Rápidas y oscuras se alejan las nubes
mientras hilan mis penas
en fantasmales ruecas.
Enhebran los recuerdos uno a uno,
en lúgubres guirnaldas los ordenan,
los encasillan en celdas – calendarios,
los toman, los aprisionan, los enredan,
los funden, los confunden, los niegan,
los esconden en marañas de silencios.
Arrasan, en su rauda carrera,
con mis más íntimos instantes,
con lo más profundo de mi esencia.
Deshilan el ocaso que aún suspira
entre mis manos,
me sumen en una desazón espesa.
A una niebla turbia me condenan,
sin una lágrima, sin un respiro,
sin un adiós al que amarrarme.
Me arrojan a la brisa fría
de este invierno encadenado
a una ausencia.
Y entremezclan, en la macabra trama,
de aquellos ojos,
la última imagen que me queda.
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