufrido una fractura expuesta en la pierna y que Nicosia le aplicó electricidad para provocarle más dolor”.
La realidad, es que la entonces adolescente, se lesionó la rodilla corriendo y deslizándose por los amplios pasillos del City Hotel en el año 2015.
La lesión no era visible, sólo se manifestó con dolor e inflamación en la zona, lo cual le impidió seguir practicando popping, baile urbano que se había dedicado a aprender observando tutoriales y videos en su cuenta de YouTube.
Para poder desinflamar rápidamente la rodilla, y que no sufriera dolor y una inflamación que se tornara en condición crónica, hasta tanto se pudiera atender con el reumatólogo de cabecera del señor Nicosia en CABA, el señor Nicosia le aplicó sus conocimientos en electroterapia con el equipo que utilizaba para él mismo, para aliviar sus dolores crónicos y no depender de la medicina oral.
A los pocos días, Maviya ya estaba diagnosticada por el reumatólogo en cuestión, fundador de una reconocida institución sita en calle Uruguay 725 en CABA, quien le recetó una rodillera y analgésicos orales en caso de dolor.
Como el lector bien puede concluir, es imposible que tal fractura expuesta existiera, porque la lesión fue mínima -más graves son aquellas sufridas por los basquetbolistas- y porque el médico especialista ni por asomo diagnosticó un caso tan grave, que incluso le podría haber provocado la muerte a la entonces joven Maviya.
3- Uno de los relatos de las «víctimas» consistía en que los niños pequeños eran torturados. Jodava relataba por ejemplo, que Xavaya, uno de los hijos menores de la señora Capossiello, recibía palizas desde que nació. Xavaya llegó a ser un hombre robusto de más de 1,80 m de altura con un carácter seguro de sí mismo y una soberbia que provocaba rechazo en aquellos que trataban con él, como por ejemplo los albañiles que trabajaban bajo su mando, comerciantes de la zona del City Hotel a quienes les hacía compras de materiales, o técnicos de mantenimiento de equipos, como la central telefónica, los aires acondicionados o los ascensores.
En 2018 fue detenido por Santiago Inchausti durante el allanamiento. Debido a que sus hermanos involucrados en el complot dijeron que Xavaya también era una víctima (más adelante se supo de su participación en la falsa denuncia mientras ocupaba su rol de Secretario de la cooperativa, ya que hubo testigos que lo escucharon en charlas secretas con Edaya) ante la duda Inchausti ordenó una pericia, en este caso por un médico forense, quien determinó que no presentaba lesiones a nivel orgánico, ni falencias intelectuales. Indicó que su perfil no era compatible con el de víctima…
Aún así, Inchausti lo sobreseyó y archivó el informe del perito.
4. El señor Nicosia no tenía armas a su nombre, como la PFA pudo comprobar. Todas las armas encontradas en el hotel pertenecían a otros individuos, entre ellos Xavaya, y estaban debidamente registradas y legalizadas, como también confirmó la policía federal.
Según pudo constatar este escritor, no hay testigos que acrediten el relato de que el señor Nicosia se jactaba de cometer asesinatos o del uso de armas. La forma genética de sus dedos y el avance de su enfermedad autoinmune, le impedían tocar el piano, mucho menos manipular un arma. En su juventud, sus dedos pulgares torcidos, fueron los que le eximieron de realizar el servicio militar obligatorio en Argentina.
Esa misma situación se repitió con sus hijos varones herederos de esta condición: Jalana y Emaya, este último declarado en su documento de excepción por los médicos peritos militares, como ITS: inútil para todo servicio.
Los únicos que se jactaban de llevar armas consigo, eran: Jodava en el año 2000 durante un viaje a Mendoza en una casa rodante que él mismo alquiló y quien fanfarroneaba paseándose armado ante los gendarmes de la zona, dirigiéndose a ellos de igual a igual. Más adelante en el tiempo, entre 2010 y 2018, Xavaya repitió una conducta similar. Se llegó a saber que, aunque Xavaya no contaba con permiso de porte sino de tenencia, llevaba un arma de su propiedad, oculta bajo el sweater cuando salía a hacer compras en CABA. Algo ilegal según la legislación sobre armas en Argentina. Fue este mismo personaje quien compró en una reconocida armería de CABA (My Friend) armas totalmente innecesarias de acuerdo al uso que la cooperativa buscaba darle que era servicio de seguridad para el hotel, e inadecuadas para el viaje en casa rodante que su familia quería hacer por el mundo.
