Ya casi se cumplen dos meses desde que dejaste de formar parte de mi vida. Cada día se me hace eterno. Entre los susurros que trae el viento aún escucho tus «te amo», y la cálida brisa me hace pensar que eres tú quien me envuelve entre sus brazos.
Hay días en los que despierto y me digo: quizá sí fue lo mejor, quizá era necesario para no seguirnos haciendo daño. Pero también hay otros en los que todavía me pregunto qué fue lo que realmente le puso un punto final a todo esto.
Desde que no nos hablamos, no hablo con nadie. Todos se fueron junto con tu ausencia. A veces me pregunto si de verdad alguien apreciaba lo que yo era, o si solo estuvieron porque era tu novia. Hoy en día, creo que ya conozco la respuesta.
Nunca pude contarte lo duro que fue perder mi trabajo apenas terminamos, ni lo mucho que ha empeorado mi estado de salud. No pude decirte que he tenido que aprender a hacer muchas cosas sola y que tu compañía ya no está para sostenerme cuando siento que no puedo más.
Tampoco pude contarte que mi mejor amiga, esa persona que pensé que estaría conmigo incluso en los días más difíciles, me bloqueo y dejo de hablarme de un día a otro y el silencio ocupó un lugar en nuestra amistad. Y, aunque intento entender que las personas cambian, perderla también dolió.
Cada día es una tortura para mí. No encuentro sentido para seguir. Mis días se han vuelto grises. No salgo de casa y paso la mayor parte del tiempo encerrada. Casi no tengo apetito, y las pocas veces que he salido ha sido porque mis hermanas, aun cuando les digo que no quiero, insisten en sacarme. Sé que ellas también cargan con el peso de esta situación y hacen todo lo posible para verme un poco mejor.
Quizá mi vida ahora sea un caos, porque gran parte de ella giraba en torno a ti. Hay días en los que entro a tu chat y escribo cuánto te extraño, pero después entro en razón y borro el mensaje. Una parte de mí me dice que basta, que ya es suficiente. Pero hay otra que aún me susurra que, tal vez, todavía me esperas.
Entonces vuelvo a pensar y me digo que, si realmente hubieras querido, ya me habrías escrito. También sabes dónde vivo. Tal vez ya debo aceptar que esto no pudo ser.Y aunque duele… aunque todavía sigue doliendo, sé que algún día podré salir de esto. Que, aunque perdí a muchas personas y entre ellas también te perdí a ti, la vida siempre deja lecciones.
Solo me queda continuar y aprender a vivir con tu ausencia, reconstruir la persona que fui antes de perder tantas partes de mí y creer, aunque a veces cueste, que después de una tormenta tan larga también puede volver a salir el sol.
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