He tomado fotografías con mis ojos, en algunas capturas vi el pequeño guiño de los tuyos al sonreír. Te seguí pensando en mis caminares solitarios esperando verte asomar entre tantos; no te volví a ver jamás. Así estaba escrito; sino me arrastro hasta donde no debería estar no hay posibilidad de alcanzarte.
¿Por qué me seguí aferrando? ¿Qué esperaba de nosotros?… me dejaste caer cuando creí que serías mis alas, un terciopelo que calmaría llantos. Decidiste dejarme ir y no, no trataste de sostenerme en una posibilidad, esas ya me las había agotado.
Qué hacemos pensándonos solos en este frío cuarto, un vacío recorre mi pecho anhelando un suspiro tibio de tu boca. Tan sencillo sería entrelazar nuestras manos, sintiendo nuestras sonrisas acercarse. Solo eso quiero, una palabra, una caricia tierna. Me inquieta no tenerte y es extraño pensarte cuando ya duermes o quizás contemples mis palabras…
La ausencia sopesa en estos fríos atardeceres, la quietud de los regresos a casa buscan tu abrazo acogedor y cada vez que el camino se hace más corto me empapo de lágrimas porque no te encontraré.
Y, comienza este delirio, tratando de sustituir mis manos por las tuyas. Convirtiendo mi cobertor en la oscuridad y así poder encontrar una luz, imaginando tus ojos. Enroscando mi cuerpo haciéndome más pequeña buscando tus brazos pero solo me siento más vacía. No me queda nada en esta madrugada más que desear que sueñes conmigo. El relieve de tus venas y el fruncir de tus cejas son los detalles que miro cuando duerme tu espejismo a mi lado.
Dedico éste desvelo a la agonía de no tenerte presente. ¡Cálmame con el eco de tu pulso!; cada 2 am estoy al límite de gritar tu nombre, de golpear al vacío hasta perder más fuerzas.
Te das cuenta que nos convertimos en el deseo del otro. Encendimos la chispa pero te fuiste alejando tal cual cometa azul. Te ví y me dejé asombrar por tu calidez y brillo especial…
Ahora sentados uno frente al otro mantengo el interés de saber qué sigue pasando por tu cabeza.
Te miro tratando de conectar contigo, pero, tú, al presentir mi instantánea observación me evades a propósito porque es fácil adivinar que aunque yo voltee hacia tus ojos, ya no hay más qué hablar, qué descubrir uno del otro.
Y nos tomamos y a veces cruzamos palabras por compromiso a seguir sosteniendo un universo que fue tragado por un oscuro tragaluz.
Pero aquí vamos, llegamos a donde fue un principio nuestro hogar y ahora es un penumbral sitio, aborrecido por la rutina de nuestro mirar sin tratar de recuperar nuestra luz espiritual.
OPINIONES Y COMENTARIOS