CAUSA CITY HOTEL: MITOS Y VERDADES – Actualización 9-10-2026

CAUSA CITY HOTEL: MITOS Y VERDADES – Actualización 9-10-2026

Karana Drakarys

03/07/2026


CAUSA CITY HOTEL

MITOS Y VERDADES

PRÓLOGO

Si bien en algunas oportunidades he escrito que no merece la pena desglosar cada delirio inventado por las supuestas «víctimas» de esta causa y que el juez Roberto Atilio Falcone utilizó para elaborar su dogmática y arbitraria sentencia, creo preciso destacar que si bien fueron los dichos sin pruebas los que dieron pie a los jueces Falcone, Toselli y Pelloni para condenar a gente inocente, que sean entonces las palabras con detalles, información certera y en muchos casos evidencias, las que traigan a la luz la verdad oculta detrás de esta falsa denuncia criminal.

Los resultados de la investigación llevada a cabo para plasmar la verdad de este caso en estas páginas, están basados en entrevistas a ex familiares, ex amigos y conocidos de aquellos que se complotaron para autoproclamarse «víctimas» ante el sistema judicial, persiguiendo los objetivos y pasiones que generalmente van de la mano y que convulsionan al ser humano: dinero, poder y despecho.

Las evidencias que he venido publicando, fueron negadas en la sala del TOF1 de Mar del Plata. Dado el punto al que se ha llegado en este proceso, aunque resulta un pensamiento utópico, si el juez Roberto Atilio Falcone realmente hubiera sido ecuánime y hubiese querido hacer honor a su investidura, debería haber desestimado, si no todo el caso, por lo menos el noventa y nueve por ciento. Ese uno por ciento restante, no representa un acto delictivo o de mala fe por parte de los imputados, sino que evidencia la mala praxis del abogado R.D.B., quien “asesoró” imprudentemente sobre aspectos registrales que redundaron en perjuicio de los imputados. Por este y otros “asesoramientos legales”, como por ejemplo el caso de la estafa pergeñada en 1986 por este leguleyo, junto al apoderado de los propietarios del City Hotel, contra los directivos de la Asociación Civil Instituto de Estudios Yoguísticos Yukteswar (IEYY), hecho que provocó el embargo de la única propiedad del Instituto, una vivienda en Francisco Alvarez, la señora Silvia Capossiello le inició juicio en los años 90. Al día de hoy, es sabido que este “abogado”, que goza de mala fama en la ciudad y es conocido por su mala praxis y sus vicios (como él mismo reconoce) fue quien asesoró a los querellantes sobre las fórmulas de manual, para conseguir una carátula que se ajustara a sus designios: encerrar en prisión a sus padres de por vida sin posibilidades de salir y reclamar para sí los pocos bienes, ingresos laborales y ahorros que poseían (y los que no también), para heredarlos anticipadamente.

Para dar a conocer el contenido de esta publicación, me baso en las declaraciones de los querellantes, las cuales publicaron los medios de comunicación y la sentencia de dominio público.

NOTA: TODAS LAS OPINIONES EXPRESADAS EN LOS ANÁLISIS REALIZADOS EN ESTE TEXTO ACERCA DE LA SENTENCIA, NO PERTENECEN A ESTE ESCRITOR, SON CONCLUSIONES ALCANZADAS POR PERITOS PROFESIONALES CONSULTADOS, CON EXPERIENCIA EN EL ÁMBITO JUDICIAL PENAL.


EL JUEZ EN SU LABERINTO

«Me da risa un ser humano juzgando a otro»
Friedrich Nietzsche


En teoría, un juez es un ser humano común y corriente, un funcionario público asalariado que funge de árbitro neutral en un debate judicial.

En la práctica, los jueces de todas las instancias (al igual que los políticos) debido a su estancamiento en el poder que les da el dinero y el cargo, han perdido su perspectiva de la realidad, han perdido su humanidad y por lo tanto se han alejado de la sociedad, volviéndose incapaces de comprender al ciudadano común y sus problemas cotidianos. Como parte de su alejamiento, hablan y escriben en una jerigonza que requiere traductor (abogado), porque eso los distingue como ciudadanos de élite, con poder sobre la vida y la muerte de aquellos que consideran inferiores.

Y es que el ser humano no está capacitado para juzgar a otro ser humano. El juez, que no es un dechado de virtud ni mucho menos, es simplemente un ser humano que respira, come y hace sus necesidades como usted o como yo. Un ser humano con todos los defectos y virtudes (muchas veces más defectos que virtudes) que lo califican como tal, que interpreta la ley a través del filtro turbio de su falsa moral y sus prejuicios propios o adquiridos.

Según la teoría del procedimiento judicial, los jueces nunca leen los expedientes de las causas que llegan a sus manos. En base a la información recabada en el debate a través de los testimonios de las partes: fiscales, querellas, víctimas, imputados, testigos y abogados de la defensa, deben realizar un profundo análisis y aplicar su discernimiento para llegar a una conclusión ecuánime y por lo tanto, justa…
Nada más lejos de la realidad.


Con este análisis de personalidad en mente, pongamos en contexto la dogmática sentencia elaborada por Roberto Atilio Falcone y sus colegas de turno.
En lo que se refiere a su proceder en el caso “City Hotel”, la sentencia ya estaba elaborada aún sin ser redactada y los imputados habían sido condenados ante la opinión pública, antes de comenzar el juicio. Nunca hubo real intención de escuchar a las partes, sobre todo a la defensa.

Roberto Atilio Falcone, quien cuenta con varias denuncias bajo la alfombra, ejerciendo abuso de autoridad, valiéndose de su «poder» y de su autopercepción de científico de la ley, defensor de los derechos humanos, temido catedrático en la Universidad de Mar del Plata y amo y señor del Tribunal Oral de dicha ciudad, bajo una actitud hipócrita, solapada, prejuiciosa, racista, pero sobre todo misógina, déspota y tiránica, ocupó su trono en la sala del tribunal y cual personaje salido de una obra de Kafka, cumplió con la simple formalidad del debate, que no fue tal.

Es de conocimiento público que, a la fecha, este juez se ha jubilado anticipadamente: en pocas palabras dimitió.

La jubilación anticipada de Roberto Atilio Falcone, un movimiento inusual que para un juez significa pérdida de poder, influencia y un salario privilegiado, deja más preguntas que respuestas. Su salida parece guiada por la lógica del “mejor pájaro en mano que cien volando”, una retirada pragmática antes de enfrentar un escenario que ya no puede controlar. Pero incluso en su despedida, no pudo evitar un último intento de justificar sus decisiones, al liberar al pastor Roberto Tagliabué, acusado de trata. Más allá de la inocencia o culpabilidad de este pastor, Falcone trazó una comparación forzada con el caso de Eduardo Agustín De Dios Nicosia y repitió a la inversa los mismos argumentos que utilizó para negarle la libertad y dejarlo morir en prisión, esta vez para liberar al pastor. Ese paralelismo, más que coherencia, exhibe el gesto final de un magistrado resentido que, antes de hacer mutis por el foro, en un acto de autodefensa, quiso dejar escrita su propia versión de los hechos, aún a costa de seguir ensuciando el nombre de un inocente.


El 21 de junio de 2022, junto a sus colegas Fernando Marcelo Machado Pelloni y Nicolás Toselli, parieron el engendro macabro y asesino, que hemos dado en llamar “La sentencia en la causa City Hotel”.

Para llegar a este punto, hubo por supuesto pasos previos: una investigación, un allanamiento con detención, una acusación y una elevación a juicio. Todo esto estaría muy bien si realmente hubiera un crimen cometido y, por lo tanto, perpetradores. Pero este no fue el caso. La «justicia impartida» en Mar del Plata por representantes de Justicia Legítima, no se maneja de esa forma.

Es sabido que cualquier investigación por trata de personas, requiere de por lo menos 2 años de indagaciones, infiltrados en las organizaciones investigadas y un movimiento importante de gente y dinero bajo pantallas «legales» que, con algo de averiguación, se pueden desarmar. También es sabido que existen organizaciones internacionales, que subsidian a los sistemas judiciales de diferentes países y tendencias, por alcanzar una cantidad anual de condenas, conseguidas por este tipo de causas.

El caso que nos ocupa, no requirió más de 6 meses de supuesta investigación, los informes policiales no arrojaron resultados acordes al crimen investigado, el hotel llevaba por lo menos 30 años funcionando como tal y 15 como cooperativa, todo debidamente legalizado y fácilmente comprobable, primero por los miles de pasajeros que se alojaron en el hotel a lo largo de los años y luego por los respaldos legales de todas las instituciones del Estado que hacen al funcionamiento y habilitación de una Cooperativa. Y más tratándose de una tan transparente, que era considerada la Cooperativa Blanca de Mar del Plata.

Sin embargo, el juez Santiago Inchausti allanó, el fiscal Nicolás Czizik acusó, el fiscal Daniel Adler amplió el procesamiento y elevó a juicio y Falcone condenó.


Podemos concluir entonces, que cualquier ciudadano de a pie corre peligro de ser víctima de una causa que cubra las expectativas de estas organizaciones «judiciales», en este caso «Justicia Legítima», que llenan sus bolsillos con el dinero que estas causas armadas les dan y en nombre de la justicia usurpan bienes, terrenos y dinero a los imputados. Sólo hace falta una falsa denuncia y funcionarios ociosos que huelan una jugosa posibilidad de fama y fortuna.

Por lo tanto en este capítulo dedicado a la sentencia, iremos desglosando y desmintiendo cada una de esas etapas que llevaron a la condena, hoy en apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y cada fundamento basado en dichos y no en hechos, que utilizaron para respaldar lo que ya tenían pergeñado desde el vamos.

MITOS Y VERDADES DE LA CAUSA «CITY HOTEL» – El juez en su laberinto – Podcast


MITO

LA HONORABILIDAD
DE LOS TRIBUNALES

Las salas de los tribunales son espacios honorables y solemnes donde los magistrados ecuánimes e imparciales, fungirán como árbitros entre las partes en debate, para llegar a la verdad e impartir justicia.

REALIDAD

Siempre hablando del caso que nos ocupa, el diván del psicólogo, se trasladó a la sala del tribunal y el juez ejerciendo abuso de poder, en su auto percibida “divina omnipotencia y omnisciencia”, se convirtió en médico, psicólogo, consejero, fiscal, juez, verdugo y sepulturero. En este caso en particular, Roberto Atilio Falcone quien era el presidente de la sala del Tribunal, se parcializó por completo sin cuestionar a las “víctimas” pero sí a los testigos de la defensa, y entre gestos de taimada cortesía y de déspota tiranía, se ocupó de inclinar la balanza en contra de los acusados.

En la ejecución del debate, la sala de audiencias se movía entre las formas y las normas de la hipocresía, mientras que entre jueces, fiscales, abogados, secretarios, periodistas, supuestas “víctimas” y testigos que les eran afines, arrastraron por la bosta que salía de sus bocas, a los imputados que en total estado de indefensión, observaban inmersos entre la incredulidad y la angustia, el descuartizamiento del que eran objeto.

Evidentemente, hay algo que no funciona en la justicia, porque es un hecho comprobado que Internet se ha convertido en la tribuna pública de todos aquellos que se sienten desamparados por la ley y el sistema judicial.

Veamos si acaso no son los jueces y fiscales, quienes cometen fraude y engaño a través de los medios que trabajan para ellos y si acaso no intimidan y amenazan a abogados, imputados y testigos de la defensa, abusando de su autoridad y valiéndose de su posición.


MITO

LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Todo individuo es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

REALIDAD

Todo individuo es culpable hasta que se demuestre su inocencia, lo cual queda supeditado a la voluntad, interpretación y conveniencia del juez de turno.


LA SENTENCIA

Para situar los hechos en su debido contexto, a través de esta y futuras publicaciones iré desglosando y refutando, de manera paulatina, aspectos puntuales de la sentencia. Dichos aspectos revelan las conclusiones a las que arribaron los jueces al elaborar su dogmático y arbitrario veredicto, basado en los relatos de las supuestas “víctimas” y “testigos” alineados con la acusación, pero no en evidencias.

La elaboración de dicha sentencia es puramente dogmática y se sustenta exclusivamente en el supuesto modus operandi de las sectas, lo cual carece de toda relación con la realidad de la vida de los imputados y sus familias. Basta señalar que la llamada “secta del City Hotel” jamás existió.

Las pruebas y testimonios que publicaré están basadas en entrevistas y material aportado por familiares y amigos de las víctimas de esta causa, que en este caso son los imputados.



MITO


LA DENUNCIA


«En la primera semana de diciembre de 2017, se recibió una denuncia «anónima» en la línea 144 de violencia de género, argumentando que en el City Hotel de la ciudad de Mar del Plata vivía el líder de una secta con sus seguidores, a quienes mantenía sometidos y explotados laboral y sexualmente. Entre ellos a 3 de sus hijos que vivían con él y que su hija mayor y su nieta habían «escapado» unos meses atrás.»

REALIDAD

Según declaraciones de sus propios hermanos, en el juicio se supo que la denuncia «anónima» fue efectuada por el hijo menor de la señora Silvia Capossiello, a quien llamaremos Edaya y que ha sido identificado en estas páginas como «P2«.

Este individuo, quien en ese momento contaba con 34 años de edad, vivía solo por propia voluntad en un departamento propiedad de su madre, en CABA. Mientras su familia se mudó a Chapadmalal, a una casa de alquiler temporal que él rentó, según se puede leer en el contrato de locación, decidió quedarse a vivir en CABA para concretar su supuesto proyecto de estudiar música e ingresar a la Academia de Música IUNA. Durante su adolescencia mientras residía en Venezuela, quiso aprender a tocar el piano, por lo cual la señora Capossiello contrató una profesora de música de nacionalidad uruguaya, que iba a domicilio para darle clases particulares, utilizando un piano vertical Yamaha que tenían en su casa y que pertenecía a su padre. Debido a estas supuestas ansias de estudiar y para que pudiera hacerlo sin limitaciones donde fuera que Edaya se encontrara, el señor Nicosia con sus ahorros, le compró vía internet directo de los Estados Unidos, un teclado Casio Privia, uno de los mejores en su estilo a principios de los años 2000 y que emulaba a la perfección al piano convencional, tanto en su configuración como en su sonido.

Ya en Argentina, entre los años 2013 al 2016, es decir siendo un treintañero, asistía a la academia de música en CABA, más para salir con su novia y comer asados con el portero de dicho instituto, que para estudiar. También visitaba en su departamento, a una profesora de piano para tomar clases particulares, pero una vez más, estaba más interesado en la vida y obra de la señora que en el estudio. Viviendo en CABA tenía mucha vida social, salía con su novia, con amigos, iba al teatro Colón, a restaurantes, librerías, embajadas, eventos sociales, fiestas de todo tipo. En resumen, era una especie de juerguista que vivía a costa del dinero que su familia le enviaba, ya que hasta ese momento jamás trabajó. Durante los casi dos años que pasó socializando y recorriendo toda la ciudad, la música quedó relegada a un último lugar y no progresaba en sus estudios, por lo que el señor Nicosia, quien en ese momento se encontraba en Mar del Plata, le sugirió a través de un email en respuesta a una consulta que Edaya le había realizado, que mejor se dedicara a otra actividad ya que no tenía la atención, la disciplina, ni la dedicación que se requiere para el estudio de un arte como es la música. Que descansara de los estudios y que si más adelante quería, volviera a retomar. A raíz de esta respuesta, nunca más se comunicó con el Sr. Nicosia y se distanció cada vez más de su familia, a quienes dejó de visitar para las fechas festivas lo cual hasta ese momento acostumbraba a hacer.

En el año 2016 aproximadamente, llegó a oídos de la familia que Edaya se había comprometido y estaba organizando los preparativos para su boda. En plena remodelación del hotel, cumpliendo con los plazos de la habilitación municipal, en medio de un problema de corte de gas y de las obras para ajustar las instalaciones de gas a la normativa vigente y de todo el arduo trabajo que los cooperativistas llevaban a cabo para poder comprar el hotel, Edaya comenzó a llamar con una insistencia que rayaba en el acoso, a cada uno de los móviles particulares de sus familiares, amigos y conocidos, anunciando su boda e invitándolos a asistir. Nadie en el hotel se encontraba disponible o desocupado para viajar a CABA y asistir a la boda. Esto hizo que se enfureciera y comenzó incluso a amenazar a algunos de sus hermanos por teléfono y desafiar al señor Nicosia para ver si tenía la «valentía de visitarlo en su casa propia» según dijo… ¿?

El caso de acoso más claro, lo sufrió la señora Capossiello, que mientras estaba sumamente ocupada poniendo al día toda la documentación de la cooperativa y redactando las actas que en realidad debía haber realizado el abogado OB, recibía interminables mensajes de WhatsApp cargados de fotos que Edaya le enviaba de su novia y de cada evento social al que asistía. Fue tal la cantidad de datos que llegaban al teléfono, que finalmente se trabó, al punto que la señora casi debió enviarlo a reparar. Finalmente debió bloquear el contacto de su hijo, para que no la siguiera acosando por teléfono.

Lo último que la familia supo acerca de este individuo, fue que la policía de la Ciudad de CABA allanó el departamento donde vivía en calle La Rioja. Al momento del allanamiento, no había ni rastros de Edaya quien era buscado debido a una denuncia por falsificación de documentos y robo de identidad. Debido a esto fue presa una vecina que no había hecho más que facilitarle conexión de su red WiFi.

La sincera sugerencia del señor Nicosia acerca de la música, que sus familiares y allegados no asistieran a su boda, su ego herido y su situación poco viril delante de su novia, fueron los detonantes que llevaron a Edaya a efectuar la denuncia falsa.

Una vez que sus familiares fueron detenidos por orden de Santiago Inchausti debido a esta denuncia, Edaya siguió comunicándose con la fiscalía a cargo de Nicolás Czizik para enviarle una sarta de fotos y e-mails que no le pertenecían a él ni a los acusados y que no denunciaban nada en sí, sólo las historias que él agregaba a la documentación, diciendo que todo se lo había contado Raya, quien era el ex de su mamá, resentido por un divorcio que lo había dejado sin bienes heredables.

Como ya hemos dicho en infinidad de ocasiones en estas páginas, la mentada secta no existía. El señor Nicosia no tenía seguidores sino familiares y amigos. Vivía en un departamento privado del hotel junto a su familia y se encontraba muy afectado por su enfermedad autoinmune de espondilitis psoriásica, que le provocaban crisis agudas de psoriasis y de dolor en cada una de sus articulaciones, lo cual reducía su movilidad al punto de tener que utilizar una silla de ruedas para desplazarse por distancias mayores a 2 metros. Como tenía la profunda convicción de que nadie tenía la culpa de sus dolencias, mantenía una actitud amable hacia todos los que le rodeaban y siempre estaba de buen humor.

Fue esta actitud la que utilizó la principal querellante en la causa, a quien llamaremos Maciya y que hemos identificado en estas páginas como «P1«, para argumentar que el señor Nicosia mentía, que se hacía el enfermo, que en realidad era un violento golpeador y torturador con toda su familia y que sólo tenía buen trato para con amigos y vecinos.

Fue la misma Maciya durante los dos días que estuvo volcando todo su resentimiento ante quien quisiera escuchar, la que dijo haber escapado de la «secta», pero la realidad es que en septiembre del año 2017 decidió mudarse con su hija, 5 valijas, un violín y una guitarra que no le pertenecían, además de los $25000 (pesos argentinos) que el señor Nicosia tenía destinados para pagarle a los profesores que iban a dar clases esa semana en el taller de música.
Al momento de la denuncia realizada por su hermano menor, Maciya contaba con 47 años de edad, se encontraba «trabajando» en el Hotel Hermitage, en el Festival de Guitarras y hacía 4 meses que no vivía con su familia.



