Extráñame por favor, ahora que puedes,
no hay lealtad duradera.
Pobre este cuerpo mío,
temblando como un hombre grosero, violento, irritado.
Nuestros pechos aprendieron a ponerse uno encima del otro,
sin que ganara ninguno.
Ya lo he conocido, así de pronto,
como un aguacero veraniego,
la vida después de todo es nuestra suerte,
convocada, por inesperadas separaciones.
OPINIONES Y COMENTARIOS