Pregúntese el lector y llegue a su propia conclusión: si el señor Nicosia ordenaba cometer tantos asesinatos, ¿cómo no había gente desaparecida? Y además ¿cómo hicieron las supuestas «víctimas» para llegar con vida a declarar ante fiscales y jueces, años después de haber seguido sus propios caminos independientes?
5. Era también Jodava quien se jactaba de tener contactos policiales y políticos, y contaba entre sus amistades a un funcionario de la PFA, hijo de un comisario de la misma fuerza policial. Fue este mismo personaje quien cuando su madre lo echó del hotel por robar y estafar a la gente que trabajaba allí, amenazó al personal, entre ellos su madre, diciendo que “llenaría de policías el hotel para detener a la secta». Los únicos agentes policiales que «llenaron el hotel» antes del allanamiento, eran aquellos que se hospedaron en calidad de huéspedes, por motivos de trabajo o cursos de instrucción, operativos en la ciudad como el Operativo Sol que se llevaba a cabo los veranos, o en plan vacacional junto con sus familias.
6. En cuanto al perfil psicológico realizado por Falcone, es evidente que proyecta un reflejo de sí mismo, excepto quizás en lo que se refiere a la seducción:
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rasgos narcisistas,
-
personalidad dominante,
-
grandiosidad
-
paranoia
-
gran habilidad verbal y seducción.
Podemos destacar para desmentirlo, el rasgo de mayor manifestación física: gran habilidad verbal…
Quienes conocieron personalmente al señor Nicosia, tanto sus amigos como la gente que atendió durante sus años de actividad en el Instituto Yukteswar, saben que era conocido por saber escuchar.
El señor Nicosia hablaba poco y nada. No se consideraba un erudito y no entraba en charlas banales ni desperdiciaba energía en discusiones.
Coincidía plenamente con Pitágoras, en que el ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.
La construcción del “monstruo” a partir de testimonios no verificados
El texto judicial de la sentencia y de todo el expediente hasta el momento del juicio, etiquetó al señor Nicosia como un monstruo, pero nunca se le dio la oportunidad de defenderse, ni se interesaron en escucharlo alguna vez. Incluso aunque el señor Nicosia no llegó con vida al juicio y a pesar de haber sido sobreseído por fallecimiento, los fiscales, los jueces e incluso la defensa, se ocuparon de seguir mancillado su figura y su buen nombre, para darle sentido a la causa que entre todos se empeñaron en armar. Al señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, simplemente se lo secuestró, se lo encerró, se tiró la llave y se lo asesinó.
Santiago Inchausti sólo fue a verlo una vez durante los casi 14 meses que la causa estuvo bajo su responsabilidad. Roberto Atilio Falcone no fue ni una sola vez a partir del momento en que la causa pasó a sus manos, período que abarcó alrededor de poco más de un año, durante el cual el señor Nicosia quedó gravemente afectado de su salud como consecuencia del encierro en prisión y de la falta de los cuidados médicos adecuados que su condición de salud ameritaba. Según la ley, los jueces deben ver a los presos que están bajo su tutela, cada tres meses aproximadamente, más si se trata de un procesado sin condena y más si se trata de una persona mayor y enferma. Esto por supuesto, no se cumple y en este caso en particular, menos. Sin embargo, la falta de cumplimiento del deber por parte de los jueces no los exime de ninguna responsabilidad ante cualquier percance que sufra el preso.
Toda la responsabilidad recae sobre sus hombros.
En base al relato de los denunciantes, Roberto Atilio Falcone, construyó una imagen extremadamente grave de Eduardo Nicosia. Pero lo hizo mediante un mecanismo narrativo, no probatorio.
He aquí cómo funciona esa construcción.