LA INVESTIGACIÓN


“Si realmente hubieran investigado,
nunca habría existido un allanamiento.”

V.V . Testigo en la causa “City Hotel”


Cuando se habla de investigación, generalmente vienen a nuestra mente imágenes de grandes y prolongados operativos policiales encubiertos, escuchas telefónicas, fotos tomadas con teleobjetivos, policías apostados día y noche frente a los edificios a vigilar, comiendo donuts, maní y tomando litros de café durante horas tediosas e interminables, ya sea desde un vehículo camuflado o desde un departamento vecino. Agentes policiales encubiertos, infiltrados durante meses y a veces años, dentro de la organización investigada, poniendo su vida en peligro a cada instante bajo el riesgo de ser descubiertos.

Nada más lejos de la realidad.


Quizás en países del primer mundo funcione así, pero en el pequeño feudo de Santiago Inchausti, las cosas se manejan de otra manera: la suya.

En este capítulo dedicado a la supuesta investigación, desglosaremos todos los aspectos de lo que debería haber sido un operativo serio, pero no fue más que una caricatura grotesca. No está en la intención de este escritor criticar el accionar de las fuerzas del orden, ya que como se verá en este análisis, salvo algún agente, que ávido de un ascenso en su carrera no tuvo prurito en fabular, veremos que en general, la policía sí cumplió con su tarea. Este escrito busca destacar cómo con el advenimiento de la democracia y la invasión de la política y la corrupción en cada uno de los organismos del Estado, estas fuerzas operativas fueron entrando en un estado de decadencia, perdieron su capacidad investigativa, su autodeterminación, su capacidad operativa, su dignidad y respeto y se convirtieron en simples brazos ejecutores de los funcionarios judiciales de turno, subordinados al capricho en la mayoría de los casos, de fiscalillos y jueces de poca monta, pero con muchas ansias de poder.


MITO

Después de casi un año de ardua investigación por parte de la Policía Federal, se pudo constatar la existencia de una red de trata de personas que posteriormente se procedió a desarticular.


REALIDAD

La pseudo investigación policial sólo se llevó a cabo durante mayo y junio de 2018: 2 meses.

Veamos cuáles son los procedimientos que deberían llevarse a cabo en una investigación seria por trata de personas:

1. La primera señal 

Las investigaciones rara vez comienzan con un gran operativo. Suelen nacer de:
– 
una denuncia anónima,
–
el llamado de un familiar preocupado,
– una víctima que logra escapar,
– un informe de una ONG que detecta patrones sospechosos.
En esta etapa, la información es fragmentaria: nombres incompletos, direcciones dudosas, horarios confusos. Pero es suficiente para abrir una investigación preliminar.

En el caso que nos ocupa, la denuncia “anónima” fue realizada por un familiar resentido, mas no preocupado: Edaya.

La supuesta “víctima que logró escapar”, Maciya, no vivía en el hotel desde hacía más de 6 meses y “trabajaba” en el Hotel Hermitage. Su primera acción desesperada al “escapar” del City Hotel entre agosto y septiembre de 2017 junto a su hija Maviya, 5 valijas, un violín, una guitarra, su computadora personal, sus teléfonos móviles y $25000 (pesos argentinos que pertenecían a los profesores de música) fue ir al bar «Los Duendes», para que su hija tocara la guitarra junto a “Cachito” Rodríguez, reconocido guitarrista de la ciudad, hoy fallecido.

2. Recolección de indicios

La fiscalía especializada solicita a las fuerzas de seguridad que verifiquen si los datos tienen sustento. 
Se revisan:
–
movimientos en domicilios señalados,
-perfiles en redes sociales usados para captar víctimas,
–
registros de hoteles, terminales y transportes,
-antecedentes de personas mencionadas.
Nada se interviene todavía: se observa, se documenta y se arma un mapa inicial.

En el caso City Hotel, los procedimientos fueron a la inversa:
Si bien la denuncia se había realizado en diciembre de 2017, y durante los primeros meses de 2018, gran parte de los confabulados en la denuncia falsa fueron aportando direcciones de lugares en los cuales habían vivido a lo largo de sus más de 47 años de vida, el único domicilio «vigilado» fue el City Hotel. No se pudo constatar ninguno de los demás debido a su antigüedad, a su ubicación o porque simplemente hacía mucho tiempo que habían pasado a ser propiedad de otros dueños o ya no existían.

Según ha llegado a conocimiento de este escritor, los agentes policiales que vigilaban esporádicamente durante algunas horas, desde un auto estacionado en la Plaza del Monumento a las Malvinas frente al hotel, pudieron concluir que los “movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”. Sólo un agente fue cambiando y adaptando su informe de acuerdo a los designios de la fiscalía y del juez de instrucción, fabulando acerca del señor Nicosia y de una supuesta religión cristiana universal (que vaya uno a saber qué es) como parte de un ritual que seguían los cooperativistas.

La única red social que utilizaba la Cooperativa era Facebook, con fines publicitarios para a venta de plazas del hotel y promociones de temporada y fechas pico. Esta acción fue etiquetada por Santiago Inchausti como “captación”.
Todo lo demás, sólo se revisó después que Ichaustí ordenó las detenciones y aunque envió oficios a diestra y siniestra, no consiguió una sola prueba por parte de organismos nacionales e internacionales, en contra de ninguno de los imputados. 

El único antecedente del Sr Nicosia que llegó a oídos de la fiscalía, no fue por las vías investigativas, sino por declaraciones de las supuestas víctimas, acerca del incidente en Venezuela por el cual el señor Nicosia estuvo preso, a causa del femicidio cometido por Jaya en los años 80s, del cual el señor Nicosia salió libre de culpa y cargo, por no haber tenido nada que ver en el hecho, luego de sufrir tres años y medio de prisión y ser torturado durante su detención en aquel país. 

El señor Coronado corrió una suerte similar, pero fue liberado en poco tiempo.

La señora Capossiello no tenía antecedentes penales, al igual que el señor Fanesi.

En resumen, no había indicios.

3. Vigilancia encubierta

Cuando los indicios se repiten, comienza la observación en campo:
– agentes encubiertos vigilan domicilios,
– se registran entradas y salidas,
– se identifican vehículos,
–
se detectan patrones de traslado nocturno.
La clave es confirmar que existe coerción, explotación o captación engañosa, elementos centrales del delito de trata.

Como ya dijimos en el punto anterior, agentes de la Policía Federal Argentina que realizaban tareas de observación concluyeron que: “los movimientos, eran los propios de entrada y salida de pasajeros de un hotel familiar y que no había indicios del delito investigado”.

Las fotos de la “investigación” policial, fueron tomadas de las reseñas de Google, publicadas por los pasajeros del hotel en internet. Fotos que no denunciaban nada en sí, sólo mostraban a algunos cooperativistas realizando sus actividades diarias, que fueron utilizadas por Czizik e Inchausti, para justificar los delitos investigados.

En un caso en particular, quizás impulsado por la promesa de un ascenso o tal vez algo más, los informes policiales cambiaban de acuerdo al requerimiento de sus superiores o de la fiscalía, llegando a decir que el señor Nicosia era conocido en el barrio y mantenía buena relación con los vecinos. O que un personaje robusto que se encontraba en el balcón del primer piso del hotel, fumando un cigarrillo, concordaba con el individuo investigado. Este mismo agente, durante el juicio oral, llegó al colmo de la fabulación, al decir que, desde la Plaza del Monumento a las Malvinas, había visto al señor Nicosia pasearse por la terraza del hotel. También declaró que el señor Nicosia fingía su enfermedad.

Este escritor, realizó las pruebas correspondientes para comprobar si era posible visualizar la terraza del hotel desde la plaza y concluyó que la única manera que hubiera podido ver a alguien deambulando por la terraza de un quinto piso desde ese punto, era si ese alguien se hubiera asomado casi al borde de la baranda o colgado del muro que hay en el perímetro de la terraza, o se hubiera arrastrado por los techos de los balcones del cuarto piso.

La realidad de toda esta fabulación es que ningún vecino conocía al señor Nicosia, sólo lo conocían los profesores de música que se entrevistaban con él para coordinar las clases del taller de música en el cuarto piso.
El señor Nicosia prácticamente no salía de su departamento, más que para ir al médico, al dentista y los eventos de guitarra al que lo invitaba la conocida guitarrista de la ciudad, que se autoproclamaba su “hermanita del alma”.
Según los testigos que habitaron durante años en el hotel, al momento de los allanamientos el salón del primer piso se encontraba en remodelación, obra dirigida por Xavaya, de complexión robusta y que salía al balcón a fumar mientras dirigía a los obreros, quienes no conocían al señor Nicosia.
Por estos mismos testigos, este escritor pudo conocer que el único acceso a la terraza era por escalera. El señor Nicosia no podía subir escaleras. Su movilidad era reducida y se desplazaba principalmente en silla de ruedas que un tercero debía propulsar. Los pocos pasos que podía dar, lo llevaban de su habitación al baño o a la computadora de escritorio, que se encontraba a unos pocos metros de su habitación. Debido a su enfermedad autoinmune, sus piernas prácticamente no lo sostenían en pie y esta inestabilidad fue en aumento. 
Este hecho fue comprobado por asistentes a un concierto de guitarras, realizado en el Teatro La Bancaria entre los años 2017 y 2018, evento al que el señor Nicosia y su familia fueron invitados por la profesora de guitarra. En esa ocasión, varios hombres asistentes al concierto lo levantaron en volandas con silla de ruedas y todo, para poder subirlo por las escaleras que llevaban a la sala de conciertos, debido a la ausencia de rampa para personas con movilidad reducida o discapacidad.

Más adelante, presos, guardias y personal del penal de Ezeiza, también lo pudieron comprobar durante los dos años y medio que estuvo en prisión preventiva, hasta que falleció por abandono de persona.

En dos ocasiones poco antes del allanamiento, policías que dijeron haber hecho indagaciones de manera encubierta, ingresaron al hotel vestidos con las chaquetas azules que los identificaban como agentes de la PFA en letras amarillas, para consultarle al recepcionista, que era el Sr Fanesi, acerca de la estadía del señor Nicosia en el hotel. Este era un dato que el señor Fanesi ignoraba, ya que sus horarios en la recepción no coincidían con las salidas del señor Nicosia y su familia. Por lo tanto, dijo desconocer si se encontraba o no en el hotel. Luego del allanamiento Inchausti decidió interpretar este desconocimiento del señor Fanesi como encubrimiento, lo cual le costó 6 años de cárcel gratuitamente y el mancillamiento de su buen nombre y su trayectoria de vida. 

Los únicos vehículos existentes eran: un auto Alfa Romeo del año 1997 que era utilizado por el secretario de la cooperativa a quien daremos en llamar Xavaya y era uno de los hijos de la Señora Capossiello, o por el señor Coronado para llevar a algún cooperativista que necesitara ir al dentista o al médico, y para realizar las compras de materiales de refacción que Xavaya le encargaba. 

Además, había dos casas rodantes propiedad de la señora Capossiello, su hija Maciya y una tercera persona, compradas con los ahorros del trabajo realizado por sus empresas de paisajismo en Venezuela, con la finalidad de llevar a su familia a recorrer el mundo. Una de estas casas rodantes, era utilizada por dicha familia, que incluía al señor Nicosia y los hijos de ambos, para ir a pasear por Mendoza por ejemplo, pero principalmente para ir a un médico chino en el barrio de Coghlan en CABA, donde todos se atendían cada cuatro meses aproximadamente y de paso paseaban o le llevaban dinero a Edaya, quien en ese momento vivía con su novia en un departamento propiedad de su mamá, en calle La Rioja, en CABA.
Estos viajes eran los que se realizaban durante la madrugada, porque como muchos conductores saben, la ruta 2 generalmente está más despejada de vehículos durante esas horas. Para la realización de estos viajes, la hija del señor Nicosia, preparaba previamente sandwichitos de miga, cappellettis de cerdo, milanesas, carne asada, facturas, postres, comida para su mascota. De esta forma evitaban gastar mucho gas en la cocinita de la casa rodante, y luego durante el viaje, preparaban revoltillo de huevos para el desayuno, café o guisos de carne y verduras para los almuerzos. Durante los viajes de ida o vuelta, repostaban en la Shell de Chascomús donde tomaban café y sandwiches de jamón y queso o medialunas, iban al baño y estiraban un poco las piernas luego de casi 3 horas de viaje y sacaban a la mascota a hacer sus necesidades. Un punto de parada muy apreciado por estos viajantes, era la «Parrilla El Turco» entre Chascomús y Dolores (hoy ya no existe) donde al igual que los camioneros que paraban a comer y descansar allí, disfrutaban de un excelente asado y unas exquisitas papas fritas caseras. En CABA comían en restaurantes chinos o compraban la comida en pizzerías, restaurantes como “Las Carnitas” o el Candil en Lobos, para comer tranquilos luego en la casa rodante.
Estos vehículos también se utilizaban para situaciones tales como por ejemplo, alcanzar hasta su casa en Santa Clara del Mar, al profesor de bandoneón en días de mucha lluvia y barrial, para que no se le ensuciaran las alpargatas. El padre de este bandoneonista, se alojó gratuitamente en el hotel. Este pedido lo había hecho el señor Nicosia a la cooperativa a modo de agradecimiento al profesor de bandoneón, además del pago que le realizaba semanalmente. A pesar de todo esto, el día del allanamiento, este profesor entró y salió por la puerta giratoria del hotel en el mismo instante y nunca más se volvió a comunicar. Su alumna, la hija de señor Nicosia, le envió un mensaje desmintiendo la denuncia, pero nunca respondió.
En otra ocasión, un 5 de abril de 2017, la casa rodante se utilizó para alcanzar a la profesora de guitarra hasta la ciudad natal de Abel Fleury, en ocasión de celebrarse un evento conmemorativo en honor a este guitarrista muy admirado por ella.
Además de estos eventos puntuales y especiales, estos vehículos, prácticos por su tamaño, se utilizaban para realizar compras mayoristas mensuales para el hotel y a veces para llevar artículos para donar a ONGs que estaban padeciendo miseria.

Debido a la causa, el Alfa Romeo le fue usurpado a su dueño original y puesto a decomiso durante el juicio, aunque no pertenecía a ninguno de los imputados.

En cuanto a las casas rodantes, al conocer de su existencia, Inchausti envió a incautarlas como «evidencia», pero por supuesto, cuando la policía federal las registró, no encontraron útil para la causa más que el inventario del equipamiento de una casa rodante tipo, carente de lujos. Aún así, hasta donde se sabe Inchausti en las envió a un depósito judicial donde podemos concluir que se estarán pudriendo hasta el día de hoy, 8 años después, o las habrán puesto en uso para los organismos del Estado, como parte del robo a mano armada, que resultó ser la causa «City Hotel».


4. Interceptación de comunicaciones

Si la fiscalía considera que hay una red organizada, solicita al juez:
– intervención telefónica,
–
acceso a mensajes,
–
análisis de redes sociales,
_geolocalización de dispositivos.

Aquí suelen aparecer códigos, órdenes de traslado, pagos, y nombres que permiten reconstruir la estructura criminal.

Como hemos podido deducir, de acuerdo al análisis de los puntos anteriores, no había indicios por parte de la policía acerca de una red de trata. Todo el operativo debió haber terminado allí. Sin embargo, Santiago Inchausti se basó única y exclusivamente en dichos sin prueba, para ordenar un allanamiento y detención, hecho que le costaría la vida al señor Nicosia y la humillación pública a gente que nunca cometió un crimen en su vida.

Durante los 2 meses que se llevó a cabo la investigación, hubo horas de escuchas telefónicas que según concluyeron los propios agentes que las realizaron, «no contenían material de interés para la causa» y que superabundaban en pedidos de reservas del hotel y en pagos a través de portales hoteleros. De esas escuchas destacaron la conversación de una funcionaria del Ministerio de Desarrollo que quería saber quién era la autoridad de la cooperativa con quien debía hablar, para otorgar un subsidio que había sido solicitado y para coordinar una visita al hotel a fin de realizar un documental acerca de cómo los cooperativistas habían rescatado el hotel. De esta visita quedó una constancia en video filmado por funcionarios de dicho ministerio y una toma fotográfica de los asociados de la Cooperativa, cuya organización y puesta en escena fue dirigida por Maciya, quien un mes después, lloraba ante un fiscal diciendo que había estado cautiva y aislada del mundo dentro de una secta.

5. Identificación de roles dentro de la red

Con las comunicaciones y la vigilancia, se arma el organigrama:
– captadores: quienes reclutan con falsas promesas laborales,
– transportistas: encargados de mover a las víctimas entre ciudades,
–
administradores: quienes manejan el dinero y la logística,
-encargados locales: controlan alojamientos y explotación,
– 
líderes: coordinan todo desde la distancia.
La red suele funcionar como una empresa clandestina.

El hotel no trabajaba de forma clandestina. Era ampliamente conocido en la ciudad por sus actividades como tal, por las clases de Yoga a las cuales asistían los residentes locales sin que se les cobrara y más adelante por su lucha cooperativista. A pesar de todas las dificultades que su personal debió afrontar a través de los años, por la amenaza latente de desalojo por parte del Banco Provincia, funcionó brindando hospedaje durante 33 años, hasta que Santiago Inchausti lo clausuró y borró de un plumazo todos los proyectos que le costaron a tanta gente, años de actividad, esfuerzo y dinero.

Como la investigación no arrojaba resultados satisfactorios, Santiago Inchausti y Nicolás Czizik se ocuparon de asignar roles y actividades a los personajes más mencionados en las declaraciones de los denunciantes. Fue así que idearon que la publicidad por alojamiento, era el método de captación al igual que en el pasado, lo había sido la folletería publicitaria de las clases de Yoga que distribuía el Instituto Yukteswar en sus años de actividad.
Como transportista designaron al señor Fanesi, pero resulta que este señor, no manejaba un vehículo desde finales de los años 90 por motivos de salud.
Los administradores que manejaban el dinero según ellos, eran la señora Capossiello y el señor Nicosia, pero la realidad es que en los últimos tiempos, Xavaya lo manejaba junto con su novia (esto contra la voluntad de los asociados cooperativistas). Por este motivo y por los repetidos robos que habían padecido los recepcionistas por parte de rateros que entraban al hotel, el dinero se guardaba en cajas de seguridad en el cuarto piso.
Como encargado del alojamiento y explotación designaron nuevamente al señor Fanesi por ser el recepcionista y al señor Coronado, porque algún rol había que asignarle. La realidad es que el señor Fanesi sí era recepcionista y realizaba la venta de plazas de alojamiento en las habitaciones del hotel, lo cual fue comprobado en las escuchas policiales. El señor Coronado trabajaba en el mantenimiento del hotel y debía rendirle cuentas a Xavaya, encargado de la administración y las obras de refacción.

Y finalmente el líder que todo lo controlaba a la distancia: el señor Nicosia, quien vivía en el cuarto piso y que en realidad no estaba al tanto del funcionamiento de la Cooperativa ni de las actividades de sus asociados. La única función que cumplía y lo hacía sin cobrar, era como asesor en la contratación de los profesores de música que daban clases en el cuarto piso del hotel

6. Declaraciones de víctimas

En paralelo, se rescatan víctimas en operativos menores o por denuncias espontáneas. Sus testimonios son clave:
– describen métodos de captación,
– identifican a los responsables,
-detallan amenazas, deudas, controles y restricciones,
– confirman rutas y domicilios.
Las declaraciones permiten unir piezas dispersas.

Como bien se pudo constatar a lo largo del expediente y hasta el juicio oral, las supuestas víctimas nunca pudieron precisar sumas de dinero, deudas, ni hablar de importes de dinero retenido. Muy por el contrario, ellos simplemente querían todo. Debido a que durante su infancia, adolescencia, juventud y madurez vivieron tan bien, al abandonar el nido pensaron que lo seguirían haciendo de la misma manera, pero pronto se dieron cuenta que no tenían capacidad para la administración, ni para los negocios y que siempre habían vivido de arriba, mantenidos por el trabajo de sus padres. El resentimiento que esta realidad les generó, fue uno de los detonantes en la realización de la denuncia falsa, cuya causa no fue otra que la codicia. 

No hablaremos aquí de sus declaraciones, porque merecen un capítulo aparte para desmentirlas. Sólo resumiremos que están cargadas de todas las pasiones que desequilibran a un ser humano: ira, resentimiento, envidia, caprichos, celos no digeridos hacia sus padres e incluso entre ellos mismos. Carecen de toda dignidad y moralidad. Muy apropiadas para los programas faranduleros que abundan en la televisión argentina, y muy poco dignas de la sala de un tribunal. Pero así de bajo ha caído la justicia que les ha dado lugar.

Las rutas y domicilios declarados son las de viajes de temporada entre Mar del Plata y Buenos Aires para vivir en casas de veraneo, o de estadías fuera de la Capital, donde vivían rodeados por bucólicos paisajes en total despreocupación, mientras sus padres trabajaban en la ciudad. Sus viajes llegaron a Venezuela donde residieron por más de 20 años con regresos esporádicos a la Argentina, y como muy lejos, algunos viajaron a India pasando por Holanda y Alemania, en ocasión de la visita del señor Nicosia para ver a Swami Chidananda Saraswati en la Divine Life Society de Rishikesh.
En Venezuela tenían casa propia, porque el señor Nicosia y la señora Capossiello se ocuparon de comprarla con los ahorros de su trabajo, con la única intención de que a sus hijos nunca les faltara nada.
Fueron los hijos quienes se ocuparon de destruirla, en su afán de moldearla cada uno a su antojo, sin llegar nunca a un acuerdo.

7. Análisis financiero

La trata siempre deja rastros económicos. Se investigan:
– cuentas bancarias,
– depósitos fraccionados,
– comercios usados como fachada,
– transferencias internacionales,
– movimientos en billeteras virtuales.
El objetivo es demostrar beneficio económico derivado de la explotación y lavado de activos.

La Cooperativa contaba con 2 cuentas bancarias: una en el Banco Credicoop y una en el Banco Provincia. Todos los ingresos eran declarados ante AFIP. Cuando ya no quedaba un peso en ellas, porque aún con la clausura impuesta por Inchausti, los Cooperativistas siguieron pagando con lo que quedaba la compra del hotel al Banco Provincia, el fiscal Adler las mandó a “congelar”. Lo único que congeló, fueron cuentas en rojo.

Todos los depósitos y pagos con tarjetas, en algunos casos internacionales, eran efectuados y recibidos a través de portales de hotelería como Booking, provenientes de las reservas por hospedaje.
El City Hotel era un hotel y trabajaba como tal, fueron Inchausti, Adler y Czizik quienes lo tildaron de fachada. 

8. Solicitud de allanamientos y detenciones

Cuando la fiscalía considera que la estructura está identificada y hay riesgo para las víctimas, pide al juez:
– allanamientos simultáneos,
– detenciones,
– rescate de personas,
– secuestro de documentación, dispositivos y vehículos.

La coordinación suele involucrar varias provincias y unidades especializadas.

Como el lector apreciará, el allanamiento y detención se realizó mucho antes de llegar a este punto. Salvo las escuchas telefónicas, todas las investigaciones y cruzamiento de datos, incluso la constatación del ADN para identificar a los hijos del señor Nicosia, se hicieron posteriormente al allanamiento, mientras los imputados estaban en prisión preventiva-permanente.

A pesar de la falacia publicada en los medios acerca de las “10 víctimas rescatadas”, no hubo un solo rescate por la simple razón de que no había víctimas. Fue el sistema judicial quien se ocupó de maquillar de víctimas a todo aquel que hubiera pasado en algún momento por la vida del señor Nicosia.

9. El operativo

Se ejecuta generalmente de madrugada para evitar fugas. En los domicilios se encuentran:
– víctimas retenidas,
– cuadernos con tarifas y horarios,
– teléfonos encriptados,
– listas de “clientes”,
– vehículos preparados para traslados.

Los detenidos son separados por roles para evitar que coordinen versiones.

Al momento del allanamiento, nadie fue separado ni apartado de los imputados hasta que llevaron a los imputados a la comisaría, ya que la policía en ningún momento percibió que hubiera víctimas. Simplemente allanaron un hogar en el cuarto piso del hotel, donde residían el señor Nicosia, la señora Capossiello, sus hijos y su mascota. En todo el hotel, como la policía bien pudo constatar, no había nadie bajo llave ni cerrojo. Los únicos que tenían cerradas sus puertas con llave, eran los pasajeros que en ese momento se hospedaban en algunas habitaciones del hotel.
No había teléfonos encriptados.
La única lista de clientes era la de los pasajeros, como bien se podía comprobar en el Libro de Pasajeros que todo hotel debe llevar.
En cuanto a los vehículos ya hemos descripto qué función cumplían, tanto a nivel personal como hotelero.

10. Reconstrucción final del caso

Con el material secuestrado y las declaraciones:
-se reconstruye la red completa,
– se identifican más víctimas,
– se solicitan capturas internacionales si corresponde,
– se bloquean cuentas y bienes,
– se prepara la acusación para juicio.

NO EXISTÍA NI UN SOLO INDICIO DE UNA RED DE TRATA DE PERSONAS EN EL CITY HOTEL DE MAR DEL PLATA.

Aún así:

Hubo detenciones.
Hubo ampliación del procesamiento.
Hubo prisión preventiva indeterminada.
Hubo elevación a juicio.
Hubo “juicio”.
Hubo muerte en prisión…

11. Juicio y sentencia

El proceso judicial incluye:
– declaraciones en cámara Gesell,
-peritajes psicológicos,
-análisis financiero,
-testimonios de agentes encubiertos.



En la puesta en escena que pretendió ser un juicio, sólo se utilizó el material preparado por la fiscalía 2 y el juzgado 3, en favor de -y en base a los relatos de- las falsas víctimas.
Las pruebas que la defensa había logrado reunir, luego de haber descartado las que contrastaban claramente con los relatos aportados por la fiscalía, fueron ignoradas y desestimadas por el juez.

Y una vez más, Roberto Atilio Falcone, en un acto despótico, machista y desprovisto de toda imparcialidad, vulneró el derecho de los imputados —especialmente el de la señora Silvia Capossiello— al haber clausurado el debate, negándole la posibilidad de defenderse personalmente ante el tribunal, cercenando su derecho a la última palabra, garantía esencial del derecho de defensa en juicio y del debido proceso.

La arbitraria y criminal condena, ya estaba en marcha.


Continuando con los “fundamentos” de la sentencia elaborada por Roberto Atilio Falcone, pasamos ahora a desglosar en este capítulo, lo que el juez interpretó como los “desplazamientos criminales de la secta”.

MITO


Origen y desplazamientos del grupo

El juez afirma que la organización se remonta a finales de los años 60, iniciada en Buenos Aires, en torno a un instituto de yoga llamado Instituto de Estudios Yoguísticos Yukstewar.

Según los testimonios, el grupo se movió constantemente entre:

Buenos Aires
Mar del Plata
Entre Ríos
Venezuela
El último asentamiento fue el Hotel City, allanado en 2018.

    La fachada del yoga

    El yoga es presentado como fachada de captación.

    Se enumeran domicilios registrados en el Registro Nacional de Cultos para reforzar la idea de una estructura formal.

    Testimonios sobre el movimiento constante

    Varios testigos (Jodava, Edaya, Dava, Ozeta, Jizeta, Jalana) relatan mudanzas frecuentes.

    El tribunal interpreta estas mudanzas como una estrategia deliberada de aislamiento, no como decisiones familiares o laborales.

    Venezuela como punto clave

    Se menciona que:

    Nicosia estuvo preso allí entre 1978 y 1984.

    Varias familias vivieron y trabajaron en Venezuela.

    Algunos hijos nacieron allí.

    Aunque el tribunal reconoce que no puede juzgar hechos ocurridos en el extranjero, usa esos relatos para construir el “contexto sectario”.

    Interpretación del tribunal sobre el movimiento

    El tribunal concluye que las mudanzas:

    Evitaban vínculos externos.

    Evadían sospechas.

    Permitían controlar a los miembros.

    Cita a Safala: “Nicosia se iba moviendo de acuerdo a las denuncias”.

    Desigualdad económica

    Se describe una supuesta desigualdad extrema:

    Líderes con lujos.

    Miembros “inferiores” sin dinero y alimentados con arroz y agua.

    Se mencionan negocios en Venezuela (paisajismo, mueblería) y en Argentina (Hotel Litoria y Hotel City).

    Conclusión del tribunal sobre el funcionamiento

    La organización es caracterizada como:

    Secta coercitiva

    Estructura totalitaria

    Sistema de manipulación psicológica

    Se apoya en literatura sobre sectas coercitivas y compara el caso con la secta “Monte Sión”.

    REALIDAD

     A. Roberto Atilio Falcone no describe hechos: construye un “contexto” que funciona como dogma

    El fallo insiste en que antes de analizar delitos concretos, debe establecerse la existencia de una “secta coercitiva”.

    Ese “contexto” no es un hecho probado: es una hipótesis teórica tomada de literatura sobre sectas.

    El juez:

    Selecciona definiciones de “secta” de la RAE. (Diccionario de la Academia Española)

    Tilda al Instituto de Yoga de fachada y de secta, cuando no lo era como se puede leer en este capítulo del blog «Justicia Ilegítima».

    Cita psicología social, sociología, estudios sobre manipulación coercitiva.

    Compara el caso con otra secta ya condenada (“Monte Sión”).

    En definitiva: el juez usa teoría para interpretar testimonios, no testimonios para construir teoría.

    Es decir: la sentencia parte de la conclusión y luego acomoda los hechos dentro de ella.

    B. El movimiento geográfico se interpreta como prueba de coerción

    Los desplazamientos entre Argentina y Venezuela se presentan como:

    Estrategia de aislamiento
    Mecanismo de control
    Forma de evadir denuncias

    Pero el texto mismo reconoce:

    Que hubo trabajo real (hoteles, paisajismo, mueblería).

    Que hubo mudanzas por razones laborales.

    Que hubo períodos de vida normal en casas, departamentos, hoteles.

    Que los hechos en Venezuela no pueden ser juzgados.

    Aun así, el juez los usa para reforzar la narrativa de “secta”.

    La movilidad se interpreta como prueba de criminalidad, pero no se demuestra movilidad forzada y ni hechos criminales durante esas mudanzas.


    Me detengo por un momento en este punto para realizar algunas precisiones:

    En primer término, hay que destacar la contradicción en la que incurre el juez, por no llamarla mentira adrede, cuando argumenta que «los viajes eran la forma de ejercer control sobre los seguidores, mediante el desarraigo». 

    Pero pregúntese el lector ¿qué desarraigo puede haber, cuando la familia del señor Nicosia vivió durante aproximadamente 20 años en el mismo domicilio en Venezuela? ¿País en el cual sus hijos, (no «seguidores») y los de la señora Capossiello, se criaron, crecieron y desarrollaron sus actividades, sociales y laborales solos o en sociedad? Además, tengamos en cuenta que en los últimos años eran estos mismos hijos, principalmente Maciya, la querellante principal en la causa que nos ocupa, quien administraba el dinero, los negocios, trataba con abogados, funcionarios municipales, proveedores y manejaba las cuentas bancarias propias y las de la señora Capossiello, al punto de que la señora ya no poseía las claves de su home banking y no podía acceder a la información financiera si no era a través de Maciya.

    En cuanto al City Hotel, podemos hacer una similitud con el párrafo anterior: ¿qué desarraigo puede existir si las personas que vivían y trabajaban allí lo hicieron durante 33 años en el mismo lugar, en pleno centro de la ciudad, a tres cuadras de la costa y a dos del Tribunal Oral, a la vista de todos? Eran personas conocidas por vecinos y comerciantes de la zona, proveedores e incluso funcionarios municipales y policiales, además de los pasajeros habituales y los marplatenses que asistían a las clases gratuitas de Hatha Yoga que se ofrecían en el hotel.

    Los viajes entre Argentina y Venezuela no eran «frecuentes» ni «constantes». La familia del señor Nicosia y las familias de sus amigos, viajaron a Venezuela en el año 1978 debido a las condiciones de inseguridad y los niveles de violencia que se vivieron en Argentina en los años 70s. Residieron en Venezuela durante al menos 20 años con algunos viajes esporádicos y temporales a la Argentina, no por «denuncias», como inventó una de las supuestas víctimas, quien llegó a admitir ante los fiscales, que quería asesinar al señor Nicosia con una escopeta, sino por motivos de salud, de escolaridad de sus hijos, o por trabajo. Algunos de sus amigos regresaron antes por distintos motivos personales y particulares de cada quien. El señor Nicosia estuvo preso en Venezuela desde el año 80 hasta mediados del 83 por causa de un femicidio cometido por uno de sus conocidos, hecho en el cual no tuvo nada que ver y salió libre de culpa y cargo.
    Finalmente, el señor Nicosia y la señora Capossiello consolidaron su permanencia en Venezuela, donde lograron comprar después de 9 años de trabajo y esfuerzo, un techo propio para asegurar el futuro de sus hijos y debieron regresar a la Argentina definitivamente en el año 2010, por la inestabilidad política en aquel país.
    Durante los años vividos en Venezuela, la señora Capossiello creó una empresa de paisajismo junto con una socia y amiga de muchos años. Sus hijos no trabajaron en ella hasta la mayoría de edad, que en Venezuela siempre fue a los 18 años. Por ser una empresa familiar, es verdad que los hijos más chicos ayudaban en el armado de plantas artificiales, pero lo hacían en sus ratos libres, cuando no estaban jugando o estudiando y porque querían participar. Algunos llegaron a aprender la habilidad de tal artesanía y desarrollar en base a ello sus propios emprendimientos. 

    Los relatos de las supuestas víctimas incurren en un sin fin de contradicciones, siendo una de ellas que «debían trabajar por largas jornadas en los proyectos de paisajismo» que la empresa realizaba en distintos lugares de Caracas, La Guaira, San Antonio de Los Altos o Los Teques a saber.
    He aquí una lista de algunos de esos lugares aportada por familiares y testigos que además también trabajaban en la empresa:

    Hotel Sheraton Macuto Resort (La Guaira)
    Hotel Meliá (La Guaira)
    Hotel Radisson Eurobuilding (Caracas)
    Hotel Dallas (Caracas)
    Hotel Texas (Caracas)
    Restaurante Casa Juancho (Caracas)
    Restaurante Brava Mar (Caracas)
    Seguros Caracas (Caracas)
    Centro Comercial Sambil (Caracas)
    Centro Lido (Caracas)
    Centro Comercial El Recreo (Caracas)
    Centro Comercial La Casona (San Antonio de Los Altos)
    Centro Comercial La Cascada (Los Teques)
    Banco Unión en distintas sucursales.
    Radio Caracas Televisión
    Venevisión
    Venezolana de Televisión
    Entre otros…

    En sus ratos libres participaban en concursos de radio llamando a programas como «La Soda de la Noche» y a veces ganaban algún premio o brindaban alguna breve entrevista en la televisora nacional, como por ejemplo hizo Edaya con motivo de dar su opinión acerca de la atención médica que recibía en el centro médico CDI de Chuao, Salvador Allende, donde acudía para realizar sesiones de fisioterapia y mientras tanto conversaba con la entonces embajadora de Argentina en Venezuela, Alicia Castro.

    Saque usted entonces sus propias conclusiones y pregúntese, ¿cómo es posible que estas supuestas «víctimas» que declararon haber estado aisladas del mundo, sin relación con el exterior, sin embargo  interactuaban con tanta gente en estos y otros lugares de trabajo, salud o esparcimiento, llegando incluso a contar con su clientela propia, trataban con gerentes, amas de llave, abogados, contadores, empleados (mantenían relaciones íntimas con algunas empleadas) y tenían bajo su subordinación, personal que trabajaba para ellos, entre los cuales se encontraban algunos de los imputados en esta causa?

    El juez hace mención especialmente sobre la declaración de Safala quien afirma que “Nicosia se iba moviendo de acuerdo a las denuncias”. Pero resulta que no existe una sola denuncia al respecto contra el señor Nicosia ni en Venezuela ni en Argentina. Tenía domicilio estable. Entre los años 60s y 70s el señor Nicosia vivía en CABA y se movilizaba por el país para dar conferencias y cursos de Yoga. Viajaba a Uruguay con el mismo fin para atender la filial que había abierto en ese país. En ese entonces ninguna de las supuestas «víctimas» había nacido. Durante su residencia en Venezuela vivió durante un breve período en Caracas y a partir del año 1990 vivió casi por 20 años en San Antonio de Los Altos, con viajes esporádicos a Los Puertos de Altagracia en el Estado Zulia o Mérida en plan vacacional; también viajó a India y a la Argentina.
    Como se puede ver, una vez más Roberto Atilio Falcone manipula la ley a su conveniencia. Ignora los informes solicitados por Inchausti a Interpol durante la instrucción, que confirmaron la ausencia de antecedentes del señor Nicosia. Usa el argumento de la jurisdicción para rechazar los pedidos de la defensa y luego contradice su propio alcance jurisdiccional, acusando al señor Nicosia (ya fallecido en ese momento) de haber estado preso en Venezuela, intentando sin éxito convencer a una testigo de su culpabilidad.

    C. La desigualdad económica se presenta como “obscena”, pero sin prueba documental

    El juez afirma:

    Líderes con autos de lujo, hoteles cinco estrellas, cosméticos de alta gama.

    Miembros inferiores sin dinero, comiendo arroz y agua.

    Pero:

    No se aportan registros contables.

    No se aportan comprobantes de viajes.

    No se aportan pruebas de ingresos o gastos.

    No se demuestra que los individuos no tuvieran dinero propio.

    Es una descripción moralizante, no probatoria.


    Cabría preguntarse en este punto: si el señor Nicosia poseía tantos hoteles de lujo, ¿cómo es posible que se encontrara viviendo en uno que no le pertenecía, que a duras penas llegaba a las 2 estrellas, que se caía a pedazos por la antigüedad y por la falta de recursos para poder remodelarlo? Esto último sólo se pudo comenzar a realizar entre los años 2015 y 2018 a base de subsidios otorgados por el Estado a través del Ministerio de Desarrollo y del Trabajo. Cualquiera que haya solicitado subsidios del Estado a través de las vías correctas, sabe lo difícil que es acceder a ellos y que sólo son otorgados después de una serie de investigaciones, análisis de balances, auditorías y otros mecanismos que utiliza el Estado cuando quiere verificar la veracidad de la solicitud y el origen de los fondos del solicitante. Estos subsidios no se otorgan de la noche a la mañana. En el caso de la Cooperativa les llevó años poder reunir los requisitos para acceder a ellos.
    Quien se haya hospedado o haya conocido el hotel en sus años de actividad, sabe que el hotel era sencillo, no lujoso.