1. La estructura del fallo se apoya en relatos, no en evidencia
El documento acumula decenas de testimonios, todos descriptivos, todos subjetivos, todos retrospectivos.
No aparecen:
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pericias médicas,
-
informes psicológicos de época,
-
registros policiales,
-
documentación contemporánea a los hechos,
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evidencia física,
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fotografías,
-
certificados,
-
informes oficiales de Venezuela o Argentina,
-
constancias de denuncias previas,
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autopsias,
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causas judiciales anteriores,
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pericias sobre armas,
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informes veterinarios,
-
registros de hospitalizaciones,
-
documentación escolar,
-
informes de asistencia social anteriores a la causa.
La narrativa judicial no contrasta los dichos con elementos externos.
Los dichos se convierten en “verdad” por acumulación, no por verificación.
2. El fallo usa un recurso clásico: la “coherencia interna” como sustituto de prueba
El texto afirma que los testimonios son “contestes”, es decir, coincidentes.
Pero la coincidencia entre relatos no es prueba: es un fenómeno psicológico, social o incluso narrativo.
La justicia suele usar la “congruencia” como indicador de verosimilitud, pero aquí se convierte en la única base probatoria.
Esto es problemático porque:
-
personas que convivieron pueden compartir recuerdos,
-
personas que crecieron juntas pueden repetir narrativas familiares,
-
personas entrevistadas por el mismo programa estatal pueden influenciarse,
-
personas que vivieron trauma pueden reconstruir recuerdos de forma similar,
-
personas que odian a un líder pueden reforzar mutuamente sus relatos.
La coherencia no demuestra que los hechos ocurrieron: sólo demuestra que los relatos coinciden.
En este caso en particular, las personas, se confabularon durante años, para crear una narrativa acerca del señor Nicosia y denunciarlo, con el único objetivo de un resarcimiento económico.
Durante el juicio, en un acto tardío, tal vez con la intención de tapar las fallas que pudieran anular el juicio, o tal vez como una demostración de estupidez, Falcone sugirió a las «víctimas» y «testigos» que no hablaran entre sí entre cada declaración en el debate. No se dio cuenta o no quiso hacerlo, de que la mayoría de las supuestas víctimas, venían hablando entre ellas en persona, por teléfono y a través de las redes sociales, inventando y coordinando declaraciones y acusaciones, y repartiendo roles desde hacía al menos 15 años.
A pesar de que los testigos a favor de la defensa intentaron presentar prueba que desmentía muchas de las denuncias de cautiverio, hacinamiento, inanición, o supuesto terror, por ejemplo, el tribunal no las aceptó.
3. El fallo mezcla testimonios con lenguaje emocional para reforzar impacto
El texto judicial utiliza expresiones como:
-
“pánico absoluto”,
-
“terror”,
-
“sádico”,
-
“crueldad extrema”,
-
“la verdadera cara”,
-
“descargar su violencia”.
Este lenguaje no es técnico ni probatorio: es retórico.
La justicia, cuando quiere consolidar una narrativa, usa adjetivos para guiar la interpretación del lector.
Esto es típico en fallos donde la prueba es débil y la emoción debe suplir la falta de evidencia material.
Otra prueba más de la creación de la historia por parte de los judiciales.
4. Los hechos más graves carecen de cualquier corroboración externa
El texto menciona:
-
asesinatos,
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torturas con electricidad,
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ahogamientos,
-
quemaduras,
-
encierros prolongados,
-
mutilación de animales,
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violencia extrema contra menores.
Pero ninguno de estos hechos aparece acompañado de:
-
informes médicos,
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certificados de lesiones,
-
denuncias contemporáneas,
-
registros hospitalarios,
-
documentación policial,
-
pericias sobre armas,
-
informes veterinarios,
-
constancias de desapariciones con investigación previa.
Incluso los supuestos homicidios se sostienen en frases como:
“FV le contó que…”
“Ozeta dijo que…”
“Jalana comentó que…”
“Esto me lo contó Raya…”
Esto es testimonio indirecto (oído de terceros), que en cualquier estándar probatorio serio es débil o inadmisible.