    Y quien haya conocido en persona a cualquiera de los imputados, sabe que no contaban con lujos ni utilizaban atuendos de marcas rimbombantes. Todos los ahorros eran utilizados en sus hijos y familiares para que tuvieran, ante todo salud, educación, buena comida, ropa de calidad, adelantos tecnológicos y todo aquello que conformara una sana y buena calidad de vida.

    D. El juez usa testimonios fragmentarios para construir una estructura totalitaria

    Los testimonios citados:

    Son parciales.

    Son interpretados bajo la lente de “secta coercitiva”.

    No se contrastan con otros testimonios que contradicen esa narrativa.

    El juez reconoce que:

    “Los hechos ocurridos en territorio extranjero no son objeto de juzgamiento.”

    Pero los usa igual para reforzar la idea de una estructura criminal.

    Esto es atomismo selectivo:

    Se usa holismo para construir la secta.

    Se usa atomismo para condenar.

    Se descarta atomismo cuando contradice el holismo.

    E. La sentencia convierte la vida cotidiana en “mecanismos de control”

    Ejemplos:

    Mudarse → control psicológico

    Trabajar → explotación

    Vivir juntos → aislamiento

    No tener vínculos externos → manipulación

    Tener hijos → estrategia de dominación

    El tribunal reinterpreta toda la vida del grupo como criminal, sin distinguir:

    decisiones voluntarias

    dinámicas familiares

    pobreza estructural

    migración laboral

    vínculos afectivos reales

    En resumen: este fragmento que analizamos es la piedra fundacional del mito judicial:

    El tribunal necesita demostrar que existió una “secta coercitiva” para justificar:

    la trata

    la explotación

    los abusos

    la alteración de identidad

    el acopio de armas

    la reparación económica

    el decomiso de bienes

    Por eso:

    Construye una narrativa totalizante.

    Usa teoría para interpretar testimonios.

    Reinterpreta la vida cotidiana como coerción.

    Convierte la movilidad en estrategia criminal.

    Usa hechos no juzgables (Venezuela) para reforzar el relato.

    Compara con otra secta ya condenada para legitimar el marco (Monte Sión).

    Este capítulo del fallo no prueba delitos, sino que crea el escenario emocional y conceptual que hace que cualquier conducta posterior parezca delictiva.


    MITO
    EL “LIDER”

    Como hemos señalado en diversas oportunidades a lo largo del blog “Justicia Ilegítima” y en las páginas del libro publicado en este portal de escritura, el señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, fue tildado de “líder” por la narrativa judicial, ya que como el juez Falcone argumenta en su sentencia “si hay una secta tiene que haber un líder”. Esta sesuda percepción de su parte y de Santiago Inchausti antes que él, está basada meramente en el relato de las autoproclamadas “víctimas” y no en pericias por parte de peritos especializados. Recordemos que ambos jueces, cada uno a su tiempo, le negaron al señor Nicosia todo tipo de pericia, tanto psicológica como por parte del cuerpo médico forense, a pesar de ser solicitado por la defensa. Esta grave violación a sus derechos, constituyó el abandono de persona que derivó en su muerte.

    *******

    Según Roberto Atilio Falcone, el perfil era el de un líder sectario y el modo en que ejercía control absoluto sobre sus seguidores, consistía en una combinación de carisma extremo y autoritarismo violento. Según argumenta, ninguna secta puede existir sin un líder que moldee el grupo según sus preferencias, y según él, Eduardo Nicosia encarnaba ese rol con particular intensidad.

    1. Carisma y construcción mística

    Los testimonios señalan que el líder era percibido como un hombre “sabio, culto y encantador”, formado en India, y que sus seguidores lo idealizaban atribuyéndole “cualidades mágicas”.

    Dentro del grupo era llamado “el gurú”, “el uno con el todo” y “el padre de todos”. Estar en su presencia era considerado un privilegio, y sus palabras se tomaban como dogma incuestionable.

    2. Violencia sistemática y castigos extremos

    En este fragmento de la sentencia, el juez detalla una larga serie de torturas, golpizas, amenazas y abusos cometidos por el líder contra adultos y menores, incluidos sus propios hijos.

    Entre los castigos mencionados:

    • colgar personas de ventanas o sogas,

    • quemaduras con encendedores,

    • golpes con cinturones y armas,

    • ahogamientos,

    • aplicación de electricidad,

    • encierros prolongados,

    • violencia con armas blancas y de fuego.

    Los testimonios coinciden en que el líder tenía una “doble cara”: amable hacia el exterior, brutal en el ámbito interno.

    “La sensación era de pánico absoluto (…) su voz nos producía terror.”

    3. Episodios de crueldad extrema

    Se relatan hechos particularmente graves, como:

    • matar animales frente a los niños

    • castigos que provocaron secuelas permanentes (pánico al agua, lesiones físicas),

    • encierros prolongados de miembros del “grupo”,

    • torturas a niños desde edades muy tempranas.

    4. Intimidación mediante armas y amenazas de muerte

    En su argumento, el juez asume que el “líder” poseía armas legales e ilegales y se jactaba de haber matado personas.

    Varios testigos afirmaron que él era capaz de ordenar asesinatos y que incluso habría participado en homicidios en Venezuela y Argentina.

    5. Control psicológico y aislamiento

    El miedo constante, la dependencia emocional y la creencia en su poder absoluto permitían que el líder controlara totalmente a los miembros del grupo.

    También presumía de tener contactos policiales, lo que aumentaba el temor a denunciar.

    6. Perfil psicológico del líder

    El texto concluye que la descripción del señor Nicosia coincide con el perfil típico de líderes sectarios:

    • rasgos narcisistas,

    • personalidad dominante,

    • grandiosidad

    • paranoia

    • gran habilidad verbal y seducción.

    REALIDAD

    Hasta aquí podemos deducir que Roberto Atilio Falcone, no hace más que construir una imagen alrededor de la figura del señor Nicosia basándose en lo que las supuestas víctimas le contaron. Cabe destacar que el señor Nicosia fue sobreseído por fallecimiento. Es más: si nos atenemos estrictamente a la ley, falleció bajo la presunción de inocencia por no haber llegado a juicio con vida.

    Desde el momento en que el señor Nicosia falleció la causa se cayó, ya que los querellantes, estaban especialmente ensañados con él.

    No contento con esta situación, y porque “alguien debe pagar los costos”, aunque falsas, todas las imputaciones en su contra pasaron a los compañeros de causa. Todo el juicio, como lo demuestra la sentencia, giró en torno al señor Nicosia, quien ya no tenía posibilidad alguna de defenderse. Aún así, Falcone perfiló, acusó y condenó.
    Su conclusión acerca del perfil psicológico del “líder”, fácilmente podría adaptarse al mismo Falcone, a sus colegas de la gran familia judicial o a cualquier personaje de la clase política.

    Antes de profundizar en los argumentos que utilizó el juez para crear el «perfil del líder sectario», me detengo unos momentos para desmentir aspectos puntuales descritos en el mito del «líder»:

    1: Al señor Nicosia lo han llamado de muchas maneras: maestro, acharya, gurú (maestro) profesor, consejero, swami, Nene, Nico, Eduardo, negrito, morocho, papá, compadre, pibe, hermano, amigo, viejo, hermanito del alma…

    Todos fueron nombres o apodos impuestos por terceros, según lo que percibían de su personalidad, pero nadie se dirigía a él con modismos tan emocionales y ridículos como los descriptos por el juez.
    El señor Nicosia nunca se adjudicó título alguno. Sólo firmaba con su nombre civil o monástico según la ocasión y valoraba ser llamado amigo, por encima de cualquier otro nombre o título.

    Al contrario de la afirmación del juez, el señor Nicosia no fue formado en India, su grado de swami fue formalizado en India por Swami Chidananda Saraswati, quien reconoció en él (y no fue el único) a un ser con conocimiento genuino acerca del Yoga y la Vedanta. No a un intelectual, ni a un farsante.

    2: Todos los supuestos hechos de violencia relatados en la causa, no fueron verificados por peritos profesionales. Tanto el juez como las psicólogas que «evaluaron» a las supuestas «víctimas», basaron sus diagnósticos en relatos morbosos poco creíbles.
    Entre los más rimbombantes, podemos citar el de Jalana (hijo del señor Nicosia), quien dijo haber sufrido «quemaduras de tercer grado en su espalda, que cuando su padre lo quemó, la remera de polyester se le pegó a la piel y él podía oler la carne quemada» … Todos los testigos consultados, incluso su familia directa, coinciden en que este personaje no tenía semejantes cicatrices en su espalda. Pero a nadie le extrañó su nivel de inventiva, ya que Jalana (según sus iniciales en la lista elaborada por la fiscalía) era conocido por esta cualidad, que de chico podía considerarse una gracia, pero que al crecer se convirtió en una morisqueta.
    Durante el episodio sufrido por el señor Nicosia en los años 80s, al haber sido detenido por causa del femicidio cometido por un conocido, Jalana, quien contaba con unos 5 años de edad, dijo delante de sus propios padres, a la Directora de Prisiones (Venezuela), en ese entonces la Dra. Virginia Contreras, que sus “pulgares estaban torcidos porque se los habían quemado”. Al ser consultado acerca de quién le había dicho tal cosa, afirmó que habían sido Jodava y su primo Jaza.
    Jalana tenía polidactilia y sus dedos pulgares en forma de «pinza de langosta», eran heredados de su padre, el señor Nicosia y familiares por la vía paterna.
    Otro relato digno de una película de ficción, fue el de la hija de Maciya, quien argumentó haber “sufrido una fractura expuesta en la pierna y que Nicosia le aplicó electricidad para provocarle más dolor”.
    La realidad, es que la entonces adolescente, se lesionó la rodilla corriendo y deslizándose por los amplios pasillos del City Hotel en el año 2015.
    La lesión no era visible, sólo se manifestó con dolor e inflamación en la zona, lo cual le impidió seguir practicando popping, baile urbano que se había dedicado a aprender observando tutoriales y videos en su cuenta de YouTube.
    Para poder desinflamar rápidamente la rodilla, y que no sufriera dolor y una inflamación que se tornara en condición crónica, hasta tanto se pudiera atender con el reumatólogo de cabecera del señor Nicosia en CABA, el señor Nicosia le aplicó sus conocimientos en electroterapia con el equipo que utilizaba para él mismo, para aliviar sus dolores crónicos y no depender de la medicina oral.
    A los pocos días, Maviya ya estaba diagnosticada por el reumatólogo en cuestión, fundador de una reconocida institución sita en calle Uruguay 725 en CABA, quien le recetó una rodillera y analgésicos orales en caso de dolor.

    Como el lector bien puede concluir, es imposible que tal fractura expuesta existiera, porque la lesión fue mínima -más graves son aquellas sufridas por los basquetbolistas- y porque el médico especialista no vio indicios de un caso tan grave, que incluso le podría haber provocado la muerte a la entonces joven Maviya.

    3- Uno de los relatos de las «víctimas» consistía en que los niños pequeños eran torturados. Jodava relataba por ejemplo, que Xavaya, uno de los hijos menores de la señora Capossiello, recibía palizas desde que nació. Xavaya llegó a ser un hombre robusto de más de 1,80 m de altura con un carácter seguro de sí mismo y una soberbia que provocaba rechazo en aquellos que trataban con él, como por ejemplo los albañiles que trabajaban bajo su mando, comerciantes de la zona del City Hotel a quienes les hacía compras de materiales, o técnicos de mantenimiento de equipos, como la central telefónica, los aires acondicionados o los ascensores.
    En 2018 fue detenido por Santiago Inchausti durante el allanamiento. Debido a que sus hermanos involucrados en el complot dijeron que Xavaya también era una víctima (más adelante se supo de su participación en la falsa denuncia mientras ocupaba su rol de Secretario de la cooperativa, ya que hubo testigos que lo escucharon en charlas secretas con Edaya) ante la duda Inchausti ordenó una pericia, en este caso por un médico forense, quien determinó que no presentaba lesiones a nivel orgánico, ni falencias intelectuales. Indicó que su perfil no era compatible con el de víctima…
    Aún así, Inchausti lo sobreseyó y archivó el informe del perito.

    4. El señor Nicosia no tenía armas a su nombre, como la PFA pudo comprobar. Todas las armas encontradas en el hotel pertenecían a otros individuos, entre ellos Xavaya, y estaban debidamente registradas y legalizadas, como también confirmó la policía federal.
    Según pudo constatar este escritor, no hay testigos que acrediten el relato de que el señor Nicosia se jactaba de cometer asesinatos o del uso de armas. La forma genética de sus dedos y el avance de su enfermedad autoinmune, le impedían tocar el piano, mucho menos manipular un arma. En su juventud, sus dedos pulgares torcidos, fueron los que le eximieron de realizar el servicio militar obligatorio en Argentina.
    Esa misma situación se repitió con sus hijos varones herederos de esta condición: Jalana y Emaya, este último declarado en su documento de excepción por los médicos peritos militares, como ITS: inútil para todo servicio.

    Los únicos que se jactaban de llevar armas consigo, eran: Jodava en el año 2000 durante un viaje a Mendoza en una casa rodante que él mismo alquiló y quien fanfarroneaba paseándose armado ante los gendarmes de la zona, dirigiéndose a ellos de igual a igual. Más adelante en el tiempo, entre 2010 y 2018, Xavaya repitió una conducta similar. Se llegó a saber que, aunque Xavaya no contaba con permiso de porte sino de tenencia, llevaba un arma de su propiedad, oculta bajo el sweater cuando salía a hacer compras en CABA. Algo ilegal según la legislación sobre armas en Argentina. Fue este mismo personaje quien compró en una reconocida armería de CABA (My Friend) armas totalmente innecesarias de acuerdo al uso que la cooperativa buscaba darle que era servicio de seguridad para el hotel, e inadecuadas para el viaje en casa rodante que su familia quería hacer por el mundo.

    Pregúntese el lector y llegue a su propia conclusión: si el señor Nicosia ordenaba cometer tantos asesinatos, ¿cómo no había gente desaparecida? Y además ¿cómo hicieron las supuestas «víctimas» para llegar con vida a declarar ante fiscales y jueces, años después de haber seguido sus propios caminos independientes?

    5. Era también Jodava quien se jactaba de tener contactos policiales y políticos, y contaba entre sus amistades a un funcionario de la PFA, hijo de un comisario de la misma fuerza policial. Fue este mismo personaje quien cuando su madre lo echó del hotel por robar y estafar a la gente que trabajaba allí, amenazó al personal, entre ellos su madre, diciendo que “llenaría de policías el hotel para detener a la secta». Los únicos agentes policiales que «llenaron el hotel» antes del allanamiento, eran aquellos que se hospedaron en calidad de huéspedes, por motivos de trabajo o cursos de instrucción, operativos en la ciudad como el Operativo Sol que se llevaba a cabo los veranos, o en plan vacacional junto con sus familias.

    6. En cuanto al perfil psicológico realizado por Falcone, es evidente que proyecta un reflejo de sí mismo, excepto quizás en lo que se refiere a la seducción:

    • rasgos narcisistas,

    • personalidad dominante,

    • grandiosidad

    • paranoia

    • gran habilidad verbal y seducción.

    Podemos destacar para desmentirlo, el rasgo de mayor manifestación física: gran habilidad verbal…

    Quienes conocieron personalmente al señor Nicosia, tanto sus amigos como la gente que atendió durante sus años de actividad en el Instituto Yukteswar, saben que era conocido por saber escuchar.
    El señor Nicosia hablaba poco y nada. No se consideraba un erudito y no entraba en charlas banales ni desperdiciaba energía en discusiones.
    Coincidía plenamente con Pitágoras, en que el ser humano es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.


    La construcción del “monstruo” a partir de testimonios no verificados

    El texto judicial de la sentencia y de todo el expediente hasta el momento del juicio, etiquetó al señor Nicosia como un monstruo, pero nunca se le dio la oportunidad de defenderse, ni se interesaron en escucharlo alguna vez. Incluso aunque el señor Nicosia no llegó con vida al juicio y a pesar de haber sido sobreseído por fallecimiento, los fiscales, los jueces e incluso la defensa, se ocuparon de seguir mancillado su figura y su buen nombre, para darle sentido a la causa que entre todos se empeñaron en armar. Al señor Eduardo Agustín De Dios Nicosia, simplemente se lo secuestró, se lo encerró, se tiró la llave y se lo asesinó.

    Santiago Inchausti sólo fue a verlo una vez durante los casi 14 meses que la causa estuvo bajo su responsabilidad. Roberto Atilio Falcone no fue ni una sola vez a partir del momento en que la causa pasó a sus manos, período que abarcó alrededor de poco más de un año, durante el cual el señor Nicosia quedó gravemente afectado de su salud como consecuencia del encierro en prisión y de la falta de los cuidados médicos adecuados que su condición de salud ameritaba. Según la ley, los jueces deben ver a los presos que están bajo su tutela, cada tres meses aproximadamente, más si se trata de un procesado sin condena y más si se trata de una persona mayor y enferma. Esto por supuesto, no se cumple y en este caso en particular, menos. Sin embargo, la falta de cumplimiento del deber por parte de los jueces no los exime de ninguna responsabilidad ante cualquier percance que sufra el preso.

    Toda la responsabilidad recae sobre sus hombros.

    En base al relato de los denunciantes, Roberto Atilio Falcone, construyó una imagen extremadamente grave de Eduardo Nicosia. Pero lo hizo mediante un mecanismo narrativo, no probatorio.
    He aquí cómo funciona esa construcción.

    1. La estructura del fallo se apoya en relatos, no en evidencia

    El documento acumula decenas de testimonios, todos descriptivos, todos subjetivos, todos retrospectivos.

    No aparecen:

    • pericias médicas,

    • informes psicológicos de época,

    • registros policiales,

    • documentación contemporánea a los hechos,

    • evidencia física,

    • fotografías,

    • certificados,

    • informes oficiales de Venezuela o Argentina,

    • constancias de denuncias previas,

    • autopsias,

    • causas judiciales anteriores,

    • pericias sobre armas,

    • informes veterinarios,

    • registros de hospitalizaciones,

    • documentación escolar,

    • informes de asistencia social anteriores a la causa.

    La narrativa judicial no contrasta los dichos con elementos externos.

    Los dichos se convierten en “verdad” por acumulación, no por verificación.

    2. El fallo usa un recurso clásico: la “coherencia interna” como sustituto de prueba

    El texto afirma que los testimonios son “contestes”, es decir, coincidentes.

    Pero la coincidencia entre relatos no es prueba: es un fenómeno psicológico, social o incluso narrativo.

    La justicia suele usar la “congruencia” como indicador de verosimilitud, pero aquí se convierte en la única base probatoria.

    Esto es problemático porque:

    • personas que convivieron pueden compartir recuerdos,

    • personas que crecieron juntas pueden repetir narrativas familiares,

    • personas entrevistadas por el mismo programa estatal pueden influenciarse,

    • personas que vivieron trauma pueden reconstruir recuerdos de forma similar,

    • personas que odian a un líder pueden reforzar mutuamente sus relatos.

    La coherencia no demuestra que los hechos ocurrieron: sólo demuestra que los relatos coinciden.

    En este caso en particular, las personas, se confabularon durante años, para crear una narrativa acerca del señor Nicosia y denunciarlo, con el único objetivo de un resarcimiento económico.
    Durante el juicio, en un acto tardío, tal vez con la intención de tapar las fallas que pudieran anular el juicio, o tal vez como una demostración de estupidez, Falcone sugirió a las «víctimas» y «testigos» que no hablaran entre sí entre cada declaración en el debate. No se dio cuenta o no quiso hacerlo, de que la mayoría de las supuestas víctimas, venían hablando entre ellas en persona, por teléfono y a través de las redes sociales, inventando y coordinando declaraciones y acusaciones, y repartiendo roles desde hacía al menos 15 años. 

    A pesar de que los testigos a favor de la defensa intentaron presentar prueba que desmentía muchas de las denuncias de cautiverio, hacinamiento, inanición, o supuesto terror, por ejemplo, el tribunal no las aceptó.

    3. El fallo mezcla testimonios con lenguaje emocional para reforzar impacto

    El texto judicial utiliza expresiones como:

    • “pánico absoluto”,

    • “terror”,

    • “sádico”,

    • “crueldad extrema”,

    • “la verdadera cara”,

    • “descargar su violencia”.

    Este lenguaje no es técnico ni probatorio: es retórico.

    La justicia, cuando quiere consolidar una narrativa, usa adjetivos para guiar la interpretación del lector.

    Esto es típico en fallos donde la prueba es débil y la emoción debe suplir la falta de evidencia material.

    Otra prueba más de la creación de la historia por parte de los judiciales.

    4. Los hechos más graves carecen de cualquier corroboración externa

    El texto menciona:

    • asesinatos,

    • torturas con electricidad,

    • ahogamientos,

    • quemaduras,

    • encierros prolongados,

    • mutilación de animales,

    • violencia extrema contra menores.

    Pero ninguno de estos hechos aparece acompañado de:

    • informes médicos,

    • certificados de lesiones,

    • denuncias contemporáneas,

    • registros hospitalarios,

    • documentación policial,

    • pericias sobre armas,

    • informes veterinarios,

    • constancias de desapariciones con investigación previa.

    Incluso los supuestos homicidios se sostienen en frases como:

    “FV le contó que…”

    “Ozeta dijo que…”
    “Jalana comentó que…”
    “Esto me lo contó Raya…”

    Esto es testimonio indirecto (oído de terceros), que en cualquier estándar probatorio serio es débil o inadmisible.

    5. El fallo convierte percepciones en hechos

    Ejemplos:

    • “era increíble cómo la gente quedaba encantada” → percepción.

    • “siempre tenía armas” → afirmación no corroborada.

    • “era capaz de matar” → creencia subjetiva.

    • “se jactaba de contactos policiales” → relato no verificado.

    • “era un gurú” → interpretación cultural.

    • “tenía dos caras” → juicio de valor.

    El fallo toma estas percepciones y las transforma en hechos jurídicos.

    Eso es metodológicamente inválido.

    6. El perfil psicológico del líder se construye sin pericia

    El texto afirma que Eduardo Nicosia encaja en el perfil de un líder sectario.

    Pero:

    • no hay pericia psicológica,

    • no hay evaluación profesional,

    • no hay informe clínico,

    • no hay diagnóstico,

    • no hay entrevista técnica.

    El perfil se construye a partir de relatos, y luego se usa ese perfil para validar los relatos.

    Es un círculo argumental.

    7. El fallo usa un truco clásico: la “dualidad” del líder

    La idea de que el señor Nicosia tenía “dos caras” es un recurso narrativo típico en:

    • literatura,

    • periodismo,

    • causas de abuso,

    • construcción de villanos.

    Sirve para explicar por qué no hay pruebas externas:

    “afuera era amable, adentro era violento”.

    Este recurso permite justificar la ausencia de evidencia material:

    si nadie vio nada, es porque “era muy hábil para ocultarlo”.

    Es una explicación circular que protege la narrativa judicial de la crítica.

    A pesar de que esta aseveración la realizó Dava, uno de los “testigos” a favor de la fiscalía, Roberto Atilio Falcone la utilizó convenientemente para rellenar esta ausencia de evidencia material.
    Resulta que el testigo en cuestión, de alrededor de unos 50 años al día de hoy, no convivía con el señor Nicosia, lo conocía poco y nada. Su única relación era con alguno de sus hijos porque habían convivido durante los años 80 (estando el señor Nicosia preso por causa del femicidio cometido por Jaya), en una casa de playa en Venezuela, prácticamente a orillas del mar Caribe, con parque y piscina semi olímpica. Es decir, no era amigo, ni familiar ni tenía relación cercana con el señor Nicosia.
    Eran sus padres quienes mantenían una estrecha amistad con él. Además el señor Nicosia no sólo había sido su profesor de Yoga sino que los ayudó en múltiples ocasiones para conseguirles oportunidades de trabajo, por ejemplo.

    La falsedad de este supuesto testigo llegó al punto de afirmar que él mismo llevaba la recaudación del hotel para depositarla en una cuenta bancaria del “líder”, o que su padre había tenido que entregar a la “secta” su propio automóvil. La realidad es que este “testigo”, movido por ansias de conseguir su tajada del botín, trabajaba como mozo en el bar del hotel junto a su padre, el señor V.V. Difícilmente podría haber manejado las cuantiosas sumas de dinero que declaró, a menos, por supuesto, que las hubiera robado.

    En cuanto al “automóvil usurpado por la secta”, resulta que el señor V.V. lo había comprado usado por un bajo precio, a la embajada de Estados Unidos en Argentina, a finales de los años 60. En los años 70s antes de viajar a Venezuela se lo vendió a un amigo con el que trabajaba en la óptica de su propiedad en CABA. Por razones de conocimiento público acerca de la inseguridad que se vivía en Argentina en esas épocas, por parte de ambas facciones ( izquierda y derecha) el señor V.V. viajó con su familia porque tenía amigos en Venezuela y propuestas de un buen pasar económico. Tal es así que mientras así lo quiso, pudo continuar con su profesión de óptico en aquel país.

    8. Conclusión: el fallo es una construcción narrativa, no probatoria

    El documento que analizamos funciona como:

    • un relato,

    • una acumulación de voces,

    • una reconstrucción emocional,

    • una interpretación psicológica,

    • una historia de horror.

    Pero no funciona como:

    • prueba,

    • verificación,

    • constatación,

    • evidencia,

    • demostración.

    Como se ve, la justicia, concretamente Roberto Atilio Falcone, no demuestra nada en este caso: sólo imagina y relata una narrativa condenatoria de principio a fin.


    MITO


    “La estructura de la secta”

    El fallo de Roberto Atilio Falcone describe cómo funcionaba la estructura cerrada, coercitiva y jerárquica de la secta liderada por Nicosia, basada en aislamiento, control total y manipulación psicológica.

    1. Aislamiento y encierro

    La secta mantenía a sus miembros completamente aislados del mundo exterior.

    Testimonios coinciden en que “siempre hay una cosa constante que es el encierro; el no poder salir” y que “vivíamos encerrados” .

    Se castigaba cualquier intento de contacto externo con votos de silencio o aislamiento.

    2. Corte de vínculos familiares

    A los nuevos miembros se les exigía romper todo lazo previo:

    “tuvimos que dejar de hablar con nuestra familia porque ellos eran mundanos” .

    El exterior era presentado como contaminante, peligroso y criminal.

    3. Eliminación de la educación formal

    Los hijos criados dentro de la secta no asistían a la escuela para evitar contacto social y cuestionamientos.

    “lo mundano no sirve”, “se podía contaminar”, “jamás pisó un colegio” .

    Esto generó un déficit severo de socialización.

    4. Construcción de identidad sectaria

    La secta promovía una identidad fanática, anulando la autonomía personal.

    Se describe como “adormilamiento de la identidad personal” y “activación crónica de la identidad social de sectario”.

    5. Estigmatización de quienes se iban

    Cualquier miembro que abandonaba el grupo era difamado:

    “tenía mal la cabeza, andaba en las drogas” o “se había prostituido” .

    Esto generaba miedo y evitaba deserciones.

    6. Negación y cinismo de los miembros leales

    Las madres y miembros que permanecían en la secta negaban los abusos y torturas, incluso riéndose durante el juicio, pese a convivir décadas con las víctimas.

    7. Estructura piramidal

    La secta tenía una organización vertical y totalitaria:

    • Nicosia: líder absoluto (“gurú”, “padre”).

    • Silvia Capossiello: mano derecha, administradora, disciplinadora, justificaba y reforzaba la violencia.

    • Velázquez: psicólogo, captador de nuevos miembros, organizador del instituto de yoga.

    • Coronado Acurero y Fanesi: apoyo funcional y económico.

    • Hijos de Nicosia: jerarquía interna entre mayores (con poder) y menores (sumisión total).

    8. Manipulación de filiaciones

    Los hijos eran inscriptos como descendientes de otros hombres para ocultar la paternidad de Nicosia, salvo un caso.

    9. Control económico y explotación

    El líder recibía recursos de todos los miembros.

    Se mencionan explotación laboral, recaudación de dinero y control total de la información.

    Síntesis final

    El texto afirma que la secta funcionaba como una organización cerrada, coercitiva y jerárquica, basada en aislamiento extremo, manipulación psicológica, ruptura de vínculos familiares, negación sistemática de abusos y una estructura piramidal que permitía a Nicosia ejercer control total durante décadas.

    REALIDAD

    La estructura imaginaria
    de la secta imaginaria

    Como hemos venido documentando desde el inicio de esta denuncia pública, la “causa City Hotel” se fundamenta sobre una denuncia falsa.

    El fallo se presenta como una verdad institucional absoluta, pero desde el momento en que la denuncia es falsa, esa “verdad” es una ficción legitimada por el aparato judicial.

    La sentencia utiliza testimonios seleccionados, interpretaciones psicológicas y citas académicas para dar apariencia científica a una historia fabricada.

    El juez no investiga la posibilidad del engaño, sino que parte de la premisa de que la secta existía, y todo lo demás se acomoda a esa idea.

    “La estructura del grupo es cerrada: los miembros del grupo tienen relaciones de diversa índole entre sí, pero ninguno puede tener relaciones por fuera de este.”

    Esta afirmación proviene de testimonios manipulados, por lo tanto el texto se convierte en una pieza de propaganda judicial, no en un análisis objetivo.

    El fallo emplea un lenguaje emocional y moralizante —“cerrado”, “fanático”, “cínico”, “inverosímil”— que predispone a la opinión pública, a creer en la culpabilidad antes de examinar las pruebas y utiliza un lenguaje que funciona como una herramienta de sugestión institucional, donde el juez actúa como narrador omnisciente y el acusado como personaje ya condenado.

    En su sentencia, Roberto Atilio Falcone no contempla la posibilidad de falsedad o manipulación en los testimonios. Todos los relatos de las supuestas víctimas y los testigos que las favorecen, son tomados como una verdad incuestionable.

    Las declaraciones de los testigos a favor de la defensa y que contradicen la versión oficial, son calificadas de “inverosímiles” o “cínicas”, lo que revela una justicia que no escucha, sino que clasifica.

    El fallo recurre a teorías sobre manipulación mental y coerción para explicar el comportamiento de las víctimas, pero ese recurso teórico no hace más que justificar la inexistencia de pruebas materiales: se reemplaza la evidencia por el discurso psicológico.

    Haciendo uso y abuso de su autopercepción de “científico de la ley” Roberto Atilio Falcone se refugia en la ciencia para sostener la ficción.

    Este capítulo de “La estructura” es una operación de legitimación institucional: el sistema judicial se presenta como salvador frente a un mal absoluto (la secta), reforzando su autoridad moral que busca convencer y crear credibilidad pública.

    El juez se convierte en autor de una historia que sirve más para proteger la imagen del poder judicial que para revelar la verdad. De revelarla, la causa dejaría de existir.

    Este capítulo del fallo demuestra una vez más que la sentencia no se basa en una investigación, sino que es una narrativa institucional que transforma relatos en certezas, se apoya en testimonios seleccionados y teorías psicológicas que sustituyen la prueba inexistente.

    A continuación, vamos a analizar y desmentir uno por uno, los relatos en los que se basó Falcone para crear su verdad ficticia acerca de la estructura de «la secta», fruto de la imaginación de quienes le dieron el guión.

    Primera parte: 
    La «elocuencia de Dava»

    De acuerdo a Falcone, Dava (según las iniciales de la lista de la fiscalía) fue elocuente al declarar que: “siempre hay una cosa constante que es el encierro; el no poder salir.”

    Debido a su formación sofista, el juez toma por cierta y elocuente esta declaración, a sabiendas de que se puede ser elocuente al mentir.

    Falcone, se fundamenta en las palabras y la pedante actitud de   Dava al declarar en el juicio, para crear una realidad que él no puede evidenciar.

    Veamos entonces cuál es la verdadera cara de Dava:

    Dava nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y vivió la mayor parte de su vida junto a sus padres, V.V. y D.E.

    Durante su infancia residió con ellos y su hermano Pava en un departamento de dicha ciudad.

    La crianza y educación de ambos niños dependían exclusivamente de sus progenitores. Dava, desde su niñez, tuvo una personalidad seria, reflexiva y crítica, rasgos heredados tal vez de su padre, el señor V.V. Su manera de observar y analizar todo lo que lo rodeaba llamaba la atención incluso entre los más pequeños, que solían pedirle opinión sobre distintos temas y por ello, lo apodaban “maestro ciruela”.

    Su padre era óptico de profesión, y su madre, además de ser docente matriculada, también ejercía como óptica optometrista, por lo que trabajaba junto a su esposo.

    El señor V.V. conoció al señor Nicosia en el conocido café-bar La Academia, (Callao 368, CABA) donde solían jugar al billar.

    Posteriormente, el matrimonio asistió a clases de Hatha Yoga en el Instituto Yukteswar. Sus hijos no participaban de esas actividades; quedaban al cuidado de familiares maternos que también vivían en CABA, y muchas veces Dava, por ser el mayor, asistía a una guardería.

    En 1978, el padre de Dava, preocupado por la inseguridad que se vivía en Argentina, decidió emigrar con su familia a Venezuela. Para financiar el viaje, vendió un automóvil (que ya había comprado usado a la embajada de Estados Unidos en Argentina) a un empleado de su óptica y con ese dinero compró los pasajes.

    La familia se instaló en Caracas, en el edificio La Línea, ubicado en Las Acacias, sobre la Avenida Libertador, donde comenzó una nueva etapa de su vida.

    Dava conocía al señor Nicosia sólo de vista, ya que eran sus padres quienes mantenían con él una estrecha amistad.

    Durante su estadía en Venezuela, cuando Dava tenía alrededor de tres años, las familias se reunían en fiestas navideñas y de fin de año en la casa alquilada por el señor Nicosia y su pareja, situada en la Urbanización Club de Campo, un seguro complejo residencial de viviendas unifamiliares (country) ubicado en San Antonio de los Altos, Estado Miranda, Venezuela.

    En esas ocasiones compartían comidas típicas argentinas y se organizaban juegos y regalos para niños y adultos. En esas celebraciones, el señor Nicosia y sus amigos compraban obsequios que incluían juguetes, electrodomésticos, juegos tecnológicos de última generación para la época y equipos deportivos, tanto para niños como para adultos.
    Algunos de los juegos de mesa que compartían entre los adultos eran:
    El Truco
    La Canasta
    T.E.G.
    El Estanciero
    La generala, entre otros.
    Mientras los niños jugaban entre sí a los juegos clásicos o los que inventaban sobre la marcha, como policías y ladrones, indios y vaqueros, a las muñecas, a la mancha o juegos de mesa como el ludo (parchís), las damas, la escoba del 15, la casita robada, entre muchos otros.

    Tras el femicidio cometido en la década de 1980 por Jaya, cuñado de Silvia Capossiello, las familias amigas que habían emigrado desde Argentina a Venezuela se vieron afectadas judicialmente: varios de los hombres fueron encarcelados por su vínculo con el imputado. Ante esta situación, sus esposas y parejas —unidas por una profunda amistad— decidieron compartir el cuidado y la educación de sus hijos, organizándose para trabajar y sostener económicamente a sus familias. Gracias a sus emprendimientos laborales, lograron cubrir los gastos de la defensa de sus esposos y mantener a sus hijos con un buen nivel de vida mientras enfrentaban el proceso judicial.

    Tres de estas mujeres, amigas y afectadas por la misma situación, compartían residencia en un departamento en un séptimo piso de una de las Torres Residenciales (Caroata) del complejo de edificios Parque Central en Caracas. Allí vivían con sus hijos -entre ellos Dava y Pava—, mientras los esposos de dos de ellas, que no habían sido detenidos, trabajaban viajando por el país como vendedores de muebles y de productos ópticos.

    Durante esa convivencia, Jaza, hijo de una de las señoras y de alrededor de ocho años de edad, realizó un acto peligroso al caminar por la cornisa del edificio, llevando consigo a sus hermanos menores, a Dava y Pava, todos ellos menores de seis años, poniendo en riesgo sus vidas.

    El hecho fue presenciado por el Dr. Raymond Aguiar, abogado que llevaba la defensa y se encontraba conversando con las señoras y realizando pericias para el caso de sus defendidos. 

    Jaza mostraba conductas temerarias desde temprana edad, enfocadas principalmente en dañar a terceros. Fue su propia madre quien más adelante en el tiempo, reconocería que su hijo había heredado esas características de su herencia familiar, concretamente de su abuelo materno.

    A raíz de este hecho, las señoras decidieron mudar temporalmente a sus hijos a un departamento alquilado por sus amigas —también afectadas por el proceso judicial— en el sexto piso del edificio Adícora, ubicado en la Avenida Principal del Cafetal, Municipio Baruta, Caracas. Una de las inquilinas, a quien llamaremos señora D., asesorada por abogados y de común acuerdo con los hermanos Jaya y Raya, principales imputados en la causa por femicidio y propietarios de la empresa Representaciones Río de La Plata, dedicada a la venta de muebles, lámparas y objetos de decoración, decidió asumir la dirección del negocio, que había quedado a la deriva a causa del proceso judicial, para evitar su quiebra y proteger a las familias involucradas. La señora D. alquiló una casa de dos plantas llamada Quinta Garbo, ubicada en la Avenida Orinoco —al final de la Calle París—, en la Urbanización Las Mercedes, Municipio Baruta, Caracas. Allí vivía en la planta alta, que adaptó como vivienda, junto a su hijo Jodava, quien entonces tenía diez años. Luego de poner en orden la contabilidad y saldar las deudas con los proveedores de Representaciones Río de La Plata, cerró la empresa y emprendió un nuevo negocio, abriendo un local a la calle en la planta baja de la casa, dedicado al mismo rubro, esta vez con atención al público y ventas en todo el país. A su nuevo emprendimiento lo llamó Darma’s Bazaar

    Jodava —quien, recordemos, en la causa actual declaró haber vivido en cautiverio y aislado del mundo— acompañaba a su madre en las visitas a los proveedores, tanto en Caracas como en el interior del país, a veces junto a su primo Jaza. También asistían a las exposiciones de muebles que se realizaban anualmente en distintos lugares de Venezuela. 

    Un episodio que merece especial mención acerca de una de estas ferias de exposiciones del hogar, donde fabricantes y distribuidores exponían sus marcas en un amplio espacio, bajo carpas estructurales para vender directamente al público, fue la realizada en diciembre del año 1982 en el Centro Comercial Plaza Las Américas, ubicado en la Avenida Principal de El Cafetal, Urbanización El Cafetal, Caracas. En esa exposición tenía su puesto Darma´s Bazaar, que se había convertido en una de las mueblerías y tiendas de decoración más exclusivas e icónicas de la Caracas de los años 80s, cuyos clientes eran familias de las urbanizaciones del sureste caraqueño (como El Cafetal, Prados del Este o San Luis) que buscaban amoblar sus casas con las tendencias globales de la época, caracterizadas por líneas modernas, tapizados texturizados y artículos decorativos de primera calidad.