5. El fallo convierte percepciones en hechos
Ejemplos:
-
“era increíble cómo la gente quedaba encantada” → percepción.
-
“siempre tenía armas” → afirmación no corroborada.
-
“era capaz de matar” → creencia subjetiva.
-
“se jactaba de contactos policiales” → relato no verificado.
-
“era un gurú” → interpretación cultural.
-
“tenía dos caras” → juicio de valor.
El fallo toma estas percepciones y las transforma en hechos jurídicos.
Eso es metodológicamente inválido.
6. El perfil psicológico del líder se construye sin pericia
El texto afirma que Eduardo Nicosia encaja en el perfil de un líder sectario.
Pero:
-
no hay pericia psicológica,
-
no hay evaluación profesional,
-
no hay informe clínico,
-
no hay diagnóstico,
-
no hay entrevista técnica.
El perfil se construye a partir de relatos, y luego se usa ese perfil para validar los relatos.
Es un círculo argumental.
7. El fallo usa un truco clásico: la “dualidad” del líder
La idea de que el señor Nicosia tenía “dos caras” es un recurso narrativo típico en:
-
literatura,
-
periodismo,
-
causas de abuso,
-
construcción de villanos.
Sirve para explicar por qué no hay pruebas externas:
“afuera era amable, adentro era violento”.
Este recurso permite justificar la ausencia de evidencia material:
si nadie vio nada, es porque “era muy hábil para ocultarlo”.
Es una explicación circular que protege la narrativa judicial de la crítica.
A pesar de que esta aseveración la realizó Dava, uno de los “testigos” a favor de la fiscalía, Roberto Atilio Falcone la utilizó convenientemente para rellenar esta ausencia de evidencia material.
Resulta que el testigo en cuestión, de alrededor de unos 50 años al día de hoy, no convivía con el señor Nicosia, lo conocía poco y nada. Su única relación era con alguno de sus hijos porque habían convivido durante los años 80 (estando el señor Nicosia preso por causa del femicidio cometido por Jaya), en una casa de playa en Venezuela, prácticamente a orillas del mar Caribe, con parque y piscina semi olímpica. Es decir, no era amigo, ni familiar ni tenía relación cercana con el señor Nicosia.
Eran sus padres quienes mantenían una estrecha amistad con él. Además el señor Nicosia no sólo había sido su profesor de Yoga sino que los ayudó en múltiples ocasiones para conseguirles oportunidades de trabajo, por ejemplo.
La falsedad de este supuesto testigo llegó al punto de afirmar que él mismo llevaba la recaudación del hotel para depositarla en una cuenta bancaria del “líder”, o que su padre había tenido que entregar a la “secta” su propio automóvil. La realidad es que este “testigo”, movido por ansias de conseguir su tajada del botín, trabajaba como mozo en el bar del hotel junto a su padre, el señor V.V. Difícilmente podría haber manejado las cuantiosas sumas de dinero que declaró, a menos, por supuesto, que las hubiera robado.
En cuanto al “automóvil usurpado por la secta”, resulta que el señor V.V. lo había comprado usado por un bajo precio, a la embajada de Estados Unidos en Argentina, a finales de los años 60. En los años 70s antes de viajar a Venezuela se lo vendió a un amigo con el que trabajaba en la óptica de su propiedad en CABA. Por razones de conocimiento público acerca de la inseguridad que se vivía en Argentina en esas épocas, por parte de ambas facciones ( izquierda y derecha) el señor V.V. viajó con su familia porque tenía amigos en Venezuela y propuestas de un buen pasar económico. Tal es así que mientras así lo quiso, pudo continuar con su profesión de óptico en aquel país.
8. Conclusión: el fallo es una construcción narrativa, no probatoria
El documento que analizamos funciona como:
-
un relato,
-
una acumulación de voces,
-
una reconstrucción emocional,
-
una interpretación psicológica,
-
una historia de horror.
Pero no funciona como:
-
prueba,
-
verificación,
-
constatación,
-
evidencia,
-
demostración.
Como se ve, la justicia, concretamente Roberto Atilio Falcone, no demuestra nada en este caso: sólo imagina y relata una narrativa condenatoria de principio a fin.
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