    Como suele suceder con este tipo de eventos, generalmente tienen una duración de varios días y esta exposición, duró alrededor de una semana. Los niños (mismos que hoy como adultos, en su mayoría dicen haber pasado sus vidas en cautiverio) iban todos los días acompañando a la señora D., o a sus familiares quienes trabajaban con ella en el negocio. 
    Los niños iban entre los puestos de los diversos expositores, hablando y jugando con los vendedores que exponían sus productos de video juegos de última generación en aquel entonces, como el Atari, electrodomésticos modernos como Moulinex, libros, artículos decorativos, de cocina, juguetes, juegos educativos. Uno de esos expositores vendía los Saturn Robots, juguete muy popular creado en aquellos años, de unos 30 centímetros de alto que caminaban a pila, tenían proyectiles que lanzaban a propulsión manual y una pantalla en su pecho que proyectaba imágenes. Otro de esos puestos vendía el método ARCO, un famoso sistema de enseñanza autocorrectivo de origen alemán, que consiste en un estuche de plástico (que contiene fichas numeradas) con cuadernillos temáticos de ejercicios de ortografía, matemáticas e inglés. El juego estimula la psicomotricidad fina (por el pinzamiento al mover las fichas), la concentración, el pensamiento lógico y, sobre todo, la autoconfianza al permitir la auto-enmienda del error. Existe un ARCO para cada nivel escolar y la señora Silvia Capossiello, les compró uno a cada niño de acuerdo a su nivel, no sólo a sus hijos sino a los de sus amigas. También le compró a cada uno de los niños varones, un Saturn Robot de los mencionados más arriba en este mismo párrafo.
    En una ocasión, los niños se encontraban en la exposición junto a sus familiares y hubo un apagón general en la ciudad de Caracas, por lo que debieron evacuar inmediatamente el edificio bajo el cuidado y la preocupación de sus familias, ante el temor de que alguno se pudiera extraviar, en medio del pánico general que invadió a vendedores y compradores por igual.
    Al día siguiente se supo que el apagón había sido consecuencia de la explosión en una termoeléctrica, terrible episodio conocido como la tragedia de Tacoa.

    No sólo participaban de los viajes y exposiciones Jodava y su primo, sino también los dos hijos mayores de la señora Capossiello, Maciya (quien también dijo haber vivido en cautiverio durante toda su vida, que los niños no podían jugar entre sí y tenían prohibido salir y el conacto con el mundo exterior) y Emaya, además de una compañera de ambos, de su misma edad. La mayoría de las veces era la señora D. quien llevaba en su automóvil a los niños y en otras oportunidades, eran llevados por otros de sus familiares o choferes. En estas frecuentes salidas, la señora iba a comprar mercadería (artículos decorativos, hindúes, orientales, joyería, alfombras, muebles, lámparas, etc.) y al finalizar visitaban los shoppings más concurridos en aquellos años, como el Centro Comercial Ciudad Tamanaco, Paseo Las Mercedes, Plaza Las Américas, Centro Comercial Chacaíto, Centro Comercial Concresa, Unicentro El Marqués. En casi todos ellos comían en los patios de comida: en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes, además compraban helados en una heladería que había en La Cuadra, sector de estilo colonial dentro del centro comercial, siendo el helado de sabor a pistacho el favorito de Jalana, hijo del señor Nicosia; otro lugar frecuente era el C.C.C.T donde el viaje en los novedosos ascensores de paredes transparentes constituían toda una aventura y también comían hamburguesas en el Tropi Burger, punto de encuentro emblemático de la población caraqueña en aquel entonces, recientemente inaugurado en el centro comercial. Otro lugar asiduamente concurrido por los hoy autoproclamados «víctimas», era el restaurante y fuente de soda El Papagayo en el centro comercial Chacaíto, donde se degustaban unas de las arepas más ricas de la ciudad, y donde los niños además de almorzar tomaban leche merengada y acompañaban sus comidas con malta Maltín Polar.

    Sirva este punto para destacar la participación de los jóvenes en dichas actividades recreativas, que refleja el entorno social que mantenían las familias involucradas.

    Gracias a la buena relación comercial que mantuvo con proveedores y vendedores con los que trabajó Representaciones Río de La Plata antes del cierre e la empresa, la señora D. pudo ampliar su negocio y consiguió alquilar, además, un penthouse en el edificio Kiruna, ubicado en la Calle La Guairita, barrio La Carlota (Chuao), en Caracas. Compartió el alojamiento y los gastos de este departamento con otra de sus amigas afectadas por la causa judicial, madre de Jalana, hijo reconocido por el señor Nicosia.


    Hasta comienzos de los años 80s, la señora Silvia Capossiello se encontraba en Argentina. Antes de que su esposo fuera detenido, viajó con sus dos hijos más pequeños por motivos de salud propios y de su hija, quien nació con polidactilia, condición heredada de su padre, el señor Nicosia.

    Con el objetivo de asegurarle el uso pleno de sus manos y, por lo tanto, su autonomía futura —ya que contaba con dos pulgares y tenía dificultades para sostener cubiertos o realizar tareas cotidianas—, sus padres decidieron que fuera intervenida por el Dr. Pedro Luis Dogliotti, eminente médico argentino, reconocido como brillante cirujano plástico, estético y reparador, especialista en cirugía de mano y reconstructiva pediátrica (hoy fallecido).

    El mismo profesional había operado anteriormente a su hijo mayor, Emaya, mencionado en estas páginas, hoy cómplice pasivo en la denuncia falsa contra sus padres.

    Dado que existía un límite de edad para realizar la intervención, la señora Capossiello debió viajar con urgencia, ya que la niña tenía dos años y no podía demorar más el procedimiento.

    El hecho de que su esposo fuera detenido e imputado dejó a sus tres hijos mayores — pero aún menores de edad— sin la presencia de sus progenitores en Venezuela. Aunque habían quedado al cuidado de una amiga, se encontraban desprotegidos ante la ley, corriendo el riesgo de ser apartados de su familia por los servicios sociales del Estado.


    Fue el Dr. Raymond Aguiar quien, ante el Consulado Argentino en Venezuela, logró que el cónsul elaborara un poder a nombre de una tía por vía paterna, para que los niños pudieran viajar con ella a la Argentina y reunirse con su madre. 

    La señora Silvia Capossiello, quien inicialmente se alojó en el departamento del padre del señor Nicosia, consiguió —con ayuda de amigos y con sus propios ahorros— alquilar una amplia casona en Palermo para ella y sus cinco hijos.

    Con el apoyo de una querida amiga de la familia, que la ayudó a cuidar a los niños y a acondicionar la vivienda, la señora Capossiello se dedicó a brindarles todos los cuidados que una madre puede ofrecer, procurando que nada les faltara.

    Durante esta estadía en Argentina, los niños salieron en distintas oportunidades con su abuela materna y conocieron a otros familiares de la señora Silvia.

    Mientras tanto, su hija menor —recientemente operada de las manos— atravesaba el postoperatorio tras dos intervenciones quirúrgicas.

    La señora Silvia también debía someterse a una cirugía con su ginecólogo de confianza, pero debido a la situación judicial en Venezuela por el femicidio cometido por su cuñado, la operación de su hija y la falta de recursos económicos, decidió postergar su propia intervención hasta poder afrontarla.

    En ese período, se encontraba tramitando la inscripción escolar de sus dos hijos mayores, Maciya y Emaya, trámite que no llegó a concretarse, ya que una vez recuperada su hija menor y en condiciones de viajar, regresó a Venezuela para colaborar en la recaudación de fondos destinados a la defensa de los imputados.

    Una vez de regreso en Venezuela, la señora Silvia Capossiello pasó unos días en el departamento de una de sus amigas y, posteriormente, para alejar a sus hijos del ambiente urbano donde aún persistía el acoso mediático por la causa judicial, decidió mudarse nuevamente con ellos —sus cinco hijos— a la casa de la hermana del señor Coronado (otro de los imputados en la causa actual), ubicada en su pueblo natal: Los Puertos de Altagracia, Estado Zulia, a unos 700 kilómetros de Caracas. En esa vivienda convivían con la señora, su esposo y mantenían constante interacción con las personas que acudían de visita, fueran familiares de los dueños de casa o no. Todos en el pueblo conocían al señor Nicosia y su familia, era muy respetado y querido por su amistad con el señor Coronado y, por supuesto, por su carácter afable y su forma de ser.
    Luego de un tiempo, y ya más estabilizados nuevamente en el país, la señora Silvia Capossiello regresó con sus hijos a la capital. Junto con sus amigas —la señora V., madre de Jalana, y la señora D., madre de Jodava— lograron alquilar una casa de verano ubicada a dos cuadras del mar Caribe: Quinta Annie, en la Urbanización Tanaguarena, Caraballeda, La Guaira.

    La casa tenía dos plantas:

    Planta alta: cuatro habitaciones, tres de ellas con baño en suite; tres terrazas, dos de ellas con barandas y acceso directo desde las habitaciones y a la tercera se accedía desde el pasillo central; además, un hall de estar amplio donde cabían cómodamente un juego de sillones y un comedor.

    Planta baja: hall de entrada, toilette, cocina equipada con anafe, dos hornos eléctricos verticales, electrodomésticos de última generación, un amplio desayunador con despensa, habitación de servicio con baño, y un pasillo que comunicaba con un gran patio parcialmente techado y el garaje.

    En la planta baja estaba la habitación principal con baño en suite, una biblioteca con mesa de billar, libros y televisión, un comedor con mesa para más de veinte personas, un mirador con puertas corredizas que daban a la galería y acceso a la piscina semiolímpica. También contaba con un recibidor y un living con televisión, equipo de sonido y consolas de videojuegos. El living comunicaba con la galería, el jardín y la piscina.

    La vivienda disponía de aire acondicionado central y sistema de hilo musical en todas las habitaciones, la cocina y la galería.

    Esta casa de playa fue utilizada como residencia para los hijos de las distintas familias y como casa de fin de semana para los adultos que trabajaban en Caracas, haciendo posible el despreocupado pasar de los niños (hoy autoproclamados víctimas) en aquel paraíso tropical.

    La casa se alquiló con el propósito de proteger a los niños y mantenerlos lejos de la mirada y el acoso de los medios debido al caso judicial. Por ello, sus madres improvisaron una pequeña escuela donde los niños estudiaban durante tres meses, siguiendo el programa escolar del Ministerio de Educación venezolano, y rendían los exámenes de fin de curso en la Escuela Josefina Daviot, en Caracas, junto a otros niños de su edad.

    Los nueve meses restantes se dedicaban a jugar. Entre sus juegos, solían pasar a los terrenos vecinos —descampados— donde jugaban solos durante horas.

    Tenían vecinos cercanos, entre ellos se destacaba un reconocido periodista, abogado y empresario venezolano, dueño de RCTV (Radio Caracas Televisión), canal 2: el señor Marcel Granier.

    La casa se encontraba cerca de los principales hoteles de la costa, como el Macuto Sheraton y el Meliá Caribe. Los niños solían desayunar en los restaurantes de ambos hoteles o de la localidad, cada vez que se fumigaba la casa para mantenerla libre de insectos, comunes en las zonas caribeñas.

    Con frecuencia acompañaban a sus madres a realizar compras, acudir al médico, vacunarse, adquirir ropa y alimentos, o simplemente pasear. También participaban en actividades escolares y excursiones, como por ejemplo la visita a la Quebrada de Anare, un oasis natural ubicado en La Guaira, organizada por su profesora de Biología y Ciencias Naturales, madre de Safala quien hoy también se autoproclama “víctima”.

    En ocasión de la visita de la abuela materna de los hijos de la señora Capossiello a la casa, fue Maciya quien la acompañó a recorrer el pueblo y los jardines del Hotel Macuto Sheraton y del Meliá Caribe. 
    Durante su estadía en aquella casa, los niños —fueran o no sus nietos biológicos— la llamaban abuela. Sin embargo, en el caso de Pava y Dava, ella insistió en que no la llamaran de ese modo, argumentando que no tenía un vínculo familiar directo con ellos.

    No era la primera vez que ambos niños sufrían situaciones de desprecio debido a su color. Jaza, el mismo que poco tiempo atrás los había llevado por la cornisa del edificio Caroata, aprovechaba que era algo mayor y físicamente más fuerte para “jugar” con Pava y Dava, tratándolos como si fueran sus sirvientes, imponiéndoles roles humillantes en sus juegos.

    Algunos de los niños viajaban con frecuencia a Caracas para pasar unos días en los departamentos que sus madres mantenían allí.

    A mediados de la década de 1980, Dava y Pava regresaron a la Argentina junto a su madre. El señor V.V. permaneció algunos años más en Venezuela, trabajando en la empresa pesquera propiedad del señor Coronado.

    Una vez en Argentina, la señora D.E. llevó a sus hijos a visitar a familiares en CABA y luego se trasladó a Mar del Plata, donde dos amigas suyas —primas entre sí, una de ellas propietaria de un hotel— le ofrecieron trabajo.
    A partir de ese momento, Dava y Pava continuaron sus estudios en un colegio del Estado. Con el paso del tiempo, y a medida que crecían, comenzaron a familiarizarse con las tareas propias del ámbito hotelero, especialmente Dava, por ser el mayor.

    Entre los años 1983 y 1984, la señora Silvia Capossiello regresó a la Argentina desde Venezuela. Con la ayuda del entonces amigo de la familia, el abogado R.D.B., consiguió profesores particulares para escolarizar a sus hijos y nivelar sus estudios conforme al sistema educativo argentino.

    Cabe destacar el caso de la hija menor de la señora Capossiello, quien, al ser evaluada por su maestra, demostró conocimientos y preparación superiores al nivel correspondiente a su edad, motivo por el cual fue inscrita en un grado más avanzado. Hasta ese momento, la niña había sido educada en el hogar y rendía exámenes en una escuela pública junto a otros niños.

    Sin embargo, más de treinta años después, los representantes del sistema judicial marplatense que intervinieron en la causa que nos ocupa, consideraron que aquella niña —hoy adulta— no había sido escolarizada ni había mantenido contacto social adecuadamente, por no haber asistido regularmente al colegio durante su infancia. Si bien tanto ella como sus hermanos estudiaban en casa, la sociabilidad la mantenían en las plazas jugando con otros niños, o en áreas recreativas, como el parque de diversiones, el cine, la playa, o los eventos que hemos descripto más arriba. 

    Esta afirmación acerca de sus estudios formales, resulta contradictoria, dado que la menor había estudiado siguiendo el programa escolar completo de Venezuela y Argentina, en un tiempo menor al habitual, y había rendido exámenes para pasar de grado con altos promedios, según constaba en las evaluaciones de los directivos de las distintas escuelas públicas donde se presentó.

    Paradójicamente, en una época en la que muchas instituciones educativas no lograban completar ni siquiera un tercio del programa escolar, su desempeño académico adquirido en el hogar, fue completo y ejemplar.

    Durante la estadía de la señora Silvia Capossiello con sus hijos en Mar del Plata, a pesar de estar embarazada de su sexto hijo, una vez más ayudó a sus amigas cuidando de sus niños, quienes aún eran menores de edad. Las asistía en la educación de los pequeños con profesoras matriculadas y les brindaba espacios de esparcimiento.

    Todos los niños —hijos de sus amigas y de los trabajadores del hotel perteneciente a las primas mencionadas al comienzo de este recuento— se reunían para estudiar, jugar y ver televisión en el salón de usos múltiples ubicado en el sexto piso, generalmente bajo la supervisión de algún adulto disponible.

    Veían los programas que se transmitían por los canales de televisión marplatenses. Algunos de ellos eran:

    • Calabromas

    • Feliz Domingo Para la juventud

    • Atrévase a soñar con Berugo Carámbula

    • Mesa de Noticias

    • No toca botón

    • El deporte y el hombre

    • El auto fantástico

    • Los Tigres Voladores

    • Brigada A

    • Hulk

    • He-Man

    • She-Ra

    • Los Pitufos

    • Thunderbirds

    • Cine de Trasnoche Aurora Grundig


    Entre muchos otros…

    Además veían películas alquiladas para niños, animadas o de acción y aventuras que reproducían en Betamax o VHS.

    En el salón del sexto piso, la señora Silvia Capossiello les enseñó a patinar. Cada uno de los niños —no menos de diez, entre ellos Pava y Dava— tenía su propio par de patines y el equipo completo de protección para codos y rodillas.

    Una vez que lograron estabilidad, Silvia Capossiello, junto con algunas de sus amigas, los llevaba casi todas las tardes a la Playa Bristol y luego los niños patinaban en La Rambla o jugaban al fútbol en la arena.

    En una de esas ocasiones, un hombre mayor que estaba sentado en el muro que da a la playa, junto a otras personas que observaban a los niños jugar, dejó caer un encendedor en la arena y le dijo a Pava, el menor de los hermanos: “Negrito, alcanzame el encendedor…”.

    Ante esa actitud, la señora Capossiello intervino de inmediato en defensa del niño, que entonces tenía alrededor de siete años, y le respondió al hombre que el niño no era su sirviente. Le recriminó su racismo y su falta de respeto al dirigirse de ese modo al pequeño, instándolo a que bajara él mismo a buscar su encendedor.

    Durante las celebraciones de fin de año entre 1985 y 1986, las familias amigas que se habían conocido en el Instituto Yukteswar, y que habían atravesado juntas todas las situaciones narradas hasta aquí, volvieron a reunirse para celebrar un Año Nuevo más, esta vez en la casa que el Instituto tenía en Francisco Álvarez.
    Como permanecieron allí alrededor de una semana, los adolescentes compartían las actividades y la vida diaria del lugar.

    En esa ocasión, una vez más, Jaza, ya de unos dieciséis años, fue descubierto realizando conductas inapropiadas hacia Dava, que tenía alrededor de diez años, en uno de los baños de las habitaciones de la planta alta. Fue fuertemente reprendido, pero poco después volvió a repetir un episodio similar, esta vez con uno de los hijos menores de la señora Capossiello.

    Esta conducta llevó finalmente a sus padres a decidir apartarlo de sus hermanos. Desde ese momento, Jaza pasó a vivir en el City Hotel, donde ayudaba en tareas y era supervisado por su madre, quien trabajaba allí.
    Al ser informados de esta decisión, su hermano menor, Ozeta, expresó su total conformidad, manifestando que tales actitudes no podían permitirse.

    Años después, ya viviendo en Venezuela y contando Ozeta con unos veintitrés años, repitió un episodio similar al de su hermano mayor, según contó el hijo menor de la señora Capossiello: Edaya. 
    Ante la falta de comprobación acerca de la veracidad de este episodio, la señora no le permitió más a su hijo estar a solas con Ozeta.

    A comienzos de la década de 1990, la señora D.E., madre de Dava y Pava, comenzó a trabajar en el City Hotel, tras enterarse de que su amiga, la señora D., había regresado de Venezuela junto a su hijo, su hermana y sus sobrinos. Desde 1986, la señora D. venía intentando comprar el hotel, pero —como se detalla en el capítulo dedicado a la historia del City Hotel— fue víctima de una estafa orquestada por el abogado R.D.B., “amigo” de la familia, y por el apoderado de los propietarios originales del establecimiento, el abogado Andrade.

    Durante su adolescencia, Dava y Pava tomaron clases de artes marciales en un instituto, junto con Jaza, sobrino de la señora D. y, por lo tanto, primo de Jodava.

    El hermano menor, Pava, alcanzó excelentes resultados en esta disciplina, lo que le permitió obtener una beca para competir en los Estados Unidos, donde viajó para participar en el evento.


    Al alcanzar la mayoría de edad, Pava siguió su propio camino y formó familia en España. Dava, en cambio, permaneció junto a su madre en el City Hotel, donde trabajaba también con su padre, quien a mediados de la década de 1990 ya se encontraba nuevamente en Argentina, luego de someterse en Venezuela a una cirugía por hiperplasia benigna de próstata. La intervención fue realizada en una de las mejores clínicas de Caracas, la Clínica La Floresta, y los gastos fueron cubiertos por la señora Silvia Capossiello, quien lo ayudó económicamente con dinero de su propio bolsillo.

    En este punto vale hacer una mención aparte para destacar que, en esa misma Clínica La Floresta, a mediados de la década de 1990, estuvo internado Jodava durante aproximadamente una semana, a causa de un dengue hemorrágico transmitido por el mosquito Aedes aegypti, muy abundante en Venezuela.

    Esta aclaración resulta pertinente, ya que Jodava declaró haber vivido aislado del mundo, y su primo Ozeta, otro de los confabulados en la denuncia falsa, afirmó que la salud no era atendida en ningún nosocomio y que sólo debían arreglarse en casa como pudieran.

    Sin embargo, el hecho de la internación en una de las clínicas más prestigiosas de Caracas desmiente categóricamente esa versión.

    En el año 2006, Dava se retiró del hotel para iniciar sus propios emprendimientos, dedicándose a la actividad de técnico en electrónica.

    Sin embargo, a mediados de 2015, Jodava —quien desde 2002 venía planificando su venganza tras haber sido expulsado del hotel por su propia madre, al descubrirlo cometiendo delitos de estafa y robo durante su “trabajo” allí— le escribió a la señora D., afirmando que Dava estaba en peligro porque había pedido dinero prestado a unos prestamistas. Según su relato, al no devolverlo, lo amenazaban con “romperle las piernas” si no conseguía el dinero para pagar. Un clásico del cine negro…

    Esta no fue más que una de las tantas estratagemas utilizadas por Jodava para intentar obtener dinero del hotel, aunque sin éxito.

    De ello puede deducirse que, desde el año 2006 —cuando Dava se alejó del hotel—, se reunió nuevamente con Jodava para aliarse en el plan que ya se venía gestando contra el señor Nicosia, su familia e incluso contra su propia madre.

    Unos meses después, Dava y Pava visitaron a sus padres en el hotel. Al llegar, se les informó que su madre no se encontraba allí, y Pava, el hijo menor, llamó de inmediato a la policía.
    Cuando el agente —quien conocía al personal del hotel porque desayunaba allí casi todos los días— se presentó en el lugar, Pava cambió rápidamente de actitud. Le dijo al policía que todo había sido una confusión y culpó al recepcionista por haberle dado información incorrecta, a pesar de que minutos antes, en ausencia del agente, el mismo recepcionista le había informado que la señora había salido.

    Poco después, la señora D.E. regresó de su cita médica —ya que debía realizarse controles por padecer una enfermedad oncológica— y los atendió en el jardín del hotel, por razones de privacidad y aprovechando el clima agradable, a pesar de que el sol ya se había ocultado.

    Sentados en un juego de sillas de patio, conversaron ampliamente sobre cuestiones familiares y personales. Al preguntarles si deseaban ver a su padre, ambos se negaron rotundamente.

    El hecho de haber intentado llamar a la policía cuando efectivamente, la señora no se encontraba en el edificio, demuestra que toda esta pantomima formaba parte del plan de Jodava —quien estaba detrás de esta supuesta visita— para extorsionar al personal del hotel con el conocido argumento de que “la secta tenía secuestrada a su madre”. 

    Respecto a Dava sólo resta decir que a la fecha se encuentra altamente endeudado por dejarse utilizar en esta estafa contra el Estado, mientras que Jodava, quien lo utilizó, ha limpiado sus deudas y su condición de persona de riesgo ante ARCA, a base de subsidios por declararse víctima.

    Podríamos extendernos más, pero como hemos señalado, cada mentira de las supuestas «víctimas y testigos» amerita un capítulo aparte. En este punto en particular, hemos destacado ejemplos concretos y elocuentes que contradicen la “elocuencia” a la que se refiere Falcone respecto de las declaraciones de Dava, sobre las cuales él basó su sentencia.

    ———————————-

    SEGUNDA PARTE

    LUDABA

    Otro punto a destacar es el supuesto rompimiento de vínculos de Ludaba. Otro testimonio falso sobre el cual Roberto Atilio Falcone basó su sentencia:

    Veamos algunos puntos a destacar sobre las falsedades de este supuesto testigo. Ante todo, debemos aclarar que Ludaba es un personaje que hoy ronda los 70 años, de los cuales por lo menos 52, no estuvo en contacto con el señor Nicosia.

    Ante el juez se presentó como “muy bicho”. Este escritor no sabría decir si con ello quiso expresar que se considera una persona muy viva y con mucha calle, o si aludía a un carácter mañoso y de malas intenciones. Si se tratara de la primera acepción, resultaría muy contradictorio con la “nulidad mental” que Falcone atribuyó a los declarantes.

    De acuerdo con el análisis que haremos de este testigo, podemos concluir que la segunda interpretación de “bicho” —la del sujeto astuto en el sentido torcido, manipulador— es la que mejor se ajusta a su conducta.

    Según lo dicho por este individuo:

    “tuvimos que dejar de hablar con nuestra familia porque ellos eran mundanos”.

    Ludaba nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en 1956.

    Hijo de una agente de la Policía Federal y de un asesor gremial, además de sobrino de un reconocido escritor perteneciente a la generación de Jorge Luis Borges.

    Su hermana mayor y él vivían en CABA junto a su madre, quien había enviudado siendo joven.

    A la edad de aproximadamente treinta y siete años, la señora conoció al señor Eduardo Nicosia en el Departamento de Policía Central de la Policía Federal, en una ocasión en que éste acudió a tramitar su cédula de identidad y pasaporte para viajar a la India.

    El señor Nicosia, aún era menor de edad pero se había emancipado, estaba casado y trabajaba, viviendo por su cuenta. En esa ocasión se encontraba esperando su turno entre la gente que hacía fila para realizar sus trámites.

    Fue la señora quien lo llamó hasta su escritorio para atenderlo personalmente, pues —según le dijo— había llamado su atención. A partir de ese encuentro, comenzó a asistir al instituto que ya se encontraba en funcionamiento para tomar clases de Hatha Yoga con los instructores formados por el señor Nicosia.

    Desde los seis años, Ludaba se encontraba como interno en el colegio Marcos Paz, destinado a varones hijos del personal policial. Como el celador solía llamarle la atención por sus caprichos y berrinches, Ludaba se las ingenió para conseguir una hojilla de afeitar y terminó tajeando el guardapolvo del preceptor.

    Para el momento en que su madre conoció al señor Nicosia, Ludaba ya tenía nueve años. La señora, quien siempre lo había sobreprotegido debido a que su padre había fallecido pocos días después de su nacimiento, decidió sacarlo del colegio y hacerlo asistir a clases de Yoga, con la esperanza de que mejorara su conducta, ya que era un niño muy problemático y rebelde, cuya actitud la desbordaba.

    Como la señora se sentía atraída por el señor Nicosia —sentimiento que no era correspondido por él—, tanto por su belleza física como por su buen pasar económico, quiso formar parte del Instituto. En ese momento, el señor Nicosia estaba casado y vivía en un edificio de cuatro pisos, de los cuales había comprado tres gracias al fruto de su trabajo y con la ayuda de su padre. El segundo piso era un semipiso: en una parte funcionaba el Instituto y en la otra vivía él con su esposa de entonces.

    La madre de Ludaba renunció a su trabajo y comenzó a estudiar con el señor Nicosia para formarse como Instructora de Yoga, mientras sus hijos asistían al colegio. Corría el año 1969, y el niño concurría a una sede secundaria ubicada sobre la calle Charcas, en el barrio Norte (Recoleta), perteneciente a la Escuela Argentina Modelo, un colegio privado de reconocida trayectoria institucional. Su hermana mayor cursaba el nivel secundario en el colegio de monjas Inmaculado Corazón de María Adoratrices, situado en la calle Paraguay 1419, CABA. Ambos colegios eran privados, y los dos niños recibían becas otorgadas por el Instituto de Estudios Yoguísticos Yukteswar.

    Como la señora formaba parte del Instituto, contaba con ciertas facilidades otorgadas por la institución, como la beca de estudios para sus hijos, y se mantenía con lo que el Instituto le proporcionaba, además de la pensión correspondiente al fallecimiento de su esposo.

    En esa época, los visitaban con frecuencia sus familiares maternos —tíos y primos—, con quienes Ludaba solía jugar. A veces, ambos hermanos salían a comer, viajaban de vacaciones a Mar del Plata o pasaban el día con sus parientes.

    Como ejemplo de ese contacto familiar, el día del alunizaje realizado por Armstrong, Aldrin y Collins, la familia, junto a los amigos que habían formado en el Instituto, siguió el evento por televisión y celebró ese mismo día el cumpleaños número quince de la hermana mayor de Ludaba, momento que fue fotografiado por uno de sus tíos.

    Todo este buen pasar, tanto para la familia de Ludaba como para el Instituto, se vio bruscamente interrumpido por el escándalo desatado por la madre de Silvia Capossiello, quien se manifestó en desacuerdo con que su hija —ya de dieciocho años— tomara clases de Yoga, inquietud inculcada por su propio padre biológico.

    Esta señora, a quien llamaremos Larepa por sus iniciales, comenzó a realizar denuncias ante la policía, acusando al Instituto de ser una secta. Como el lector podrá apreciar, no hay nada original en la causa de marras: no es más que una mala copia de aquella antigua idea pergeñada por la abuela de Maciya. 
    Aquellos polvos trajeron estos barros.

    A raíz de la denuncia efectuada por esta señora, Ludaba y su hermana fueron detenidos y encerrados en un calabozo —sin llave— de la Comisaría 15, ubicada en Suipacha 1156, CABA, bajo el pretexto de que lo hacían “por su protección”. En el momento del allanamiento, realizado durante la noche, su madre no se encontraba presente, ya que había viajado brevemente para atender una de las filiales del Instituto en el Gran Buenos Aires.


    Silvia Capossiello fue ilegítimamente privada de su libertad por su madre y su primo médico, quien la internó en una “clínica de reposo” —eufemismo muy utilizado en aquellos años para referirse a los manicomios— bajo un falso diagnóstico. El objetivo era someterla a un proceso de lavado de cerebro mediante drogas y electroshock, alegando que padecía delirios místicos.

    Dicha acusación fue totalmente descartada por los peritos de la defensa en los juicios que la señora Silvia inició posteriormente contra su madre por este hecho, procesos en los que obtuvo sentencia favorable, ya que los jueces fallaron a su favor.

    Aun así, Maciya, más de cuarenta años después, volvió a repetir ese mismo argumento para acusar a su madre. Es sabido que los nietos se asemejan más a sus abuelos que a sus padres…


    Debido al escándalo y al acoso periodístico, Ludaba y su hermana no pudieron continuar sus estudios en los respectivos colegios. Ludaba ya había finalizado la primaria y se negó a proseguir con la educación secundaria.

    Su hermana mayor, en cambio, se encontraba cursando la secundaria. Como su madre no quiso que la joven perdiera sus estudios —ya interrumpidos por la situación relatada más arriba—, la inscribió en un colegio estatal: el Liceo Nº 4 “Remedios Escalada de San Martín”, ubicado en Ayacucho 875, entre Córdoba y Riobamba, en el barrio de Recoleta (CABA).

    Debido a las diversas ocupaciones de su madre y a las constantes interrupciones, la joven finalmente decidió concluir sus estudios mediante el innovador y vanguardista método de Bachillerato Acelerado para Adultos, con el propósito de terminar la secundaria en un período breve. Todo el material de estudio que utilizó —libros, apuntes y resúmenes— se lo dejó a su hermano Ludaba, para incentivarlo a cursar la secundaria por el mismo sistema.

    Todo ese material de estudio quedó guardado, acumulando polvo. En su lugar, Ludaba se dedicaba a molestar a los adultos que trabajaban en el Instituto y a los vecinos. Llegó a tener acceso a un rifle de aire comprimido, con el cual destrozó la habitación de su hermana.

    En esa misma habitación, la entonces adolescente había sido encerrada por decisión de Raya, sin la autorización de su madre ni del personal jerárquico del Instituto. Raya, en ese entonces un joven de más de veinte años que ya comenzaba a mostrar rasgos de soberbia, era instructor en el Instituto y creía que su posición le otorgaba autoridad sobre los demás. Por ello, realizó un “experimento” con una dieta elaborada por él mismo, sin supervisión médica, con el propósito de que la joven aumentara de peso. El resultado fue totalmente contraproducente.

    Al enterarse de lo ocurrido, el señor Nicosia suspendió de inmediato aquel supuesto acto de “preocupación por el semejante” y llamó severamente la atención a Raya por haber atentado contra la salud de la joven.

    En otra ocasión, Ludaba rayó todas las alacenas de la gran cocina de una casa en Mar del Plata, que funcionaba como filial del Instituto y era dirigida por Raya. Al descubrir las marcas de la “Z del Zorro” en todo el mobiliario, Raya entró en un estado de histeria incontrolable y terminó azotando a Ludaba.
    Fueron acciones como estas, las que contribuyeron a que el señor Nicosia se fuera apartando de los hasta entonces amigos e instructores como Raya y finalmente cerrara el Instituto.

    Ludaba, un adolescente que se aburría con facilidad y era extremadamente inquieto e inventivo, consiguió que su madre le otorgara una autorización para viajar a Brasil, acompañando a uno de los directivos del Instituto, con el propósito de evaluar la posibilidad de abrir una filial en aquel país.

    El Instituto contaba con alumnos extranjeros, entre ellos la ahijada de la reconocida cantante brasileña Elizeth Cardoso, quien los recibió en su casa. En ese viaje también participó Raya, y en sus ratos libres ambos iban a patinar a una pista de patinaje, se sacaban fotografías en el Corcovado, junto al Cristo Redentor, y visitaban otros lugares de esparcimiento.

    En esa oportunidad, la famosa artista le cantó por teléfono al señor Nicosia, quien se encontraba en Buenos Aires, su célebre tema “Barracão” y le envió su autorretrato dedicado y autografiado.

    A mediados de los años setenta, ya siendo un joven de dieciocho años, Ludaba acompañó al señor Nicosia al Casino Central de Mar del Plata, lugar donde su padre biológico —fallecido poco después de su nacimiento— era ampliamente conocido entre los casineros veteranos por el apodo de “Pecas”. Lo recordaban con afecto, pues en su época de asiduo jugador había ofrecido una cena a todos los empleados de la Sala Especial.

    En ocasión de una visita de su tía y su primo, se negó a verlos y fue su hermana quien los atendió y tomaron juntos té y masitas.

    Como se puede apreciar, Ludaba vivió durante años mantenido por su madre y por el Instituto, llevando una vida despreocupada y juerguista, ya que se resistía a madurar y asumir responsabilidades. Pasaba el tiempo jugando con sus familiares, viajando, interrumpiendo la actividad laboral, pidiendo dinero prestado -que nunca devolvía- a los alumnos del Instituto, sin conocimiento del señor Nicosia ni de los instructores de las clases de Yoga.

    Ante esta situación, el señor Nicosia le aconsejó que debía considerar que ya era hora de asumir responsabilidades y que era lo suficientemente adulto como para comenzar su propia vida. Alrededor de 1976, Ludaba decidió tomar su propio rumbo. Fue a despedirse de su hermana, quien se encontraba de visita en la casa de una amiga, y le comunicó que había decidido seguir su propio camino y hacer su vida.

    Luego se supo que fue a la casa de su tía junto con su novia. Pocos días después, la tía llamó a la hermana de Ludaba para contarle que lo había echado de su casa, tras haberlos encontrado manteniendo relaciones íntimas en el living, un espacio de paso obligado para todos los habitantes del hogar, incluidos menores de edad.

    Al velorio de su abuela materna asistió únicamente su hermana, quien ya era mayor de edad y trabajaba en la secretaría del Instituto. Ludaba, que se encontraba haciendo su vida por su cuenta, no asistió.

    De lo narrado en estos últimos párrafos no hace falta ser muy perspicaz para deducir que era Ludaba quien rompía los vínculos con sus familiares, y no el señor Nicosia ni el Instituto. Su hermana, en cambio, mantenía comunicación telefónica con sus parientes.

    A finales de 1976, mientras trabajaba como taxista, Ludaba se encontró fortuitamente con su hermana, quien se dirigía al Departamento Central de Policía en CABA para tramitar la cédula y el pasaporte de su hijo. Durante el viaje, le confesó que hacía tiempo la seguía cada vez que salía y que sabía dónde vivía. Le comentó que deseaba visitar al señor Nicosia, quien lo recibió cordialmente en su casa y le presentó formalmente a su sobrino de seis meses, uno de los pocos hijos reconocidos por él. En esa ocasión, el señor Nicosia le comentó que pronto viajaría a Venezuela con su familia y que se sintiera libre de visitarlos cuando quisiera.

    Esa fue la última vez que Ludaba tuvo contacto con el señor Nicosia.

    Durante el juicio dirigido por Roberto Atilio Falcone, contactado por su sobrino y los demás involucrados en el complot, Ludaba se presentó como testigo. Solicitó no ser visto por los imputados —a quienes conocía bien—, brindó falso testimonio y, entre otras falsedades, afirmó que el señor Nicosia lo había echado del Instituto porque “no mantenía vagos”. Y aun si esto hubiera sido cierto, el señor Nicosia estaba en todo su derecho, ya que este individuo había vivido de arriba desde su infancia.

    Ludaba aportó como supuesto bien usurpado por la “secta” un automóvil Renault Kangoo, que decía ser de su propiedad, aunque dicho modelo no existía en la época en que dejó de tener contacto con el señor Nicosia: fue fabricado veinte años después.

    Consultados peritos expertos en el análisis de la personalidad, pudieron concluir que:

    Desde la infancia muestra una marcada dificultad para asumir límites y responsabilidades. Su comportamiento impulsivo, desafiante y caprichoso refleja una fijación en etapas tempranas del desarrollo afectivo.
    Su tendencia a provocar, manipular o desafiar figuras de autoridad (celadores, instructores, familiares) sugiere una necesidad constante de reconocimiento y control del entorno.
    Alterna momentos de entusiasmo y creatividad con episodios de agresividad o descontrol (uso del rifle, destrucción de objetos, actos de rebeldía). Esto indica una personalidad con rasgos oposicionistas y posiblemente narcisistas.
    La relación con su madre fue el eje de su desarrollo emocional. La sobreprotección tras la muerte del padre generó una dependencia afectiva y una falta de autonomía, que luego se tradujo en resistencia a la autoridad y dificultad para establecer vínculos sanos.

    El entorno del Instituto, donde convivían roles familiares, laborales y espirituales, reforzó su sensación de impunidad y falta de límites. Esto contrasta drásticamente con el perfil realizado por Falcone acerca del supuesto “rol fuertemente controlador” que le asignó al señor Nicosia.

    Su alejamiento voluntario de la familia y posterior conflicto con el Instituto muestran un patrón de autoexclusión y negación de la responsabilidad personal.

    En la adultez, su participación en el juicio y el falso testimonio revelan una tendencia a distorsionar la realidad para obtener beneficios o protagonismo.
    Su conducta reiterada de transgresión (sexual, económica, institucional) evidencia una personalidad con rasgos antisociales leves, centrada en la gratificación inmediata.
    Las acciones que perjudican a otros —como el daño a su hermana o el engaño judicial— reflejan una escasa capacidad de ponerse en el lugar del otro.

    A pesar de las oportunidades educativas y sociales, Ludaba no logró integrar una identidad madura.
    Su discurso posterior, basado en culpar al Instituto y a su fundador, muestra un mecanismo defensivo de proyección: atribuye a otros la responsabilidad de sus propios fracasos.
    La contradicción entre sus actos y sus justificaciones sugiere una pérdida de sentido ético, típica de personalidades que viven en negación de sus errores.

    En síntesis: Ludaba encarna el perfil de un individuo emocionalmente inmaduro, dependiente y manipulador, con rasgos narcisistas y oposicionistas, que evolucionan hacia una conducta antisocial leve. Su historia refleja el impacto de una crianza sobreprotectora, donde la falta de límites y la búsqueda de poder simbólico derivaron en conflictos personales y sociales.

    MITO

    Continuando con las sesudas aseveraciones de Roberto Atilio Falcone, llegamos al punto tres de la supuesta “estructura sectaria” que él da por cierta únicamente por lo que le contaron y por la elocuencia con que lo hicieron, pero sobre todo basándose en el modus operandi de las sectas de casos famosos. En ningún momento el juez se comporta como su cargo exige; más bien se asemeja a una chusma de barrio que escucha los “trapitos sucios” de la vecindad y los acepta como verdad apenas llegan a sus oídos. Con ello exhibe una preocupante falta de pensamiento crítico, discernimiento y, por ende, de ecuanimidad y capacidad de arbitraje.

    Sin pericias ni pruebas de ninguna índole que respalden este punto, Roberto Atilio Falcone afirma en su sentencia:

    “Los hijos criados dentro de la secta no recibían educación formal y no asistían a la escuela para evitar contacto social y cuestionamientos. Esto generó un déficit severo de socialización.”

    Una afirmación de tal gravedad, presentada sin evidencia, revela más sobre la ligereza con que el juez construye su relato que sobre los hechos que pretende describir.

    REALIDAD

    La imagen que crearon las falsas víctimas, y que los funcionarios de todas las instancias se encargaron de alimentar, fue la de una especie de niños salvajes, analfabetos, criados en cautiverio, que vivían descalzos, sucios, mal vestidos y desgreñados, comiendo pomada de zapatos mezclada con sacarina y durmiendo con los caballos o con los perros en los caniles, sin contacto alguno con la sociedad.

    Ninguno de estos relatos se asemeja a la realidad de aquellos niños, quienes llevaban un estilo de vida que muchos sólo podrían soñar, comenzando por el amor y el cuidado que sus padres les prodigaron en todos los aspectos.

    Si algo caracterizó la educación y formación que recibieron las falsas víctimas por parte de sus padres, fue la protección —que no debe confundirse con sobreprotección ni con aislamiento social—. La vida del señor Nicosia, de la señora Capossiello y de los padres de aquellos niños, era profundamente social desde el momento en que su trabajo consistía en la atención al público, a través de la enseñanza del Yoga como sistema de equilibrio psicofísico para el desarrollo y el desenvolvimiento integral del ser humano.

    Su vida se regía por el respeto hacia todo lo creado y por el discernimiento como método de pensamiento y acción ante cada situación que la vida plantea. Fueron esos principios —basados en la libertad del ser humano y el respeto a todo lo existente— los que el señor Nicosia practicaba y, como padre, promovía en sus hijos con firmeza, comprensión, ecuanimidad y sin violencia. Dichos principios no admitían malos tratos, mentiras, faltas de respeto, discusiones, ni agresiones físicas, entre otros.

    De diversas maneras les enseñó a compartir, a no pelear por sus juguetes, a no ser egoístas, a respetarse a sí mismos y entre sí, a ser unidos, a comprender que cada cosa en la vida requiere su tiempo y dedicación, a disfrutar de cada momento y de cada etapa de la vida, a pensar antes de hablar y actuar, a reconocer y aprender de sus errores y valorar sus aciertos, a valorar la dignidad del trabajo, a ser jefes de sí mismos.

    Todas las decisiones que aquellos padres tomaron respecto de sus hijos durante su minoría de edad, estuvieron orientadas a facilitarles los medios necesarios para desenvolverse en los distintos aspectos de la vida, promoviendo el desarrollo de su personalidad y de su capacidad de discernimiento, a fin de que, al alcanzar la madurez, pudieran ejercer su libertad y tomar sus propias decisiones.

    Dado el rumbo que finalmente tomaron los acontecimientos, resulta evidente que los principios que guiaban la vida de sus padres no les fueron impuestos ni inculcados de forma coercitiva. Por el contrario, fomentaron en ellos la capacidad de ejercer su propio libre albedrío. De otro modo, difícilmente habrían adoptado, al alcanzar la mayoría de edad y la madurez, decisiones y conductas diametralmente opuestas a las enseñanzas recibidas durante su infancia.

    ——————————————————————

    Uno de los aspectos que debemos destacar —porque los funcionarios judiciales lo convirtieron en un punto central para basar sus actuaciones, enmarcándolo en un cuadro de criminalidad— es el de la educación escolar.

    El hecho de no concurrir diariamente a una institución educativa no significa aislamiento social ni déficit de socialización. Había razones bien fundamentadas, que motivaron a los padres a crear un sistema educativo para sus hijos, que les procurara educación de calidad y rendimento escolar y a la vez un entorno sano y tranquilo.

    Ir al colegio en edades muy tempranas puede representar para el niño un hecho traumático. Prueba de ello es que no está en su naturaleza acudir al colegio, y muy rara vez encontramos alguno al que realmente le guste estudiar. Lo único que los hace querer volver, es ver a sus amiguitos otra vez.
    Para empezar, se interrumpe el sueño reparador del niño al levantarlo temprano por la mañana; aún dormido se lo obliga a desayunar sin hambre, luego se lo expone al frío (en los países invernales) y, ya dentro del colegio, se lo lanza a un ambiente diverso y extraño.

    Existe una creencia generalizada según la cual, quien no asiste al colegio no aprende a socializar. Sin embargo, cualquiera que piense con un mínimo de profundidad, sabe perfectamente que el colegio no es la única forma de tener contacto con otros seres humanos. Tal vez sea una de las primeras etapas para ampliar las relaciones personales, pero también una de las más traumáticas para un niño pequeño.

    El primer contacto de los niños debe ser con su familia, y las falsas víctimas lo tenían, tanto con su núcleo familiar inmediato como con familiares más cercanos o más lejanos. Además, por la propia naturaleza del trabajo de sus padres, que consistía principalmente en la atención al público, los niños conocieron a numerosas personas y, a su vez, eran conocidos por ellas; nunca estuvieron ocultos ni apartados de la sociedad. Por ejemplo, Jodava acompañaba en ocasiones a su madre y dormía la siesta en un pequeño sofá cama, mientras ella impartía conferencias en un salón contiguo, ante cientos de personas en su carácter de parte integrante de la dirección del Instituto Yukteswar. Dichas conferencias estaban dirigidas principalmente a profesionales de la salud.

    Los niños mayores tambien asistián a una guardería, donde, como el lector sabrá, hay otros niños, y jugaban en las plazas junto a otros chicos, por ejemplo en Plaza Lavalle, frente a los tribunales, en CABA.

    Centrándonos ahora en la educación formal, todos los padres que forman parte de esta historia, cuyas vidas fueron, en algunos casos, cercenadas y, en otros, salpicadas por la ponzoña de la mala praxis judicial, habían atravesado experiencias diversas en los colegios donde cursaron su niñez durante las décadas de 1950 y 1960. Estas experiencias abarcaban desde castigos e intentos de abuso, hasta adoctrinamiento e insinuaciones de carácter sexual por parte de maestras y miembros del clero en instituciones educativas católicas, además de una insuficiente profundización en los contenidos académicos. Aun así, conservaban un recuerdo afectuoso de aquellos docentes que habían dejado una huella perdurable en su formación, no sólo por su calidad humana y capacidad de comprensión, sino también por poseer una preparación académica mucho más sólida que la de quienes, como simples autómatas, conducían el proceso educativo de manera mecánica y despersonalizada.

    Estas experiencias vividas, junto con su profunda convicción acerca de la libertad del ser humano, llevaron a estos padres a proteger a sus hijos de situaciones similares, así como del adoctrinamiento religioso y político en el ámbito escolar, sin por ello privarlos de la interacción y la integración con su entorno social.

    En Argentina, estudiar en casa no es ilegal, pero el Estado lo mira con la misma sospecha con que mira todo lo que no controla. La Ley de Educación Nacional exige la escolaridad obligatoria, pero la Constitución garantiza el derecho a enseñar y aprender. Resultado: una alegalidad funcional. Se puede educar en casa y rendir libre los exámenes, pero el sistema hace sentir que se comete pecado pedagógico. Según la imaginación e invención de Falcone, una modalidad utilizada para “evitar cuestionamientos y aislamiento social”. El alumno libre existe, pero es tratado como una rareza administrativa, una excepción que confirma la regla del aula y la tiza.

    La escolaridad argentina, especialmente desde los años cincuenta hasta finales de los setenta, fue un proceso de domesticación más que de formación. En los cincuenta y sesenta, la escuela funcionaba como un templo moral: se enseñaba obediencia, urbanidad y respeto a la autoridad, moldeando cuerpos dóciles y mentes disciplinadas. Pero hacia fines de los setenta, bajo el clima de la dictadura, esa estructura se endureció: la escuela se transformó en un aparato estatal de control, donde el silencio y la conformidad reemplazaron la curiosidad y la palabra. El niño aprendía a callar antes que a pensar, a repetir antes que a crear. La educación dejó de ser un espacio de descubrimiento para convertirse en una rutina moldeadora.

    Todo esto contradecía profundamente las creencias de los padres de familia en esta historia, quienes promovían en sus hijos, la imaginación, el análisis, el desarrollo cognitivo y la libertad de pensamiento. En ese contexto, estudiar en casa —aunque fuera “alegal”, por no estar regulado por la ley— significaba preservar la libertad emocional y cognitiva frente a un sistema que confundía educación con obediencia, religión o política. El sistema educativo, tal como estaba planteado, constituía un mecanismo de control más que de formación, y se oponía a las convicciones del señor Nicosia, de su pareja y de sus amigos, acerca de la libertad (no el libertinaje) del ser humano.

    En los años ochenta, con el advenimiento de la democracia, la educación argentina entró en decadencia tanto académica como moralmente: la droga y la violencia penetraron en los colegios.
    Si bien en Venezuela la vida escolar aún se preservaba en un ambiente relativamente sano, el nivel académico no era ideal y el programa escolar no se cumplía en su totalidad.

    La mayor parte de la etapa escolar de aquellos niños, hoy autodenominados “víctimas” transcurrió en Venezuela.
    En los años 80, en Venezuela no existía una figura legal que permitiera estudiar en casa como modalidad educativa reconocida. La Ley Orgánica de Educación de 1980 establecía la obligatoriedad de la enseñanza básica y la supervisión estatal sobre los centros educativos. Es decir, el sistema estaba diseñado para que la educación ocurriera dentro de instituciones registradas y bajo control del Ministerio de Educación.

    Sin embargo, en la práctica, el país vivía una época donde la burocracia era más simbólica que efectiva. En zonas rurales o en familias con recursos, la educación en casa ocurría de hecho, aunque no de derecho. Los padres podían contratar maestros particulares o seguir programas escolares por cuenta propia, y luego rendir exámenes en colegios del Estado para acreditar los estudios. Así que, en resumen:

    • Legalmente no estaba regulado por la ley como modalidad formal.

    • Socialmente se practicaba sin sanción, siempre que los niños rindieran exámenes o demostraran aprendizaje.

    • Irónicamente, el Estado exigía escolaridad, pero muchas escuelas no cumplían con el programa completo, de modo que estudiar en casa podía resultar más riguroso que asistir al colegio.

    Sumado a ello, el proceso judicial sufrido en Venezuela, obligó a las madres de los niños a continuar con la modalidad que ya habían adoptado años atrás, la cual, además, había demostrado ser hasta ese momento muy efectiva y había permitido un excelente rendimiento escolar.

    El sistema homeschooling, como se lo denomina actualmente, que los padres de las falsas víctimas habían ideado para sus hijos, consistía en estudiar en tres meses todo el programa escolar anual del Ministerio de Educación, -ministerio que les proveía del programa escolar correspondiente al año en curso y de todos los libros de texto y material didáctico relacionado con dicho programa- además de inglés, biología y otras materias adicionales que no incluían educación sexual, como perversamente insinuaron los fiscales Celis y Fioriti al atacar a la señora Capossiello durante el juicio.

    Esa materia no formaba parte del programa escolar.

    Resulta curioso cómo estos fiscales, tan groseros como morbosos, no aplican la misma severidad al evaluar la aberración que hoy se inculca en los colegios bajo el nombre de ESI, un sistema que, lejos de ofrecer claridad, termina confundiendo la identidad y la sexualidad de niños cuyo cerebro aún está en pleno desarrollo.

    Una materia que debería enseñarse desde un enfoque anatómico y natural del ser humano —indispensable para la continuidad de la especie— además de educativo y preventivo respecto de las enfermedades de transmisión sexual, termina siendo manchada y distorsionada por prejuicios, tabúes y por las injerencias ideológicas propias del mundo adulto, político y religioso.

    Los hijos del señor Nicosia y los de sus amigos, estudiaban de manera privada, lo que les otorgaba la libertad de hacerlo en horarios más acordes con el reloj biológico de un niño en crecimiento. Además, su rendimiento académico era muy superior al que suele alcanzarse en los colegios tradicionales, donde la atención se ve afectada por la ansiedad que genera estar en un ambiente extraño y lejos del hogar.

    Al finalizar cada ciclo lectivo, rendían examen en una escuela pública llamada Josefina Daviot, junto a otros alumnos de su mismo grado. Generalmente obtenían calificaciones elevadas. Este hecho contradice abiertamente la afirmación de Falcone, quien asevera con ligereza, que “los niños no asistían al colegio para evitar ser cuestionados”. Si ello hubiera sido cierto, jamás habrían concurrido a una institución educativa, ni siquiera para rendir exámenes, ni habrían sido evaluados por docentes pertenecientes al sistema público de enseñanza.
    El sólo hecho de presentarse periódicamente ante maestros y autoridades escolares para acreditar sus conocimientos implicaba exponerse al mismo tipo de observación y cuestionamiento que, según Falcone, se pretendía evitar.


    Esta metodología les permitía estudiar en un lapso relativamente breve, aprobar los exámenes correspondientes y dedicar el resto del año a las múltiples actividades propias de la infancia.

    Aunque el ciclo lectivo tenía una duración de apenas tres meses, las clases se extendían por sólo cuatro horas diarias. Por las tardes dedicaban parte de su tiempo a realizar las tareas escolares y, aun así, les quedaban muchas horas libres para jugar, disfrutar de la piscina durante al menos dos horas al día y cumplir con pequeños quehaceres domésticos, como poner la mesa, rastrillar el jardín o regar las plantas.

    También leían, escuchaban música, veían películas y programas de televisión, y disfrutaban de sus series y dibujos animados favoritos.

    Las clases muchas veces incluían excursiones y juegos didácticos. Entre ellos, actividades como aprender a cocinar mientras practicaban la lectura, siguiendo las recetas del libro de Doña Petrona, o elaborar listas de compras para ejercitar la escritura y el razonamiento práctico.

    Para ejemplificar este punto, cabe mencionar que, poco después de llegar a Venezuela, la señora Capossiello, junto con sus amigas —madres de los otros niños— y la maestra particular, íntima amiga de la familia, organizaron una pequeña escuelita en una de las habitaciones de la casa que alquilaban. Allí instalaron una gran mesa con sillas, un escritorio para la maestra y un pizarrón con tizas blancas y de colores.

    Les compraron portafolios del color favorito de cada uno, guardapolvos blancos para los niños más grandes y delantales a cuadros azules y blancos para los más pequeños, que asistían al nivel preescolar. También adquirieron útiles escolares novedosos para la época, como los portacuadernos: una especie de carpeta con manijas, en la que los cuadernos de distintas materias se sujetaban por las tapas, formando un pequeño maletín.

    Además, contaban con cuadernillos de actividades proveídos por el Ministerio de Educación, libros de texto de lengua y literatura, reglas, compases, transportadores, escuadras, lápices, lapiceras, gomas de borrar, sacapuntas, cartucheras, crayones, lápices de colores e incluso plastilina.

    Cada uno de los niños —que no eran pocos— tenía su propio set de útiles escolares, y compartían juegos didácticos, como el del cuerpo humano: un muñeco que incluía desde el esqueleto hasta las capas externas del cuerpo, permitiendo aprender anatomía de manera lúdica.

    La señora Capossiello, acompañada por los niños, fue personalmente a comprar los uniformes para que cada uno pudiera probarse el suyo en la tienda. Además, el padrino de Maciya, el señor Alfio B.—dueño de una fábrica textil— confeccionó para todos los niños en edad escolar, y para algunos adultos también, un jogging azul con tres líneas blancas a los lados del pantalón y, en la espalda de la campera, el nombre de cada uno en letras blancas.

    En una ocasión, las señoras organizaron un pequeño kiosco con todo tipo de golosinas, para que los niños aprendieran el sistema de compra y venta de artículos, la denominación monetaria venezolana y el manejo del dinero. La actividad resultó tan entretenida como instructiva: cada niño asumía un rol —vendedor o comprador— y practicaba cálculos, intercambio y conversación, integrando el aprendizaje con el juego cotidiano. Pero finalmente lo que más disfrutaron fueron las golosinas, especialmente las monedas de chocolate cubiertas de papel dorado y los caramelos Toronto, unas bolitas de chocolate con corazón de avellana.

    Los padres de aquellos niños no procuraron aislar a sus hijos de la sociedad, sino seleccionar los ámbitos en los que se desenvolvían, del mismo modo que cualquier padre decide con quiénes se relacionan sus hijos y qué riesgos procura evitar.

    Así, podemos concluir que no es lo mismo socializar que recibir educación formal. Al colegio se va a estudiar; a la plaza, al cine, al parque de diversiones, a la playa, se va a jugar y, además, a socializar. A lo largo de la vida de las falsas “víctimas” hubo eventos de sobra, que demuestran su interacción constante con el entorno y con otras personas.

    Amigos de los padres de las falsas víctimas, llegaron a manifestar que envidiaban la desenvoltura y facilidad de expresión de aquellos jóvenes. Tal era el caso de Edaya, de quien destacaban y admiraban su capacidad para comunicarse con seguridad a sus escasos 14 años de edad.
    Resulta llamativo que, tras formular la denuncia, no se presentara a declarar en el juicio alegando encontrarse psicológicamente afectado por lo vivido “ahí adentro”.

    Por otra parte, la profesora de guitarra, docente de carrera que acudía al City Hotel para enseñar música a los hijos del señor Nicosia, ya adultos, manifestaba su admiración por el elevado nivel intelectual que habían desarrollado mediante aquel sistema de enseñanza privada.

    Así pues, frente a la ridiculez de las afirmaciones sobre el supuesto aislamiento, sólo cabe arribar a una conclusión aún más absurda, aunque rigurosamente cierta: la única falta de contacto que padecieron aquellos niños fue la misma que padecemos todos los habitantes del planeta Tierra, la falta de contacto extraterrestre. Fuera de eso, interactuaron con el mismo mundo que todos nosotros, protegidos por la atmósfera terrestre, que además de hacer posible la vida, nos mantiene aislados de buena parte de la contaminación y los peligros del espacio exterior.


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